| Adoniran Barbosa | |
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| Nacimiento | 6 de agosto de 1910. Valinhos |
| Muerte | 23 de noviembre de 1982 (72 años) São Paulo |
| Nacionalidad | |
Adoniran Barbosa, nombre artístico de João Rubinato, (Valinhos, 6 de agosto de 1910 — São Paulo, 23 de noviembre de 1982 ) fue un compositor, cantante, humorista y actor brasileño. Rubinato representaba en programas de radio diversos personajes, entre los cuales, Adoniran Barbosa, el cual acabó por confundirse con su creador dada su popularidad frente a los demás.
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Rubinato era hijo de Ferdinando y Emma Rubinato, inmigrantes italianos de la localidad de Cavárzere , provincia de Venecia. A los diez años de edad, su certidão de nacimiento fue adulterada para que el año de nacimiento constara como 1910 posibilitando que él trabajara de forma legalizada: a la época la edad mínima para poder trabajar era de doce años.
Abandona la escuela pronto, pues no le gusta estudiar. Necesita trabajar, para ayudar la familia numerosa - Adoniran tiene siete hermanos. Buscando resolver sus problemas financieros, los Rubinato viven cambiando de ciudad. Viven primero en Valinhos, después Jundiaí, Santo André y finalmente São Paulo.
En Jundiaí, conoce su primero ofício: entregador de marmitas. A los catorce años, aún niño, lo encontramos rodando por las calles de la ciudad y, legítimamente, surrupiando algunos bolinhos por el camino. "La matemática de la vida le da lo que la escuela dejó de enseñar: una lógica irrefutável. Si había hambre y, en la marmita, ocho bolinhos, dos le saciariam el hambre y seis a de los clientes; si cuatro, uno a tres; si dos, uno a uno".
El compositor y cantante tiene un largo aprendizado, en un arco que va del marmiteiro a la frustrações causadas por el rechazo de su talento. Quiere ser artista – escoge la carrera de actor. Busca de varias maneras hacer su sueño acontecer. Intenta, antes del advento del radio, el escenario, pero es siempre rechazado. Sin padrinhos y sin instrucción adecuada, el ingreso, en los teatros, como actor, le es para siempre abortado. El samba, en el inicio de la carrera, tiene para él carácter accidental. Escolado por la vida, sabía que el estrelato y el buen éxito económico sólo serían alcanzados en la veiculação de su nombre en la caja de resonancia popular que era lo radio.
El magistral periodo de las radios, también en el Brasil, creó diversas modas, meneó con las costumbres, inventó la participación popular – en el más de las veces, dirigida y didáctica. Tienen ellas un poder y extensión poco comunes para un país rural como el nuestro. Inventan la ciudad, popularizam el empleo industrial y encienden los deseos de migración interna y de fama. Finalmente, en el país de los bacharéis, médicos y párocos de aldea, el ascenso social busca otros caminos y se puede ya soñar con la meteórica carrera de éxito que las radios producen. Tres caminos pueden ser trilhados: lo de actor, lo de cantante o lo de locutor.
Adoniran, aprendiz de las calles, percibe las posibilidades que se abren a su talento. Quiere ser actor, popularizar su nombre y ganar algún dinero, pero el rechazo anterior lo lleva a otros caminos. Su inclinación natural en el mundo de la música es la composición pero, en ese momento, el compositor es un mero instrumento de trabajo para los cantantes, que compran la parceria y, con ella, hacen nombre y dinero. De ahí su elección recair no sobre la composición, pero sobre la interpretación.
Se entrega al mundo de la música. Busca conquistar su espacio como cantante – tiene buena voz, podría intentar los diversos programas de calouro. Ya con el nombre de Adoniran Barbosa – tomado prestado a un compañero de boêmia y de Luiz Barbosa, cantante de sambas, que admira – João Rubinato estrena cantando un samba brejeiro de Ismael Silva y Nilton Bastos, lo Si usted jurar. ES gongado, pero insiste y vuelta nuevamente al mismo programa; ahora cantando el bello samba de Noel Rosa, Filosofía, que le abre las puertas de las radios y a la vez sirve como mote para sus composiciones futuras.
La vida profesional de Adoniran Barbosa se desarrolla a partir de las interpretaciones de otros compositores. Aunque la composición no lo atraiga mucho, la primera a ser grabada es Dueña Buena, en la voz de Raul Torres. Después graba en disco Ahora puede llorar, que no hace éxito alguno. A los pocos se entrega al papel de actor radiofônico; la creación de diversos tipos populares y la interpretación que de ellos hace, en programas escritos por Osvaldo Moles, hacen del sambista un hombre de relativo éxito. Aunque impagáveis, esos programas no consiguen coger por mucho tiempo aún el compositor que teima en aparecer en Adoniran. Sin embargo, es a partir de esos programas que el grande sambista encuentra la medida exacta de su talento, en que la suma de las experiencias vividas y de la observación acurada da al país uno de sus mayores y más sensibles intérpretes.
Lo buceo que el sambista hará en el lenguaje, sus construcciones lingüísticas, pontuadas por la elección exacta del ritmo del habla paulistana, irán en contra de la propia historia del samba. Los sambistas siempre buscaron dignificar su arte con un tono sublime, el empleo de la segunda persona, el tono elevado de las letras, que sublimavam el origen miserable de la mayoría, y funcionaban como la búsqueda de la inserción social. Todo era una necesidad urgente, pues las oportunidades alcista social eran ningunas y el concepto de la malandragem vigila de modo coercitivo. Así, movidos por los mismos deseos que tenía Adoniran de hacerse intérprete y no compositor, y a partir de ahí conocido, los compositores de samba, entre una parceria vendida aquí y otra allí, daban el testimonio de la importancia que el lenguaje asumía como vehículo social.
