El teatro en el Brasil tiene sus orígenes remotos en las prácticas de evangelização de los jesuítas el siglo XVI, pero sólo entra en pleno desarrollo los siglos XIX y XX .
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El teatro en tierras brasileñas nace a mediados del siglo XVI como instrumento de catequese de los Jesuítas venidos de Coimbra como missionários. Era un teatro, por lo tanto, con función religiosa y objetivos claros: evangelizar los indios y apaciguar los conflictos existentes entre ellos y los colonos portugueses y españoles .
El primer grupo de Jesuítas a desembarcar en la Bahia de Todos Santos, en 1549, era compuesto por cuatro religiosos de la comitiva de Tomé de Sousa, entre los cuales el padre Manuel de la Nóbrega. El segundo grupo de missionários llegó a la entonces Provincia del Brasil el día 13 de julio de 1553 , como parte de la comitiva de Duarte de la Costa. En el grupo de cuatro religiosos estaba el joven José de Anchieta (1534-1597), entonces con diecinueve años de edad.
La población estimada de 57 mil habitantes era compuesta por colonos, muchos de ellos criminales, e indios en su mayoría de vida nômade. Los jesuítas mantenían los indígenas en pequeñas aldeas, aislados de dos terribles peligros: la vida desregrada y la esclavitud impuestas por el hombre blanco explorador y el consecuente retorno al paganismo.
La tradición teatral jesuítica encontró en el me gustan los indios pela baila y por la esquina un suelo fértil y los religiosos pasaron a valerse de los hábitos y costumbres de los silvícolas - máscaras, arte plumária, instrumentos musicales primitivos - para sus producciones con finalidades catequéticas.
Temáticamente, esas producciones mesclavam la realidad local (tanto de indios cuanto de los colonos) con narrativas hagiográficas (vidas de los santos). Como toda especie de dominação cultural prescinde un conocimiento de la cultura del dominado, el Padre Anchieta siguió el precepto de la Compañía de Jesus que determinaba al jesuíta el aprendizado de la lengua donde mantuvieran misiones. Así, fue incumbido de organizar una gramática de la lengua tupi, lo que hizo con éxito.
Hay noticia de 25 obras teatrales, todas de tradición medieval con fuerte influencia del teatro de Gil Vicente en su forma y contenido, producidas en los últimos 50 años del siglo XVI. El género predominante es el auto y algunos de ellos no tienen autoría comprobada; muchos otros, como se sabe, son atribuidos al padre Anchieta (por veces contando con la colaboración del padre Manuel de la Nóbrega). De algunas de esas obras se han sólo el título, son ellas:
Los espectáculos tenían cómo elenco los indios catequizados y eran presentados, en la mayoría de las veces, al aire libre – algunos de ellos teniendo la selva por escenario; noutros, al estilo del teatro medieval, en los átrios de las pequeñas iglesias.
De todos, el espectáculo más grandioso fue del "Auto de las Once Mil Virgens", en mayo de 1583, en honra a los padres Cardim y Gouveia y que contó con la participación de todo el pueblo de la Bahia. Este auto, que era una tragicomédia inspirada en la vida de Santa Úrsula y en la leyenda de las once mil virgens, fue representada cinco veces entre los años de 1582 y 1605.
El investigador Mario Cacciaglia en su "Pequeña Historia del Teatro Brasileño" hace una rica descripción del que habría sido la primera presentación (1583), que él adjetiva como espectacular, como sigue: "...tras la misa, con acompanhamento de un coro de indios, con flautas y, de la capela de la Catedral, con órganos y cravos, tuvo inicio una procesión de estudiantes precedida por los concejales y por los sobrinos o netos del gobernador; los estudiantes cargaban tres cabezas de virgens cubiertas por un pálio y estiraban sobre ruedas una esplêndida nau sobre la cual eran llevadas en triunfo las virgens mártires (estudiantes travestidos), mientras de la propia nau eran hechos disparos de arcabuz. De tarde en tarde, durante el recorrido, hablaban de las ventanas personajes alegóricas, en esplêndidos costumbres: la ciudad, el propio colegio y algunos ángeles. A La noche fue celebrado en la nau el martirio de las virgens, con el aparato cênico de una nube que descendía del cielo y de los ángeles que llegaban para sepultar las mártires."
