| D. Manuel II Monarca de Portugal |
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Por la Gracia de Dios, Rey de Portugal y de los Algarves, d'De este lado y d'Además-Mar en África, Señora de la Guinea y de la Conquista, Navegación y Comercio de Etiopía, Arábia, Pérsia e India, etc. |
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| Orden: | 35.º Monarca de Portugal |
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| Cognome(s): | El Patriota o El Desventurado |
| Inicio del Reinado: | 1 de Febrero de 1908. |
| Término del Reinado: | 5 de Octubre de 1910. |
| Aclamação: | Palacio de Son Bento, Cámara de los Diputados,
6 de Mayo de 1908. |
| Predecesor(a): | D. Carlos I |
| Sucesor(a): | República |
| Padre: | D. Carlos I |
| Madre: | D. Amélia de Orleães |
| Data de Nacimiento: | 15 de Noviembre de 1889. |
| Local de Nacimiento: | Palacio de Belén, Lisboa, Portugal |
| Data de Falecimento: | 2 de Julio de 1932. |
| Local de Falecimento: | Fulwell Park, Twickenham, Inglaterra |
| Local de Entierro: | Panteão de los Braganças, Mosteiro de Son Vicente de Fuera, Lisboa |
| Consorte(s): | D. Augusta Victoria de Hohenzollern-Sigmarigen |
| Príncipe Heredero: | D. Afonso Henriques de Bragança, Duque del Oporto (tío) |
| Dinastia: | Bragança |
D. Manuel II de Portugal (nombre completo: Manuel Maria Filipe Carlos Amélio Luís Miguel Rafael Gabriel Gonzaga Xavier Francisco de Assis Eugénio de Bragança Orleães Sabóia y Saxe-Coburgo-Gotha; 15 de Noviembre de 1889 [1] – 2 de Julio de 1932 ) fue el trigésimo-sexto y último Rey de Portugal. D. Manuel II sucedió a su padre, el rey D. Carlos I, tras el asesinato brutal de este y de su hermano más viejo, el Príncipe Real D. Luís Filipe, a 1 de Febrero de 1908 . Antes de su ascenso al trono, D. Manuel fue duque de Beja e Infante de Portugal.
Tabla de contenido |
D. Manuel II nació en el Palacio de Belén, en Lisboa, cerca de dos meses tras la subida de su padre al trono de Portugal. Bautizado algunos días después, en el mismo Paço de Belén, tuvo por padrinho abuelo materno, el Conde de París, habiendo participado en la ceremonia el emperador del Brasil, D. Pedro II, depuesto de su trono exactamente el mismo día de su nacimiento. D. Manuel recibió a la nascença los títulos reales de Infante de Portugal y de Duque de Beja.
Tuvo el tratamiento y la educación tradicionales de los hijos de los monarcas de su época, aunque sin preocupaciones políticas, dado ser el hijo segundo del rey y, como tal, no esperar un día venir a ser rey. Como tal, es de notar que durante la infancia y juventud posaba para los fotógrafos con una actitud más altiva que el hermano. Este se divertía con los tiques snobes del hermano más nuevo, aunque siempre hayan sido buenos amigos. Paradójicamente, tras subir inesperadamente al trono, D. Manuel tuvo una actitud opuesta, alejándose regularmente de las costumbres protocolares: fue el primer rey de Portugal a no dar la mano la beijar al dignitários durante la ceremonia anual del Beija-mano Real, a 1 de Enero[2].
A los seis años ya hablaba y escribía en francés. Estudió lenguas, historia y música (teniendo como profesor Alexandre Rey Colaço). Desde pronto se mostró su inclinación por los libros y por el estudio, contrastando con su hermano, D. Luís Filipe, más dado la actividades físicas. Viajó en 1903 con la madre, la Reina Amélia de Orleães, y el hermano al Egipto, en el iate real Amélia, profundizando así sus conocimientos de las civilizaciones antiguas. En 1907 inició sus estudios de preparación para ingreso en la Escuela Naval, preparándose para seguir carrera en la Marina.
Su futura carrera naval fue inesperadamente interrumpida en 1 de Febrero de 1908 , con el Regicídio de 1908.
El infante había regresado a Lisboa (tras tener estado algunos días en Vila Viçosa, con toda la familia) para prepararse para los exámenes de la escuela naval, habiendo ido a esperar los padres y el hermano al Terreiro del Paço. Minutos después se dio el cruel atentado que vitimou el Rey y el Príncipe Real, siendo D. Manuel alcanzado en el brazo. No se sabe si el blanco del atentado era el Rey D. Carlos o el jefe del Gobierno de entonces, João Franco, que, después de disolver el Parlamento debido a los continuos disturbios provocados por los republicanos y marcar nuevas elecciones, quedó con la fama de dictador, que aún hoy perdura.
