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La Desesperación Humana

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La Desesperación Humana (Sygdommen til Døden en danés, literalmente "La Enfermedad hasta a la Muerte") es un libro escrito por el filósofo danesa Søren Kierkegaard en 1849 bajo el pseudônimo Anti-Climacus. Trata el concepto de desesperación de Kierkegaard, equiparado al concepto cristiano de pecado . Muchos de los términos utilizados en esta obra muestran uno conexión inegável con los conceptos utilizados más tarde por Freud.

Kierkegaard, el autor del libro

Resenha

La obra es dívidida en cinco libros, cada uno hendido en diferente número de capítulos, y cada capítulo, por su parte, dividido en diferente número de aforemas, que, en muchas ocurrencias, aún son subdivididos en "a" y "b". Sören Kierkegaard, en su obra más importante, La Desesperación Humana, trata de la cuestión de la desesperación como el único apenas para el cual no hay cura. La muerte , encarada por el senso común, como el peor de los males, según Kierkegaard, no es un mal más pequeño del que la desesperación, pues la propia muerte, según él, ya fue vencida por Jesus al resucitar Lázaro o cuando él propio resucitó. Porque la desesperación es algo así tan terrible? ES lo que Kierkegaard intenta demostrar en su obra. Para él, somos individuos únicos, hijos de nuestra época y que vivimos sólo una vez. La importancia del individuo en sí es muy mayor del que el Universo como uno todo. Kierkegaard se contrapone al panteísmo hegeliano dando muy más valor a la minuciosa observación de los mínimos detalles del que al “todo”.

Kierkegaard es considerado el padre del existencialismo, pues, según él, más importante del que la búsqueda por una verdad única que explique todo el universo, es la búsqueda de verdades que sirvan para cada persona individualmente y se adapten a la elecciones que cada uno hizo para su vida y la forma como esas personas montaron el suyo “yo”. Consecuentemente, la piedra fundamental de su obra era la existencia de cada uno. Solamente cuando realizamos una elección estamos realizando nuestra existencia. Kierkegaard tenía plena conciencia de que viviríamos sólo por determinado tiempo y sólo esta vez, por tanto no da para perder tiempo con cuestiones que no influéncien en nuestra existencia, pero sí, actuar.

En el prefácio del libro, Kierkegaard, escribe: “(...) quiero acentuar por una vez cual la acepção que tiene la palabra desesperación en todas las páginas que se siguen. Conforme el título indica, él es enfermedad y no el remedio. ES esa su dialéctica.” O sea, para él, no hay apenas peor para el hombre del que la desesperación. La desesperación es un mal mayor del que la muerte. Como Kierkegaard ya había escrito, Lázaro resucitó. Pero no es por la ressurreição de Lázaro que la muerte no es una enfermedad mortal, y, sí, por Jesus existir: “No, no es a causa de la ressurreição de Lázaro que esa enfermedad no es mortal, pero por Él existir, por Él. Porque en el lenguaje humano la muerte es el fin de todo, y, como se acostumbra decir, mientras hay vida hay esperanza. Sin embargo para el cristiano, la muerte de modo alguno es el fin de todo, y ni siquiera un simple episodio perdido en la realidad única que es la vida eterna. La muerte implica para nodos más esperanza del que la vida comporta, incluso cuando la salud y la fuerza rebosan”. La muerte vista, por el senso común, como el peor de los males, no es nada para los verdaderos cristianos. Ni los demás sufrimientos son nada, tales como disgustos, enfermedades, miserias, aflicción, adversidades, torturas del cuerpo o del alma, mágoas y luto. “Nada es enfermedad mortal a los ojos del cristiano”. Sin embargo, luego después de, Kierkegaard escribe: “En compensación, el cristianismo descubrió una miseria cuya existencia el hombre, como hombre, ignora: la enfermedad mortal es esa miseria”. Pero lo que es esa enfermedad mortal? El título del primer capítulo es esclarecedor: ENFERMEDAD MORTAL ES La DESESPERACIÓN Pero no nos adelantemos.

