La historia de Xibraltar se remonta a los tiempos de la antigüedad. La mitoloxía situó nos sus peñas uno de los pilares en los que se apoyó Hércules para separar los dos continentes. Incluso el siglo VIII de era cristiana la Roca de Xibraltar estuvo deshabitada.
En el año 711 Tariq-ihn-Zyad desembarcou al frente de una expedición musulmana; a partir de entonces la Roca lleva su nombre: Gebel Tariq, «montaña de Tariq».
Xibraltar permaneció en poder de los moros incluso el año 1309. Las tropas cristianas del rey de Castela Fernando IV, al mando del famoso Alonso Pérez de Guzmán, pusieron sitio a la fortaleza y la rindieron, no sin que antes había perecido el incluso «Guzmán el Bueno». Posteriormente volvió a caer otra vez en manos de los moros y finalmente fue conquerido en el año 1462 polos castellanos.
A partir de entonces Xibraltar se sitúa en el contexto de la historia económico-social de la oriente nacionalidad española. Otorgado al duque de La medí Sidonia en 1465 (junto a una grande extensión de territorio de aquella parte de Andalucía la Baja, tierras que siguen aún en su propiedad) fue uno de los enclaves de mayor litigio entre la Corona y el ducado.
En el siglo XVI aparece la Roca ligada ya al rey, que había impuesto definitivamente sus intereses en función del valor estratégico-militar de la plaza.
La historia que interesa aquí comienza en el momento en que el sol de la dinastía de los Austrias llega a su ocaso en el trono de la corona de Castela. Con Carlos II dinastía reinante heredera de las grandezas de Carlos I y de Filipe II consigue los límites más agudos de la degeneración fisiolóxica. Mucho antes de morir el rey, pensaban ya los monarcas europeos en repartir entre ellos el imperio español.
La debilidad de Carlos II, el total abandono del país y la miseria galopante la que lo llevaron los reinados anteriores, habían convertido a España en un gigantesco moneco disputado por las potencias de Europa .
La incapacidad o impotencia del rey para tener hijos y la falta de parientes próximos que pudieran optar al trono habían convertido a la corte en el centro de intrigas de los presuntos pretendentes. Eran estos los siguientes:
La educación practicamente ultrarrelixiosa que se le inculcara al rey español llegó al extremo de poner en manos del Papa entonces reinante, Inocencio XI, el intento de resolver el problema de la sucesión española. Carlos II atacaba un asunto de Estado como si fuera de conciencia, y siguiendo los consejos del Papa nombró heredero a Filipe de Anjou, nieto de Luís XIV de Francia. Era el año 1700; terminaba un siglo y agonizaba una dinastía.
La llamada Guerra de Sucesión a la corona de España duró trece años (de 1700 a 1713). La toma de Xibraltar ocurrió en agosto de 1704.
El famoso general inglés Marlborough (el « Mambrú» de los cantar) había proyectado en verano de 1704 que George Rooke, almirante de la escuadra inglesa en el Mediterráneo, trasladara el arquiduque Carlos, pretendente a la corona española apoyado polo bloque formado por Austria, Gran Bretaña y Holanda, incluso la desembocadura del Taso. Las operaciones aliadas en el marco europeo aconsejaban desembarcar al pretendente austríaco en la Península para así animar a los defensores de su causa.
El almirante Rooke escoltou al arquiduque hasta Lisboa. Su misión inmediata consistía en conducir luego a su flota hasta Riviera con el fin de embarcar unas tropas concertadas con el duque de Saboia para la toma de Tolón, base naval francesa de capital importancia en el Mediterráneo. Pero el duque de Saboia no tenía hombres disponibles y Rooke se vio precisado a emprender la retirada con su escuadra. Al llegar al Estrecho de Xibraltar recibió una expedición de ayuda procedente de la flota inglesa del Canal, reforzos que le permitieron contar con una escuadra de cincuenta buques de línea. Fue entonces cuando el almirante inglés decidió tomar la plaza fuerte de Xibraltar.