El infante se hizo así Rey de Portugal. Su primera decisión consistió en reunir el Consejo de Estado, a consejo del cual dimitió el primer-Ministro João Franco, cuya política de fuerza fue considerada responsable por la tragedia. Nombró entonces un gobierno de aclamação partidaria, presidido por el Almirante Francisco Joaquim Ferreira del Amaral. Esta actitud calmó momentáneamente los ánimos pero, en retrospectiva, acabó por enflaquecer la posición monárquica pues fue vista como flaqueza por parte de los republicanos.
Fue solemnemente aclamado Rey en la Asamblea de Cortes en 6 de Mayo de 1908, ante los diputados de la Nación, jurando cumplir la Carta Constitucional. D. Manuel se mantuvo siempre fiel a este juramento mismo cuando, ya en el exilio, fue presionado a apoyar otras formas de gobierno para un posible restablecimiento. El Rey auferiu, en el inicio, una simpatía generalizada debido a su tierna edad (18 años) y a la forma trágica y sangrienta como alcanzó el trono. Fue entonces fuertemente protegido por su madre, D. Amélia, y buscó el apoyo del experto José Luciano de Castro.
Juzgando que la intervención directa en el gobierno por su padre había sido la causa principal para el desfecho trágico del reinado de este, D. Manuel II se abstuvo de intervenir directamente en los asuntos del gobierno, siguiendo la máxima de que el rey reina, pero no gobierna. Sin embargo, sobre un aspecto se debruçou directamente el rey, la Cuestión Social.
Por “Cuestión Social” se comprende la preocupación, por parte de algunos intelectuales y gobernantes, con la suerte del creciente proletariado urbano creado al largo del Séc. XIX con los cambios impuestos en la sociedad por la Revolución Industrial. En Portugal, dada la débil industrialização, esa cuestión no tuvo el peso que tuvo noutros países, sin embargo, su peso era exacerbado tanto por la crisis económica del país, como por la acción reivindicativa del Partido Republicano.
Existía un Partido Socialista desde 1875, pero nunca llegó a tener representación parlamentaria. Esto se debía no sólo al débil peso del operariado en el país y ás divergencias internas de carácter doutrinário, pero sobre todo al hecho del Partido Republicano concentrar en sí, por su naturaleza más radical, todos los descontentes. Dado que era teoría de los socialistas, al contrario de los republicanos, que la cuestión del régimen era secundaria faz á mejoría de condiciones de vida para los obreros y así pues, estén dispuestos a colaborar con el régimen, D. Manuel II va a tomar iniciativas de moto propio. Pretendía con esto el rey, sin infringir sus deberes constitucionales, incentivar el Partido Socialista de forma a que este retirara apoyos al Partido Republicano, expresamente el apoyo del proletariado urbano, dado que este último partido ponía para tras el cambio de régimen cualesquier medidas sociales concretas.
Así inmediatamente en 1909 D. Manuel invita para Portugal, la expensas suyas, el Sociólogo francés Léon Poinsard. Este recorrió el país con el fito de elaborar un extenso informe. En este documento defendía que, para combatirse los clientelismos derivados del Rotativismo, si debía reorganizar el trabajo y la administración locales, a consecuencia del cual la reforma política vendría naturalmente.
Entusiasmado, el rey escribe, en Junio de 1909, al entonces Presidente del Consejo de Ministros, Venceslau de Lima, poniéndolo al corriente de la reciente reorganização del Partido Socialista, entonces unido bajo la autoridad de Alfredo Aquiles Monteverde, y acordándolo de la importancia de una colaboración del régimen con los socialistas: “De esta manera, vamos desviando el operariado del partido republicano y, orientándolo, lo que vendrá a ser una fuerza útil y productiva”.[3]
A pesar de contactos anteriores del gobierno de Campos Henriques con el socialista Azedo Gneco, Venceslau de Lima consideró la acción difícil, dada las dificultades que surgían entonces en la realización del Congreso Nacional Obrero, boicoteado por anarquistas y republicanos con un congreso rival. Por su lado, los socialistas se entusiasman con el apoyo régio, iniciándose correspondencia entre el rey y Aquiles Monteverde. Este da cuenta al rey, en Octubre de 1909, de la suspensión de pagos del rival Congreso Sindicalista, agradeciéndole el interés por los obreros. A pesar del apoyo Real, y debido a la inestabilidad governativa, durante el año de 1909 no se tomaron medidas legales que mostraran concretamente esa aproximación a los socialistas, excepto en las portarías que de hecho facilitaron y permitieron el trabajo de Poinsard.
