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Doctrina Social de la Iglesia

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Iglesia Católica

Basílica de São Pedro, en Vaticano
Papa León XIII, el Papa de la Encíclica Rerum Novarum

Doctrina Social de la Iglesia es el conjunto de los ensinamentos contenidos en el Magistério de la Iglesia Católica constante de numerosas encíclicas y pronunciamentos de los papas insertados en la tradición multissecular y que tiene sus orígenes en los primórdios del Cristianismo. Tiene por finalidad fijar principios, criterios y directrices generales acerca de la organización social y política de los pueblos y de las naciones. ES una invitación la acción. La finalidad de la doctrina social de la Iglesia es "llevar los hombres a corresponder, con el auxílio también de la reflexión racional y de las ciencias humanas, a su vocación de constructores responsables de la sociedad terrena" [1].

Fue enriquecida por los Padres de la Iglesia, teólogos y canonistas de la Edad Media y por los pensadores y filósofos católicos de los tiempos modernos. "La doctrina social de la Iglesia se desarrolló el siglo XIX por ocasión del encuentro del Evangelio con la sociedad industrial moderna, sus nuevas estructuras para la producción de bienes de consumo, su nueva concepción de la sociedad, del Estado y de la autoridad, sus nuevas formas de trabajo y de propiedad." [2] La Doctrina Social de la Iglesia considera que la "la norma fundamental del Estado debe ser la prossecução de la justicia y que la finalidad de una justa orden social es garantizar cada uno, en el respeto al principio de la subsidiariedad, la propia parte en los bienes comunes." [3].

Tabla de contenido

Contexto

En los finales del siglo XIX, con el surgimento de la sociedad industrial se modificó el contexto social de modo a determinar una reevaluación del que sería la "justa orden de la coletividade". Antiguas estructuras sociales fueron desmontadas y el surgimento de la masa de proletários asalariados determinó fuertes cambios en la organización social haciendo con que la "relación capital y trabajo" se hiciera una cuestión decisiva de un modo hasta entonces desconocido.

"Las estructuras de producción y el capital se hicieron el nuevo poder, que, colocado en las manos de pocos, comportaba para las masas obreras una privación de derechos, contra la cual era preciso revoltar-si. Lentamente los representantes de la Iglesia se aperceberam que de las nuevas formas socio-económicas surgían problemas con reflexos en la cuestión de la "justa estructura social". Muchas iniciativas pioneras surgieron en esta época entre laicos y religiosos vueltas para los problemas de pobreza, enfermedades y carencias de servicios de salud y educación. Entre los pioneros se destacó el Obispo de Mongúcia, von Ketteler, de entre varios otros clérigos, religiosos y laicos."[3].

En 1891, León XIII sintiendo la urgencia de los nuevos tiempos y de las "cosas nuevas" promulgou a encíclica Rerum Novarum. A ella se siguió a encíclica Quadragesimo anno, de Pio XI en 1931. El beato papa João XXIII publicó, en 1961, la Mater et magistra y Paulo VI a encíclica Populorum Progressio, en 1967, y la carta apostólica Octagesima adveniens, en 1971. De su parte João Paulo II no fue menos preocupado con el tema de la "cuestión social", publicó tres encíclicas: Laborens exercens (1981), Sollicitudo rey socialis (1987) y, finalmente Centesimus annus en 1991, poco tiempo tras la caída del Muro de Berlín y de la débacle del comunismo en la Cortina de Hierro. Sin embargo, la Doctrina Social de la Iglesia solamente fue presentada de modo sistematizado y orgánico en 2004 en el Compêndio de la Doctrina Social de la Iglesia, fruto de trabajo del Pontifício Consejo Justicia y Paz.

Fundamento

La Iglesia, con su doctrina social, no entra en cuestiones técnicas y no instituye y ni propone sistemas o plantillas de organización social: esto no forma parte de la misión que Cristo le confió.(Compêndio, n. 3, 7 y 68).

