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Huelga General de 1917 es el nombre por la cual quedó conocida la paralización general de la industria y del comercio del Brasil, en Julio de 1917, como resultado de la constitución de organizaciones obreras de inspiración anarcossindicalista aliada a la prensa libertária. Esta movilización obrera fue una de las más abrangentes y largas de la historia del Brasil.
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La huelga general de 1917 en el Brasil forma parte de un proceso de politização de los trabajadores brasileños. Esta politização se dio en parte gracias a la ideas y principios organizacionais aportados en el país junto con trabajadores europeos italianos y españoles que inmigraron para el Brasil buscando mejores condiciones de vida a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Mientras los españoles permanecieron enmedio urbano, al aportarem en el Brasil, las familias de inmigrantes italianos tuvieron destinos diversos. En el estado de São Paulo, aunque en régimen asalariado los italianos pasaron a sustituir la mano de obra esclava en las haciendas de café, mientras en el Río Grande del Sur y en Santa Catarina los italianos fueron enviados para la región de la sierra donde recibieron lotes de tierra no trabajada para desarrollar actividades productivas, sin conocer las especifidades de los suelos y del clima de la región.
Oreste Ristori, importante militante y periodista libertário, activista anti-inmigración, señala el tratamiento escravista dato a los inmigrantes italianos en el interior de São Paulo por los grandes propietarios de tierra, factor que hizo con que los trabajadores se dirigessem la capital, cuando posible.
En las proximidades de Araraquara, existe una de aquellas tantas prisiones perpetuas, llamada Hacienda Son Luís, de la cual es digno propietario aquella perla de bandido que responde por el nombre de José de Lacerda Abreu. (...) En esta prisión perpetua ocurren frecuentemente escenas assustadoras. Los pobres reclusos (es en cuanto necesitamos llamar los colonos porque no pueden salir de la hacienda, bajo pena de ser pegos la pauladas o asesinados) trabajan años y años sin ser pagados. Cuando preguntan por su ganancia se responde a ellos con insultos y con chicotadas (...) De este lugar de horror nueve familias colonas consiguieron huir enfrentando peligros de toda la especie. Las otras que permanecen les gustaría seguir el ejemplo de las primeras pero, siendo la Hacienda circundada por capangas, no se arriesgan.—ROMANI p. 150
Aún en el inicio del siglo XX, una parte considerable de los inmigrantes italianos abandonaron el régimen de servidumbre de las haciendas de café del interior paulista para trabajar en fábricas en la capital. Enmedio urbano pasaron a tutear contra la explotación de clase, combatiendo las condiciones de trabajo precarias en las fábricas, la utilización massiva de mano de obra infantil y las jornadas laboráis de más de 13 horas. En diversas ciudades los italianos pasaron también a hacer contacto con grupos de activistas libertários brasileños, pero también españoles y portugueses emigrados. Juntos estos trabajadores de diferentes orígenes fundaron diversos sindicatos y organizaciones de trabajadores que componían el movimiento obrero, luchando por derechos laboráis básicos, como vacaciones, salarios dignos, jornada laboral diaria de ocho horas y prohibición del trabajo infantil.[1]
La creciente organización de los trabajadores pasó a ser vista con malos ojos por las élites urbanas brasileñas que enxergavam allí una amenaza a sus intereses. Delante de la organización de las clases subalternas las élites pasaron a asumir un discurso nacionalista homogeneizante afirmando que los trabajadores extranjeros estaban volviéndose contra el país que los acogió.[2] Las organizaciones gubernamentales y gran parte de los medios de mídia fueron movilizadas contra los trabajadores en la defensa de los intereses de las clases dominantes: la primera huelga general realizada aún en 1906 fue combatida con energía por el entonces secretario de la seguridad pública, Washington Luis.
