| Virus del papiloma humano |
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| Clasificación y recursos externos | |
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| HPV en microscopia electrónica | |
| CID-10 | B97.7 |
| CID-9 | 078.1, 079.4 |
| DiseasesDB | 6032 |
| MeSH | D030361 |
| Virus del papiloma humano | ||||||
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Cápside proteica del Virus del papiloma humano
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| Clasificación científica | ||||||
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El virus del papiloma humano (VPH o HPV , del inglés human papiloma virus) es un virus que infecta los queratinócitos de la piel o mucosas , y posee más de 200 variaciones diferentes. La mayoría de los subtipos está asociada la lesiones benignas, tales como verrugas, pero correctos tipos son frecuentemente encontrados en determinadas neoplasias como el cáncer del pego del útero, del cual se estima que sean responsables por más del 90% de todos los casos verificados.
La principal forma de transmisión del HPV es por vía sexual, siendo la enfermedad sexualmente transmissível (DST) más frecuente. Se estima que 25 a 50% de la población femenina mundial esté infectada, y que 75% de las mujeres contraigan la infección durante algún periodo de sus vidas. La mayoría de las situaciones no presenta síntomas clínicos, pero algunas desarrollarán alteraciones que pueden evolucionar para cáncer. El examen de rastreio para diagnóstico de estas alteraciones es la citologia cervical o Papanicolau . La infección también puede ocurrir en el hombre, aunque las manifestaciones clínicas sean menos frecuentes del que en la mujer.
El tratamiento es tardado y depende de las técnicas aplicadas[1]. A pesar de en varios casos haber recaída, es común en otros casos, principalmente se diagnosticado a tiempo, la cura [2] y la eliminación del virus del organismo.[3] Las estrategias de prevención son similares a la de las restantes DSTs, pasando sobre todo por evitar comportamientos de riesgo. Existe en el mercado más de un tipo de vacuna contra el HPV, que previenen la infección por algunos de los subtipos más frecuentes de HPV, encontrándose en discusión su inclusión en los planes nacionales de vacinação de diversos países.
Las opciones de tratamiento dependen del tipo y extensión de las lesiones causadas por el HPV, pudiendo ser emplee un tratamiento destrutivo o excisional (destrucción y/o remoção de las lesiones), o un tratamiento a la base de medicamentos imunomoduladores como interferão e imiquimod.
Tabla de contenido |
El tipo y gravedad de los síntomas dependen de la variante (tipo) de HPV y del local de infección. La principal destrinça hecha entre las variantes del virus los distribuye por dos categorías: los que infectan las superficies cutâneas en general, y los que infectan la región genital. Sea cuál sea la región afectada, en la mayor parte de los casos la infección es assintomática y se resuelve espontáneamente sin dejar sequelas. Algunos tipos de virus, pero, y en especial los que afectan el área genital, pueden causar alteraciones que van desde lesiones benignas a cáncer.
La manifestación más característica y frecuente de la infección por HPV es la formación de verrugas, que son lesiones hiperproliferativas benignas también designadas por papilomas, de donde deriva el nombre del virus. Pero, diferentes subtipos de HPV son responsables por infección preferencial en diferentes zonas, siendo capaces de causar diversas patologías.
ES la consecuencia más grave de la infección por HPV, y varios tipos, de entre los cuales lo 16, 18, 31 y 45, son considerados de riesgo elevado para el desarrollo de cáncer. Los tipos de cáncer que están en alguna medida asociados con el HPV incluyen cáncer del pego uterino, del ano, de la vulva, del pénis y de la cabeza y cuello. De estos, el más importante (en el sentido en que fue aquel en que se encontró una mayor tasa de correlación con la infección) es el cáncer del pego del útero, considerándose que 95% de los casos, o hasta más, son debidos al HPV.
La transformación en células malignas es un proceso lento, y ocurre en personas que tienen una infección persistente durante muchos años. Pero, esta infección puede no estar asociada la manifestaciones como condilomas, lo que justifica la realización de pruebas de rastreio regulares.
