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Cânon bíblico

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El Cânone Bíblico designa el inventário o lista de escritos o libros considerados por las religiones cristianas cómo teniendo evidencias de Inspiración Divina. Cânone, en hebraico es qenéh y en el griego kanóni, tienen el significado de "régua" o "caña [de medir]", en el sentido de un catálogo. La formación del cânone bíblico se dio gradualmente. Fue formado en un periodo aproximado de 1 500 años. Comenzó con el profeta Moisés y terminó con el sacerdote y copista Esdras, contemporáneo de Neemias . Los cristianos protestantes creen que el último libro del Antiguo Testamento fue escrito por el profeta Malaquias. Para los católicos y ortodoxos fue el Eclesiástico o Sabiduría de Sirácida.

El profeta Moisés comenzó a escribir los primeros cinco libros canónicos (o Pentateuco ) cerca de 1491 a.C.. En consonancia con la Bíblia, Dios mandó que se escribiera el registro de la Batalla de Refidim.(Êxodo 17:14). Después vinieron los Diez Mandamentos (34:1,27,28). Recapitulação de los acontecimientos es hecha en Deuteronómio 9:9-17 10:1-5. Son también referidos escritos o libros anteriores como consultados, más allá de la tradición oral transmitida de generación en generación.

Según la literatura judaica, Esdras, en la calidad de escriba y sacerdote, presidió un consejo formado por 120 miembros llamado Grande Sinagoga que habría seleccionado y preservado los rodillos sagrados. Algunos creen que en aquel entonces el Cânone de las Escrituras del Antiguo Testamento fue fijado (Esdras 7:10,14). Sin embargo esta tesis es desacreditada por la crítica moderna. Los estudiosos concuerdan que fue esa misma entidad que reorganizó la vida religiosa nacional de los repatriados y, más tarde, dio origen al Supremo Tribunal Judaico, denominado Sinédrio.

Curiosamente los Saduceus y los Samaritanos sólo aceptaban como canônicos los cinco libros de Moisés. Por esta razón, los especialistas especulan que Esdras haya reunido sólo el Pentateuco, es decir, los cinco libros de Moisés.

Tabla de contenido

Cânone del Antiguo Testamento

Antes aún de Dios haber ordenado a Moisés que escribiera, por primera vez, un memorial acerca de la victoria de su pueblo sobre los amalequitas, la Palabra de Dios ya circulaba entre los hombres bajo el método de la transmisión oral: "Me escucha, te mostraré; y lo que he visto te contaré; lo que los sabios anunciaron, oyéndolo de sus padres, y el no ocultaron ...". ( 15:17,18)

Los Evangelios registraron varias citações de Jesus del Antiguo Testamento, comentando sobre el Gênesis, Deuteronômio, Números, I Samuel, Salmos, Malaquias, Daniel, reconociéndolos como la Palabra de Dios (Mateus 12:3; 19:4; 22:37-40).

Para conferirse la confianza que los escritores del Nuevo Testamento tenían del Antiguo, basta conferir los centenares de citações de la Ley, de los profetas y otros escritos.

Se cree que comenzando por Moisés, a medida que los libros iban siendo escritos, eran puestos en el Tabernáculo, junto al grupo de libros sagrados. Se especula que hubiera sido Esdras quien reunió los diversos libros y los catalogó, de ese modo estableciendo la colección de libros inspirados por Dios. De esos originales, los copistas o escribas hicieron copias para uso de las sinagogas anchamente disseminadas. Sin embargo la crítica no acepta la tesis de que libros posterioress al tiempo del profeta figuran en la Bíblia Hebraica, como es el caso del Libro de Daniel. Según especialistas, eso explicaría porque el Libro de Daniel no figura entre los escritos proféticos, pero en los hagiógrafos.

El prólogo de la versión griega del Eclesiástico, datado en 130 a.C parece ya confirmar la sospecha de los estudiosos modernos. Con efecto en él leemos: "Por la Ley, por los Profetas y por otros escritores que los sucedieron, recibimos incontables ensinamentos importantes (...) Fue en cuanto después de entregarse particularmente al estudio atento de la Ley, de los Profetas y de los otros Escritos, transmitidos por nuestros antepasados [...]".