Fue sólo ya en el gobierno de Teixeira de Sousa, en Julio de 1910, que el gobierno creó una comisión con el fito de estudiar el establecimiento de un Instituto de Trabajo Nacional. De esta comisión formaban parte tres socialistas, incluyendo Azedo Gneco. Sin embargo, Aquiles Monteverde se quejaba, que faltaban á comisión medios para ser eficaz, expresamente, que la comisión tuviera un carácter permanente y que a los delegados socialistas tuvieran acceso ilimitado a los transportes del estado para proseguir su tarea de propaganda por el país. Informado, el Rey pasó palabra al gobierno que, a través del ministro de las obras públicas, concordó con el establecimiento de un Instituto de Trabajo Nacional. Se estaba en fines de Septiembre de 1910, y en el inicio del mes siguiente ocurría el golpe de estado del Partido Republicano, lo que puso fin a la tentativa del monarca de revitalizar un partido que no se opusiera al régimen: de cierta forma lo aunque su padre hube intentado hacer, pero por medios menos drásticos y más tardados. Pero le faltó tiempo para el conseguir.
En Diciembre de 1909, cuando en visita a París, el monarca conoció Gaby Deslys, la actriz famosa. Entre los dos nació de inmediato una relación[4] que iría a durar más allá del reinado de D. Manuel. Aunque el relacionamento pudiera haber sido tratado de forma más discreta (en sus visitas a Portugal la actriz llegaba la pernoitar en el Palacio de las Necesidades), pasó desapercebido en Portugal. En el extranjero, sin embargo, era noticia de primera página en la Europa y en los Estados Unidos, principalmente tras la deposição del monarca. En las entrevistas a que estaba sujeta por motivos profesionales durante sus viajes, Gaby Deslys, aunque nunca negando el obvio, siempre se rechazó a hacer comentarios públicos sobre su relación con el rey.
Los dos continuaron a verse en el exilio, dado que la actriz actuaba a la altura en los escenarios londinenses. En el verano de 1911 acepta cambiar de escenarios y va para Nueva York, enfriando la relación a partir de ahí. Gaby Deslys se envuelve con su compañero de escenario y D. Manuel se casa en 1913, aunque la actriz aún mantenga contactos con el secretario del rey, el Marquês del Lavradio. Gaby Deslys acaba por fallecer en Febrero de 1919, en Marsella natal, víctima de neumonía.
Durante su reinado visitó varias localidades del norte del país y visitó oficialmente España, la Francia y la Inglaterra , donde fue nombrado jinete de la prestigiada Orden de la Jarreteira, en Noviembre de 1909 . Recibió las visitas de Afonso XIII, Rey de España, en 1909 y de Hermes de la Fonseca, Presidente electo del Brasil, en 1910.
Buscó siempre seguir una política de aproximación a Gran Bretaña. Este imperativo era dictado no sólo por una orientación geo-política ya seguida por su padre, pero también como un recurso para fortalecer el trono. Se consideraba que la boda del rey con una princesa inglesa colocaría definitivamente la casa de Bragança bajo la protección de la Inglaterra. Sin embargo, la inestabilidad del país, el reciente regicídio y la lentitud de las investigaciones sobre este atrasaron las negociaciones hasta que la muerte del rey británico, Eduardo VII, les puso fin. El viejo monarca, amigo personal de D. Carlos, había sido el grande protector de la Casa de Bragança y, sin él, el gobierno liberal británico no tenía especial interés por el mantenimiento del régimen monárquico en Portugal[5].
Sin embargo la situación política se degradó, habiéndose sucedido siete gobiernos en cerca de 24 meses. Los partidos monárquicos volvieron a la costumeiras questiúnculas y divisiones, fragmentando-si, mientras el partido republicano continuaba a ganar terreno. Las elecciones legislativas de 28 de Agosto de 1910 hicieron aumentar los diputados republicanos en el parlamento para 14 diputados (9% de republicanos, contra 58 % de apoyo al Gobierno, y 33% del bloque de la oposición), lo que parece haber favorecido bastante la causa revolucionaria, aunque ya hubiera sido tomada la decisión de tomar el poder por la vía revolucionaria, en el Congreso de Setúbal, 24 a 25 de Abril de 1909[6].
En la verdad, a 4 de Octubre de 1910 , comenzó una revolución y el día siguiente, 5 de Octubre se dio la Proclamação de la República en Lisboa. El Palacio de las Necesidades, residencia oficial del Rey, fue bombardeado, pelo que el monarca habrá sido aconsejado a dirigirse al Palacio Nacional de Mafra, donde su madre, la Reina, y la abuela, la Reina-madre D. Maria Pia de Sabóia vendrían a juntarse a él. El día siguiente, consumada la victoria republicana, D. Manuel II se decidió a embarcar en la Ericeira en el iate real "Amélia" con destino al Oporto.
Los oficiales a bordo habrán demovido D. Manuel de esa intención, o raptaram-en el simplemente, llevándolo para Gibraltar[7]. La familia real desembarcó en Gibraltar, recibiéndolos luego la noticia de que el Oporto hube adherido a la República. El golpe de Estado estaba terminado. La familia real siguió dali para Reino Unido, donde fue recibido por el rey Jorge V.
