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El rexionalismo suponen una fase intermedia en el proceso evolutivo del galeguismo, ya que se sitúa a medio camino entre el movimiento galeguista anterior (el provincialismo) y el posterior (el nacionalismo).
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En 1886, Manuel Murguía publica su obra Los Precursores. Según Luís Obelleiro, este mismo autor publicará un artículo en Lana Región Gallega en el que definía a Galiza como una nación, la cual constituía una de las regiones que integraban el territorio del Estado español. De ahí el nombre de rexionalismo.
Esta corriente defendía una visión idealizada y utópica, bucólica e idílica, con la finalidad de contestar los tópicos irreales que sobre el país habían inventado los castellanos en siglos anteriores.
Segundo explica Xosé Ramón Barreiro Fernández, el rexionalismo gallego parte de la base de la crisis agropecuaria finisecular y de los problemas económicos que esta trajo consigo. Esto, unido a las críticas al centralismo y al sistema caciquil, conlevou la aparición de tres corrientes diferentes dentro del movimiento regionalista.
Apuntan historiadores cómo Justo Beramendi o Luís Obelleiro tres corrientes diferentes y contraditorias dentro del movimiento regionalista. Estas son:
Cualquiera de las tres corrientes eran partidarias de la autonomía política de Galiza , la cual debía recuperar y preservar sus particularidades identitarias culturales y lingüísticas.
Una vez definido y consolidado, el rexionalismo gallego precisaba de un marco común que permitiera y organizara las tres corrientes antes citadas. Y esta fue la Asociación Regionalista Gallega, constituida en 1891 y cuyo primero presidente fue Manuel Murguía. La esta asociación le debemos iniciativas de tipo político-cultural, como la organización de los Juegos Florais de Tui (1891) o la campaña de agitación y propaganda del traslado de los restos de Rosalía de Castro a Sano Domingos de Bonaval. Mas también es la Asociación Regionalista Gallega la madre de iniciativas de tipo sólo político, como la presentación de una candidatura para el ayuntamiento de Santiago de Compostela o las protestas realizadas contra lo falido traslado de la Capitanía General desde La Coruña hasta León.
El rexionalismo realizó una gran labor política de transición entre lo provincialismo y el nacionalismo. Aun así, fracasó relativamente en el sentido de que no dio implicado un número considerable de ciudadanos gallegos, ni tampoco logró atraer las elites económicas (burguesía, fidalguía y clero). Al otro lado de , sufrió una gran crisis cuando falleció Alfredo Brañas y cuando Aureliano Pereira pasó a formar parte del partido liberal-fusionista. De todos los modos, el camino para lo posterior nacionalismo gallego ya estaba preparado.