Inversión extranjera directo (IED) es la inversión hecha para adquirir un interés duradero en empresas que operen fuera de la economía del inversor.[1] La relación de IED comprende una empresa matriz y una filial extranjera, las cuales, en conjunto, forman una empresa multinacional. Para ser considerado como IED, la inversión debe conferir a la matriz el control sobre su filial. Las Naciones Unidas definen "control", en este caso, como la propiedad del 10% o más de las acciones ordinarias o del derecho a voto de una empresa de capital abierto, o su equivalente caso sea de capital cerrado; la propiedad de menos del 10% del capital o sin control se llama inversión de portfólio.