D. Manuel fijó residencia en Fulwell Park, Twickenham, en los alrededores de Londres , local para donde siguieron sus bienes particulares, y donde ya su madre había nacido, también en el exilio. Allí buscó volver a crear un ambiente portugués, a medida que fracasaban las tentativas de restablecimiento monárquica (en 1911, 1912 y 1919 ). Se mantuvo siempre activo en la comunidad, frecuentando la iglesia católica de Saint James, y siendo el padrinho de bautismo de varias decenas de niños. Su pasaje en el lugar aún se ve hoy en topónimos como "Manuel Road", "Lisbon Avenue" y "Portugal Gardens".
Continuó a continuación de cerca la política portuguesa, gozando de alguna influencia junto de algunos círculos políticos, expresamente de las organizaciones monárquicas. Aunque su constante preocupación de que la anarquia de la Primera República provocara una eventual intervención española y su peligro para la independencia nacional, haya sido considerada exagerada por ciertos autores, no se puede dudar que la preocupación no fuera genuína.
Por lo menos un caso es conocido en que la intervención directa del rey tuvo efecto. Tras el alejamiento de Gomes de la Costa por el general Fragoso Carmona, fue nombrado nuevo embajador de Portugal en Londres, sustituyendo el anteriormente designado. Dada la aparente inestabilidad y rápida sucesión de embajadores designados el gobierno británico se rechazó a reconocer las credenciales del nuevo enviado. Ora acontece que en la altura estaba siendo negociada la liquidación de la deuda de Portugal a la Inglaterra, pelo que el asunto se revestía de gran importancia. En esta conjuntura, el ministro de los negocios extranjeros de la república pidió a D. Manuel que ejerciera su influencia para desbloquear la situación. El rey quedó encantado con esta oportunidad para ayudar su país y llevó a cabo varios contactos (incluyendo probablemente su amigo, el rey Jorge V), lo que tuvo que inmediato los efectos deseados.
A pesar de depuesto y exiliado, D. Manuel tuvo siempre un elevado grado de patriotismo, lo que lo llevó, en 1915, a declarar en su testamento la intención de legar sus bienes personales al Estado Portugués, para la fundación de un Museo, manifestando también su gana de ser sepultado en Portugal.
Desde 1911 que fuerzas de monárquicos exiliados se centran en la Galicia, con el beneplácito del gobierno español, para entrar en Portugal y restauren el régimen monárquico. Eran lideradas por el carismático Henrique de Paiva Couceiro, veterano de las campañas de África y el único oficial que se había batido con denodo por el régimen aquando del golpe de estado de 5 de Octubre. Creía el Paladino (así el alcunhava la prensa republicana) que bastaba una demostración de fuerza para que el pueblo rural se erguesse en apoyo del restablecimiento. Los acontecimientos mostraron que estaba engañado, pues además de apenas preparadas y apenas financiadas, la reacción del pueblo no correspondió al esperado, teniendo su apatia y la defensa de las fuerzas republicanas batido las incursiones de vuelta para la Galicia.
D. Manuel apoyó como pudo estas incursiones, aunque sus recursos financieros, los primeros años de exilio, fueran bastante limitados. Acresce el hecho de que esta primera incursión haber sido hecha bajo la bandera azul y blanca, pero sin la corona, y fue precedida de uno manifiesto de Paiva Couceiro que identificaba el movimiento como neutro, y reclamando un plebiscito para decidir la forma de régimen. Ora como monarca constitucional legalmente jurado, D. Manuel II no aceptaba ser sujeto a un referéndum. Fue sólo después de cambio de correspondencia y endoso que el restablecimiento sería basado en su persona y en la Carta constitucional de 1826, que el rey pasó a apoyar los exiliados de la Galicia.
La segunda incursión ocurrió en 1912 y a pesar de mejor preparada, no encontró mayor éxito. Esto se debió al hecho de que el gobierno español, cediendo ás presiones diplomáticas, ahora que la república ya gozaba de un reconocimiento más ensanchado, haber forzado los conjurados a escoger, o entren en Portugal, o sean desarmados. Después del fracaso y retirada el gobierno español desarmó los combatientes restantes, cuya presencia en la Galicia era, de resto, ilegal.
Sin embargo, es de notar que D. Manuel II nunca hizo fe en un restablecimiento basado en la fuerza, y siempre defendió que los monárquicos se deberían organizar internamente para intentar llegar al poder legalmente, a través del juego electoral. Esta orientación no era acatada de bueno grado por la mayoría de los monárquicos, más radicales en sus acciones, pelo que los años siguientes continuaban las apenas preparadas tentativas restauracionistas (por ejemplo, en 20 de Octubre de 1914), que el monarca hallaba sólo contribuían para agravar la situación anárquica del país. Esta preocupación se agravó con el comienzo de la Guerra Mundial. Temía que la situación de de el país, quedada con la aproximación de España ás potencias occidentales, llevara la Inglaterra a sustituir Portugal por su vecino como su aliado, y que el propio país fuera el precio cobrado por Afonso XIII por su entrada en la guerra.
