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Invasión romana de la península Ibérica

invasión romana de la península ibérica - Wikilingue - Encydia

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Avance romano en la península Ibérica
1ª división provincial.
2ª división provincial.
3ª división provincial.

Tabla de contenido

La invasión: Cartago versus Roma

La invasión romana de la península Ibérica se inició en el contexto de la Segunda Guerra Púnica (218 a.C.-201 a.C.), cuando las legiões romanas, bajo el mando del cônsul Cneio Cornélio Cipião, para allí se movieron taticamente, a fin de atacar por la retaguardia los dominios de Cartago en la región.

De hecho, la influencia cartaginesa en la península Ibérica permitía un expressivo refuerzo, tanto de suprimentos cuanto de hombres, la Cartago. La estrategia de Senado romano visaba, de ese modo, a enflaquecer las fuerzas cartaginesas, alejando sus ejércitos de la península Itálica.

El primer combate importante entre Cartagineses y Romanos ocurrió en Cissa (218 a.C.), probablemente próximo la Tarraco , aunque los historiadores hayan intentado identificarla con Guissona, en la actual provincia de Lérida. Los Cartagineses, a mando de Hannon , fueron derrotados por las fuerzas romanas a mando del propio Cneio Cipião. El caudilho de los Ilergetes, Indíbil, que combatía aliado a los Cartagineses, habrá sido entonces capturado. No obstante, cuando la victoria de Cneio parecía concretizada, acudiu Asdrúbal Barca, con refuerzos, que dispersaron los romanos sin, sin embargo, los derrotar. Así, las fuerzas opuestas regresaban a sus bases milites — los Cartagineses la Cartago Nueva (actual Cartagena) y los Romanos la Tarraco — y ya sólo el año siguiente la flota de Cenio Cipião venció Asdrúbal Barca en la boca del río Ebro. Poco después llegaron refuerzos de Italia dirigidos por Públio Cipião, permitiendo el avance de los Romanos en dirección la Sagunto .

Se atribuye la Cneio y Públio la fortificación de Tarraco y el establecimiento de un puerto militar. La muralla de la ciudad fue probablemente construida sobre la anterior muralla ciclópica, ya que en ella se observan algunas marcas de trabajo de la piedra típicamente ibéricas.

Aún el año de 216 a.C. hay registro de combates entre Cneio y Públio contra los iberos, probablemente de tribus a Sur del río Ebro, aunque sin grandes consecuencias para Roma. Ya el año siguiente, recibieron los Cartagineses refuerzos, encabezados por Himilcão, dándose nuevo combate en las bocas del Ebro, según parece, próximo a Amposta o Sant Carles, en aquella que quedó conocida como la batalla de Hibera, o Ibera. Para perjuicio de Cartago, de este enfrentamiento salieron los Romanos vencedores.

La rebelión de Sifax en 214 a.C., aliado de Roma, en la Numídia (Argel y Orã ) obligaría Asdrúbal a regresar la África con las suyas mejores tropas, dejando el camino libre para la progresión romana. Asdrúbal Barca, ya en África, conseguiría el apoyo de Gala , un otro rey númida, señor de la región de Constantina y, con la ayuda de este (y de su hijo, Massinissa), consiguiendo la derrota de Sifax. Regresó en 211 a.C. a la península haciéndose acompañar de Massinissa y sus guerreros númidas.

Algures entre 214 y 211 a.C., Cneio y Público regresaron al Ebro. Se sabe que en 211 a.C. los Cipiões incluían en su ejército un fuerte contingente de miles de mercenarios celtiberos. Estos actuaban, frecuentemente, como soldados de fortuna.

Las fuerzas cartaginesas se estructuraron en tres ejércitos, comandados respectivamente por los hermanos Barca (Asdrúbal y Magão ) y aún por otro Asdrúbal, hijo del comandante cartaginês Aníbal Giscão, muerto durante la Primera Guerra Púnica. Del lado opuesto, los romanos se organizaron en tres grupos, comandados por Cneio, Públio, y aún por Tito Fonteio. Asdrúbal Giscão y Magão Barca, apoyados por el númida Massinissa, consiguen derrotar Públio Cipião, matándolo. Cneio Cipião, en pleno combate a 211 a.C., asiste a la deserção de los mercenarios celtiberos — a quién Asdrúbal Barca ofreció una suma mayor de aquella pagada por Roma — y es gracias a retirarse. Falleció durante la retirada, dejando los Cartagineses aptos a atravesar el río Ebro, que sólo pudieron ser contenidos gracias a la intervención de Gaio Márcio Séptimo, electo como general por las tropas. El escenario de estos combates es, sin embargo, incierto, aunque sabiéndose que Indíbil combatía nuevamente del lado de los cartagineses.