En aquella conjuntura el anarcossindicalismo era una de las tendencias mayoritarias enmedio obrero europeo y se consolidaba rápidamente también en los países americanos. En el Brasil los anarcossindicalistas articulaban diferentes iniciativas para hacer frente explotación imbricada en el proyecto desenvolvimentista de las élites agrarias y urbanas, y de la clase política a estas vinculada. Además de los sindicatos, también fueron fundadas creches, escuelas de educación libertária, gráficas y periódicos . Uno de los objetivos de estas iniciativas era propagar entre las clases exploradas de obreros urbanos y trabajadores rurales la huelga general como estrategia de lucha, no sólo por mejores condiciones de vida, pero también como forma de emancipação de la dominação de las clases dominantes.[3]
En 1917 hube una onda de huelgas iniciada en São Paulo en dos fábricas texteis del Cotonifício Rodolfo Crespi y, obteniendo la adhesión de los funcionarios, rápidamente se esparció por toda la ciudad, y después por casi todo el país. Luego se extendió al Río de Janeiro, y otros estados, principalmente al Río Grande del Sur. Fue liderada por trabajadores y activistas inspirados en los ideales anarquistaes, de entre ellos varios inmigrantes italianos y españoles . Los sindicatos por ramos y ofícios, las aleaciones y uniones obreras, las federaciones estaduais, y la Confederação Obrera Brasileña (fundada en 1906) inspirada en ideales anarquistaes.
Con el inicio de la Primera Guerra Mundial, el Brasil se hizo exportador de géneros alimentícios a los países de la "Tríplice Entente"; esas exportaciones se aceleraron a partir de 1915, reduciendo la oferta de alimentos disponibles para el consumo interno, y provocando altas en sus precios. Entre 1914 y 1923, el salario había subido 71% mientras el coste de vida había aumentado 189%; eso representaba una caída de dos tercios en el poder de compraventa de los salarios. Para salario medio de un obrero de cerca de 100 mil réis correspondía un consumo básico que para una familia con dos hijos alcanzaba a 207 mil réis. El trabajo infantil era generalizado. [4]
…la huelga general de 1917 no puede, de manera alguna, ser equiparada bajo cualquier aspecto que sea examinada, con otros movimientos que posteriormente se verificaron como siendo manifestaciones del operariado. Eso no, absolutamente no! La huelga general de 1917 fue un movimiento espontâneo del proletariado sin la interferencia, directa o indirecta, de quienquiera que sea. Fue una manifestación explosiva, consecuentemente de un largo periodo de la vida tormentosa que entonces llevaba la clase trabajadora. La carestia del indispensable a la subsistência del pueblo trabajador tenía como aliada la insuficiência de las ganancias; la posibilidad normal de legítimas reivindicaciones de indispensables mejorías de situación esbarrava con la sistemática reacción policial; las organizaciones de los trabajadores eran constantemente asaltadas e impedidas de funcionar; los puestos policías superlotavam-si de obreros, cuyas residencias eran invadidas y devassadas; cualquier tentativa de reunión de trabajadores provocaba la intervención brutal de la Vigila. La reacción imperava en las más odiosas modalidades. El ambiente proletário era de incertidumbres, de sobressaltos, de angustias. La situación se hacía insustentável.
En 9 de julio, una carga de cavalaria fue lanzada contra los obreros que protestaban en la puerta de la fábrica Mariângela, en el Brás resultó en la muerte del joven anarquista español José Martinez. Su funeral atrajo una multitud que atravesó la ciudad acompañando el cuerpo hasta el cementerio del Araçá donde fue sepultado. Indignados y ya preparados para la huelga los obreros de la industria textil Cotonifício Crespi, con sede en la Mooca entraron en huelga, e inmediatamente fueron seguidos por otras fábricas y barrios obreros. Tres días después más de 70 mil trabajadores ya adhirieron la huelga. Armazéns fueron saqueados, tranvías y otros vehículos fueron incendiados y barricadas fueron erguidas en medio a la calles.