Pero la elección de Adoniran es otra, suyo buceo también otro. Aprovechándose del lenguaje popular paulistana – de resto del propio país – las músicas de él son el retrato exacto de este lenguaje y, como el lenguaje determina el propio discurso, los tipos humanos que surgen de este discurso representan uno de los paneles más importantes de la ciudadanía brasileña. Los despejados de las favelas, los engraxates, la mujer submissa que si revuelta y abandona la casa, el hombre solitario, social y existencialmente solitario, están intactos en las creaciones de Adoniran, en el humor con que describe las escenas del cotidiano. La tragedia de la exclusión social de los sambistas se revela como la tragicômica escena de un país que subtrai de sus ciudadanos la dignidad.
Su primer éxito como compositor vuelca canción obligatoria de las ruedas de samba, de las casas de show; es bien posible que todo brasileño conozca, sino la música entera, al menos el estribillo, que se hace intemporal. Adoniran alcanza, entonces, el anhelado éxito que, sin embargo, dura poco y no le rinde más que unos menguados intercambiados de derechos autorais. La música, que ya había sido grabada por el autor en 1951 y no hube hecho éxito aún, es regravada nuevamente por los “Demonios de la Garoa”, conjunto musical de São Paulo (esta ciudad es conocida como la tierra de la garoa, de la neblina, de ahí el nombre del grupo). Aunque el conjunto sea paulista, la música acontece de entrada en el Río de Janeiro. Y ahí sí, el éxito es retumbante.
Como hube acontecido con los programas escritos por Osvaldo Moles, que dieron la Adoniran la medida exacta de la estética a ser seguida, el samba inspira Osvaldo a crear un cuadro para la radio, que se llamaba Historia de las Malocas, con uno personaje, que hace éxito, el Charutinho. De nuevo actor, Adoniran, habiendo probado el éxito como compositor, no más se aleja de la composición.
Arguto observador de las actividades humanas, sabe también que el público no se contenta sólo con el drama de las personas desvalidas y solitarias; es necesario que se dé a este público una dosis de humor, aunque amargo. Compone para ese público uno de sus sambas más notables, uno de los primeros en que trabajó la nueva estética del samba.
Entre la tentativa de carrera en las radios paulistas y el primer éxito, Adoniran trabaja duro, se casa dos veces y frecuenta, como boêmio, la noche. En las idas y venidas de su carrera tiene que vencer varias dificultades. El trabajo en las radios brasileñas es poco reconocido y financieramente inestable, muchos pasaron años en sus pasillos y tuvieron un fin de vida melancólico y miserable. El vehículo que encanta multitudes, que hace de varias personas ídolos es también cruel como la vida; pasado el éxito que, para muchos, es sólo nominal, el ostracismo y la ausencia de amparo legal llevan cantantes, compositores y actores a una situación de impensável penuria.
Adoniran sabe de esto, pero aún así su deseo calla más hondo. La primera boda no dura un año; el segundo, la vida toda: Matilde. De gran importancia en la vida del sambista, Matilde sabe con quien convive y no sólo prestigia su carrera como lo incentiva a ser quién es y como es, boêmio, incierto y en constante dificultad. Trabaja también fuera y ayuda el sambista en los momentos difíciles, que son constantes. Adoniran vive para lo radio, para la boêmia y para Matilde.
En una de sus noitadas, de fuego, pierde la llave de casa y no hay otro jeito sino despertar Matilde, que se aborrece. El día siguiente fue repleto de discusión. Pero Adoniran es compositor y dando por concluido el episodio, compone el samba Juega la llave.
Dueño de un repertório variado de historias, el sambista no perdía la vez de una buena blague. Cierta vez, cuando trabajaba en la radio Record, donde quedó por más de treinta años, resolvió, después de mucho tiempo allí, pedir un aumento. El responsable por la gravadora le dije que iría a estudiar el aumento y que Adoniran volviera una semana para saber de los resultados del estudio... cuando volvió, obtuvo la respuesta de que su caso estaba siendo estudiado. Las interpelações y respuestas, siempre las mismas, duraron algunas semanas... Adoniran comenzaba irritarse y, en la última entrevista, se salió con esta: “Tá correcto, el señor continúe estudiando y cuando llegar la época de su formatura me avise..”
Los últimos años de vida, con el enfisema avanzando, y la impossibilidade de salir de casa por la noche, el sambista se dedica a volver a crear algunos de los espacios mágicos que recorrió en la vida. Graba algunas músicas aún, pero con dificultad – la respiración y el cansancio no le permiten mucha cosa más – da testimonios importantes, reavaliando su trayectoria artística. Compone poco.
Pero inventa para sí un pequeño arte, con pedazos viejos de lata, de madera, movidos la electricidad. Son ruedas-gigante, trenes de hierro, carrosséis. Varios y pequeños objetos de la ourivesaria popular – adornes, cigarreiras, bibelôs... Fiel hasta el fin a su elección, a la observaciones que colhe del cotidiano, crea un mundo mágico. Cuando recibe alguna visita en casa, que se admira con los objetos creados por el sambista, oye de él que “algunos llamaban aquello de higiene mental, pero que no pasaba de higiene de débil mental...” Como se ve, cultiva el humor como marca registrada. Marca de hecho, que aliada a la observación del lenguaje y de los hechos trágicos del cotidiano, hace de él un sambista tradicional e innovador.
Adoniran Barbosa muere en 1982, a los 72 años de edad.