Wilhelm Emmanuel von Ketteler, 1865, obispo de Mogúncia , pionero de la Doctrina Social católica, citado por Bento XVI en la encíclica Dios caritas est.

Sin embargo, Por la relevancia pública del Evangelio y de la fe y por los efectos perversos de la injusticia, vale decir, del pecado, la Iglesia no puede quedar indiferente a la vicissitudes sociales: Compite a la Iglesia anunciar siempre y por toda la parte los principios morales, aún referentes a la orden social, y pronunciarse acerca de cualquier cuestión humana, mientras lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas. [4]

La encíclica Rerum Novarum, "sobre la cuestión obrera", de León XIII, se constituyó en la verdad en la carta magna de la actividad cristiana en el campo social, en búsqueda de una orden social justa. "A La vista de los problemas resultantes de la revolución industrial que suscitaron el conflicto entre capital y trabajo aquel documento enumera "los errores que provocan el mal social, excluye el socialismo como remedio y expone de modo preciso y atualizado la doctrina católica sobre el trabajo, el derecho de propiedad, el principio de la colaboración en contraposición a la lucha de clases, sobre el derecho de los más débiles, sobre la dignidad de los pobres y las obligaciones de los ricos, el derecho de asociación y el aperfeiçoamento de la justicia por la caridad." [5]

Además de haber hecho la condena expresa del nazismo en la Encíclica Mit brennender Sorge de Papa Pio XI, "la Iglesia ha rechazado las ideologías totalitárias y atéias asociadas, los tiempos modernos, al comunismo o al socialismo. Además de eso, en la práctica del capitalismo ella rechazó el individualismo y el primado absoluto de la ley del mercado sobre el trabajo humano. La reglamentación de la economía exclusivamente a través de la planificación centralizada pervierte en la base los vínculos sociales, su reglamentación únicamente por la ley del mercado va contra la justicia social, "pues hay muchas necesidades humanas que no pueden ser atendidas por el mercado". ES preciso preconizar una reglamentación racional del mercado y de las iniciativas económicas, en consonancia con una justa jerarquía de valores y en vista del bien común." [6]

Principios y Valores

Son principios básicos en que se condensa la Doctrina Social de la Iglesia: 1) La dignidad de la persona humana, como criatura a la imagen de Dios y la igual dignidad de todas las personas; 2) respeto a la vida humana, 3) principio de asociación, 4) principio de la participación, 5) opción preferencial por los pobres, 6) principio de la solidaridad, 7)principio de la subsidiariedad, 8) principio del bien común, 9) principio de la destinação universal de los bienes y el principio de la destinação universal de los bienes.

Los principios de la dignidad de la persona humana del bien común, de la subsidiariedad y lo de la solidaridad la Doctrina Social de la Iglesia - DSI los considera de carácter general y fundamental, permanentes y universales. Esta doctrina indica, aún, valores fundamentales que deben presidir la vida social. Estos valores son:

Principio del Bien Común

Según esta doctrina por las buenas común se entiende: "El conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y cada uno de sus miembros alcancen de manera de más completa y desembaraçadamente la propia perfeição." [10].

El bien común es de responsabilidad de todos. "El bien común empeña todos los miembros de la sociedad: nadie está escusado de colaborar, en consonancia, con las propias posibilidades, en su búsqueda y en su desarrollo." (João XXIII, Mater et Magistra y Catecismo de la Iglesia Católica n. 1913). Más, el bien común es la razón de ser de la autoridad política y para asegurarlo el gobierno de cada País tiene la tarea específica de armonizar con justicia los diversos intereses setoriais. El significado del bien común va además del simple bienestar económico y considera la finalización transcendente del ser humano.