El diagnóstico puede ser hecho a través de la historia clínica, examen físico y exámenes complementarios. El rastreio de la sequela más importante (el cáncer del pego del útero) es hecho por rutina a través del Papanicolau, que aunque no detecte la presencia del virus, permite reconocer las alteraciones que él causa en las células.
La biopsia es utilizada para la observación y caracterización de las alteraciones celulares a través del análisis microscópica de una muestra, aunque sólo sea efectuada en situaciones concretas, como en pacientes imunodeprimidos, cuando hay duda en el diagnóstico, o si haya sospecha de evolución para neoplasia.
La colposcopia y peniscopia son técnicas que permiten la investigación de condilomas de reducidas dimensiones en las mucosas, que constituyen una señal clara de la infección por HPV.
Más recientemente, fueron desarrolladas técnicas de biología molecular (hibridização, PCR, captura híbrida) que permiten la detección de ADN vírico en fragmentos de biopsia o escovado cervical, y poseen elevada especificidade y sensibilidad. Estas técnicas son la única forma de diagnosticar inequívocamente el HPV, aunque en haber clínicos sea de mayor valía la caracterización del nivel de alteraciones morfológicas, visto que la presencia de HPV sin alteraciones citológicas no es motivo de alarma vista muchas de las infecciones sean transitorias y de resolución espontânea.
Los mecanismos patológicos de la HPV están mejor caracterizados en las especies con elevado riesgo de inducir cáncer del pego del útero.
De una forma general, el HPV posee en su genoma varios genes que son expressos en una fase inicial (“early genes”). Algunos de estos, concretamente los genes Y6 y Y7, fueron clasificados como oncogenes por su capacidad de inducir la transformación maligna de las células infectadas. Lo Y6 y Y7 codificam oncoproteínas que tienen como blanco las proteínas Rb y p53 respectivamente, que son proteínas codificadas por genes supressores tumorais. El Rb (gen del retinoblastoma) impide la célula de proseguir la división celular, al bloquear el factor de transcripción Y2F. A p53 tiene el mismo efecto al aumentar la expresión de p21, además de también desencadenar la apoptose en casos de daño extenso al ADN. Básicamente, los genes Y6 y Y7 inducen la división celular y evitan la apoptose.
Se piensa que el HPV infecta células de la capa basal del epitélio estratificado, insertando su ADN en el núcleo de forma a ser copiado durante la replicación celular; en esta fase son expressos los “early genes”. Cuando una de las células migra para lejos de la membrana basal, alcanza un mayor estado de diferenciação , que podrá constituir la señal para la expresión de los “late genes”, codificando las proteínas L1 y L2 responsables por la síntesis de la cápside para creación de nuevos virus.
La prevención de la apoptose e inducción de la división celular son los principales mecanismos responsables por el desarrollo de neoplasias . La evolución de la infección por HPV en el pego uterino (y más raramente en el pénis, cabeza y cuello u otros locales) cursa con una alteración creciente de la morfologia celular (displasia) del epitélio, con posterior invasión local de tejidos adyacentes, y metastização a la distancia.
La prevención de la infección por HPV puede ocurrir a dos niveles distinguidos, para prevención de las estirpes cutâneas, y de las estirpes genitales.
Debido a la cápside proteica, el HPV puede resistir durante periodos prolongados en varias superficies. Algunos cuidados que pueden evitar la infección incluyen:
La principal vía de contagio de las variantes genitales del HPV es a través de contacto sexual, factor importante en la prevención.
ES en regla muy difícil erradicar por completo la infección, pelo que en la mayoría de los casos el tratamiento visa reducir o eliminar las lesiones causadas por el HPV. Como la infección subyacente a la lesiones se mantiene, es frecuente la ocurrencia de recidivas , debiendo mantenerse el acompanhamento médico.
La mayoría de los métodos ha buenos resultados, no habiendo aún datos que apunten para un procedimiento preferencial, ni información sobre la eficacia comparativa entre tratamientos combinados y monoterapia, pelo que la abordagem terapéutica es dejada al criterio del médico y del paciente.