Tras el fracaso de la primera incursión monárquica, y ante lo que parecía desinteresse de la parte de D. Manuel, ya que este no ponía fe en movimientos basados en la fuerza, ganó vigor el ramo legitimista, que apoyaba los descendientes de D. Miguel, y que habían participado en el movimiento. Para contrariar esto el monarca entró en negociaciones directas con los representantes miguelistas. Se pretendía que D. Miguel reconociera D. Manuel como rey y en cambio que este reconociera el linaje de D. Miguel cómo segunda en la línea de sucesión, restableciendo los derechos y ciudadanía portuguesa a los príncipes miguelistas. De hecho oye un encuentro entre D. Manuel II y D. Miguel II, en Dover, en 30 de Enero de 1912, donde se intercambiaron cartas protocolares. Los resultados efectivos aún hoy son discutidos. Argumentaron sus adversarios que el contenido de aquellas cartas no correspondía al que se tenía previamente despertado, habiendo quedado el encuentro por acuerdos en cuanto al modo de acción en la lucha contra la república, mientras que en el que toca a la sucesión ningún acuerdo efectivo habría sido llevado a cabo. D. Manuel no habría abdicado de sus derechos como rey. Por otro lado es posible que esta interpretación haya surgido sólo a consecuencia de parcialidade por parte de algunos elementos constitucionalistas adversos al acuerdo. La situación no quedó de todo resuelta, pues aún hube una posterior tentativa de comprensión – en el Pacto de París.
En 4 de Septiembre de 1913 D. Manuel se casó con D. Augusta Victoria, princesa de Hohenzollern-Sigmaringen (1890-1966), suya prima (por ser neta de la Infanta Antónia de Portugal), e hija del Príncipe Guilherme de Hohenzollern-Sigmaringen. Durante la misa en la mañana del enlace, que tuvo lugar en la capela del castillo de Hohenzollern, D. Manuel asistió de pie, ostentando la orden de la Jarreteira y el gran cordón de las Tres Órdenes Portuguesas, sobre un caixote lleno de tierra portuguesa. La ceremonia fue presidida por D. José Neto, cardenal-patriarca de Lisboa, a la altura exiliado en Sevilha, y que ya había bautizado D. Manuel, y asistieron el príncipe de Gales, (futuro Eduardo VIII), así como representantes de las casas reinantes o reales de España, Alemania, Italia, Francia, Roménia y de varios principados y reinos alemanes próximos. La boda, una unión tranquila y serena, duró hasta á muerte súbita del rey, pero no tuvo descendência, fuente de gran descontento para los monárquicos portugueses. Nunca se oyeron hablar en embarazos de Augusta Victoria, pelo que se juzga que los dos eran genéticamente incompatibles.
Siendo anglófilo, y admirador del espíritu británico, D. Manuel defiende a partir de la entrada de Portugal en la guerra , una participación activa, instando los monárquicos a no luchar contra la república y a poner de lado las tentativas restauracionistas mientras durara el conflicto, y a unirse como portugueses en la defensa de la Patria, llegando aún, en el exilio, a haber solicitado su incorporación en el ejército republicano portugués.
Pero al contrario del que esperaba, la mayoría de los monárquicos no corresponde a sus expectativas, pues eran germanófilos, que esperaban que la victoria del Kaiser se saldasse por el restablecimiento de la monarquía. El rey por su lado creía que sólo el apoyo a Gran Bretaña garantizaba el mantenimiento de las colonias portuguesas, que se perderían para la ambición alemana en caso de victoria de estos, quiere Portugal fuera una república o una monarquía. Pero sólo aquellos más próximos del rey se ofrecieron para luchar, aunque la república no haya endoso los servicios de ningún monárquico.
El propio monarca se puso a la disposición de los aliados para servir como mejor pudiera. Quedó de inicio un poco desapontado cuando lo colocaron como oficial de la Cruz Roja Británica, pero el esfuerzo que desarrolló al largo de la guerra, participando en conferencias y recoja de fondos, visitando hospitales y aún los heridos en el frente, acabó por ser muy gratificante. Las visitas á frente fueron dificultadas por el gobierno francés, pero la amistad con Jorge V era suficiente para desbloquear esos entraves.
Su esfuerzo ni siempre fue reconocido. Años más tarde, en entrevista a António Hierro, se lamentó, "La sala de operaciones del Hospital Portugués, en París, durante la guerra, fue montada por mí. Sabe lo que pusieron en la placa de la fundación? ‘De un portugués de Londres'."[8]
Al rey se debió la creación del departamento ortopédico del hospital de Sheperds Bush, que por su insistência continuó a funcionar hasta 1925, asistiendo a los mutilados de guerra. Una prueba de reconocimiento de los ingleses para D. Manuel y para con Portugal fue el hecho de Jorge V haberlo invitado a ocupar un lugar a su lado en la tribuna de honra del desfile de la victoria, en 1919.