Destinação universal de los bienes

Esta doctrina social sostiene que la propiedad de los bienes sea accesible a todos de modo equânime y equitativo. Reconoce la función social de cualquier forma de posesión. Del que transcurre el deber de hacer con que la propiedad sea productiva. Sobre este punto el Concílio Vaticano II recomienda con firmeza que no se dé a los pobres a título de caridad lo que ya les es debido a título de justicia. También sobre este principio Papa João Paulo II reafirmó, en Puebla (discurso de 28 de enero de 1979 ): "A ese propósito debe ser reafirmada, en toda su fuerza, la opción preferencial por los pobres."

Principio de la Subsidiariedad

El principio de la subsidiariedad es realzar en la encíclica Quadragesimo anno de Pio XI. Por este principio se debe respetar la libertad y proteger la vitalidade de los cuerpos sociales intermédios, por ejemplo, la familia, grupos, asociaciones, entidades culturales, económicas, ONG's, y otras que son formadas espotaneamente en el seno de la sociedad. No debe el estado interferir en el cuerpo social y en la sociedad civil además del necesario. Por otro lado debe el estado ejercer actividad supletiva cuando el cuerpo social, por sí, no consigue o no tiene medios de promover determinada actividad, como también debe el estado intervenir para evitar situaciones de desequilibrio y de injusticia social.

S. Tomás de Aquino, por Fra Angelico. Su doctrina es uno de los pilares de la Doctrina Social católica

Este principio se opone a la formas de centralização, burocratização, assistencialismo y de presencia innecesaria e injustificada del Estado y del aparato estatal en medio de la sociedad civil. João Paulo II en la Centesimus annus (48), afirmó: Al intervenir directamente, irresponsabilizando la sociedad, el Estado assistencial provoca la pérdida de energías humanas y el aumento exagerado del sector estatal, dominando más por lógicas burocráticas del que por la preocupación de servir los usuarios con un acréscimo enorme de gastos.

No admitir o admitir de forma inadecuada la libertad de iniciativa privada, económica y los monopolios innecesarios e injustificados concursan para desrespeitar este principio. De otro lado están en consonancia con este principio el respeto y la promoción efectiva del primado de la persona humana y de la familia, la valorização de las asociaciones y organizaciones de nivel intermediario existentes en la sociedad, el respeto a una organización social y representatividade pluralista, respeto a los derechos humanos y de las minorías, descentralização administrativa y el adecuado equilibrio entre el "público" y el "privado" y la correcta responsabilização del ciudadano como parte integrante activa de la realidad social y política del Estado, estos son factores que se colocan en la línea de realización de este principio con vistas al alcance del bien común.

Derecho de participación en la vida social y política

La participación es un deber a ser conscientemente exercitado por todos, de modo responsable y en vista del bien común ([11]). Toda democracia debe ser participativa. ES fuertemente criticada la negativa de este derecho por una organización del Estado de forma totalitária o ditatorial, aunque este derecho venga a ser reconocido formalmente pero en la práctica negado, como también la "elefantíase del estado" y de su aparato burocrático son criticadas porque en razón de ellos puede venir a ser negado al ciudadano la possiblidade de participar de la vida social y política del país y también el día del nacimiento de ellos.

Principio de la Solidaridad

Como fruto de la globalización creciente de la sociedad y de una creciente interdependência entre los hombres crecen las possiblidades de relacionamento entre los hombres. Este principio, lo sintetiza bien João Paulo II, en la encíclica Solicitudo Rey Socialis (38):

..."la solidaridad, por lo tanto, no es un sentimiento de compasión vacante o de enternecimento superficial por los males sufridos por tantas personas, prójimas o distantes. por el contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; o sea, por el bien de todos y de cada uno, porque todos nodos somos veradeiramente responsables por todos. Esta determinación está fundada en la firme convicción de que las causas que entraban el desarrollo integral son aquella avidez del logro y aquella sede del poder de que se habló. Estas actitudes y estas "estructuras de pecado" sólo podrán ser vencidas - pressupondo el auxílio de la gracia dvidina con una actitud diametralmente opuesta: la aplicación en prol del bien del prójimo, con disponibilidad, en sentido envagélico, para "perderse" en beneficio del prójimo en vez del expolorar, y "para lo servís" en vez del oprimir para provecho propio" ...

