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Nomenclatura binomial

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Nomenclatura binomial, nomenclatura binominal o nomenclatura binaria, designa en las ciencias biológicas el conjunto de normas que regulan la atribución de nombres científicos a la especies de seres vivos. Se llama binominal porque el nombre de cada especie es formado por dos palabras, el nombre del género y el restritivo específico, normalmente un adjetivo que califica género. La utilización del sistema de nomenclatura binomial es uno de los pilares de la clasificación científica de los seres vivos siendo regulada por los códigos específicos de la nomenclatura botânica, zoológica y bacteriológica . Fue de entrada propuesta por el naturalista suizo Gaspard Bauhin, el siglo XVII, y formalizada por Carlos de Lineu el siglo siguiente. Los nombres utilizados son en latim, o en una versión latinizada de la palabra o palabras que se pretende utilizar. El nombre genérico y el epíteto específico deben siempre ser escritos en tipo cursiva, o en su indisponibilidade ser subrayados, siendo siempre que posible seguidos por el autor o autores de la descripción (en general referido como la autoridad) . Aunque en el ámbito del esfuerzo de unificación de la nomenclatura biológica los conceptos hayan sido fundidos, teniendo hoy el mismo significado, tradicionalmente en el campo de la zoologia el concepto es referido como nomenclatura binominal, mientras en el campo de la botânica, de la micologia y de la bacteriologia el concepto es generalmente apelidado nomenclatura binaria o, por veces, nomenclatura binomial.

Tabla de contenido

Reglas básicas de nomenclatura

La nomenclatura binomial es el método formal y el único universalmente endoso para la atribución del nombre científico la especies (con excepción de los virus). Como el término "binomial" sugiere, el nombre científico de una especie es formado por la combinación de dos términos: el nombre del género y el descritor específico. A pesar de algunos pormenores difieran consoante el campo de la biología en que la especie se inserta, los trazos determinantes del sistema son comunes y universalmente adoptados:

Por ejemplo, Canis lupus o Anthus hodgsoni. Nótese que esta convención es reciente: Carolus Linnaeus usaba siempre mayúscula en el descritor específico y hasta principios del siglo XX era práctica común capitalizar el descritor específico si este derivara de un nombre propio. A pesar de incorrecto por los patrones actuales, e inaceptable en contexto científico, la utilización de descritores específicos con mayúscula es relativamente común en literatura no científica, particularmente cuando reproduzca fuentes desactualizadas.
Por ejemplo, Amaranthus retroflexus L. o Passer domesticus (Linnaeus, 1758) – el último fue originalmente descrita como una especie del género Fringilla, de ahí el parêntesis.
Por ejemplo, "La población del pardal doméstico (Passer domesticus) está la decrescer en la Europa."
Por ejemplo, después de la primera referencia, Canis lupus puede ser referido como C. lupus. En algunos casos, en literatura no científica, la abreviatura es más conocida del que el nombre completo de la especie: — la bacteria Escherichia coli es frecuentemente referida simplemente por Y. coli; el Tyrannosaurus rex es probablemente más conocido por T. rex.
Por ejemplo: "Canis sp." significa "una especie del género Canis".
Por ejemplo Corvus cf. corax indica "un pájaro similar al cuervo-común, pero no identificado con seguridad como siendo de la especie.

Ventajas de la nomenclatura binomial

Las principales ventajas de la nomenclatura binomial derivan esencialmente de su economía descriptiva, de su uso generalizado y de la estabilidad de nombres que es por él favorecida:

A pesar de las reglas existentes tengan cómo objetivo garantizar que cada nombre es único y que no hay ambiguidades en la nomenclatura, en la práctica algunas especies tienen varios nombres científicos en circulación en la literatura, el uso de cada uno de ellos dependiendo de la opinión taxonómica del autor del texto. De ahí que la sinonímia biológica sea un campo de gran complejidad, siendo frecuente la aparición de especies con largas listas de sinónimos.

De más importante fuente de inestabilidad en el sistema binomial es la ressurreição de nombres olvidados, pero para los cuales se puede reclamar válidamente prioridad en la publicación. En este caso, pero, en los códigos de nomenclatura están previstas normas de conservación de nombres que permiten el mantenimiento, por lo menos en ciertos casos, del nombre de uso más común.

Códigos de nomenclatura

A partir de meados del siglo XIX pasó a ser aparente la necesidad de un cuerpo de reglas que gobernaran de forma inequívoca la atribución de nombres científicos. Tales normas fueron inicialmente vertidas en los actuales códigos de nomenclatura: el ICZN, gobernando la atribución de nombres a animales; el ICBN, gobernando la atribución de nombres la plantas , incluyendo los fungos, algas y cianobactérias ; y el ICNB gobernando la nomeclatura de bacterias y virus . A pesar de un creciente esfuerzo de convergencia, estos códigos difieren en aspectos significativos:

Diversos autores han sugerido la aprobación de un BioCode que sustituyera todos los códigos, pero su implementación no está para breve. Hay también un debate en torno al desarrollo de un PhyloCode, creando una clasificación y una nomenclatura asiente en clades de los árboles filogenéticas, en vez de los tasa actuales. Los proponentes del PhyloCode se refieren a los códigos existentes como los "códigos lineanos" y denominan "taxonomia lineana" a la clasificación científica hecha con base en esos códigos.

Derivación de nombres

El nombre del género y del descritor específico pueden derivar de cualquier palabra o provenir de cualquier fuente, teniendo sólo como exigencia lo sean latinizados. En general son palabras latinas, pero muchas de ellas son derivadas de palabras del griego antiguo, de nombres de regiones o lugares, del nombre de personas (de preferencia naturalistas) o de una palabra en una lengua vernácula. En la práctica, los taxonomistas han creado nombres a partir de una inmensa variedad de fuentes de inspiración, incluyendo, al que se dice, algunos casos en que se pretendió ser jocoso o crear trocadilhos.

Pero, los nombres son siempre tratados gramaticalmente como se fueran una frase latina. Por esa razón, el nombre científico de la especie es frecuentemente referido como el "nombre latino" de la especie, a pesar de la expresión no cuchara la aprobación de taxonomistas y de filologistas, los cuales tienden a favorecer la designación, más neutra, de "nombre científico".

El nombre del género debe obligatoriamente ser único dentro de cada reino. Los descritores específicos son frecuentemente repetidos y son, obligatoriamente, un modificador adjetivo del nombre del género, debiendo con él concordar gramaticalmente. Los nombres de las familias son frecuentemente derivados de un género particularmente representativo que a integre.

Historia

Las primeras tentativas de utilización de un sistema binomial para designar especies se debe al naturalista suizo Gaspard Bauhin, que en pleno siglo XVII, casi 200 años antes de Carolus Linnaeus (1707–1778), ensaiou la creación de un sistema que permitiera simultáneamente identificar una especie e indicar la agrupación taxonómico donde podría ser incluida. El sistema no tuvo seguidores, en buena parte porque aún no habían surgido los metodistas, que los siglos inmediatos intentarían organizar el mundo vivo en un sistema racional, y porque los conceptos de taxonomia aún no tenían amadurecido suficientemente para justificar el concepto.

Con su tentativa de describir todo el mundo natural conocido, a través de la atribución de un nombre constituido por dos partes cada especie mineral, vegetal o animal , Lineu inició la expansión del concepto. En consecuencia lanzó un proceso que llevaría a su adopción casi universal, de tal forma que el sistema binomial es frecuentemente referido por sistema lineano o nomenclatura de Lineu.

Ver también

Conexiones externas