La ciudad de Xibraltar , como casi toda España por aquellas fechas, había prestado juramento de fidelidad a Filipe V, candidato patrocinado por Francia. En consecuencia, los vecinos y la guarnición trataron de oponer resistencia a los atacantes.
Xibraltar era una ciudad más del reino de Castela. Su Ayuntamiento estaba compuesto por 13 Rexidores, representantes de unos vecinos que eran dueños absolutos de la villa y de los terrenos vecinos, es decir, del Campo chairo de Xibraltar (dividido hoy día en los términos municipales de la Línea de la Concepción, Alxeciras, Sano Roque, Los Barrios y Tarifa ). La fortaleza radicada en la Roca era en cierto modo la capital política de una zona tan extensa como alguna provincia española. La ciudad cuenta, ya de aquella, con cinco mil habitantes, y con un magnifico puerto que la protegía del mar, refugio seguro contra los vientos de Levante.
En la fortaleza se hallaba destacada una guarnición permanente de la que era comandante el capitán don Diego de Salinas. La resistencia que pudo oponer al ataque de la escuadra del almirante Rooke fue puramente simbólica, dada la desproporción de las fuerzas. He aquí lo que dice la «Enciclopedia Británica» ( Vol. 10) en 1879:
Pero he aquí que la dicha «Enciclopedia» sigue de la forma siguiente:
Este último parágrafo desaparece en las posteriores ediciones de la «Enciclopedia Británica» y quieta definitivamente redactado así:
Inglaterra, que no estaba en guerra con España y solamente defendía los intereses de uno de los candidatos a la sucesión monárquica, se apropiaba de un trozo de tierra castellana que ya nunca devolvería.
El comportamiento de los soldados ingleses obligó a la población civil a abandonar la plaza y reunirse en Sano Roque con su Ayuntamiento. La reacción militar española llegó poco después por medio de un ataque combinado tierra-mar en colaboración con la escuadra francesa en el Mediterráneo; chocaron los buques de Rooke y los franco-españoles a la altura de Vélez-Málaga, con resultado igualado, por lo que el almirante francés conde de Tolosa optó por retirarse con sus barcos a Tolón.
Aunque la paz no fue firmada oficialmente incluso el 13 de julio de 1713 por el Tratado de Utrecht las hostilidades habían cesado ya casi enteiramente en 1711. Los monarcas europeos estaban cansados de guerra y habían llegado la un entendimiento que se acomodaba a las pretensiones de cada uno. Los ánimos de Grano Bretaña se enfriaron en cuanto vislumbró la posibilidad de que el pretendente austríaco a la Corona de España pudiera convertirse también en Emperador de Alemaña o reunir nos sus descendentes las coronas de los dos imperios, dando lugar así la una nueva edición del período Carlos V. Por su parte, el pretendente [[Borbón)) «preferíu la monarquía española, aunque algo disminuida, a la expectativa de una monarquía francesa acrecentada», (C. T. Atkinson ).
ES evidente que fue una salida honorable puesto que el propósito de los monarcas europeos consistía en repartirse la Corona de España.