Las lesiones cutâneas (verrugas) no son en general preocupantes del punto de vista del cuadro clínico. La principal complicación está relacionada con la evolución para cáncer de las lesiones causadas por algunos tipos de HPV, en especial en el pego del útero. Las lesiones observabais por citologia o biopsia son categorizadas en tres estadios, que van desde CIN-I (displasia ligera) la CIN-III (carcinoma ‘’in situ’’), que tiene elevada probabilidad de evoluciona para cáncer cervical invasivo. Una mayor extensión de la displasia acarrea un peor pronóstico, pelo que mientras más pronto es hecho el diagnóstico, mejores son las hipótesis de que las lesiones sean controladas con tratamiento. ES muy improvable que después de diagnóstico e inicio de tratamiento la displasia evolucione para cáncer.
En enfermos imunocomprometidos, el riesgo de evolución para cáncer se encuentra elevado, debido a la más pequeña capacidad de respuesta contra el agente agresor, así como a la disminución de la capacidad de detectar y destruir las células infectadas.
El resultado de un Papanicolau puede por veces indicar la presencia de células atípicas (ASCUS, del inglés atypical cells of undertemined significance). Como el nombre indica, estas células atípicas no tienen un significado claro, pero son una indicación para aumentar preventivamente el nivel de vigilancia.
Los condilomas acuminados, manifestación típica de una infección genital por HPV, son conocidos desde la antiguidade y desde entonces reconocidos como una enfermedad venérea. El término deriva de la junção del término Latín "condyloma" o Griego "kondyloma", que significa tumor duro, y del término Latín "acuminare", cuyo significado es hacer pontiagudo o aguçar.
En el inicio del siglo XX, se realizaron estudios con filtrado acelular obtenido de verrugas genitales, que se probó causen la aparición de verrugas en la piel, e indicó la etiologia viral de la infección.
Fue a finales de la década de 1960, con el advento de la microscopia electrónica, que se detectaron y caracterizaron las partículas volcáis en muestras de verrugas genitales. En el inicio de los años 1970, estudios epidemiológicos evidenciaram que la transmisión del HPV ocurría por contacto sexual.
En la segunda mitad de los años 1970, fue constatado que las alteraciones inducidas por el HPV podrían llevar a la malignização y al cáncer, teniendo desde entonces incontables estudios comprobado la elevadíssima relación entre infección por HPV y cáncer del pego del útero y a finales de los años 1990 se describía la presencia viral en aproximadamente 100% de los casos de cáncer cervical. Por ese motivo se pasó a afirmar que no existe cáncer del pego sin HPV.[4] Desde entonces, una gran variedad de estirpes fue identificada por análisis de ADN (más de 200), encontrándose ahora bien caracterizadas más de 85, de entre las cuales las que causan a casi totalidad del carcinoma cervical. A partir de la segunda mitad de los años 1990 el virus HPV pasó también a ser asociado a algunos casos de cáncer peniano. Aunque aún sea un asunto controverso pues admítase otras hipótesis causáis (p.ej. fimose), estudios utilizando PCR describen la presencia de HPV en el carcinoma peniano variando de 30 a 100% de los casos.[5][6] Estudios recientes también intentan establecer una correlación importante entre cânceres de orofaringe y el HPV. Tales estudios intentan explicar el aumento de esos tipos de cáncer a través del aumento de la práctica del sexo oral al largo de las últimas décadas. Entre los años de 2006 a 2007 el HPV pudo ser encontrado en 93% de los tumores localizados en la boca y en la faringe.[7]
En 2006 se completó el desarrollo de dos vacunas contra algunos subtipos de HPV, que utilizan la proteína L1 de la cápside. Estas vacunas, ahora disponibles en el mercado, permitirán (según las expectativas) disminuir en más del 70%[8] el número total de cánceres del pego del útero en el plazo de cerca de 20 años, si las nueva generaciones de mujeres sean vacinadas (una vez que ellas sólo son activas antes de la infección instalarse).
De futuro, es posible que las vacunas sean más abrangentes en el espectro de HPV que cubren, aumentando aún más sus beneficios.