Tras el fracaso de las incursiones monárquicas continúan amiúde los levantamientos ocasionáis, sin más que repercusión local, y que el monarca condenaba, exortando sus correlegionários a organizarse y a hacer propaganda, de forma a restaurar el régimen por el voto, y no por la fuerza. Esta opción pareció viable cuando la dictadura del general Pimenta de Castro, en Enero de 1915, quebró momentáneamente el monopolio político del partido Democrático y, en una tentativa de captar las simpatías más conservadoras, retiró las restricciones á libertad de asociación que desde lo 5 de Octubre limitaban la libertad de los monárquicos. Entre Abril y Mayo de 1915 se abrieron 55 centros monárquicos (33 en el Norte y 12 en el Centro del país), pero ante esta apertura cerrou hileras todo el espectro republicano y en 14 de mayo de 1915 la revolución salió a la calle. 15000 civiles armados y la marina en revuelta manietaram el ejército fiel al gobierno y al fin de tres días de combates, 500 muertos y más de 1000 heridos, el Partido Democrático estaba de vuelta al poder y los monárquicos de vuelta a la ilegalidade.
La opción de las urnas volvió a tener posibilidad con la subida al poder de Sidónio Padres. A pesar de claramente republicano, también él buscó apoyo en el sector más conservador de la sociedad, restableciendo el sufrágio universal masculino. El asesinato del presidente-rey mantuvo en el poder fuerzas republicanas más moderadas, pero no sin oposición. El establecimiento de juntas militares en la provincia, algunas con tendencias monárquicas y en oposición al gobierno crearon expectativas de que un restablecimiento a través de un golpe militar. Por esta altura la guerra ya había acabado, lo que con la situación anárquica del país daba fuerza a los que argumentaban por un golpe.
D. Manuel, sin embargo, continuaba a pedir tranquila y, no poniendo de parte la idea de una acción por la fuerza en un futuro propio, insistía que se esperara por el fin de las negociaciones de paz en París. Temía que un aumento de la anarquia perjudicara la posición negocial del país. Pero para Paiva Couceiro y para los integralistas era llegado el momento, bastaba sólo la autorización real en la persona de su lugar-teniente. Este, Aires de Ornelas, recibió el memorando que pedía autorización para un movimiento de carácter monárquico, y engreído de que no se trataba de una acción inmediata, escribió á margen “Go on. Palabras del-Rey” y firmaba.
A 19 de Enero de 1919, con un millar de soldados y algunas piezas de artillería, Paiva Couceiro restauraba en el Oporto la Monarquía Constitucional, en la persona de D. Manuel II. Un gobierno provisional fue establecido, adhiriendo Minho, Tras-los-Montes (con excepción de Llaves , Mirandela y Vila Real) y parte del distrito de Aveiro. Pero, al contrario del que esperaba Couceiro, el resto del país no se levantó. Cabía ahora a Lisboa. Aquí, Aires de Ornelas fue cogido completamente de sorpresa. Más no pudo del que recurrirse con algunos centenares de otros monárquicos al abrigo del cuartel de Regimento de Lanceiros 2, en la Ayuda. Aquí, aumentando el número de refugiados que temían represalias republicanas, el comandante hizo retirar la guarnição y los civiles, marchando todos para Monsanto, a la altura conteniendo poca vegetação. En el monte entrincheiraram-se parte de las fuerzas de Cavalaria 4, 7 y 9, además de la Batiría de Belén Infantaria 30. Aires de Ornelas hesitó entre obedecer al rey y quedar á margen, corriendo el riesgo de los integralistas pasen su lealtad a D. Miguel, o asumir el liderazgo de este movimiento monárquico conjunto. En un terreno poco propicio para la arma de cavalaria, y cercados por fuerzas republicanas, los monárquicos acabaron por rendirse a 24 de Enero.
Con el fracaso del restablecimiento en el Centro y Sur del país, la suerte acabó por volcarse contra Paiva Couceiro. A 13 de Febrero, la parte de la guardia nacional republicana que lo había apoyado desertó y reinstaurou la república en el Oporto. Los monárquicos que no consiguieron fujir fueron prendidos y condenados la pesadas penas. El rey, en el exilio, pocas informaciones recibió y acabó por saber del fracaso a través de los periódicos. Las fuerzas republicanas responsables por la victoria en la Escalada de Monsanto pertenecían ás de la “Republica Vieja”, pelo que estas volvieron al poder, lo que no facilitaba la vida a los monárquicos.
Los meses siguientes, el monarca movió su influencia en la corte británica de modo a que tuviera lugar una amnistía para sus correlegionários. Esta tuvo finalmente lugar en aquando del 3º aniversario de la batalla de La Lys . Además del fracaso del movimiento en sí, con el cual no hube concordado ni fuera consultado, D. Manuel II aún tuvo que confrontarse con las acusaciones de desinteresse en regresar al país y la deserção de parte de los activistas monárquicos.