"La práctica de la solidaridad en el interior de cada sociedad es valida cuando sus miembros se reconocen unos a los otros como personas. Aquellos que cuentan más, disponiendo de una parate mayor de bienes y de servicios comunes, han de sentirse responsables por los más débiles y estar dispuestos la compartlhar con ellos lo que poseen. Por su lado, los más débiles, en la misma línea de solidaridad no deben adoptar uno actitud meramente passiva o destrutiva del tejido social; pero, aunque defendiendo sus derechos legítimos, hacer lo que les compite para el bien de todos. Los grupos intemédios, por su parte, no deberían insistir egoìsticamente en sus propios intereses, pero respetar los intereses de los otros."

El papa Paulo VI, 1967, publicó documentos sociales y la encíclica Humanae vitae.

Este principio, según esta doctrina, lleva en cuenta no sólo la igualdad fundamental entre todos los hombres, pero ve el hombre como imagen viva de Dios, rescatada en la Pasión de Cristo: debe ser amado aunque sea enemigo (Ídem, 40).

Familia

Por la Doctrina Social de la Iglesia la familia es importante para la persona humana y para sociedad. ES vista como la célula primera y vital de la sociedad. La familia es considerada la primera sociedad natural, titular de derechos propios y originários, es colocada en el âmago de la vida social y nace de la íntima comunhão de vida y de amor fundada en el matrimônio entre un hombre y una mujer. [12].

Trabajo humano

El hombre, según esta doctrina, fue creado ut operaretur - “para trabajar”. Las realidades creadas, son buenas en sí mismas, existen en función del hombre. El trabajo por lo tanto, pertenencia a la condición originária propia del hombre, es anterior a la caída del pecado original, no puede por esto ser entendido ni como punición y ni como siendo una maldición o castigo. ES un instrumento eficaz contra la pobreza y debe ser siempre honrado, es esencial, pero no es el fin último de la razón de ser de la existencia del hombre, este no debe olvidar que la última razón de su existencia es Dios.

El trabajo representa una dimensión fundamental del hombre como participante de la creación y de la redención. El trabajo es medio de santificação. Nadie puede sentirse en el derecho de no trabajar y de vivir a la cuesta de los otros. El trabajo es también una obligación, vale decir, un deber del hombre. Constituye una obligación para consigo, para con la familia, la sociedad y la nación .

La persona es el parâmetro de la dignidad del trabajo: “No hay duda ninguna, realmente, de que el trabajo humano tiene su valor ético, el cual, sin medios-términos, permanece directamente conectado al hecho de aquel que lo realiza ser una persona.” (Laborens exercens). Es decir, el valor del trabajo está no en el que es hecho pero está en quien lo hace: la persona humana. El trabajo humano tiene también su dimensión social: el trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo.

El trabajo es un derecho fundamental, tiene un valor de dignidad y es también una necesidad para el hombre y para este formar y mantener una familia, para tener derecho a la propiedad y para contribuir para el bien común. Con efecto “se puede afirmar, con toda la verdad, que el trabajo es el medio universal de prover a la necesidades de la vida, quiere él se ejerza en un terreno propio, quiere en algún arte lucrativa cuya remuneração, sólo, sale de los productos múltiples de la tierra, con los cuales se ella conmuta." [13]

Por ser un derecho fundamental toda ordeneconómica que se quiera vuelta para la justicia y para el bien común debe estar orientada con vistas a alcanzar el pleno empleo. El deber del Estado en este campo hay de estar vuelto preferentemente para las políticas que creen condiciones y garanticen ocasiones de trabajo, estimulando la actividad de las empresas donde sea insuficiente y apoyándolas en los momentos de crisis. [14] Para la promoción del derecho al trabajo es relevante permitir e incentivar el proceso de libre auto-organización de los diversos sectores productivos de la sociedad, empresariales y sociales, la cooperación y la autogestão y otras formas de actividad solidária.