"El entierro de esa vitima de la reacción fue una de las más impresionantes demostraciones populares hasta entonces verificadas en São Paulo. Partiendo el féretro de la Calle Castano Pinto, en el Brás, se extendió el cortejo, como un océano humano, por toda la avenida Rangel Pestana hasta la entonces Ladeira del Carmo en camino de la Ciudad, bajo uno silencio impresionante, que asumió el aspecto de una advertencia. Fueron recorridas las principales calles del centro. Debalde a Vigila cercaba los encuentros de calles. La multitud iba rompiendo todos los cordones, prosiguiendo su impetuosa marca hasta el cementerio. Al borde de la sepultura revezaram los oradores, en indignadas manifestaciones de repulsa a la reacción (…) En el regreso del cementerio, una parte de la multitud se reunió en comício en la plaza de la Sé; la otra parte descendió para el Brás, hasta a la calle Caetano Pinto, donde, frente a la casa de la familia del obrero asesinado, fue realizado otro comício."
La violenta huelga general estaba deflagrada en São Paulo. Hermínio Linhares en su libro Contribución a la historia de las luchas obreras en el Brasil; 2ª Ed.; São Paulo; Alfa-Omega; 1977 dice: "El auge de este periodo fue la huelga general de julio de 1917, que paralizó la ciudad de São Paulo durante varios días. Los trabajadores en huelga exigían aumento de salario. El comercio cerró, los transportes pararon y el gobierno impotente no consiguió dominar el movimiento por la fuerza. Los huelguistas tomaron cuenta de la ciudad por treinta días. Leche y carne sólo eran distribuidos a hospitales y, aún así, con autorización de la comisión de huelga. El gobierno abandonó la capital. (…)."
Las aleaciones y corporações obreras obreras en huelga, juntamente con el Comité de Defensa Proletária decidieron en la noche de 11 de Julio numeraram 11 tópicos a través de los cuales presentaban sus reivindicaciones.[6]
Cerca de 70.000 personas adhirieron al movimiento. Para defender la huelga fue organizado el Comité de Defensa Proletária, que tuvo Edgard Leuenroth cómo uno de los principales líderes.
"La situación iba haciéndose cada vez más grave con los choques entre a Vigila y los trabajadores. El Comité de Defensa Proletária, solamente venciendo toda la suerte de dificultades conseguía realizar apresuradas reuniones en puntos diversos de la ciudad, a veces bajo la impresión congrangedora del ruido de tiroteos en las imediações. Se hacía indispensable un encuentro de los trabajadores, para ser tomada una resolución decisiva. Surgió, entonces, la sugerencia de un comício general. Como y donde? Y como vencer los cercos de la Vigila? Pero la situación, que se desenrolava con la misma gravedad, exigía su realización. El peligro a que los trabajadores irían a exponerse estaba siendo transformado en sangrienta realidad en los ataques de la Vigila en todos los barrios de la ciudad, de ellos resultando también vitimas de la reacción, incontables obreros, cuyo único crimen era reclamen el derecho a la supervivencia. Y el comício fue realizado. El Brás, barrio donde hubo tenido inicio el movimiento, fue el punto de la ciudad más indicado, teniendo como local el vasto recinto del antiguo Hipódromo de la Mooca. Fue indescritível el espetaculo que entonces la población de São Paulo asistió, hube preocupado con la gravedad de la situación. De todos los puntos de la ciudad, como verdaderos caudais humanos, caminaban las multitudes en búsqueda del local que, durante mucho tiempo, había servido de pasarela para la ostentação de dispendiosas vanidades, justamente en este recanto de la ciudad de cielo habitualmente toldado por el humo de las fábricas, en aquel instante, vacías de los trabajadores que allí se reunían para reclamar su indiscutível derecho a un más alto teor de vida. No cabe aquí la descripción de cómo se desenrolou aquel comício, considerado como una de las mayores manifestaciones que la historia del proletariado brasileño registra. Basta decir que la inmensa multitud decidió que el movimiento solamente cesaría cuando sus reivindicaciones, sintetizadas en el memorial del Comité de Defensa Proletária, fueran atendidas."