A comienzos de 1713 se iniciaron las conversaciones para firmar el tratado de paz. Como señalan los historiadores, «el único representante español era francés»; cabe suponer que dicho embajador no tomaría grande interés en la defensa de la integridade geográfica española, como así fue. Como argumento jurídico para mantener los representantes españoles alejados de la negociación se esgrimió el hecho de que a España de Filipe V no podía ser reconocida hasta que no firmara Francia el Tratado de Paz. Así, pues, cuando se permitió a los plenipotenciarios españoles acceder a las deliberacións ya se estipularan las condiciones y no tuvieron más remedio que firmar:
Finalmente el 13 de julio de 1713 se firmaba el tratado cuyo Artículo X otorga la Gran Bretaña la fortaleza y plaza de Xibraltar. Dada la importancia fundamental y dado que fue esgrimido con diversas intenciones en más de una ocasión, he aquí la reproducción de la totalidad del artículo:
Y a continuación llega el parágrafo más importante, lo que posee más actualidad en las circunstancias actuales y pode ser esgrimido polo reino de España como uno de sus argumentos fundamentales en las pretensiones anexionistas de la región:
El Tratado de Utrecht no cerró definitivamente las aspiraciones españolas sobre la plaza. En tres ocasiones se efectuaron distintos intentos militares para expulsar a las tropas inglesas, pero sin resultado positivo. Los tres intentos se llevaron a cabo en el incluso siglo XVIII: 1705, 1725 y en 1779. La ocasión más propicia, cuando las fuerzas españolas tomaron verdadeiramente en serio el intento de tomar Xibraltar, correspondió al año 1779. Transcurría entonces la guerra de América y Gran Bretaña se hallaba acosada en distintas frentes. Tanto Francia como España apoyaban la independencia de las colonias británicas. Fue en esta coyuntura cuando Carlos III, que regía por entonces la monarquía española, decidíu poner sitio a la plaza.
Tanto las tropas españolas como las británicas estaban mandadas por generales de prestigio, que hicieron honor a su nombre. El almirante Barceló y el general Elliot se enfrentaron al largo de cuatro años (comenzaron las hostilidades en 1779 y remataron en 1883). El sitio concluyó en tablas novamente.
Previamente, y cuando peor iban las cosas para la Gran Bretaña en su lucha contra la emancipación de sus colonias de Amárica, había ofrecido a España la devolución de Xibraltar siempre y cuando cesara toda ayuda a los rebeldes norteamericanos. Pero novamente se puso aquí de evidencia el descrédito de España y lo menosprecio que causaba entre las naciones europeas cuándo en las negociaciones previas a la firma del Tratado de Paz de Versalles, los dos principales rivales europeos, Francia y Gran Bretaña, se pusieron de acuerdo para prescindir de toda consideración hacia sus pretensiones.
España se vio en la necesidad de firmar la paz en la que, aunque recobraba la isla de Menorca (igual arrebatada en la guerra de Sucesión), confirmaba el espolio de Xibraltar mediante una cláusula que ratificaba «la configuración jurídica del Artículo X del Tratado de Utrecht». Este punto me la fuere parte fundamental de los argumentos británicos que tratan de demostrar la permanente aquiescencia española a la cesión de Xibraltar.
A partir diera momento (1783) rematan los intentos militares y comienza una auténtica «guerra fría» que había de durar incluso nuestros días. Los términos de tal guerra de nervios se encuadran en el marco de la más xenuína política colonialista practicada tradicionalmente por Grano Bretaña, sobre todo nos sus tiempos de esplendor. La potencia colonial fue avanzando paulatina y progresivamente en la usurpación del territorio español, aprovechándose de la interpretación unilateral del Tratado de Utrecht o bien merced al la desenvoltura de la fuerza bruta frente a un país pobre y en plena decadencia.
No se les ocultaba a los británicos la importancia del bastión xibraltareño, auténtica llave del Mediterráneo y puerta del paso hacia la India y el remoto Oriente después de abrirse la canal de Suez.
En los siglos XVIII y XIX, Gran Bretaña realizaba una política pragmática y eficiente, muy por encima de las demás potencias mundiales. había alumbrado a la tremenda conmoción que representó la Industrialización y con sus naves desparramaba - con tratados o la canonazos - el espíritu comercial del liberalismo económico. Xibraltar era una pieza clave en el gigantesco mecanismo del Imperio.
La firma del Tratado de Utrecht fue el espaldarazo que dio vía al imperialismo de la Grande Bretaña y el gran desarrollo británico; mientras las monarquías europeas se dedicaban la desfollar a margarita de posibles derechos hereditarios, cuando no a perder sus coronas a golpes de la Revolución.
