Metas de Inflación es una política económica donde principal objetivo de los países que adoptan es disminuir y mantener la inflación en niveles bajos. Para esto ellos hacen un anuncio previo de una meta numérica para la inflación en plazo predeterminado y se comprometen explícitamente de que el Banco Céntrico irá a buscar el cumplimiento de esta meta fijada. Para alcanzar la meta establecida, muchas veces por el Gobierno, el BC debe utilizar todos los instrumentos posibles como la tasa de intereses, el crecimiento de la base monetaria o la tasa de cambio.
Los defensores del régimen de metas de inflación creen que él desempeña básicamente dos funciones: sirve como elemento de coordinación de expectativas de los agentes económicos (principalmente aquellos que operan en el mercado financiero), y funciona como mecanismo de transparencia para la conducción de la política monetaria, auxiliando en la reducción de las incertidumbres (Leiderman y Svensson, 1995). Para Mishkin (1997), una alta inflación dificulta la decisión de ahorro de largo plazo y de inversión, exacerbando la volatilidad de los precios, y aumentando el riesgo de financiación y de los contratos de trabajo.
Así según Mishkin (2000),[1] el régimen de metas de inflación es caracterizado por cinco elementos principales, son ellos:
Bajo la política, los inversores saben cual la tasa de inflación que el Banco Céntrico considera para los próximos años y así pueden prever más fácilmente la tasa de intereses para sus inversiones. Con eso el régimen de metas de inflación genera una mayor estabilidad económica.
Tabla de contenido |
El régimen de metas de inflación parte de premissa básica de que el objetivo principal de la política monetaria es alcanzar y preservar una tasa de inflación baja y estable. El llamado "nuevo consenso macroecômico" se basa en los paradigmas de neutralidad de la moneda, expectativas racionales, equilibrio continuo de mercado, precios flexibles, oferta de trabajo determinada por salarios reales y en la hipótesis de la tasa natural de desempleo.
La importancia, función y utilización del trio reputación-credibilidad-transparencia son de gran relevancia en la discusión del régimen de metas de inflación y su funcionalidad.
Presente en el código de buenas prácticas de políticas económicas del Fondo Monetario Internacional, la transparencia es punto céntrico en la discusión de política económica actualmente: "El caso para la transparencia de las políticas monetaria y financiera es basado en dos premissas principales. En primer lugar, la eficacia de las políticas monetaria y financiera puede ser reforzada si los objetivos e instrumentos de la política son conocidos por el público y si las autoridades pueden elaborar un compromiso crível para encontrarlos. Al disponibilizar más informaciones sobre las políticas monetaria y financiera, una buena política de transparencia pormove una eficiencia potencial para los mercados. En segundo lugar, una buena governancia trae para los bancos céntricos y agentes financieros responsabilidades, en especial cuando las autoridades monetarias y financieras son concedidos un elevado grado de autonomía ".
El régimen de metas de inflación traje para el centro del debate la credibilidad de la política monetaria, pues esta es "una condición necesaria para que las expectativas de los agentes económicos estén en consonancia con los objetivos anhelados por el banco céntrico" (Oreiro, 2003, p. 121).[2]
Reputación, diferentemente de credibilidad, es un comportamiento forward-looking, o sea, un Banco Céntrico depende de haber hecho buenas acciones en el pasado para tener una buena reputación. Ya para tener una alta credibilidad el Bacen depende del grado de confianza en relación a la habilidad y determinación que los agentes tiene en relación al Banco Céntrico.
Algunos pressupostos son, según algunos autores, necesarios a la adopción del régimen de metas de inflación, para otros, no interfieren en el desempeño del país bajo el régimen. Según Batini et al (2006)[3] las precondições son:
De estas pre-condiciones derivan los problemas de los mercados emergentes al implementen régimen de metas de inflación, pues según Mishkin (2000) estos países tienen ciertas dificultades que los hacen más vulnerabais la crisis [1]
La adopción del Plan Real y de un régimen de bandas cambiarias, en 1995, posibilitó al Brasil una caída y mantenimiento de la inflación en bajos niveles. Sin embargo el mantenimiento de esta baja inflación fue muy custosa, pues fue hecha a través de privatizaciones, préstamos externos y caída en las reservas. El ataque especulativo en enero de 1999 y las bajas reservas internacionales hicieron imposible el mantenimiento del régimen de bandas cambiarias, lo que llevó a que se adoptara un régimen de cambio flexible. En junio de 1999, como forma de anclar la inflación, el Brasil adoptó el régimen de metas de inflación, dando al Banco Céntrico del Brasil toda la responsabilidad y la independencia operacional para conducir la política monetaria de forma a alcanzar la inflación definida por el gobierno.
En 1º de junio de 1999 el Brasil adoptó formalmente el régimen de metas de inflación, con la justificación de que el Gobierno tenía que coordinar las expectativas de los mercados y controlar la inflación en un contexto de libre fluctuación del cambio (Barbosa-Hijo, 2006).[3] El Presidente del Brasil sancionó el decreto nº 3088 del día 21 de junio de 1999, cuyos puntos llaves son:
Así, el día 30 de Junio de 1999 el Consejo Monetario Nacional (CMN), que es formado por el Ministro de la Planificación, Ministro de la Finanzas y por el Presidente del Banco Céntrico (todos son apuntados por el Presidente de la Repúblicas y ninguno tiene mandato fijo), escogió el índice de precios al consumidor amplio (IPCA), calculado por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), como el índice a ser usado.