En el preámbulo, nuestro filósofo aún hace una distinción de suma importancia acerca de las diferencias entre el cristiano el hombre natural: “Se puede enumerar a la gana todo lo que es horrible al hombre natural – y todo agotar, el cristiano reí-si de la suma. La diferencia entre el hombre natural y el cristiano es semejante a la del niño y del adulto. Nada es para el adulto lo que hace temblar el niño. El niño ignora lo que sea el horrible. El hombre sabe y tiembla. La deficiencia de la infancia está, de entrada, en no conocer el horrible, y enseguida, debido a su ignorancia en temblar pelo que no es para hacer temblar. Igualmente el hombre natural. Él ignora donde verdaderamente yace el horror, lo que, sin embargo no lo libra de temblar. Sin embargo, es del que no es horrible que él tiembla (...)”. Kierkegaard no era ni un poco relativista en relación a la religión, como podemos notar por el párrafo arriba. Él compara alguien que no es cristiano a un niño y el cristiano a un hombre adulto. No hay salvación fuera del cristianismo, según Kierkegaard, aunque no podemos acusarlo de anacronismo , él es un filósofo posterior a los iluministas y, por lo tanto, podría tener una visión más relativista. Aunque ser cristiano es, para Kierkegaard, condición imprescindível para superar la muerte, también acarrea otro contratempo. “El único que conoce la enfermedad mortal es el cristiano. Porque el cristianismo le da un coraje ignorado por el hombre natural – coraje recibido con el receio de un mayor grado de horrible. Cierto es que el coraje de todos es dada y que el receio de un mayor peligro nos da fuerzas para afrontar un más pequeño. Y, finalmente, que el infinito temor de un único peligro hace inexistentes todos los otros. No obstante, la lección horrible del cristiano está en haber aprendido a conocer la enfermedad mortal”. Conociendo la “enfermedad mortal”, el cristiano puede distinguir entre las dos formas de desesperación, “de ahí provienen que haya dos formas de verdadera desesperación. Si el nuestro yo hubiera sido establecido por nodos mismos, querermo-en los desembaraçar de nuestro yo, y no podría existir esta otra: la gana desesperada de ser nodos mismos”. ES posible constatar, después de la lectura de ese tramo, que Kierkegaard creía que nuestro yo fuera establecido por Dios, que “creó” nuestra manera de ser, por eso que no sería posible queramos ser nodos mismos se fuéramos nodos propios que tuviéramos en los creado, por qué esa relación ya habría ocurrido luego cuando inventáramos nuestra essência. Para Kierkegaard la única forma de superar la desesperación es entrar en contacto con quien creó nuestra essência, lo que sólo podría ser posible para el cristiano, que es el único tipo de hombre que conoce el “verdadero” creador. “Esa es fórmula que describe el estado del yo, cuando de este se extirpa completamente la desesperación: Orientándose para sí aún, queriendo ser él aún, lo yo bucea, a través de su propia transparencia hasta el poder que lo creó.”

