Una propiedad emergente hace referencia la aquella propiedad o proceso de un sistema no reducible la una propiedad o proceso de las partes constituíntes de tal sistema.
El concepto de propiedad emergente o emerxencia aplica al proceso de formación de modelo complejos a partir de reglas simples. Este pode ser un proceso dinámico en el tiempo, como la evolución del cerebro humano a través de millares de generaciones sucesivas; o también relacionado con la escala, como las interacciones entre un conjunto de neuronas produciendo un cerebro humano capaz de pensar (sin que una neurona individual tenga consciencia propia). Para que una propiedad se nombre emergente en un sistema, debe xeralmente ser inesperada e imprevisible en función de la descripción de los elementos constituíntes de tal sistema, en los que xeralmente tal propiedad no existe o existen sólo algunos rasgos en el nivel más bajo.
El concepto de emerxencia se relaciona estreitamente con los conceptos de autoorganización y superveniencia y se define en oposición a los conceptos de reducionismo y dualismo. La mente , como por ejemplo, es considerada por muchos como un fenómeno emergente ya que surge de la interacción distribuida entre diversos procesos neuronales (incluyendo también algunos corporales y del entorno) sin que pueda reducirse la ninguno de los componentes que participan en el proceso (ninguna de las neuronas por separado es consciente). El concepto de emerxencia es muy discutido en la ciencia y en la filosofía debido a su importancia como base de las ciencias y las posibilidades de reducción entre las mismas. El concepto de emerxencia adquirió renovada fuerza la raíz del auge de las ciencias de la complexidade y juega un papel fundamental en la filosofía de la mente y la filosofía de la bioloxía.
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Aunque el emerxentismo cómo postura filosófica presenta innumerables antecedentes históricos, no fue hasta fines del s. XIX y comienzos del s. XX cuando el concepto de emerxencia se desarrolló explicitamente cómo tal, dando lugar a un prolongado y sofisticado debate filosófico. El origen de este debate se la debemos a la polémica entre los vitalistas y los mecanicistas (Emmeche, Koppe y Stjernfelt, 1997) en la definición y caracterización de los fenómenos vivos (en el contexto del desarrollo de las ciencias químicas y la mecánica clásica). Los emerxentistas se oponen tanto a los vitalistas cómo a los mecanicistas: frente al vitalismo, niegan la existencia de sustancias, fuerzas o entidades de carácter sobrenatural como el élan vital; frente al mecanicismo, se oponen a la reducción de las propiedades de los organismos a simples procesos químicos y mecánicos. "Lo todo", argumentan, "es más que la suma de las partes".
Stuart Mill, en su obra A system of Logic (1843), estableció la distinción entre leyes homopáticas y heteropáticas . Las leyes homopáticas siguen el principio de Composición de Causas que dicha que el efecto conjunto de varias causas es igual a la suma de sus efectos por separado. Este principio se cumple en la mecánica clásica, como por ejemplo, en el efecto conjunto de diversas fuerzas actuando sobre lo mismo cuerpo. Con todo, no todas las leyes naturales siguen este principio. El ejemplo paradigmático a lo que alude Mill es lo de las reacciones químicas. En química las propiedades del compuesto resultante no pueden formularse como la suma de las propiedades de los compuestos reactivos (el agua tiene propiedades que no pueden reducirse a la suma de las propiedades del oxígeno y el hidróxeno). Por lo tanto, algunas leyes científicas no cumplen el principio de la Composición de Causas. La este tipo de leyes Mill les llamó leyes heteropáticas. Sería un alumno suyo, George Henry Lewis, quien, por primera vez, acuñaría el término emergente para referirse, justo, a los efectos heteropáticos. La distinción entre propiedades últimas y propiedades derivadas (de grande importancia en el debate posterior sobre la emerxencia) también se la debemos la Mill. Las propiedades últimas son características de las sustancias elementales y no se pueden derivar de otras, mientras que las propiedades derivadas pueden, como su nombre indica, se derivan de las primeras.
En 1920 surge la corriente de los emerxentistas británicos, que sientan las bases del debate moderno (McLaughlin, 1992). Entre ellos destacan Samuel Alexander (Space, Estafe and Deity, 1922), C. Lloyd Morgan (Emergent Evolution, 1923) y Charlie D. Broad (The Mind and its Place inNature , 1925). En esta última obra, Broad exponen el problema de la reducción, no sólo de algunas propiedades especialmente controvertidas (como la vida o la mente), sino de las propias disciplinas científicas entre sí. El concepto de emerxencia se enmarca en el debate sobre la posibilidad de la reducción de la psicoloxía a la bioloxía, de la bioloxía a la química, y de esta, finalmente, a la ciencia más fundamental, la física. Broad defiende que sólo hay dos opciones coherentes para el científico: el mecanicismo o el emerxentismo. Para Broad, el mecanicismo concibe sólo un tipo de materia (o elemento constitutivo de la realidad) y una sola ley de composición de relación entre estos componentes y sus agregacións de niveles superiores. Esto permite una reducción progresiva de unas ciencias la otras. Para el mecanicismo, por tanto, todas las ciencias son estudios de casos particulares de la física, ciencia última y universal cuyas leyes definen la unidad ontolóxica de toda realidad. El emerxentista, en cambio, aunque coincide en la existencia de una última y única sustancia física, considera que esta materia se organiza en niveles caracterizados por propiedades específicas no reducibles a los niveles inferiores. Más concretamente, para Broad, una propiedad de una estructura Y es emergente siempre que no pueda ser deducida del conocimiento más completo posible de las propiedades de sus compuestos tomados illadamente o integrados en otros sistemas diferentes laY :
Esta definición marcará el debate posterior sobre la emerxencia y la noción de buena ley emergente: "De acuerdo con Broad, la ley que conecta la propiedad emergente de una estructura con las propiedades de los componentes de esa estructura, es una ley única, última e irreducible" [1].
