La Iniciativa para la Integración de la Infraestrutura Regional Suramericana, o simplemente IIRSA, es un programa conjunto de los gobiernos de los 12 países de América del Sur que visa a promover la integración suramericana a través de la integración física de esos países, con la modernización de la infraestrutura de transporte , energía y telecomunicaciones , mediante acciones conjuntas. Se pretende, así, estimular la integración política, económica, sociocultural de América del Sur.
La IIRSA surge de una propuesta presentada en 2000 durante la Reunión de Presidentes de América del Sur, en Brasilia, siendo financiada inicialmente por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Corporação Andina de Fomento (CAF), a los cuales vino a sumarse posteriormente el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), banco gubernamental brasileño.
La IIRSA se presenta como una iniciativa multinacional, multisetorial y multidisciplinar que contempla mecanismos de coordinación entre gobiernos, instituciones financieras multilaterales y el sector privado[1].
La integración de la infraestrutura física de América del Sur tendría como propósito declarado promover la competitividad y la sustentabilidade – no sólo de la infraestrutura de transportes (rodoviária, portuaria, aeroportuária, hidroviária, etc.), o energía (oleoductos, gasodutos, redes de energía eléctrica), pero también logística, incluyendo la quiebra de barreras aduaneras, las telecomunicaciones, los mercados de servicios de logística (fretes, seguros, armazenagem y procesamiento de licencias). Así, la IIRSA se inserta en la llamada "era del nuevo regionalismo".
La visión defendida por el BID, que se basa siguientes características:
Sin embargo, esta visión no es la única que sostiene la defensa de la integración de la infraestrutura suramericana. En la interpretación de algunos pensadores brasileños, esta sería una etapa crítica para viabilizar la propia integración regional, envolviendo el papel estratégico de los Estados de la región.[2][3][4][5][6].
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La Iniciativa envuelve, además de los gobiernos de los países, tres instituciones financieras multilaterales de la región - Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Corporação Andina de Fomento (CAF)[7] y el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Bacia del Plata (FONPLATA), además de organizaciones del sector privado.
A partir de 2004 , una parte de las obras pasó a recibir recursos del banco gubernamental brasileño BNDES, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social. El BNDES pasó a financiar proyectos que van desde la construcción de fábricas hidrelétricas en Ecuador y Venezuela , nuevas carreteras en Paraguay, nuevos gasodutos en la Argentina , e incluso, obras de ampliación del metro en Caracas y Santiago [1][8].
De los 335 proyectos estratégicos de la IIRSA, 31 fueron escogidos como prioritários en la Agenda Consensuada 2005 - 2010 y varios ya se encuentran en fase de ejecución.
El trabajo de la IIRSA se organiza en tres niveles:
Además de eso, en cada país la Iniciativa se estructura en torno a Coordinadores Nacionales, responsables por articular la participación de los diversos Ministerios y órganos gubernamentales envueltos, además de otros sectores considerados relevantes (empresas, gobiernos sub-nacionales, academia, ONGs, etc.).
América del Sur es concebida como un espacio geoeconômico dentro del cual es preciso reducir al mínimo las barreras internas al comercio y las estricciones en la infraestrutura y en los sistemas de regulación y operación que sostienen las actividades productivas de escala regional. Se pretende que la apertura comercial facilite la identificación de sectores productivos de alta competitividad global y que la integración económica de América del Sur permita retener y proteger la economía regional de las fluctuaciones en los mercados globales.
Dada la visión geoeconômica de la región, el espacio suramericano se organizaría al largo de ejes multinacionales que concentran flujos de comercio actuales y potenciales. Se pretende establecer un patrón mínimo común de calidad de servicios de infraestrutura de transportes, energía y telecomunicaciones a fin de apoyar las actividades productivas de cada Eje de Integración y Desarrollo. Con este ordenamiento del espacio suramericano americano se pretende facilitar el acceso a la zonas de alto potencial productivo, que se encuentran actualmente aisladas o subtilizadas debido a la deficiente provisión de servicios básicos de transporte, energía o telecomunicaciones.
Se cree que la sustentabilidade económica sea proporcionada a través de la eficiencia y de la competitividad en los procesos productivos. La "sustentabilidade social" sería una consecuencia del impacto del crecimiento económico sobre la calidad de vida de la población. Se pretende igualmente la sustentabilidade ambiental (uso racional de los recursos naturales y conservación del patrimonio ecológico) y sustentabilidade político-institucional, que consiste en la creación de condiciones para que los diversos agentes públicos y privados de la sociedad contribuyan para el proceso de desarrollo e integración.
Se entiende que el desarrollo y la integración regional no deben ser simplemente para aumentar la producción actual, pero deben ser proporcionar la mejoría de la calidad y aumentos de productividad mediante la innovación y la generación de conocimiento. Las doce economías deben formar cadenas productivas en sectores de alta competitividad global, capitalizando las diversas ventajas comparativas de los países de la región y fortaleciendo la complementaridade de sus economías para generar valor agregado en la producción.
La IIRSA propone uso intensivo de las más modernas tecnologías de informática y comunicaciones no sólo por los sistemas productivos de la región, pero también por los sistemas educativos, de servicios públicos, de gobierno y de organización de la sociedad civil.
La Iniciativa supone la convergencia de visiones y programas, entre los países envueltos.
La IIRSA apunta la necesidad de coordinación y liderazgos compartidas entre los gobiernos y empresas privadas, incluyendo tanto la promoción de asociaciones estratégicas público-privada para la financiación de proyectos de inversiones, como consultas y cooperación para el desarrollo de un ambiente regulador adecuado para que haya participación significativado sector privado tanto en la financiación como en la ejecución y operación de proyectos considerados “estruturantes” regionales - aquellos que hacen posible la viabilidade de otros proyectos, tales como los proyectos de infraestrutura.[11]
Los años 2000, muchos críticos del proceso de Integración Suramericana, tienen se manifestado contrarios a la IIRSA[12]. Además de eso, diversas ONGs ambientalistas afirman que la construcción de infraestrutura de integración afecta el Medio Ambiente, causando diferentes tipos de impacto ambiental[13]
Las hidrelétricas del Río Madera, por ejemplo, incluirían eclusas que permitirían el transporte hidroviário en la región, son consideradas por muchas ONGs ambientalistas como siendo un proyecto que supuestamente va a causar gran impacto ambiental[14][15]. El lobbie ambientalista en este caso se hizo tan fuerte que consiguió movilizar a su favor incluso el cineasta americano James Cameron.[16]
Este es uno de los casos más controversos, en la medida en que estas obras son fundamentales para generar energía en una de las regiones más pobres del Sur de la Amazônia, posibilitando la oferta de electricidad para miles de habitantes de esta región que hoy no tiene acceso la energía, tanto en el territorio brasileño como en el boliviano. Además de eso, debido á construcción de eclusas estas obras irán a facilitar la integración de las hidrovias ya existentes en la Bacia Amazónica y en la Bacia Platina (Tietê-Paraná y Paraná-Paraguay, o sea, va a permitir el transporte hidroviário por todo el interior del continente. Como el transporte hidroviário es el más barato y menos poluente que existe, esto irá dinamizar considerablemente la economía de estos países y permitir que regiones aisladas del interior del subcontinente puedan desarrollarse y exportar los productos típicos locales para el mercado internacional a un coste viable.
Algunos analistas van además y critican directamente las ONGs ambientalistas, defendiendo que muchas de estas reciben dinero de gobiernos de los países ricos para defender propuestas supuestamente ambientalistas, pero que visan sólo a dificultar el desarrollo regional y la integración suramericana.[17]