Kierkegaard fue uno de los pensadores más influyentes del séc. XIX y uno de los precursores de la filosofía existencialista, además de un neo-ortodoxo de la teologia protestante. En la mayoría de las veces la obra de Kierkegaard es apenas comprendida. El tema céntrico de la filosofía kierkegaardiana es la cuestión de la libertad humana y su comprensión acerca de la naturaleza del ser humano y de su autodeterminación. ES errónea la idea de interpretar Kierkegaard sólo del punto de vista de que sus escritos solamente reflejan su melancolía, pues ese filósofo es muy más del que un escritor melancólico. Kierkegaard analiza la libertad humana a partir de la angustia y de la desesperación que forman parte de la vida del hombre cristiano. ES a partir de ahí que él puede realizar sus elecciones. La desesperación y angustia, en las obras de Kierkegaard, tiene una estructura compleja y están estrechamente conectados uno al otro, sin embargo esa conexión puede ser un tanto difícil, ya que su obra es densa y sujeta a problemas de interpretación y significado. Tanto la angustia cuanto la desesperación son, para Kierkegaard, una síntesis entre el finito y el infinito, entre el temporal y el eterno. ES imposible tratar del análisis del concepto kierkegaardiano de la desesperación sin adentrar, también, en el concepto de angustia del mismo autor, pues ambos están intrínsecamente relacionados. Sus dos principales obras, sobre la desesperación y sobre la angustia, están firmadas como pseudônimos, pero ambas son tan semejantes que, al contrario de varias otras obras suyas, no parece haber sido intención de Kierkegaard desarrollar heterônimos. Esos dos “sentimientos” son dos “estados de humores” que se basan en la estructura ontológica del ser humano. Para entender la libertad y autodeterminación humana, Kierkegaard, al contrario de muchos otros filósofos examina, no la racionalidade , y, sí, sentimientos y la propia individualidade. Kierkegaard puede ser encarado, por muchos autores, como el primer polvos-modernista, aunque tal idea es un tanto anacrónica.

El origen de la desesperación kierkegaardiano está en la imaginação , así como la posibilidad de superar esa desesperación a través de la reunión con Dios. Para Kierkegaard, el hombre es hecho de un doble movimiento, uno en dirección al finito, caracterizado por la muerte , y otro en dirección al infinito, que es la vida eterna anhelada por el cristiano, único ser que puede superar la muerte. Cuando sólo uno de esos movimientos se realiza, entramos en desesperación. La desesperación consiste en el hombre crear una “falsa relación” consigo aún, desarmoniando-si de Dios . Para Kierkegaard, entre el hombre y Dios hay una diferencia abissal y el hombre sólo puede relacionarse con Dios a través de esa diferencia absoluta. La desesperación inicia cuando el hombre se distancia de Dios, creando una realidad imaginária, “perdiéndose en el infinito”, “llevando una existencia imaginária”. Cuando eso ocurre, se hace imposible al hombre relacionarse con Dios y él entra en desesperación.

En una época de indiferencia religiosa, cuando el hombre no se vuelve más para dentro de sí, cuando el hombre es esclavo de su imaginação, y, consecuentemente de la desesperación, la pérdida del yo, que, para Kierkegaard, es el peor de los castigos puede pasar despercebido por la mayoría de las personas, y, la única forma de no perder lo “yo”, dejando de existir, es librarse de la desesperación y reconciliar-si con la fuente de ese “yo”, que es Dios.

ES en el contexto de la crisis de la religión que la obra kiekergaardiana se inserta. El hombre del séc. XIX ve el castillo de cartas de las verdades incontestáveis de la religión desmoronar y eso lo deja en crisis con el mundo y con su propia existencia. Su vida pierde totalmente el sentido y él necesita urgentemente de una nueva orientación que le dé sentido. Para Kierkegaard, no debemos quedar perdiendo tiempo con la tentativa de probar la religión a través de la razón. Para él, las dos son incompatibles. O Dios existe o todo está perdido, por lo tanto, es necesario apegar-si con todas las fuerzas a la fe, que es, según el filósofo, la única forma de no sumergir en las aguas de la desesperación.


Bibliografia

1. Madjarof & Duarte, Rosana, Carlos; Mundo de los Filósofos, Kierkegaard

2. Kierkegaard, Sören; La Desesperación Humana; Martin Claret; São Paulo, 2001.

3. Gaarder, Jostein; El Mundo de Sofia; Compañía de las Letras, São Paulo, 1996.

4. Beabout, Gregory R.; Freedom & Its Misuses: Kierkegaard on & Anxiety Despair; pp. 05-36; Marguette University Press; 2001.

5. Sampaio, Sílvia Saviano; Kierkegaard: La Ambigüidade de la Imaginação, pp. 87-96. Scielo. 2003.