A pesar del auge de los emerxentistas británicos durante los años 20, el concepto fue perdiendo fuerza en la década de los 30 debido, según McLaughlin (1992), al desarrollo de la mecánica cuántica (que permitía explicar las reacciones químicas en tenérmelos subatómicos) y, posteriormente, de la bioloxía molecular (que prometía dar cuenta de los fenómenos vivos en tener de sus componentes moleculares). Otro factor determinante para la caída del emerxentismo, según Kim (1999), es la influencia del positivismo lógico en la filosofía y en la psicoloxía. El marcado carácter reducionista y anti-metafísico de esta escuela filosófica procuraba eliminar toda referencia a conceptos metafísicos. Un ejemplo palpable es lo del reducionismo condutista que evita hacer alusión a tener mentalistas que no sean directamente definibles en tener condutuais. Con todo, durante los años 70 y 80, el emerxentismo volvió a renacer de la mano de posturas más sofisticadas filosóficamente en relación al problema mente-cuerpo y la fundamentación de la psicoloxía (en concreto el funcionalismo) que desbancaron al fisicalismo reducionista que defendían algunos positivistas lógicos. También el auge de las ciencias de la complexidade (vida artificial, bioloxía de sistemas, teoría del caos, etc.) y las simulacións por computador de propiedades sistémicas dieron lugar a uno nuevo interés lo pones tenérmelo.
El concepto de emerxencia pode implicar aspectos tan variados como la naturaleza cuántica de los procesos físicos, la capacidad de generar modelo simulados por computador, la relación entre la perspectiva fenomenolóxica (subxectiva) y fenoménica (objetiva) de la realidad o propiedades matemáticas como el caos. Además, el concepto es aplicado a ámbitos del conocimiento tan diferentes como la psicoloxía o la termodinámica. La diversidade de teorías de la emerxencia y sus aplicaciones es, por tanto, enorme y difícil de sintetizar. Podemos, con todo, ahondar en el concepto de emerxencia destacando ciertas características comunes a las diversas posturas emerxentistas y distinguiendo diversos tipos de emerxencia.
Una característica común la todas las posturas emerxentistas es una combinación de naturalismo y anti-reducionismo: de acuerdo con el naturalismo, no existen sustancias sobrenaturais o especiales que no puedan ser explicadas cientificamente; de acuerdo con el antireducionismo, existen propiedades de nivel superior que no pueden reducirse a las del nivel inferior. Compaginar ambas las posturas es una de las mayores dificultades del emerxentismo. Dependiendo del concepto de reducción y de sustancia o componente natural, se definirán unas u otras formas de emerxentismo. Como por ejemplo, el filósofo y científico Mario Bunge (1977), se considera a sí mismo emerxentista en oposición a la reducción por separación de componentes (al modo de un ingeniero mecánico) y define como emergente toda propiedad sistémica de carácter holista. Con todo, segundo algunas concepciones del reducionismo, como la de Nagel (1960), Bunge no sería un emerxentista sino un reducionista ya que, a pesar de invocar la naturaleza holista de algunas propiedades, estas serían, en última instancia, redefinibles en tener de una teoría más general (p.y. la física).
El emerxentismo diferencia entre los niveles micrófono y macro en un proceso autoorganizado. Se considera que de las interacciones locales entre los componentes de una red (nivel micrófono) emerxe una estructura o patrón global (nivel macro). Como por ejemplo un huracán pode considerarse un proceso emergente (el nivel micrófono está constituido por las moléculas de aire en movimiento y el nivel macro polo patrón en espiral que observamos).
En relación al reducionismo, cabe destacar que gran parte de la literatura sobre la emerxencia está relacionada con las propiedades no-lineais de los sistemas autoorganizados. En concreto, algunos tipos de redes, cuyos componentes interactúan de forma no-lineal, resultan analiticamente intratables. Las ecuacións diferenciais que rigen su comportamiento no se pueden resolver analiticamente y calcular el cambio de una variable en el sistema exige calcular el cambio simultáneo en las demás variables. Por tanto, cualquier transición de microestados requiere hacer referencia la todo el sistema, dando lugar a uno holismo irredutible. Por este motivo, los sistemas complejos no están sujetos la una reducción localizacionista (Bechtel y Richardson, 1993) y sus propiedades suelen considerarse emergentes. Las simulacións por computador (que hacen uso del cálculo numérico para realizar un estudio cualitativo del comportamiento) se utilizan para "naturalizar" estos sistemas y estudiarlos cientificamente sin reducirlos la agregados de sus componentes.