Se nota que el cânon indicado en este escrito considera canônicos libros posteriores al tiempo de los profetas.

Los descubrimientos del Mar Muerto y Massada muestran que entre los antiguos judíos aún no había un cânon bíblico fijo o instituido.

El Cânone Hebraico de 39 libros, sólo fue realmente fijado en el Concílio de Jâmnia en 90. Aún así estudiosos como Leonard Rost garantizan que tales decisiones tardaron mucho para ser aceptas y hasta hoy no tuvieron aceptación en algunas comunidades judaicas; como el caso de los judíos del Egipto.

El Concílio de Jâmnia rechazó todos los libros y demasiado escritos y considerándolos como apócrifos, o sea, no teniendo evidencias de inspiración por Dios y fuente de fe, tanto cuánto de la verdadera autoría. Hube muchos debates acerca de la aprobación de ciertos libros, como Ester y Cântico de los Cânticos, conforme registro de la Mishiná. La tesis de que el trabajo de ese Concílio fue sólo ratificar aquello que ya era acepto por la gran mayoría de los judíos a través de los siglos, carece de fundamento científico y es rechazada por la majoritariamente por los especialistas.

Hasta los primeros cuatro siglos, en la Iglesia Primitiva no había un parecer oficial sobre el Cânon del AT. Las opiniones eran muy diversas. Padres de la Iglesia como Melitão, Cipriano y Rufino postulavam por el Cânon Hebraico (con 39 libros, excluyendo los deuterocanônicos). Ya Ireneu, Justino y Agostinho defendían el Cânon Alexandrino (con 46 libros, incluyendo los Deuterocanônicos). Jerônimo comenzó negando la canonicidade de los Deuterocanônicos, aunque los haya incluíndo en su Vulgata. Escritos sus posteriores muestran que esta su posición inicial fue revista, es lo que se verifica en su Carta la Rufino y otra la Paulino, Obispo de Nola.

A finales del séc. IV, Concílios Regionales fueron posicionándose a favor del Cânon Alexandrino. ES el caso de los Concílios de Roma (382 d.C, dando origen al Cânon Damaseno), Hipona I (cânon 36, 393 d.C), Cartago III (cânon 47, 397 d.C), IV (cânon 24, 417 d.C) y Trullo (cânon 2, 692). Un documento conocido como Decreto Gelasiano (496 d.C) también opta por el Cânon Alexandrino.

Las Iglesia Orientales también hicieron su opción por el Cânon Alexandrino, adoptando la Septuaginta como la versión oficial del AT.

De esta forma, tras el séc. IV, el Cânon Alexandrino había obtenido aceptación amplia en toda Iglesia: en el Occidente con las versiones de la Vetus Latina y la Vulgata . y en el Oriente con la Septuaginta.

Nuevas controversias sobre el Cânon del AT

En el inicio del séc. XV, un grupo disidente de la Iglesia Copta (también llamados de Monofisistas), conocidos como Jacobitas cuestionaron el Cânon Alexandrino entre otras cosas. En 1441, El Concílio Ecuménico de Florença, a través de la Bula Cantate Domino (4/2/1442) reafirma el carácter canônico del Cânon Alexandrino.

Con la Reforma Protestante, Lutero vuelve a cuestionar el carácter canônico de los Deuterocanônicos negando inclusive su carácter eclesiástico, pues para él estos libros eran contrarios a la Fe. En 1545, es convocado el Concílio de Trento, que nuevamente afirma el carácter canônico del Cânon Alexandrino.

En el inicio no hube consenso entre los Protestantes sobre el Cânon del AT. El Rey Tiago de la Inglaterra, responsable por la famosa traducción KJV (King James Version), defendía que los Deuterocanônicos deberían continuar constando en las Bíblias Protestantes. Prácticamente en la misma época sugiu una traducción conocida como Bíblia de Geneva o Ginebra, que caracterizaba los Deuterocanônicos como apócrifos.