Edgard Leuenroth. Fotos quitadas en la comisaría por ocasión de la prisión en 1917.
Everardo Días, en "Historia de las Luchas Sociales en el Brasil", relata de esa forma los acontecimientos:
"São Paulo es una ciudad muerta: su población está alarmada, los rostros denotan apreensão y pánico, porque todo está cerrado, sin el más pequeño movimiento. Por las calles, afuera algunos transeuntes apresurados, sólo circulaban vehículos militares, requisitados por la Cia. Antártica y demasiado industrias, con tropas armadas de fusiles y metralhadoras. Hay orden de tirar para quien quede parado en la calle. En los barrios fabris del Brás, Moóca, Barra Honda, Lapa, se sucedieron tiroteos con grupos de populares; en ciertas calles ya comenzaron hacer barricadas con piedras, maderas viejas, carros volcados. La policía no se atreve a pasar por allá, porque de los telhados y esquinas parten tiros certeiros. Los periódicos salen llenos de noticias sin comentarios casi, pero lo que se sabe es sumamente grave, prenunciando dramáticos acontecimientos".
Obreros y anarquistas marchan portando banderas negras por la ciudad de São Paulo en la huelga de 1917.—Fernando Dannemann[7]
Los patrones dieron un aumento inmediato de salario y prometieron estudiar las demás exigencias. La gran victoria fue el reconocimiento del movimiento obrero como ejemplar legítimo, obligando los patrones a negociar con los proletários y a considerarlos en sus decisiones.
"En la primera reunión fue examinado el memorial de las reivindicaciones de los trabajadores, presentado por el Comité de Defensa Proletária, que la comisión de periodistas estaba encargada de llevar al gobierno del Estado. La segunda reunión tuvo el suyo inicio retardado, en virtud de la prisión de dos de los miembros del comité de Defensa Proletária al salgan de la redacción, después de la primera reunión. Las comprensiones serían rotas si esos dos elementos no fueran inmediatamente puestos en libertad. Esa resolución fue transmitida al presidente del Estado. La exigencia fue atendida, los elementos llevados a la redacción, y la reunión pudo ser realizada con breve duración, pues el gobierno aún no había entregue su resolución. La resolución de la concesión de las reivindicaciones de los trabajadores fue dada por intermédio de la Comisión de Periodistas, con la información de que ya estaban siendo liberados los obreros prendidos durante el movimiento. Fueron realizados comícios de los trabajadores en varios barrios para la decisión de la renudación del trabajo, que se inició el día inmediato. São Paulo reiniciaba sus actividades laboriosas. La ciudad retomaba su aspecto costumeiro, restando, sin embargo, el triste recuerdo de las vitimas que habían dejado hogares enlutados".
El presidente del Estado de São Paulo, en la época, Altino Arantes asumiría la defensa de los intereses de las clases dominantes atribuyendo a la huelga a una infiltração de anarquistas y comunistas , considerados subversivos, en medio a la clase trabajadora. Sin embargo, en su mensaje al Congreso Legislativo del Estado de São Paulo, de 1918 asumió al menos en términos de discurso su gobierno debería actuar "como elemento de mediación amparando concomitantemente los derechos de patrones y obreros y velando por la orden pública".[carece de fuentes]
Altino afirmó, aún, que, aún, tras la conquista de aumentos salariales de 15 a 30%, anarquistas aún incitaban la nueva huelga y nueva onda de depredações. A partir de esos eventos pasó a considerar peligrosa la generalización de los movimientos huelguistas e instituyó, en el plan policial, la prevención a los movimientos generales y la persecución a los anarquistas.[carece de fuentes]
Altino relató, también, que fueron atacados, por los huelguistas, operarios del ayuntamiento, inclusive enfermeros. El alcalde de São Paulo Washington Luís, entonces, replegó los esfuerzos para mantener los servicios públicos funcionando normalmente durante la huelga de 1917.[carece de fuentes]
En parte en reflexo las movilizaciones en otras partes del país, así como inspirados por la Revolución Rusa, organizados en sindicatos los obreros en el Río Grande del Sur entraron en huelga. Inicialmente en el sector ferrocarril, la huelga se expalhou rápidamente por la industria y prestación de servicios públicos en las principales ciudades del estado. Rápidamente fueron formadas organizaciones huelguistas entre los sindicatos y entidades obreras: se destaca la Aleación de Defensa Popular en la ciudad de Porto Alegre y el Comité de Defensa Popular en la ciudad de Pelotas por yo trabajo de conscientização, propaganda y apoyo las causas obreras.