Relaciones con el capital

Por su carácter personal de acto humano y en razón de la dignidad de la persona, el trabajo es superior y precede en importancia a otro factor de producción, este principio valle, de modo especial y particular, en relación al capital. Sin embargo, entre uno y otro hay una complementariedade: “De nada vale el capital sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital” (Rerum novarum, 11). ...”es enteramente falso atribuir o sólo al capital o sólo al trabajo el producto del concurso de ambos; y es hubiste debido injusto que uno de ellos, negando la eficacia del otro, se arrogue a sí todos los frutos.” (Pio XI in Quadragesimo anno, 195).

En la relación entre capital y trabajo hay de tenerse en cuenta, también la participación, de alguna forma de los trabajadores en la propiedad, en la gestión y en sus frutos. Hay también que respetarse el respouso festivo, este es un derecho del trabajador y de su familia.

Propiedad privada y función social

La Doctrina Social de la Iglesia sostiene que el derecho a la propiedad privada está subordinado al principio de la destinação universal de los bienes y no debe constituir un impedimento al trabajo. No es lícito poseer por poseer, o poseer contra el trabajo. La propiedad, que se adquiere con el fruto del trabajo, tiene por deber servir al trabajo. De todo resulta que la propiedad particular es plenamente conforme la naturaleza, porque su fundamento está en el trabajo humano ella es el fruto del trabajo. [15]

Esta doctrina considera indispensable una reforma agraria, justa y eficiente, condena tanto el latifúndio porque expresión de un uso socialmente irresponsável del derecho de propiedad como la propiedad estatal de la tierra, porque lleva a una despersonalização de la sociedad civil, sugiere que se favorezca anchamente la empresa familiar propietaria de la tierra que la cultiva directamente.

João Paulo II (1991, Brasil) dio ênfase a la protección de los valores cristianos de la familia y promovió los encuentros mundiales de la familia.

Trabajo y familia

El trabajo es el fundamento sobre el cual se edifica la vida familiar, que es un derecho fundamental y una vocación del hombre. [16] ES preciso que el Estado, las empresas y los sindicatos y los sectores participantes de la vida social promuevan políticas del trabajo que no penalizem y no sacrifiquen las familias, principalmente la doble jornada de trabaja reduce el tiempo dedicado a la vida de familia, y los problemas familiares se reflejan sobre el rendimiento en el campo del trabajo.

El respeto a los derechos de la mujer hace con que sea llevado en cuenta su dignidad y su vocación. La verdadera promoción de los derechos de la mujer ...”exige que el trabajo sea estructurado de tal manera que ella no se vea gracias a pagar la propia promoción con el tener que abandonar su especificidade y con detrimento de su familia, en la cual ella como madre, tiene un papel insubstituível”. [17]

En cuanto al trabajo del menor este “no debe entrar en el taller sino cuando su edad haya suficientemente desarrollado en él las fuerzas físicas, intelectuales y morales: de lo contrario, como una planta aún tierna, se verá marchitar con un trabajo demasiado precoce, y se dará cabo de su educación.” [18]

Derechos del trabajador

Los derechos del trabajador se basan en la naturaleza de la persona humana y en su dignidad. El Magistério de la Iglesia enumera de entre otros: la justa remuneração, derecho al reposo, trabajo en ambiente que no lese su salud y la integridad moral, respeto a su conciencia, auxílios a los desempleados y sus familias, derecho la jubilación y pensión en los casos de enfermedad, derecho la auxílios y beneficios sociales en el caso de la maternidad, derecho de reunión y asociación.

