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Post-modernidade es la condición socio-cultural y estética que prevalece en el capitalismo contemporáneo después de la caída del Muro de Berlín y la consecuente crisis de las ideologías que dominaron el siglo xx. El uso del término se hizo corriente, aunque haya controversias en cuanto a su significado y su pertinência.
Tiene como fundamento el alegado esgotamento del movimiento modernista, que dominó la estética y la cultura hasta finales del siglo xx, y la pérdida de la aura del objeto artístico por su reproducción en múltiples formas: fotografías, vídeos, etc. (Walter Benjamin).
El crítico brasileño Mário Pedrosa fue uno de los primeros a utilizar este término en 1964 (Madera, A. p.1). En importante artículo sobre el arte de Hélio Oiticica Pedrosa afirmaba en la ocasión (Pedrosa, 1981:205):
| A ese nuevo ciclo de vocación antiarte llamaría de arte post-moderno. |
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Según el francés Jean-François Lyotard, la "condición post-moderna" se caracteriza por el fin de las metanarrativas. Los grandes esquemas explicativos habrían caído en descrédito y no habría más "garantizabas", aunque aún la "ciencia" ya no podría ser considerada como la fuente de la verdad.
Para el crítico marxista norteamericano Fredric Jameson, a Polvos-Modernidade es la "lógica cultural del capitalismo tardío", correspondiente a la tercera fase del capitalismo, conforme el esquema propuesto por Ernest Mandel.
Otros autores prefieren evitar el término. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, uno de los principales popularizadores del término Post-Modernidade en el sentido de forma póstuma de la modernidade, actualmente prefiere usar la expresión "modernidade líquida" - una realidad ambígua, multiforme, en la cual, como en la clásica expresión del manifiesto comunista, todo lo que es sólido se deshace en el aire.
El filósofo francés Gilles Lipovetsky prefiere el término "hipermodernidade", por considerar no haber habido de hecho una ruptura con los tiempos modernos - como el prefijo "post" da a entender. Según Lipovetsky, los tiempos actuales son "modernos", con una exarcebação de ciertas características de las sociedades modernas, tales como el individualismo, el consumismo, la ética hedonista, la fragmentación del tiempo y del espacio.
Ya el filósofo alemán Jürgen Habermas relaciona el concepto de Post-Modernidade la tendencias políticas y culturales neoconservadoras, determinadas a combatir los ideales iluministas.
La segunda mitad del siglo XX asistió a un proceso sin precedentes de cambios en la historia del pensamiento y de la técnica. Al lado de la aceleración avassaladora en las tecnologías de comunicación , de artes , de materiales y de genética , ocurrieron cambios paradigmáticas en el modo de pensarse la sociedad y sus instituciones.
De modo general, las críticas apuntan para las raíces de la mayoría de los conceptos sobre el Hombre y sus aspectos, constituidas el siglo XV y consolidadas el siglo XVIII. La Modernidade surgida en ese periodo es criticada en sus pilares fundamentales, como la creencia en la Verdad , alcançável por la Razón , y en la linearidade histórica rumbo al progreso. Para sustituir estos dogmas, son propuestos nuevos valores, menos cerrados y categorizantes. Estos servirían de base para el periodo que se intenta anunciar - en el pensamiento, en la ciencia y en la tecnología - de superación de la Modernidade. Sería, entonces, el primer periodo histórico a ya nacer bautizado: la post-modernidade.
En "La Identidad cultural en la Post-Modernidade", Stuart Hall (2003)[1] busca evaluar se estaría ocurriendo una crisis con la identidad cultural, en que consistiría tal crisis y cuál sería la dirección de la misma en la post-modernidade. Para efetivar tal intento, analiza el proceso de fragmentación del individuo moderno enfatizando el surgimento de nuevas identidades, sujetas ahora al plan de la historia, de la política, de la representación y de la diferencia. La preocupación de Hall también se vuelve para el modo como habría se alterado la percepção de cómo sería concebida la identidad cultural. Todos esos aspectos se constituyen como fases de un procedimiento analítico que intenta describir el proceso de desplazamiento de las estructuras tradicionales ocurrido en las sociedades modernas y post-modernas, así como el descentramento de los cuadros de referencias que conectaban el individuo a su mundo social y cultural. Tales cambios habrían sido ocasionadas, en la contemporaneidade, principalmente, por el proceso de globalización.
La globalización alteraría las nociones de tiempo y de espacio, desalojaría el sistema social y las estructuras fijas y posibilitaría el surgimento de una pluralização de los centros de ejercicio del poder. En cuanto al descentramento de los sistemas de referencias, Hall considera sus efectos en las identidades modernas, enfatizando las identidades nacionales, observando lo que generó, cuáles las formas y cuáles las consecuencias de la crisis de los paradigmas del final del siglo XX.
Desde la década de 1980 , se desarrolla un proceso de construcción de una cultura en nivel global. No sólo la cultura de masa, ya desarrollada y consolidada desde meados del siglo XX, pero un verdadero sistema-mundo cultural que acompaña el sistema-mundo político-económico resultante de la globalización.
La Post-Modernidade, que es el aspecto cultural de la sociedad post-industrial, se inscribe en este contexto como conjunto de valores que norteiam la producción cultural subseqüente. Entre estos, la multiplicidade, la fragmentación, la desreferencialização y la entropia - que, con la aceptación de todos los estilos y estéticas, pretende la inclusión de todas las culturas como mercados consumidores. En la plantilla post-industrial de producción, que privilegia servicios e información sobre la producción material, la Comunicación y la Industria Cultural ganan papeles fundamentales en la difusión de valores e ideas del nuevo sistema.