España intentó por lo menos, en 15 ocasiones, recuperar este enclave estratégico, punto de paso entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, pero Xibraltar permaneció siempre una fortaleza inexpugnable. La expresión «Las safe las the Rock » en la lengua inglesa, lo que corresponde en gallego a la expresión de: «Duro como la Roca ».
Grano Bretaña hizo venir inmigrantes trabajadores de Italia (Xénova), Malta, Portugal, de Marrocos , etc. Esta mezcla de inmigrantes permitió la creación del spanglish llamado en castellano el llanito.
El territorio se convertía oficialmente en una colonia británica en 1830. Durante la Guerra civil española (1936-1939), la ciudad de Xibraltar fue un puerto de recepción para numerosos refugiados españoles. Durante la Segunda Guerra Mundial, si evacúo a la población civil en Inglaterra, la Xamaica y en las islas Madera. Se cavaron algunos kilómetros de túneles en la roca había apretado y también se construía al inicio de esta guerra en la zona neutral, una pista de aterraxe. En noviembre de 1942, Xibraltar sirvió de base de operaciones a las tropas de intervención en Africa Setentrional.
La experiencia de la Primera Guerra Mundial demostraría a los militares británicos que la utilidad de su base en Xibraltar dependía de la neutralidade española. A cuyo objeto, el Gabinete trató siempre de mantener relaciones correctas con el Gobierno español y evitar que enemigos potenciales a sus intereses estratégicos pudieran acceder al poder; y puede que así se entienda su política de no-belixerancia durante la guerra civil española.
El inicio del conflicto forzó la muchos xibraltareños, residentes habituales en la Linea , a abandonar sus casas y a buscar refugio en la Roca . La ellos se sumaron algunos españoles, que salvaron sus vidas acogiéndose a la hospitalidade británica. Se calculó que unas 4.000 personas habían llegado allí en aquellas fechas.
Se prepararon campos de refugiados en zonas militares y, con grandes problemas, se dio cobijo la aquella población flotante. Los xibraltareños eran anti-republicanos. Volcados al comercio y al servicio del Ejército, no veían con simpatía los ensayos revolucionarios y el desorden que en Andalucía se había dado en la época de preguerra. Recibieron el « Alzamento » como una liberación, aunque no sintieran especial simpatía los pones sus dirigentes.
Los planificadores militares británicos entendieron en todo momento que en España se estaba a desarrollar un conflicto que podía xeralizarse y en el que tendrían que enfrentarse a la poderosa Alemaña. La asinatura doPacto Anti-Komintern, en 1937, fue interpretada como un peligroso paso, que consolidaba un bloque fascista. Ante eso, la máquina bélica británica comenzou a ser reforzada.
La base de Xibraltar sufríu algunos cambios. Su privilegiada situación xeoestratéxica permitía la Gran Bretaña controlar una de las entradas del Mediterráneo y contar con un valioso punto de apoyo para sus buques en ruta hacia la India o África. Para asegurarlo se consideró necesario mejorar el aeródromo. Ya en 1933 se habla en Londres de la conveniencia de construir una pista de aterraxe de hierba en la Roca. El único espacio posible era la zona neutral. El plan se aprobó y desde 1935 venía usándose cómo pista de entrenamiento, para lo embarque de aviones establecidos en portaaviones y para casos de urgencia.
En estas fechas a pista se amplió. Ante las quejas que el embajador de España presentó en Londres, se respondió dando garantías de que nunca sería utilizada contra España y que continuaría dedicándose a los mismos fines.
También se hicieron obras en los muelles, para dar cabida a barcos de mayor envergadura; se prepararon refugios para la población y se estudió la instalación de artillería antiaérea, que llegaría en 1940, junto con unidades entrenadas para la construcción de túneles. La Roca se convirtió en un búnker, dentro del cual se instalaron servicios de todo tipo para poder resistir asedios prolongados.
