Las Salamandras, o Espíritus del fuego, viven en el éter atenuado y espiritual que es El invisible elemento del fuego. Sin ellas, el fuego material no puede existir.
Ellas reinan en el fuego con el poder de transformar y desencadenar tanto emociones positivas cuánto negativas. Las Salamandras, según los especialistas, parecen balones de fuego y que pueden alcanzar hasta seis metros de altura. Sus expresiones, cuando percibidas, son rígidas y severas. Dentro de todas las formas energéticas (el fuego, el agua y el mineral), estos seres adquieren formas capaces de desarrollar pensamientos y emociones. Esta capacidad derivó del contacto directo con el hombre y de la presencia de ellos en su cotidiano. Por tal motivo, las Salamandras desarrollaron fuerzas positivas, capaces de bloquear vibraciones negativas o no productivas, permitiendo un clima de bien estar al hombre.
El hombre es incapaz de comunicarse adecuadamente con las Salamandras, pues ellas reducen la cenizas todo aquello de que se aproximen. Muchos místicos antiguos, preparaban incensos especiales de hierbas y perfumes, para que cuando quemados, pudieran provocar un vapor especial y así formar en sus rodillos la figura de una Salamandra, pudiendo así sientan su presencia.