El acuerdo entre patrono y empleado no es suficiente para legitimar el quantum de la remuneração, ella debe ser suficiente para uno sostengo digno del trabajador y de su familia, las leyes de mercado no son suficientes para atender a esta condición de justicia, el derecho natural antecede al derecho de contratar. Si fuera necesario, cabe al Estado fijar un valor mínimo para las diversas circunstancias en que la remuneração del trabajo es debida.

La huelga es reconocida por la doctrina social como instrumento legítimo, como último recurso e inevitable y hasta necesario en vista de un beneficio proporcionado, desde que todos los otros recursos se hayan llevado a efecto para evitar el conflicto. La huelga legítima, como justo instrumento de presión contra los empregadores, contra el Estado y hasta como medio de presionar la opinión pública, hay de ser siempre pacífica, y pierde su legitimidad se a ella es asociada la violencia o cuando le es atribuido otro fin que no las condiciones de trabajo o contrarios al bien común.

Los Sindicatos deben ser instrumentos de solidaridad entre los trabajadores y son un factor constructivo de la orden social. La acción sindical debe ser vuelta para el bien común. No se admite el odio de clases y lucha para la eliminación de outrem. Trabajo y Capital son indispensables para el proceso de producción. La doctrina social no piensa que los sindicatos sean solamente el reflexo de una estructura de clase de la sociedad, como no piensa que ellos sean el exponente de una lucha de clase, que invitavelmente gobierne la vida social. (Laborad exercens)

El papel específico del sindicato es lo de garantizar los justos derechos de los hombres del trabajo en el cuadro del bien común de toda la sociedad, en un empenhamento normal de las personas en búsqueda del justo bien, no deben vincularse a partidos políticos y ni envolverse en la lucha por el poder político, para no transformarse en instrumentos para otros fines que la solidaridad entre los trabajadores. Nuevas formas de solidaridad deben ser creadas de modo a amparar los trabajadores que se encuentran en situación de trabajo nuevas, decurrentes de los problemas y posibilidades de los tiempos actuales, y no se encuadran en las formas tradicionales y antiguas de empleo de la gran industria o de la gran empresa.

Las novedades y las oportunidades que surgen con la globalización no pueden implicar en violaciones de los derechos inalienáveis del hombre que trabaja. La dignidad del trabajo debe ser tutelada siempre. La globalización tiene aspectos positivos que deben ser valorados y resulta de la natural tendencia del hombre de relacionarse con el otro hombre. Con la globalización y la evolución de la técnica surge la oportunidad para todos de dar expresión a un humanismo del trabajo en ámbito planetário.

La Economía

A La luz de la Revelación la actividad económica debe ser vista como una forma de co-participación del hombre en la Creación . ES una cuestión de justicia consigo mismo y como prójimo la adecuada administración de los propios dones y bienes materiales. El progreso material y la actividad económica debe ser colocada a servicio de los demás y de la sociedad. Las riquezas existen para ser partilhadas con los demás. "Quién tiene las riquezas solamente para sí no es inocente; dar a quién tiene necesidad significa pagar un débito." [19]

Hay una relación entre moral y economía , Pio XI en la Encíclica Quadragesimo anno afirma que es un error considerar que la actividad económica está desenlazada de los principios morales que rigen la actividad humana. La riqueza, la economía no es un fin en sí misma y ni último fin y razón de ser de la existencia, ella se destina a la producción, distribución y consumo de bienes y servicios, con vistas al bien del hombre y de toda la sociedad para la promoción de un desarrollo solidário de la humanidad. Las llamadas estructuras de pecado son construidas con muchos actos concretos e individuales de egoísmo humano.

La Caridad, virtud teologal, Iglesia de N. Señora, Trondheim, Noruega. La concórdia es fruto de la virtud de la caridad

La virtud de la caridad es la base de la concórdia entre los hombres La Doctrina social admite una economía de mercado o economía libre en una perspectiva de desarrollo integral y solidário, pero si por capitalismo se entiende que la libertad en la economía no está balizada por un sólido sistema jurídico que a coloque a servicio de la libertad humana integral, la respuesta es negativa. La actividad económica está sometida no sólo a sus propias reglas pero también las de la moral y de la ética.