Otras narrativas llegan hasta nodos, algunas envolviendo embarcaciones, salvas de arcabuzes, uivos y gritos de indios, flautas y percusiones; todas ellas asistidas por los colonos, por los indios y, claro, por las autoridades locales, todos llegando a la lágrimas ante los dramas encenados por veces en los adros de las iglesias, noutras en anfiteatros montados en el entorno de los templos.
Como se sabe, los únicos textos de toda esa producción llegados a nuestros días son de autoría de la Pe. José de Anchieta, gracias a su proceso de beatificação iniciado en 1736.
Considerado por Sábato Magaldi "el texto más complejo y digno de interés" de toda la obra del missionário, el Auto de Son Lourenço o En la Fiesta de S. Lourenço es una pieza trilíngüe que tuvo su primera representación en la ciudad de Niterói en 1583. El texto es rico en personajes y situaciones dramáticas, envolviendo esquina, lucha y baila para narrar el martirio del santo. Hay muchos aspectos que denotan la inteligencia del missionário al urdir la trama, pero es digno de nota el artifício de substituit el tradicional mecanismo del sincretismo religioso por un otro que podríamos clasificar de sincretismo demonológico. Así, Anchieta aproxima los demonios de la iglesia católica de los demonios familiares a los indios (Guaixará, Aimberê y Saravaia) - nombres tomados de los indios Tamoios que se unieron a los invasores franceses, forma también de criticar la situación política del momento. Los demonios advogam por los terribles hábitos de los indios: el cauim, el tabaco, el curandeirismo y la poligamia. El texto, trilíngüe, visa dialogar con indios, portugueses y españoles.
Otro texto del Padre Anchieta, En la Fiesta de Natal, es una releitura del Auto de S. Lourenço, con menos personajes y escenas. En este caso, los demonios dificultan los Reyes Magos a encontrar la manjedoura donde se encuentra el Salvador. Este auto es en su mayoría escrito en Tupi, por razones obvias de catequese.
Ya el drama En Vila de Victoria fue representado, como de hábito, en el adro de la Iglesia de Son Tiago por ocasión de la llegada de un grupo de missionários europeos con destino a Paraguay. Por ese motivo, la pieza parece estar dirigida a un público hecho exclusivamente de colonos, una vez que hace muchas referencias a acontecimientos entonces recientes de las sociedades portuguesa y española, además de mencionar los conflictos envolviendo colonos e indios. La presentación tenía, en sus tres actos, acciones bastante complicadas decurrentes del hecho de ser crivada de personajes alegóricas: el Mundo y la Carne (dos demonios, respectivamente), la Ciudad de Victoria (una noble dama), el Gobierno (un señor muy digno), la Ingratidão (una bruja), el Amor a Dios, el Temor a Dios, Son Vitor y el Embajador del Plata (cuyo objetivo era llevar las relíquias de Son Maurício, cuyo martirio es narrado en la encenação).
En Recebimento que hicieron los indios de Guaraparim al Padre Provincial Marçal Beliarte, Anchieta crea divertidos diálogos entre demonios que prometen llevar muchos pecadores locales para los infiernos, además de cânticos de arrependimento de los indígenas que un día fueron antropófagos.
En la visitação de Santa Isabel, considerada última obra del jesuíta, es un diálogo en español que narra el encuentro de la Virgem Maria con suya prima, Isabel (madre de Son João Batista). Finalizada por una procesión solemne, la encenação era para celebrar la construcción de una Santa Casa de Misericórdia, con fecha y local de representación obscuros.