La entrada de España en la guerra sería, a partir de aquel momento, el tema central de las relaciones hispano-alemanas. En este contexto se desarrolló el Plan Félix, cuyo objetivo era que España había participado del lado de la Alemaña en la toma de Xibraltar, sería el primero acto bélico español. Para su elaboración, técnicos alemanes se desplazaron la Lana Linea y se sucedieron algunas conversaciones al más alto nivel militar.
Las quejas españolas polo sobrevuelo de aviones británicos se convirtieron en respuesta militar, siendo derribado uno de ellos. Si el Plan no se llevó a cabo fue porque Hitler se negó a conceder a Franco no solamente los territorios coloniais franceses, así como la ayuda bélica que demandaba, sino más bien porque la evolución de la guerra demostró a las autoridades franquistas que ésta no sería el paseo previsto, la prolongación de la guerra hacía imposible a participación española por las limitaciones económicas por las que atravesaba el país.
A partir de la invasión alemana a la Unión Soviética, disminuyó el peligro de que tropas de aquella nacionalidad penetraran en España y la confianza volvió al Estado Mayor británico. La tranquilidad reinante se hizo patente al decidir, en el mes de octubre de 1941 , la realización de nuevas obras en el aeropuerto, penetrando en el mar y violando aguas de soberanía española, algo a lo que no se atrevió pocos meses antes.
La base de Xibraltar jugó un papel relevante en los preparativos y execución del desembarco aliado en Marrocos. La Fuerza H y la Octava Flotilla de submarinos debían asegurar el control del Estrecho. En el interior de la Roca se instaló un máximo responsable, el general Eisenhower, y el pequeño territorio tuvo que dar cobijo a 400 aviones, a sus pilotos, municións... Franco, convencido de que no podía sumarse a las Fuerzas del Reich y dependiente de los subministros anglosaxóns, se mantuvo neutral, confiando en que las seguridades que había recibido de los aliados se cumplirían y los territorios de soberanía o de protectorado fueran respetados.
El contraste entre la importancia y la vulnerabilidad de la base de Xibraltar llevó al Gabinete británico a buscar nuevas fórmulas que garantizaran la neutralidade de España. Para eso se practicó un estricto control sobre los necesarios subministros que este país adquiría en Grano Bretaña y Estados Unidos, cortándose o limitándose cuando Franco parecía inclinarse hacia las tesis intervencionistas. Además, Churchill no dudó en prometer a Franco compensaciones territoriais, la costa del imperio colonial francés, y aspiraciones incluso la Xibraltar se impedía el paso de las tropas alemanas lo pones su territorio.
Concluida/Conclusa la guerra , ni Churchill ni Eden recordaron hacer aquellas promesas y ninguna constancia fue hallada polos funcionarios del Foreign Office nos sus archivos[1]
Finalizado el conflicto bélico, la administración británica estudió sus necesidades estratégicas en el Mediterráneo. Consideraron las posibilidades de un rearme alemán y de un cambio en las relaciones con la Unión Soviética, cuyo comportamiento en Europa Oriental hacía presagiar problemas en breve. Grano Bretaña necesitaba tener asegurada la ruta mediterránea hacia la India y, como ya había quedado demostrado en anteriores situaciones, la posesión de Xibraltar era fundamental. Además, la presencia en el en la Roca permitía la Londres actuar cómo potencia mediterránea, pudiendo intervenir en los conflictos entre los países ribeiriños.
Tanto en el Próximo y Medio Oriente como en Europa Oriental había fundadas expectativas de problemas y Gran Bretaña, se quería seguir jugando la gran potencia, tendría que estar presente. Una vez maís, la garantía de la presencia en la Roca pasaba por una España amiga o neutral, por lo que era fundamental impedir que un gobierno anti-británico accediera al poder.[2]
En los años de la posguerra las previsiones se cumplieron. Stalin consolidó la presencia del Ejército Rojo en los países ocupados y trató de desestabilizar los gobiernos no comunistas de Estados vecinos. La guerra civil griega, las demandas territoriais y garantías de navegación polos estrechos exigidas a Turquía , la negativa a retirar sus tropas en Irán obligaron la Londres la despliegues en la región, utilizando para eso las facilidades de la Roca.