La caída de la monarquía constitucional en Portugal tuvo como reacción la creación de un movimiento monárquico de renovación nacional que se distanció de las formas parlamentarias cuyos defectos se consideraron como responsables por la caída del régimen. Ese movimiento, conocido como Integralismo Lusitano, comenzó por afirmar su lealtad a D. Manuel II, entonces ya en el exilio.
Sin embargo, los proponentes del movimiento nunca dejaron de destacar que la forma monárquica que pretendían difería de la que fuera derrumbada en 1910. La monarquía tradicional que defendían, de las corporações y de los municipios, renegaba las formas de representación parlamentaria asientes exclusivamente en partidos ideológicos. Esta actitud chocaba contra los principios del rey que, aunque reconociendo defectos en la constitución vigente antes de 1910, no se hallaba en el derecho de dictar o defender cualesquier alteraciones, considerándose prendido por juramento a la Carta Constitucional. Cualesquier cambios, defendía el monarca, tendrían que ser discutidas e implementadas pelas cortes generales de la nación una vez restablecida la monarquía.
A medida que crecía la fuerza de las ideas integralistas entre las huestes monárquicas, aumentaba el tono de las exigencias de aquellos sobre el monarca exiliado. Dada a no conivência de D. Manuel en faltar a su juramento, aliado al fracaso de la Monarquía del Norte, y acusando el monarca de falta de interés en el restablecimiento, la Junta del Integralismo Lusitano se declaró desobrigada de lealtad para con el antiguo monarca en Octubre de 1919. En julio de 1920, representantes del movimiento se reunirían con los representantes del ramo Legitimista de que resultaría la transferencia de lealtades para el tercer hijo de D. Miguel II, el entonces aún más pequeño D. Duarte Nuno.
En 1922, teniendo en cuenta el alejamiento de los integralistas, y más aún el hecho de tras casi una década de boda D. Manuel y D. Augusta Victória aún no tengan hijos, el monarca exiliado intentó una nueva aproximación al ramo miguelista. El encuentro tuvo lugar en Abril de 1922, en París, siendo representante del rey, su lugar-teniente Aires de Ornelas, y por los miguelistas Aldegundes de Bragança, Duquesa de Guimarães D.ª Aldegundes, condessa de Bardi, tutora de D. Duarte Nuno.
Se concordó que, a faltar sucesor directo a D. Manuel, sus derechos pasarían para D. Duarte Nuno, reconociendo este el suyo primo como rey legítimo. Ambos lados colaborarían, cesando actividad conflituosas. Los delegados integralistas no llegaron a tiempo de participar en el encuentro, pero, la pedido de D.ª Aldegundes, suscribieron el acuerdo.
Los monárquicos constitucionalistas quedaron satisfechos, pero entre las huestes integralistas eso no aconteció. Se debía lo disgusto al hecho del acuerdo, como publicado, no hacer referencia al aspecto tradicionalista de la monarquía a ser restaurada, algo en que la junta del Integralismo consideraba fundamental. Habiendo retirado su apoyo público al acuerdo, este aún se mantuvo, si bien con utilidad limitada, dato su fracaso en unir las fuerzas monárquicas, hasta que en Septiembre de 1925 fue formalmente repudiado por D.ª Aldegundes en carta a D. Manuel, alegando no cumplimiento por la otra parte, dato continuar a funcionar el periódico constitucionalista, mientras el órgano integralista ya había sido cerrado, y ningún legitimista o integralista haber sido invitado para el consejo superior monárquico. Terminaba así la última tentativa de reconciliación entre los dos ramos de la casa de Bragança.
D. Manuel siempre se había interesado por los libros, y sus años de exilio se dedicó a los estudios y escribió un tratado sobre literatura medieval y renascentista en Portugal. Los tiempos a continuación a la gran Guerra, y con más tiempo libre, aunque sin descurar los contactos con las organizaciones monárquicas, el rey pasó a dedicarse más a los estudios, siguiendo así la tradición que ya venía de su padre.
Inicialmente planeó hacer una biografía, asiente en fuentes primarias, sobre la vida de D. Manuel I, que hallaba haber sido apenas tratado por los historiadores recientes. Para eso contrató los servicios del bibliófilo Maurice Ettinghausen en 1919, que se encargó de hallarle los libros antiguos de que necesitaba. Esta acción fue beneficiada por la disolución de incontables bibliotecas privadas en Portugal tras la implantación de la república. Habría sido Ettinghausen que le sugiera que precediera su estudio por la feitura de una lista de todos los libros antiguos de su biblioteca.