El año siguiente, 210 a.C., fue enviada una expedición dirigida por Cláudio Nerão con vista a la captura de Asdrúbal Barca. No obstante, Cláudio traicionó su palabra y huyó desonrosamente. Senado insistió, y envió nuevo ejército al río Ebro, para contener el avance de las tropas cartaginesas en dirección a la Italia. El líder de esta nueva fuerza fue el célebre Cipião Africano, hijo del general homónimo, muerto en combate en 211 a.C. Cipião se hacía acompañar del pro-consul Marco Silano (que debería suceder la Cláudio Nerão) y del consejero, Caigo Lelio, jefe de esquadra. A su llegada, los ejércitos cartagineses se encontraban instalados de la siguiente forma: aquel dirigido por Asdrúbal Barca se encontraba próximo a la nascente del río Tejo; el ejército de Asdrúbal Giscão en la región de la futura Lusitânia, prójimo a la actual ciudad de Lisboa ; el ejército de Magão se encontraba en la zona del estrecho de Gibraltar. Cipião, aparentemente despreciando la importancia de la región del Ebro, atacó directamente Cartago Nueva por tierra y por mar. La capital púnica peninsular, cuya guarnição, insuficiente, era dirigida por otro Magão, fue gracias a ceder, siendo ocupada por los Romanos. Rápidamente, retornó Cipião la Tarraco antes que Asdrúbal alcanzara las desguarnecidas líneas del Ebro.

Esta operación marcó el inicio de la submissão de gran parte de la Hispânia Ulterior. Cipião supe convencer varios caudilhos ibéricos, hasta entonces aliados la Cartago, como Edecão (enemistado con Cartago desde que su mujer e hijos fueron tomados como rehenes), Indíbel (por la misma razón), y Mandónio (declarado enemigo por Asdrúbal Barca).

En el Invierno de 209 a 208 , Cipião avanzó en dirección a Sur, chocando con el ejército de Asdrúbal Barca (que, por su parte, se desplazaba para Norte), prójimo a Santo Tomé (Jaén), en la aldea de Baecula, donde transcurrió la batalla de Baecula. No obstante Cipião reclamar para sí la victoria, que permanece por confirmar, el hecho es que Asdrúbal Barca prosiguió el avance en dirección al Norte con la mayor parte de sus tropas, alcanzando el sopé de las montañas de los Pirenéus. Se sabe que, de esta forma, Asdrúbal cruzó los Pirinéus pasando pelo región vasca, probablemente en la tentativa de conseguir una alianza con estos aunque, en todo el caso, los vascos no dispusieran de grandes medios de oposición faze a la fuerza cartaginesa. Asdrúbal acamparía en el Sur de la Gália entrando en la Italia en 209 a.C.. El año siguiente Magão trasladó sus tropas para las Baleares y Asdrúbal Giscão se mantuvo en la Lusitânia.

En 207 a.C., reorganizados los cartagineses y con nuevos refuerzos procedentes de la África y dirigos por Hannon, consiguieron recuperar la mayor parte del Sur de la península. Después de la submissão de esta zona por Hannon, se unió Asdrúbal Giscão en la región, y Magão regresó a la península. Poco después, las fuerzas de Hannon y Magão fueron derrotadas por el ejército romano a mando de Marco Silano, de donde resultó la captura de Hannon y la retirada de Giscão y Magão para las principales plazas-fuertes hasta recibir nuevos refuerzos desde África (206 a.C.). Sin embargo reclutaron contingenes de indígenas y se confrontaron con los Romanos en la batalla de Ilipa (en la zona de la actual Alcalá del Río), en la provincia de Sevilha. En esta batalla vence Cipião sin sombra de duda, obligando nueva retirada de Magão y Asdrúbal para Gades. Cipião se hubo hecho así dueño de todo el sur peninsular, y pudo cruzar la África donde se encontró con el rey númida Sifax, que ya lo había visitado en la Hispânia .