El papel protagonista británico en el Mediterráneo se vio pronto amenazado por dos importantes elementos: sus dificultades económicas y el proceso descolonizador. Los daños producidos por la guerra en la estructura económica británica exigían un serio control presupostario, en el que no cabían aventuras militares.
A principios de 1947, el Gabinete británico comunicó a los Estados Unidos que no se encontraba en condiciones de seguir apoyando a las fuerzas anti-comunistas griegas, lo que llevó la un mayor compromiso norteamericano en los asuntos continentais. Las antiguas colonias comenzaron a acceder a la independencia, dando la impresión de que, en breve, la Gran Bretaña pasaría a ser una potencia media más. Por todo ello en el gobierno español, en especial en círculos falanxistas y en el propio Franco, prendió la idea de que Xibraltar era fruta madura, pues la base ya no sería de grande utilidad para Londres, su coste resultaría excesivo y el proceso descolonizador acabaría arrastrando la Roca a manos españolas.
Las relaciones hispano-británicas no eran buenas. Londres presionaba para lograr la restauración de la monarquía y exigía la desaparición de Franco y de la Falanxe. Se opuso a las sanciones de la ONU, pero, una vez aprobadas, se negó a derogarlas por considerar que sería un éxito inmerecido de Franco. Finalmente, la guerra fría liberó al régimen franquista de las presiones internacionales y en 1950 se esperaba la llegada de un embajador británico. En esas fechas se produjo el primero episodio de la nueva etapa del contencioso xibraltareño.
El 20 de julio de 1950 los gobiernos de ambos estados ratificaron un Convenio que regulaba el tráfico aéreo. En el intercambio de notas acercado, la parte británica hacía alusión al aeródromo militar de Xibraltar. Inexplicablemente, la parte española lo aceptó, reconociendo una instalación levantado sobre terrenos no cedidos en el Tratado de Utrecht, sino ocupados posteriormente. Las Cortes rechazaron su confirmación en diciembre de 1951 y hubo que volver a negociar el convenio sin hacer mención ninguna la Xibraltar. [3]
Mientras tanto había ocurrido un hecho que había alarmado al gobierno español. La pequeña comunidad xibraltareña venía presionando la Londres, desde lo final de la guerra, para que se le concedieran instituciones de autogoberno. El Gabinete se comprometió a avanzar poco a poco en este sentido.
El 23 de noviembre de 1950 el duque de Edimburgo se desplazó a la Roca para inaugurar la primera sesión del Legislative Council, órgano asesor del Gobernador, que permitía una mayor presencia xibraltareña en la Administración, aunque sin atentar contra el control británico.
El gobierno de Franco interpretó aquello como un intento británico de evitar la descolonización, convirtiendo a la pequeña población xibraltareña, dedicada hasta entonces a los servicios de la base y al comercio - en especial al contrabando -, en la parte colonizada, ignorando al pueblo español. Para evitar que la operación fuera consumada, el gobierno animó una beligerante campaña de prensa, que tomó tintes muy anti-británicas. Juan de lana Cosa, seudónimo que escondía al almirante Luis Carrero Blanco, denunció desde Radio Nacional de España la inauguración del Legislative Council, calificándolo de:
La evaluación española no era del todo correcta. El proceso de descolonización y las dificultades económicas británicas no disminuían el interés de la base militar.
El enfrentamiento con la Unión Soviética forzaba a los aliados a controlar el Estrecho y el único miembro de la OTAN allí presente era el Reino Unido mediante Xibraltar. La base ya no era sólo de interés británico, sino aliado. El Parlamento de Londres no tenía dudas sobre sus derechos de soberanía en la Roca y no tenían intención de entregárselo a España.
La forma populista y altiva empleada lo pones régimen de Franco reforzaba la posición del Gabinete, que no cedería ante ese tipo de presiones y que no entregaría ciudadanos británicos a la xurisdición de un gobierno dictatorial, reiteradamente reprobado por los Comunes y por la sociedad.