Cerca de 1926 el objetivo del real investigador ya había cambiado y, abandonando la idea de la biografía, se concentró en la descripción de los libros antiguos de su biblioteca. Más del que una simple lista, la obra fue aprovechada por el autor para describir las glorias pasadas de Portugal, describiendo cada obra no sólo bibliográficamente acompañándomelas lo con un ensayo sobre cada autor y cada asunto del libro, insertándolo en su contexto histórico. Su interpretación era fundamentada con documentos y rigor científico, y el resultado final sólo puede ser criticado por el marcado amor á su patria, bien patente en la lectura y que lo lleva a una exaltação de los valores ancestrais de la Grei, aun así disculpabais en un exiliado.
Siendo una obra de tema especifico, el número de ejemplares era de tiragem limitada y obtenido por subscrição.Estaba ilustrado por fac-similis de las obras tratadas y escrito en portugués y en inglés. El primer volumen de la obra “Libros Antiguos Portuguezes 1489-1600, de la Bibliotheca de Su Magestade Fidelíssima Descriptos por S. M. El-Rey D. Manuel en Tres volúmenes” fue publicado en 1929, teniendo D. Manuel se desplazado al palacio de Windsor para entregar en mano el ejemplar al rey Jorge V, que había sido el primer suscriptor de la obra. El volumen debruça-si sobre dos manuscritos, cinco incunábulos y treinta y tres libros impresos en Portugal hasta 1539.
La obra recibió excelentes criticas de los especialistas y el rey se dedicó de inmediato al segundo volumen, que comprendía el periodo de 1540 a 1569. El trabajo fue estafante, pero, con excepción de las sobrecapas, estaba terminado en 1932. El rey fallecería inesperadamente poco después, teniendo el tercer volumen sido publicado, bajo la supervisão de su bibliotecária, Miss Margery Withers, ya póstumamente. Este volumen ya sólo es un listado de obras, sin los ensayos que enriquecían los anteriores, y que dieron al rey a merecida reputación de historiador y del más erudito de los reyes portugueses. Su busto está hoy en el átrio de entrada de la Biblioteca Nacional en Lisboa.
Falleció inesperadamente en su residencia, en 2 de Julio de 1932 , sofocado por un edema de la glote. El Gobierno Portugués, chefiado por Salazar, autorizó su sepultura en Lisboa, organizando funerales de estado. Sus restos mortales llegaron Portugal, en 2 de Agosto, siendo sepultados en el Panteão de los Braganças, en el Mosteiro de Son Vicente de Fuera en Lisboa.
Pasó a la historia con los cognomes El Patriota, por la preocupación que los asuntos pátrios siempre le causaron; El Desventurado, en virtud de la Revolución que le retiró la corona; El Estudioso o el Bibliófilo (debido a su amor por los libros antiguos y por la literatura portuguesa). Los monarquistas lo llamaban El Rey-Saudade, por la saudade que les dejó, después de la abolición de la monarquía.
Aunque ninguno de los pactos entre los dos ramos de la dinastia haya llevado, como se vio, a un acuerdo definitivo más allá de cualquier duda, es de notar que al largo de todo el exilio D. Manuel nunca se buscó entender quiere con el ramo brasileño de Bragança-Órleans, quiere con el linaje del Duque de Loulé en el que toca a su propia sucesión. A pesar de todas las dificultades creadas quiere por las diferentes inclinaciones políticas y por el cambio de lealtad de los integralistas, el rey nunca dudó donde estaba la legitimidad. Teniendo esto en cuenta, además del propio peso del movimiento integralista, aquando del falecimento súbito del rey la Causa Monárquica se declaró como cortes generales de la Nación y aclamaram D. Duarte Nuno de Bragança como rey de Portugal. Para este príncipe, suyo primo, nieto del rey D. Miguel I, pasó la autoridad de la casa real portuguesa, al abrigo de las reglas de sucesión y en el respeto de la alegada gana del fallecido monarca, una vez que este había buscado aproximar los dos ramos desavindos de la familia, a través del Pacto de Dover.
Por su lado, Maria Pia de Saxe-Coburgo y Bragança de Laredo siempre contestó las pretensiones de los descendientes del ramo miguelista y, alegando la existencia de lazos familiares directos con D. Manuel II, se reivindicó cómo siendo la legítima sucesora en la autoridad de la casa real portuguesa y heredera de los bienes de la familia.
Después de la muerte de D. Manuel II, el gobierno de Oliveira Salazar constituyó con sus bienes personales y los de la Casa de Bragança la Fundación de la Casa de Bragança.
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| Precedido por D. Carlos I |
Rey de Portugal y de los Algarves daquém y dalém-mar en África 1908 — 1910 |
Sucedido por Proclamação de la República |
| Precedido por João de Bragança |
Duque de Beja 1889 - 1908 |
Sucedido por Monarquía abolida |
| Precedido por D. Carlos I |
Jefe de la Dinastia de Bragança 1908 - 1932 |
Sucedido por Monarquía abolida |