Los fenómenos emergentes están xeralmente asociados a la novedad o la sorpresa y a la impredictibilidade de su aparición dado un estado previo. Con todo, para muchos autores (p.y. Collier y Mujer, 1999), la novedad o la impredictibilidade suponen un criterio demasiado débil para la emerxencia. Que algo sea nuevo o impredecible es una propiedad relacional entre el observador y el fenómeno observado (algo pode resultar nuevo la primera vez pero absolutamente predicible después de familiarizarse con el fenómeno). Además, segundo se vaya estudiando la naturaleza de los procesos emergentes y se vayan clasificando, a impredictibilidade, argumentan, dejará de ser un factor determinante de la noción de emerxencia. Por otro lado, podemos entender la impredictibilidade a través de la teoría del caos determinista. En este caso, un sistema pode pasar por estados caóticos pero también por otros no caóticos y doadamente predicibles, lo que haría que un sistema fuera al mismo tiempo emergente y no-emergente dependiendo del momento en que se encuentre. Por tanto, y en relación a la impredictibilidade, el importante para una caracterización idónea de la emerxencia es la impredictibilidade en principio (es decir, independiente de la falta de conocimientos previos o de la falta de capacidad de cálculo del observador) y antes de que acontezca por primera vez (Stephan, 1999la).
El término emerxencia se utilizó para describir fenómenos muy diversos que, en muchos casos, no pueden considerarse estritamente emergentes (el sonido solo en apariencia o bien en relación a una teoría considerada incompleta). Para distinguir ambos los tipos de fenómenos se acuñaron los términos de emerxencia débil y emerxencia fuerte:
El concepto de emerxencia pode definirse en función de criterios ontolóxicos (relativos a la estructura de la realidad misma) o epistemolóxicos (relativos a la capacidad del ser humano de conocer esa realidad).
Muchos autores consideran que la emerxencia epistemolóxica es un tipo de emerxencia débil, ya que depende de las capacidades preditivas del observador. Con todo, el problema radica en la imposibilidade de pronunciarse sobre la realidad si no es presuponiendo un aparato teórico y la dificultad de distinguir, en última instancia, entre que propiedades son epistemolóxicas y cuales ontolóxicas.
Mark Bedau (1997) define este tipo de emerxencia como "emerxencia débil": en estos casos, los estados macroscópicos pueden deducirse (no siempre adivinarse con exactitud) a partir del conocimiento de la microdinámica del sistema y de las condiciones externas, pero sólo mediante su simulación. ES el caso de los sistemas caóticos, cuya no-linearidade les hace sensiblemente dependientes de las condiciones iniciales.
Este es el tipo de emerxencia definido por Paul Teller y Andy Clark. Para Paul Teller (1992), una propiedad es emergente se y solamente se no es explicitamente definible en tener de las propiedades no relacionais de cualquiera de las partes del objeto en tela de juicio. Andy Clark (1996) sugiere que un fenómeno es emergente solo en caso de que sea mejor comprendido atendiendo a los valores cambiantes de una variable colectiva. Una variable colectiva es aquella que dibuja el patrón resultante de las interacciones entre múltiples elementos de un sistema (en teoría de sistemas dinámicos la variable colectiva es también llamada parámetro de control). Cuando la variable colectiva incluye elementos tanto internos cómo externos al sistema, estamos ante un fenómeno de emerxencia interactiva (Hendrick-Jansen, 1996).
Gran parte de la filosofía analítica define la emerxencia en tener de superveniencia: un grupo de propiedades X (nivel macro o emergente) superviene de un grupo de propiedades Y (nivel micrófono) cuando las propiedades del grupo X están determinadas por las del grupo Y.
Varios autores se opusieron a la definición de la emerxencia como superveniencia, entendiendo que la relación entre propiedades primitivas y emergentes no tiene porqué ser univocamente causal:
Muchos de los rasgos y procesos estudiados por las ciencias biológicas son considerados emergentes:
Sin duda, el fenómeno emergente que más literatura produjo es lo de la mente y la consciencia. El propio Stuart Mill consideraba que las sensaciones (como el sabor o el olor) eran propiedades últimas no reducibles a las propiedades físicas de los objetos. Hoy en día se sigue defendiendo que la mente es un fenómeno emergente[10].
En ciencias cognitivas destaca el uso del concepto de emerxencia en robótica situada. Ingenieros como Luc Steels llegaron a desarrollar incluso una teoría del funcionalismo emergente [11] para referirse a los principios de diseño robóticos en los que se explota la interacción recorrente entre el robot y su entorno y entre los diferentes componentes del controlador del robot para conseguir una conducta funcional no descompoñible.
La Vida artificial es fuente de innumerables ejemplos que fueron utilizados para ilustrar los conceptos de autoorganización y emerxencia. Entre ellos destacan: la simulación de bandadas de pájaros de Craig Reynols, los modelo de inteligencia emergente o colectiva en hormigas, termitas y abellas , y los patrones emergentes en autómatas celulares.