El colapso de la Unión Soviética fue la secuencia de eventos internos, conectada a un movimiento internacional, que culminó con la disolución de la Unión Soviética.
La política de apertura económica y política llevada a cabo por Mikhail Gorbatchev, secretario-general del Partido Comunista a finales de los años 1980, desencadenó movilizaciones por la independencia de pueblos minoritarios en el país. Bajo presión externa y atravesando una crisis económica, el gobierno céntrico concordó con la reorganização del país en una Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, confiriendo mayor poder a la administraciones locales.
En agosto de 1991 , un golpe de estado depuso Gorbachev por tres días; la línea-dura del Partido Comunista intentó reassumir el control de la URSS e impedir el proseguimiento de las reformas.
Liderada por Boris Ieltsin, la población revoltosa forzó la vuelta de Gorbachev al gobierno. En respuesta al golpe, el Partido Comunista soviético fue proscrito de la Rusia por el entonces presidente Ieltsin. Después de su restitución, Gorbachev no poseía más que un poder vaciado, y el control de la Unión fuera enflaquecido. En 25 de diciembre de 1991 Gorbachev renunció a la presidencia de la URSS y en 31 de diciembre todas las funciones administrativas del país cesaron de existir.