En el Foreign Office se sospechaba que la campaña anti-británica buscaba lograr una mayor cohesión entre la Falanxe y el pueblo español, aprovechando una pseudoagresión exterior, a cuyo objeto prefirieron rebajar la tensión, que sólo beneficiaba a la Falanxe, y limitarse a señalar que el tema de la soberanía estaba fuera de lugar.[5]
La negociación de los acuerdos hispanoamericanos volvió a suscitar el problema de Xibraltar, pero esta vez fuera del contexto bilateral. Grano Bretaña y Francia presearon en contra, como ya lo habían hecho antes, para impedir el ingreso español en la OTAN . Londres pidió garantías a Washington de que no disminuirían la importancia de la base de Xibraltar, que la soberanía británica sobre la Roca no sería puesta en tela de juicio y que se reconocería la importancia de Xibraltar en el dispositivo de seguridad occidental. La respuesta norteamericana fue un primero éxito de la diplomacia española, al lograr que se fueran inclinando hacia la neutralidade, abandonando al principal de sus aliados.[6]
La campana anti-británica resurgió en 1954. Los días 10 y 11 de mayo a reina Isabel II y su marido visitaron Xibraltar, en su primero viaje como soberana. El gobierno español protestó con anterioridade, logrando sólo una dura respuesta. Ante eso, aplicó una serie de sanciones. Cerró el consulado, impuso limitaciones a los visitantes españoles, negó nuevos permisos de trabajo y dificultou la adquisición de alimentos frescos y materiales de construcción a los xibraltareños.
Incluso esa fecha cruzaban diariamente el istmo para trabajar en Xibraltar en torno a 13.000 españoles, que encontraban allí mejores salarios y la oportunidad de ejercer un pequeño contrabando. La no concesión de pases supuso la reducción de 300 trabajadores al año. Al fin y a la postre de unos meses las dificultades para cruzar la frontera se fueron suavizando. Comenzaba así un proceso que se agravaría en adelante. Ante el rechazo británico a las demandas españolas este último gobierno imponía sanciones, que sólo lograban estrechar los lazos entre Londres y Xibraltar.[7]
En 1956 el problema de Xibraltar reapareció por iniciativa española. En la Asamblea General de Naciones Unidas la delegación española reclamó la devolución del Roca. Paralelamente, el general Franco declaró a los medios de comunicación los fundamentos de la propuesta española para solucionar el contencioso: a cambio del reconocimiento de la soberanía española ofrecía garantías de disfrute de la base en la Roca.
En cuanto a la población, Franco no consideraba necesario ningún tratamiento especial. Esta oferta, que en el esencial fue el pilar de la posición española incluso nuestros días, sería desarrollada más adelante ponerlo ministro de Asuntos Exteriores Castiella a través de una estrategia basada en cuatro elementos:
Con eso se trataría de colocar al Reino Unido en una incómoda situación ante la comunidad mundial, al mismo tiempo que se le demostraría la imposibilidade de mantener la posesión sin contar con España. La defensa de sus intereses, su presencia estratégica en el Estrecho se lograría mejor cediendo a las demandas españolas.
Las Naciones Unidas había creado un comité especial para controlar los procesos de descolonización, por delegación de la IV Comisión. Era el denominado Comité de los 24. La él se remitió toda la documentación, incluida a « Oversees Dependent Territories » que el Reino Unido había presentado en 1946 y en la que catalogaba a Xibraltar como territorio colonial. En septiembre de 1963 el Comité decidió estudiar el caso del Roca. Grano Bretaña maniobró sin lograrlo para que se pospusiera, con el argumento de que los xibraltareños no estaban interesados.