Los militantes obreros buscaban abarcar todos los espacios posibles del cotidiano de la familia proletária. Además del companheirismo en los locales de trabajo, de pasar las mismas dificultades, sufran juntos los mismos problemas: salarios bajos, jornadas cansativas e insalubridades – los militantes obreros (anarquistas) proporcionaban a través de los sindicatos, centros de cultura social, escuelas y universidades populares, periódicos, teatros, piqueniques, en fin, varias oportunidades de cultura, ocio y lucha. Así construían una “cultura de clase” e identidad de lucha permanente. En el Río Grande del Sur muchos de los militantes de 1917 fueron “formados” en las escuelas racionalistas mantenidas por los militantes libertários.—Correa, La Huelga General de 1917 y la LDP
El día 30 de julio en Porto Alegre se inició la convocatória firmada por la Unión Obrera Internacional señalando cómo local de la asamblea pública la Plaza de la alfândega. La asamblea promueve la formación de la Aleación de Defensa Popular en la cual se destacan militantes obreros y articuladores de la huelga en la ciudad. Entre ellos están Luis Derivi, secretario del sindicato de los albañiles, carpinteiros y clases anexionas y el tipógrafo Cecílio Vilar.
“...pero el momento no es para conciliaciones, es de lucha. La lucha más justificável, la lucha por la vida. Los obreros deben se erguer como un sólo hombre, para salir a la calles y conquistar el pan que nos está siendo robado y a fin de protestar contra la explotación de que es víctima la clase trabajadora (...)”—Cecílio Vilar
En aquella misma noche a LDP lanzó una nota con las reinvidicações de la huelga en la ciudad.
Disminución de los precios de los géneros de primera necesidad en general; Providencias para evitar el açambarcamento del azúcar; Establecimiento de un matadouro municipal para suministrar carne a la población a precio razonable; Creación de mercados libres en los barrios obreros; Obrigatoriedade de la venta del pan a peso y fijación semanal del precio del kilo; La intendência debe cobrar por el suministro del agua 10 % sobre los alquileres y reducir para 5% las décimas de los edificios cuyo valor sea inferior a 40$000. Compelir la compañía Fuerza y Luz a establecer pasajes de 10 réis en consonancia con el contrato hecho con la municipalidade; Aumento de 255 sobre los salarios actuales; Generalización de la jornada de 8 horas; Establecimiento la jornada de 6 horas para las mujeres y niños.”
El alto grado de organización del operariado brasileño que originó la huelga general tuvo aún otra consecuencia: La insurreição anarquista de 1918 en el Río de Janeiro (a la época la capital nacional) se hube dado por cuenta de la bisagra de diferentes sindicatos y organizaciones anarquistaes, que inspirados también por la Revolución Rusa se organizaban con la intención de derrumbar el gobierno céntrico. La iniciativa acabó por cuenta de un militar que actuaba como agente provocador infiltrado espionava de un lugar privilegiado los planes de los conspiradores delatándolos a los aparatos represivos estatales.