Lo que se denomina "Crisis de la Representación", que asombra el arte y los lenguajes en el contexto post-moderno, es un fenómeno directamente conectado a la destrucción de los referenciais que venían norteando el pensamiento hasta bien recientemente. El registro del real (figurativismo) era el principal eje de la pintura hasta 1870, así como de resto de todo el arte, hasta el polvos-guerra. Dali en delante, se valora la entropia ; “todo vale”, y todos los discursos son válidos. El resultado es que no hay más patrones limitados para representar la realidad, resultando en una crisis ética y estética.
La justificación para ese cambio puede ser más objetiva: con la Historia apuntando para la formación de una sociedad global (nivel macro), ninguna de las visiones de mundo preexistentes (nivel micro) podría ser descartada, bajo pena de excluir interesantes mercados consumidores del sistema-mundo capitalista. El polvos-moderno, así, por su carácter policultural, su multiplicidade, su hiperinformação, sirve bien a la constitución de una red inclusiva de consumidores. Y dentro de eso está insertada la dejeção de los referenciais de representación.
Los medios audiovisuales, utilizándose de su capacidad de alcanzar más sentidos humanos (visión y audición , responsables por más de ¾ de las informaciones que llegan al cerebro), tienen un potencial más rico e inmediato para transmitir su mensaje y su visión de realidad. La literatura , la música y la poesía dependen de un grado más alto de abstracción e interacción lógica con el intelecto. No obstante, otros artes “más antiguos” ya tuvieron sus momentos de mescla entre ficción y realidad , como las pinturas rupestres de las cavernas (que “eran” los propios animales pintados, y no representaciones de ellos) o la escultura de las primeras civilizaciones (que buscaban la propia forma del real). Hoy, sin embargo, están en la esfera del arte, o ficción . Puede ser que, en un futuro incierto, el hombre reía del vídeo, preguntándose cómo pudo un día creer en una imagen formada por circuitos electrónicos. Pero, hasta allá, continuará en duda sobre su validación o no como parte de la realidad.
La estética post-moderna presenta diferencias fundamentales en relación a todo lo que vino antes de ella, incluyendo todas las estéticas modernistas. Los propios criterios-llave de la estética moderna, del nuevo, de la ruptura y de la vanguarda son desconsiderados por el Polvos-Moderno. Ya no es preciso innovar ni ser original, y la repetición de formas pasadas es no sólo tolerada como encorajada.
Sin embargo, aunque diversas obras estéticas, de diferentes categorías, presentad características semejantes y recurrentes, no parece correcto ni posible hablar de un “estilo post-moderno”, muy menos de un “movimiento post-moderno”. Tales conceptos prescindiriam de un correcto nivel de organización, bisagra o mismo intercambio que simplemente no existe entre los productores de estética . Si fue posible hablar en movimiento modernista, eso es debido al hecho de haber grupos relativamente próximos y en cierta frecuencia de contacto en la Europa del inicio del siglo XX. En la Post-Modernidade' , sin embargo, los artistas hasta tienen mayores posibilidades de comunicarse, pero la cantidad incalculável de tendencias y lenguajes hace imposible alguna unicidade formal.
Las similaridades estéticas entre los productos probablemente son consecuencia de las condiciones de producción y de circulación, dado que uno de los efectos sabidos de la Globalización es la homogeneização de las relaciones de producción y de los hábitos de consumo. De ahí advém el neo-historismo (en la verdad, un no-historismo, en la medida en que desconsidera la Historia ), que es la mezcla de todos los estilos históricos en productos sin periodo definido.
La entropia que se predica en el Polvos-Moderno dice respeto al fin de la prohibición, a la admissão de todo y cualquier producto, pues, si normativa cabrá al mercado, toda producción es considerada mercancía.
Ernest Gellner se debatió con el fenómeno del polvos-modernismo, que él ve como un movimiento que es una de las principales orientaciones en debate en la actualidad, en el nivel de las grandes ideas. Las otras siendo:
En "Polvos-modernismo, razón y religión", de 1992 , Gellner se refiere al polvos-modernismo de la siguiente forma:
Obviamente, esta nueva "moda" no es compatible con el Positivismo, que Gellner define como: "...la creencia en la existencia y disponibilidad de hechos objetivos, y sobre todo de la posibilidad de explicar los dichos hechos por medio de una teoría objetiva y testável, ella propia no esencialmente conectada a ninguna cultura particular, observador o estado de espíritu".
José Merquior vio en esta confrontação una repetición de la batalla entre el classicismo y el romanticismo, el primero asociado con la dominação por la Europa por una côrte francesa y sus maneras y patrones, el último con la reacción por las otras naciones, afirmando los valores de sus propias culturas populares.
Pero Gellner apunta una diferencia:
Gellner ve dos o tres grandes etapas en la evolución del tipo de pensamiento que culminaría en el Polvos-Modernismo. Para comprender el Polvos-Modernismo hay que comprender la evolución del marxismo.
En el fondo, las líneas del árbol genealógica del Polvos-Modernismo son trazadas al largo de la evolución del Marxismo, de la teoría para su aplicación práctica (y las señales de su fracaso). Comencemos por la raíz.
Según algunos estudiosos, el polvos-modernismo tendría origen en el marxismo. Se trata de una posición polémica, ya que el marxismo es una filosofía materialista según la cual las fuerzas de producción son determinantes de las estructuras sociales. Y encima, el marxismo se afirmaba científico mientras los intelectuales polvos-modernos colocan en cuestión precisamente la posibilidad de llegarse a una visión única.
Sin embargo, en esta fase, los marxistas creen aún en una verdad única, que ellos propios detenían, como es obvio. Los críticos fallaban en alcanzarla, por culpa propia.
Con el fin del Estalinismo, las reformas de Khrushchov y la creciente duda en el emprendimiento comunista, el panorama tenía evoluido en un sentido aún más radical (y absurdo, para algunos).