'Alea jacta est' (grafia en latim: alea iacta est) significa, en portugués, "Los datos están lanzados", pero traducido comumente como "La suerte está lanzada".[1] En el lenguaje popular, es una expresión utilizada cuando los factores determinantes de un resultado ya fueron realizados, restando sólo revelarlos o los descubrís.
Fue la frase en latim supuestamente proferida por Júlio César al tomar la decisión de cruzar con sus legiões el río Rubicão,[1] que delimitaba la divisa entre la Gália Cisalpina (Gália al sur de los Alpes, que hoy corresponde al territorio del norte de la Península Itálica) y el territorio de la Italia.
Por la ley romana, no era permitido a la legiões ingresar en el territorio italiano debido a episodios anteriores en que generales romanos como Mário y Sila habían usado sus ejércitos para tomar el poder en Roma. Debido a estos precedentes, era prohibido a un gobernador provincial, un Proconsul como César, cruzar con sus legiões la divisa con el territorio italiano. El río Rubicão demarcava esta divisa entre la Gália, gobernada por César, y la Italia y al cruzarlo César declaraba un conflicto abierto con Senado romano y con Pompeu, que se colocaba por motivos políticos su defensor.
La principal razón que llevó César a tomar tal decisión era la amenaza en Senado romano de juzgarlo por crímenes de guerra cometidos durante su conquista de la Gália Transalpina (actual territorio que consiste de la Francia, Bélgica, Holanda y parte de la Alemania). La conquista romana de la Gália, conducida de forma tremendamente violenta, traje a César un gran prestigio en Roma. Con la aproximación del final de su periodo de gobierno de la Gália, periodo en el cual César era imune la acciones judiciales contra su persona, sus opositores vuelcan la oportunidad de usar la acusación de crímenes de guerra como una forma de quitar César del centro del teatro político romano.
César había evolucionado en el espacio de dos décadas de un joven noble romano a uno de los tres más importantes políticos de Roma. Al participar del primero triunvirato romano juntamente con Pompeu y Marco Crasso se estableció no solamente como un político eficiente (llegando al cargo de Cônsul romano) pero también de genio militar al expandir las fronteras de la República Romana al conquistar los Gauleses durante las Guerras de la Gália.
Pompeu y César, aliados durante el triunvirato, comenzaron a alejarse políticamente después de la muerte del triunviro Marco Crasso, muerto en una desastrosa campaña militar que intentaba subjugar la Pártia y que disolvió el equilibrio de fuerzas en esta alianza política. El golpe final fue la muerte de Júlia, hija de César y esposa de Pompeu, cuya boda selava una alianza entre César y Pompeu. Después de su muerte, los dos poco a poco se alejaron y su rivalidade se fue incrementando especialmente con el incentivo de Senado que pedía la Pompeu que buscara tomar acciones que limitaran el incremento de poder y riqueza de César con sus conquistas en la Gália.
El punto final de esta escalada fue la negação de Senado en prorrogar el periodo de gobierno de César en la Gália y la orden para que él retornara Roma para esclarecer sus supuestos crímenes de guerra en la conquista de los Gauleses. Pompeu no solamente no vetó tales deliberações, pero, se colocó como campeón de Senado, deflagrando finalmente el conflicto que se haría la primera guerra civil de gran escala de la República Romana.