La teoría de los actos de habla tuvo su inicio con los trabajos del filósofo inglés John Langshaw Austin (1911-1960) y fue llevada adelante por John Roger Searle (1932-) y, de cierta manera, por Jacques Derrida (1930-2004).
Austin forma parte de la escuela de filosofía analítica de Oxford , cuya fundación es atribuida a Gilbert Ryle, más específicamente a su texto Sistematic Misleading Expressions, y el factor que caracteriza los filósofos de esta escuela es el análisis minuciosa del lenguaje, en la verdad del lenguaje ordinario, o sea, bajo una interpretación literal. Esto los diferencia, por ejemplo, de los estudiosos del Círculo de Viena, cuyos estudios sobre el lenguaje se limitaban a aquella usada por la ciencia .
La filosofía se preocupaba, tratándose de lenguaje, solamente con los enunciados descriptivos, es decir, aquellos que describen estados de cosas en el mundo. Son estos enunciados que Frege, Russell, los pensadores del Círculo de Viena y otros estudiaron exhaustivamente, hasta el segundo trabajo principal de Wittgenstein demostrar que el lenguaje no se limita a estos enunciados y ni puede ser reducida al propio código lingüístico; antes, el lenguaje también depende fuertemente de convenciones sociales de varias órdenes. Este trabajo de Wittgenstein lanzó la noción de “juegos de lenguaje”, que son las configuraciones necesarias para que un enunciado sea interpretado de la manera por la cual su enunciador pretende que él sea. Este “segundo” Wittgenstein, a pesar de carecer sobremanera de una sistematização, ha, sin embargo, como gran mérito abrir estas cuestiones para que otros filósofos las trataran de una manera más sistematizada y coesa, pasando ahora el sentido de un enunciado ser más relacionado del que nunca con el uso que se hace de él en una determinada situación.
Austin trabajó en esta perspectiva y sus tesis se encuentran, principalmente, en los textos Other Minds (1946), Word and Deads y How te lo del Things with Words (publicado póstumamente en 1962) y ellas versan sobre los usos del lenguaje, principalmente sobre la interpretación de cuestiones, exclamaciones, mandos, o sea, sobre enunciados que no son únicamente descriptivos.