Solamente después de la muerte del Rey Tiago y en el séc. XVII que los protestantes resolvieron finalmente adoptar para el AT el Cânon Hebraico conforme instituido en el Concílio de Jâmnia. Luego después la Iglesia Ortodoxa Rusa resuelve dejar cómo facultativa la aceptación o no del Cânon Alexandrino.

Cânone del Nuevo Testamento

Papiro 46 conteniendo 2 Coríntios 11:33-12:9

Según la Fe Cristiana, Jesus fue el redentor de quien el Antiguo Testamento dio testimonio. En este contexto, sus palabras no podían haber menos autoridad del que la Ley y los Profetas. Engreídos de esto, los cristianos las repetían siempre. En momentos oportunos los Apóstolos y los Evangelistas colocaron parte de ella en la forma escrita, lo que se hizo el núcleo del cânone definido por la Iglesia los primeros siglos.

Según el historiador de la Iglesia Primitiva, el Obispo Eusébio de Cesaréia (séc. IV), los apóstolos y los evangelistas nunca tuvieron en mente deje cualquier cosa por escrito (note que la gran mayoría de los apóstolos nada escribió), cuando lo hicieron fueron forzados por situaciones especiales, como la impossibilidade de encontrarse con alguna comunidad, por ejemplo (ver Historia Ecleisástica, III, 24,3-7).

Como en el Antiguo Testamento, hombres inspirados por Dios escribieron a los pocos los libros que componen el Cânone del Nuevo Testamento. El año 100, todos los 27 libros canônicos del Nuevo Testamento estaban escritos, sin embargo no había aún una lista autorizada de libros para el NT. Así como el cânon del AT, el cânon del NT llevó muchos siglos para ser fijado.

En ningún escrito del NT consta una lista autorizada de los libros que deben ser considerados sagrados. Solamente en 2Pd 3,15-16, el Apóstolo Pedro confiesa que los escritos del Apóstolo Paulo son Escrituras Sagradas, pero no los relaciona y ni relacionada cuáles serían los otros libros de la Escritura.

La Referencia más antigua que se tiene sobre el Cânon del NT se encuentra en un manuscrito descubierto por el sacerdote italiano Ludovico Antonio Muratori en el séc. XVIII, datado del séc. II. A causa del nombre de su descobridor, este documento quedó conocido como Cânon de Muratori. En este escrito están relacinados los 4 Evangelios, las cartas paulinas , Judas y 1,2 João y el Apocalipse. No son relacionadas las epístolas Hebreos, Tiago y las de Pedro.

Muchas controvérias existieron para reconocerse el carácter canônico de libros como Hebreos, Tiago, Judas, Apolocalipse, 2 y 3 João y 2 Pedro. Por esta razón algunos estudiosos los llaman de Deuterocanônicos del NT.

De la misma forma, otros libros ya estuvieron en el cânon NT, sin embargo después fueron rechazados. ES el caso de la Primera Carta de Clemente a los Coríntios (séc. I) y el Pastor de Hermas (séc. II).

La lista completa de los libros del NT conforme existe hoy aparece por primera vez en la Epístola 39 de Santo Atanásio de Alexandria para la Páscoa de 367 d.C.

Esta misma lista fue confirmada por documentos posteriores como el Decreto Gelasiano, y los Cânones de Hipona, Cartago III e IV.

Durante la Reforma Protestante, Martinho Lutero demostró duda en cuanto a la autoría y canonicidade de algunos libros del Nuevo Testamento: Hebreos, Tiago, Judas y el Apocalipse. Sin embargo, al traducir el Nuevo Testamento para el alemán en 1522, Lutero tradujo los 27 libros que tenemos hoy.

El Concílio de Trento, en el 1º Periodo (1545-48), promulgou los decretos sobre el cânon sagrado para la Iglesia Católica Romana reafirmando el Cânon del Nuevo Testamento también con los 27 libros que tenemos hoy.

Bibliografia

Ver también

Conexiones externas

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