Inconsciente (a veces llamado también subconsciente) es un término psicológico con dos significados distinguidos. En un sentido amplio, más genérico, es el conjunto de los procesos mentales que de desarrollan sin intervención de la conciencia. El segundo significado, más específico, provém de la teoría psicanalítica y designa una forma específica de como el inconsciente (en sentido amplio) funciona. Mientras la mayor parte de los investigadores empíricos está en consonancia en admitir la existencia de procesos mentales inconscientes (o sea, del inconsciente en sentido amplio), la plantilla psicanalítico ha sido blanco de muchas críticas, sobre todo de investigadores de la psicología cognitiva[1].
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El inconsciente define un complejo psíquico (conjunto de hechos y procesos psíquicos) de naturaleza prácticamente insondável, misteriosa, obscura, de donde brotarían las pasiones, el miedo, la creatividad y la propia vida y muerte.
El concepto de inconsciente de Carl Gustav Jung se contrapone al concepto de subconsciente o pre-consciente de Freud . El pre-consciente sería el conjunto de procesos psíquicos latentes, listos a emerger para hacerse objetos de la conciencia. Así, el subconsciente podría ser explicado por los contenidos que fueran aptos a hacerse conscientes (determinismo psíquico). Ya el inconsciente sería una esfera aún más profunda e insondável. Habría niveles en el inconsciente mismo inatingíveis.
Jung separó el inconsciente personal del inconsciente colectivo. Hoy, no existe consenso sobre si realmente existe un inconsciente colectivo, igual o distribuido igualmente entre todas las culturas y pueblos . Pero los estudios de mitologia /religión comparada, de todos los pueblos y de todas las épocas de la humanidad, dan fuertes indicios y fuerza a esa plantilla. Cabe aquí citar un gran nombre en esa área, Joseph Campbell, autor del libro The Power of Myth. Sus estudios refuerzan la plantilla de inconsciente colectivo de Jung.
La noción de un inconsciente puede estar atrelada firmemente a la creencia un tiempo físico y objetivo, inviolável e inalterável. Debido a la experiencia subjetiva de la "flecha del tiempo" o a la impossibilidade de revertir la dirección que nuestras acciones toman el tiempo - aunque el mismo sea un construto - se haría necesaria la especulación de una región indefinida e incognoscível, rotulada dualisticamente de inconsciente, como contraposición a la experiencia de la autoconsciência.
Esa necesidad sería prácticamente una exigencia del mantenimiento de la linearidade causal. Si la misma no fuera necesaria, o se dispusiéramos de otras plantillas igualmente explicativos, no sería necesario la plantilla del inconsciente. Actualmente, la física quântica aparentemente está cuestionando la existencia de algo fuera de la actualidad atemporal del observador, debido a su tratamiento probabilístico de aquello que simplificadamente se intitula de realidad. Diversos fenómenos mentales, tales como sueños, intuições, procesos creativos y mismo cognitivos pueden, tal vez, ser muy más fácilmente comprendidos si la linearidade causal no sea una necesidad.
Eventualmente el propio tiempo sería sólo un construto dependiente de la forma por la cual el cerebro-mente organiza diversas experiencias en una línea dicta causal. Eso puede ser observado en personas portadoras de trastornos de las más variadas especies, que presentan ordenações, en ese construto, ni siempre lineales, lo que las lleva a ser calificadas como patológicas en diversos niveles. En niños de tierna edad, es posible también observar que las mismas se comportan como si su linearidade aún estuviera en proceso de construcción.
Así, y entonces como exigencia de consistencia en esa plantilla de tiempo físico e irreversível, se hace-iba necesaria la construcción de la idea de un inconsciente. Una solución interesante para contornar la exigencia de linearidade de ese construto es el cambio de dominio del tiempo para el dominio de la frecuencia.
Una vez que el observador (autoconsciência, yo (no el ego), self, o la propia experiencia de la ciencia como el estado de estar conocedor ) pasara a organizar sus percepções por el criterio de la frecuencia y no del tiempo, muchos fenómenos mentales harían-si más fácilmente compreensíveis.
Pero, por otro lado, las nociones de tiempo y espacio serían entonces necessáriamente colocadas en segundo plan. El inconsciente dejaría de tener necesidad de existir porque el tiempo que lo limita dejaría de ser un factor significativo.
Haría-si más interesante, más consecuente y más consistente entonces hablar de un no-consciente en contraposición a la concepción nebulosa de un inconsciente misterioso, inacessível, incógnito, indecifrável, verdadera cornucópia de soluciones, en la mayoría de las veces absurdas para las más diferentes mazelas provenientes de una creencia en la causalidade absoluta y de la incapacidad de concebir el tiempo - y su seqüela, el espacio - como construtos mentales humanos y no como realidades físicas independientes del observador.
El ser humano podría pasar entonces a vivir más en la actualidad, colocando accesos a otros tiempos y espacios (eventos) como igualmente construtos, pero no determinismos, principalmente de un inconsciente, sea él personal o colectivo, pero siempre nebuloso.