Iniciativa privada

Considera esta doctrina que libertad de la persona humana en el campo económico es un valor fundamental y un derecho inalienável a ser promovido y tutelado. Por otro lado, La empresa no puede ser considerada sólo como una "sociedad de capitales"; es simultáneamente una "sociedad de personas", de la cual forman parte, de modo diverso y con específicas responsabilidades, quiere aquellos que suministran el capital necesario para su actividad, quiere aquellos que colaboran con su trabajo. (João Paulo II) [20]

La doctrina social reconoce la justa función del logro, pero el logro por sí sólo no indica que la empresa esté sirviendo adecuadamente a la sociedad, no es lícito obtener el logro a la cuesta de la dignidad del trabajador, de su humilhação y de la violación de sus derechos. Aún en las relaciones internacionales la práctica de la usura permanece condenada y merecen reprovação los sistemas financieros abusivos y usurários tanto en el ámbito de las economías nacionales como internacionales.

Los trabajadores que tutéan en la empresa constituyen su patrimonio más precioso (Centesimus annus, 35), en las grandes decisiones estratégicas y financieras de la empresa, de compraventa y venta, apertura y cierre de filiales no es lícito decidir teniendo por base sólo los intereses del "capital" sin mirar la dignidad de los que en ella trabajan. Deben organizar la actividad en la empresa de modo a favorecer y promover la familia del trabajador, especialmente las madres de familia.

Las Instituciones económicas

Siendo los recursos existentes en la naturaleza finitos deben ser empleados de forma racional y económica. La DSI considera que el libre mercado socialmente importante por la capacidad que posee de permitir una eficiente producción de bienes y servicios. La competencia es eficaz para alcanzar objetivos imiportantes como moderar los excesos de logros, atender a la exigencias de consumidores por ejemplo e incentivar la creatividad e innovación en la economía .

Sin embargo el beneficio individual del operador, aunque legítimo, no es el único objetivo y ni el más importante él debe ser obtenido en un contexto de utilidad social. El libre mercado solamente alcanza su legitimidad cuando anclado en las finalidades morales y éticas que el norteiam.

La Justicia (detalle de afresco en Vaticano - Stanza della Segnatura) por Rafael Sanzio, 1508.

"La libertad económica es sólo un elemento de la libertad humana. Cuando aquella se hace autónoma, es decir, cuando el hombre es visto más como un productor o un consumidor de bienes del que como un sujeto que produce y consume para vivir, entonces ella pierde su necesaria relación con la persona humana y acaba por la alienar y oprimir." [21]

Bento XVI enseña que La Doctrina Social Católica sostuvo siempre que la distribución equitativa de los bienes es prioritária. El provecho es legítimo naturalmente y, en la justa medida necesario para el desarrollo económico. Recuerda en este sentido las palabras de João Paulo II en la encíclica "Centesimus annus": La moderna economía de empresa comporta aspectos positivos, cuya raíz es la libertad de la persona, que se expresa en el campo económico como en otros tantos campos, añadiendo que el capitalismo no es la única plantilla válida de organización económica. [22]

Por otro lado los poderes públicos al actúen deben conformar su actuación en consonancia con el principio de la subsidiariedad para crear codições que faciliten el libre ejercicio de la actividad económica que debe atender por su parte a los principios de la solidaridad. Cabe aún al Estado establecer límites de modo que la parte más débil no sea perjudicada por los económicamente más fuertes.

Debe haber una complementariedade entre el Estado y el mercado de modo que aquellos bienes necesarios que el mercado por su actuación natural no pueda suministrar sea suministrados por la acción estatal. El Estado debe, sin embargo, abstenerse de una intervención abusiva que pueda condicionar indebidamente la acción de las fuerzas empresariales. La intervención pública cuando necesaria debe atenerse a los criterios de eqüidade , racionalidade, y eficiencia y no debe suprimir la libertad de iniciativa de los individuos.

