Idealismo es cualquier doctrina que sostenga que la naturaleza de la realidad es fundamentalmente mental. Los límites de tal doctrina no están trazados de forma definitiva: la concepción cristiana tradicional de que Dios es una causa subyacente, más real que la creación, puede aún ser clasificada como una forma de idealismo.
La doctrina de Leibniz que afirma que las substancias simples (a partir de las cuales todas las cosas son constituidas) son ellas propias seas apetitivos y perceptivos (mônadas), siendo el espacio y el tiempo relación entre esas cosas, es una otra versión tradicional de esa idea. Las tres formas más importantes de idealismo son: el idealismo subjetivo (o sea, la posición más precisamente denominada imaterialista, asociada la Berkeley , en consonancia con la cual existir es ser percibido), el idealismo transcendental y el idealismo absoluto.
El idealismo se opone a la creencia naturalista de que la propia mente puede ser íntegramente comprendida como un producto de procesos naturales. La manifestación moderna más común del idealismo es la perspectiva del idealismo lingüístico, según la cual creamos el mundo que habitamos al emplear categorías lingüísticas y sociales cuya existencia no es independiente de la mente. La dificultad consiste en dar una forma literal a esa perspectiva que no entre en conflicto como el hecho obvio de que no creamos mundos, pero sí de que estamos en uno. El idealismo alemán es lo aunque idealismo absoluto siendo pues, una versión oitocentista del idealismo en la cual el mundo se identifica con el pensamiento objetivo o absoluto, y no con el flujo personal de la experiencia, como en el idealismo subjetivo.
La doctrina deriva de varias antecesoras, entre ellas lo Uno de Parmênides , la tradición teológica de un ser necesario, incondicionado e imutável, relacionado con el mundo contingente y mutável, la fecunda creencia de Espinosa de que hay sólo un mundo caracterizado por hechos y cosas, por un lado, y por ideas por otro, el idealismo transcendental de Kant y la emergencia de la acción y de la gana como los factores decisivos para el desarrollo histórico.
Otras influencias incluyen la concepción dinámica de la naturaleza como una unidad orgánica cuya finalidad es la perfeição, la creencia de que ese proceso se espelha en la educación espiritual de sus individuos y la convicción, por varios pensadores alemanes del final siglo XVIII, de que el pensamiento común impone categorías y distinciones que están ausentes de la inmersión original e inocente del género humano en la naturaleza, y que deben ser transcendidas cuando esa unidad ideal sea retomada.