Aprovechando una convalescença de Cipião, algunas unidades del ejército se aprovecharon para amotinar-exigiéndose los salarios en retraso; por su parte, la oportunidad fue aprovechada por los Ilergetes (a mando de Indíbil) y por los Ausetanos (a mando de Mandónio) que iniciarían una rebelión dirigida, sobre todo, a los procônsules L. Lentulo y L. Manlio. Cipião supe contener el motim, colocando un punto final en la revuelta de los ibéricos. Mandónio fue prendido y ejecutado (205 a.C.), pero Indíbil consiguió escapar.

Magão y Asdrúbal abandonaron Gades con todos sus barcos y tropas para acudir la Aníbal, ya en Italia. Roma se hacía así señora de todo el Sur de la Hispânia, desde los Pirenéus a Algarve, en el seguimento de la costa y, para el interior, de Huesca en dirección al Sur hasta al río Ebro y para Este en dirección al mar. A partir de entonces, se inició la administración romana de la península, inicialmente con el carácter de ocupación militar, con el fin de mantenimiento de la orden y de explotación de los recursos naturales de las regiones ocupadas, de ahora en adelante integradas en el territorio controlado por la República. Así, la porción ocupada quedaba desde ya hendida en dos provincias: la Citerior , Norte, y Ulterior , a Sur, con capital en Córdoba. La administración quedaba incumbida a dos pretores bianuais que, de resto, ni siempre se cumplía.

La resistencia

Mapa de la invasión romana de las Asturias y Cantábria .
Bronce de Alcantara, inscripción latina declarando la rendição incondicional ("deditio") ante los romanos del pueblo que habitaba un castro entre el territorio de los Lusitanos y de los Vetões, 104 a.C., Cáceres

La derrota de los cartagineses, sin embargo, no garantizó la ocupación pacífica de la península Ibérica. A partir de 194 a.C., se registraron choques con tribus de nativos, denominados genéricamente como Lusitanos, conflictos que se extendieron hasta 138 a.C., denominados por algunos autores como guerra lusitana. La disputa fue más acesa por los territorios más prósperos, especialmente en la región de la actual Andalucía.

En ese contexto, se destaca un grupo de Lusitanos liderados por Viriato, elegido por aclamação. Ese grupo infligió duras derrotas a la tropas romanas en la región de la periferia andaluz, haciendo Viriato un mito de la resistencia peninsular.

En 150 a.C. el pretor Serbio Galba aceptó un acuerdo de paz con la condición de entregar las armas, aprovechando después para los chacinar. Esto hizo labrar aún más la revuelta y durante ocho años los romanos sufrieron pesadas bajas, culminando en el assassínio de Viriato por tres compañeros intentados por el oro romano. Pero la lucha no paró y Roma envió a la Península el cônsul Décimo Júnio Bruto, que pactó y fortificó Olisipo, estableció la base de operaciones en Móron próximo a Santarém, y marchó para el Norte, matando y destruyendo todo lo que encontró hasta al margen del Río Lima. Me las ni así Roma consiguió la submissão total y el dominio del norte de la Lusitânia sólo fue conseguido con la toma de Numância , en la Celtibéria que apoyaba los castros de Noroeste. En 60 a.C. Júlio César da el golpe de misericórdia a los lusitanos.

El siglo I, se consigue a Pax Augusta: la Hispânia es dividida en tres provincias. En este periodo el geógrafo Estrabão, y el historiador universal Trogo Pompeu describen así sus habitantes:

Los hispanos [de Hispânia] tienen el cuerpo preparado para la abstinência y fatiga, y ánimo para la muerte: una dura y áustera sobriedade para todos[3]. […] En tantos siglos de guerra con Roma, no tuvieron ningún otro capitán a no ser Viriato, un hombre de tal virtud y continência que, tras vencer los ejércitos consulares durante 10 años, nunca quise distinguirse en su modo de vida de cualquier soldade raso

. Otro historiador romano, :

Ágil, belicoso, inquieto. La Hispânia es distinguida de la Itálica, más dispuesta para la guerra a causa del agreste terreno y del genio de los hombres
Tito Lívio (59 a.C.-17 d.J.C.), sobre el carácter del hombre hispánico

Al iniciarse la fase imperial romana, la pacificación de Augusto también se hizo sentir en la península: con la finalización de las Guerras Cantábricas, a partir de 19 a.C., sus legiões ocuparon la región norte peninsular, más inóspita, ocupada por pueblos cântabros y astures . Con esta ocupación, se aseguraban las fronteras naturales y pacificava-si esa región más atrasada, de modo a que no constituyera amenaza para las poblaciones del valle del río Ebro y de la llamada Meseta, ya en plena fase de Romanização .