La imposición de tributos debe ser racional, debe haber rigor e integridad en la administración y en la destinação de los recursos públicos. En la distribución de las riquezas los poderes públicos deben observar los principios de la solidaridad, de la igualdad, de la valorização de los talentos y en especial al amparo de las familias.

Esta doctrina sostiene también que las actividades de voluntariado y las entidades sin fines lucrativos deben tener un espacio específico en su área de actuación. La sociedad civil, al lado del mercado y del Estado es capaz de prestar su colabração de modo eficaz por sus cuerpos intermédios, en este contexto la intervención del Estado debe ser hecha en el respeto y en la promoción de la dignidad y de la autonomía de estos cuerpos intermédios en homenaje al "principio de la subdiariedade".

El consumo debe ser ejercido sin olvidar el deber de la caridad, hay la obligación de aportar con el "superfluo" y a veces con el "necesario" para garantizar la vida al pobre con el indispensable a una vida digna. Los consumidores son llamados a preferir los productos de las empresas no sólo por el criterio del precio y de su calidad, pero también llevando en cuenta la existencia de adecuadas condiciones de trabajo en esos establecimientos así como el grado de respeto que tiene con relación por la mitad ambiente natural.

Los consumidores son invitados también, a evitar el fenómeno del "consumismo" y a evitar las necesidades artificialmente creadas que dificultan e incluso impiden el crecimiento y la formación de una personalidad amadurecida.

Otros Principios

Son otros principios en que se basa la Doctrina Social de la Iglesia:

La libertad de la persona, el valor de la libertad y sus límites y su vínculo con la verdad y la ley natural; la inviolabilidade e inalienabilidade de los derechos humanos, cuya fuente no se sitúa en la gana de los hombres y ni en la realidad del Estado o en los poderes públicos, pero en el propio hombre y en la Ley Natural, del que transcurre su inderrogabilidade, en ellos se sitúa en primer lugar, el derecho a la vida desde su concepción a su fin natural y lo de la complementariedade entre derechos y deberes y su correlación respectiva.

Y aún: La primazia del bien común sobre el interés particular, el valor de la familia y la indissolubilidade del vínculo matrimonial, libertad de educación de los hijos por los padres, la libertad religiosa, superioridade y prevalência del trabajador sobre el capital, trabajo como valor que dignifica el ser humano, del que transcurre el derecho al salario justo, principio de la autoridad como finalidad para servir al bien común, autonomía de los grupos intermédios, principio de la subsidiariedad y acción social supletiva del Estado, principio de la destinação universal de los bienes y el derecho de la propiedad privada limitado por la justicia y por el bien común,

Documentos

Los principales documentos de la Iglesia en que se funda su Doctrina Social, de entre muchos otros documentos y alocuções de los Papas son de:

Referencias

  1. Sollicitudo rey socialis
  2. Catecismo de la Iglesia Católica, 2420
  3. a b Dios caritas est, 26-27.
  4. Compêndio DSI, 71
  5. Compêndio DSI, 89
  6. Ídem, 2425
  7. Catecismo, 2467
  8. Cat., 1738
  9. Ídem, 1740
  10. Conc. Vat. II, Const. apost. Gaudium et spes, 26
  11. Catecismo, 1913 - 1917
  12. Gaudium et spes, 48
  13. Rerum Novarum, 11-13.
  14. Centesimus annus, 48.
  15. Rerum Novarum, 15
  16. Laborad exercens, 10.
  17. Laborens exercens, 19
  18. Rerum Novarum, 60
  19. Compêndio DSI, 329.
  20. Centesimus annus, 43.
  21. Centesimus annus, 39
  22. Vatican Information Service 24.09.2007 - AñoXVII - En un. 159

Bibliografia

Conexiones externas