La romanização

Templo romano de Évora, siglo I d.C, Évora, Portugal
Teatro Romano de Mérida , España)
Vista de Conímbriga , Portugal

En la península Ibérica, la romanização ocurrió concomitantemente con la conquista, habiendo progresado desde la costa mediterrânica hasta al interior y a la costa del Océano Atlântico. Para ese proceso de aculturação fueron determinantes la expansión del latim y la fundación de varias ciudades, teniendo cómo agentes, a principio, los legionários y los comerciantes.

Los primeros, al se miscigenarem con las poblaciones nativas, constituyeron familias, fijando sus usos y costumbres, mientras que los segundos iban condicionando la vida económica, en términos de producción y consumo. Aunque no se haya constituido una sociedad homogênea en la península, durante los seis siglos de romanização se registraron momentos de desarrollo más o menos acentuado, atenuando, a buen seguro, las diferencias étnicas del primitivo povoamento.

La lengua latina acabó por imponerse como lengua oficial, funcionando como factor de conexión y de comunicación entre los varios pueblos. Las povoações, hasta ahí predominantemente en las montañas, pasaron a surgir en los valles o llanuras, habitando casas de ladrillo cubiertas con telha. Como ejemplo de ciudades que surgieron con los Romanos, tenemos Braga (Bracara Augusta), Beja (Pax Julia), Santiago del Cacém (Miróbriga), Conímbriga y Llaves (Aquae Flaviae).

La industria se desarrolló, sobre todo la olaria , las minas, la tecelagem, las pedreiras, lo que ayudó a desarrollar también el comercio, surgiendo ferias y mercados, con la circulación de la moneda y apoyado en una extensa red viária (las famosas "calzadas romanas", de que aún hay muchos vestigios en el presente) que conectaba los principales centros de todo el Imperio.

La influencia romana se hizo sentir también en la religión y en las manifestaciones artísticas. Se trató, pues, de una influencia profunda, sobre todo a sur, zona de entrada conquistada. Los principales agentes fueron los mercenarios que vinieron para la Península, los grandes contingentes militares romanos aquí acampados, la acción de algunos jefes militares, la inmigración de romanos para la Península, la concesión de la ciudadanía romana.

La división administrativa

Finalizado el proceso de conquista, la provincia fue integrada al Imperio Romano, dividida administrativamente en tres partes:

Se registra en este periodo una etapa de paz y prosperidad económica, marcada por la construcción de ciudades y de una red de vías , tal vez el elemento más marcante de la administración imperial romana. La mayoría de las ciudades en la península adquirió progresivamente su autonomía, viniendo posteriormente a constituirse en sede de municipios .

Aspectos económicos

Fábrica romana de sala , Setúbal, Portugal

Durante la romanização de la península, la economía de subsistência de las primitivas tribus fue paulatinamente sustituida por grandes unidades de explotación agrícola en régimen intensivo (las villae), produciendo aceite, cereales, vino y pecuária , al tiempo que la primitiva artesanía dio lugar la industrias especializadas como las de la cerámica y de la mineração. La actividad agro-pecuária se localizaba, particularmente, al Sur del río Tejo siendo la tercera región que más producía granos perdiendo para sólo las peninculas africanas y las italianas. También hube desarrollo en la actividad pesquera, produciendo el valorado Garum que por su parte demandava el desarrollo de la extracción de sal y de las actividades de construcción naval. Siendo una de las regiones más romanizadas y controlabais del imperio, era vivienda de varias familias populares en Roma e incluso de emperadores, lo que contribuyó mucho al desarrollo de la región.

En el tocante a la explotación mineral, en la cual la península era particularmente rica, todas las minas pasaron a pertenecer a Senado romano, siendo exploradas por esclavos. Entre ellas se destacaba la región que se extiende de Grândola la Alcoutim , de donde era extraído lo cubre y la plata .

Para ese desarrollo, mucho contribuyó la circulación de la moneda romana.

Aspectos arquitetônicos y religiosos

Así como en diversas otras regiones del Imperio Romano, también fueron erguidas en la península puentes, teatros, termas, templos, aquedutos y todo el tipo de edificios públicos y privados, civiles y militares.

En el campo de la religión, se registra la supervivencia de divindades primitivas al lado de divindades romanas, por veces, también miscigenadas.

Bibliografia

Archivo:SPQR.svg Este sobre Roma Antigua y el Imperio Romano es uno esbozo. Usted puede ayudar la Wikipédia expandiéndolo.