Se estaba claro que Xibraltar era una colonia y que Gran Bretaña era la potencia colonizadora, no lo estaba tanto quién era el colonizado. Para Londres y Xibraltar era la comunidad xibraltareña. El gobierno británico ejecutó un golpe de efecto para reforzar su posición En julio de 1964 concedió a su colonia los Instrumentos de Estado, que implicaban un desarrollo constitucional y una mayor autonomía. Habría un consejo de ministros y un jefe de gobierno con mayoría en la cámara lexislativa, aunque la metrópole retenía el poder.
Con eso se trataba de consolidar la existencia de un pueblo. Tras la exposición de razones, el Comité optó por una solución de compromiso. El 16 de octubre de 1964 aprobó una « Resolución » por la que con-minaba a España y Gran Bretaña a iniciar conversaciones de acuerdo con el establecido en la Resolución 1514 (XV). La solución adoptada pecaba de ambigüidade, pues mientras en la suya parrafea 2, se defendía a autodeterminación, en la 6, se primaba el principio de integridade territorial. Cada parte lo entendió segundo le interesaba.
El gobierno español inició los pasos para transformar economicamente el Campo de Xibraltar y comenzó a aplicar una política de bloqueo. El paso por el puesto fronteirizo se hizo más penoso y el contrabando fue perseguido. Algunas familias xibraltareñas residentes en La Linea tuvieron que volver la Roca, complicando el clásico problema de la vivienda.
Si, en enero de 1964 , 8.691 personas habían cruzado la frontera, un año después sólo lo hicieron 873 [8]. Transcurrido un tiempo, el Comité informó a la Asamblea General del fracaso de su iniciativa. El 16 de diciembre de 1965 la Asamblea aprobó una "Resolución", a 2.070 (XX), por la que retomaba la propuesta en el incluso sentido, invitando a las partes a iniciar sien demora las conversaciones.
El 17 de enero del año siguiente España solicitó formalmente a la Gran Bretaña la celebración de una reunión de ministros de Asuntos Exteriores. Tres días después, dentro de la estrategia del nuevo ministro para forzar la voluntad británica, el gobierno español comunicó la todos los Estados miembros de la NATO a la excepción del Reino Unido, que:
A partir de entonces se negó permiso para atracar en puertos españoles a barcos que antes lo hicieron en Xibraltar y se negó autorización para sobrevolar territorio español a aviones que tuvieran como destino Xibraltar.
El 14 de febrero de 1966 el gobierno británico contestó favorablemente a la propuesta española de conversaciones. El 18 de mayo el ministro Castiella se entrevistó en Londres con el suyo homologo Michael Stewart. El primero presentó un documento, Alegato y propuestas españolas, que contenía los argumentos del gobierno de Madrid y su propuesta de solución:
Se negaba a la población xibraltareña el carácter de comunidad, por ser una mezcla de grupos étnicos que vivían de la base.
La todo eso había que sumar la Resolución de Naciones Unidas, que, segundo la interpretación española, negaba el derecho a aplicar el principio de auto-determinación en beneficio de la integridade territorial.Como solución, el gobierno español proponía:
A cambio, ambas partes firmarían un convenio cancelando el Artículo X del Tratado de Utrecht. La propuesta española era, en el esencial, la misma que había hecho Franco persoalmente, aunque manifestando ahora mayor sensibilidad hacia la comunidad xibraltareña. Michael Stewart rechazó la argumentación española. Desde el punto de vista británico, en el Tratado había una clara concesión de soberanía, por lo que el tema no era discutible; defendió a la comunidad xibraltareña; rechazó que la base representara un problema para la seguridad española y negó su responsabilidad en el contrabando.
El 12 de julio se entregó a la parte española un documento conteniendo la propuesta británica de solución. Frente al enfoque español, que centraba el contencioso en el problema de la soberanía, Londres ignoraba este tema y proponía medidas que crearan un marco de confianza y que aseguraran el futuro de la comunidad xibraltareña:
Fracasada la iniciativa española, el gobierno de Madrid volvió la una política de sanciones. De la cenoria se pasaba al palo. El 21 de julio de 1966 se comunicó la Londres que, por razones de seguridad militar, no se permitiría que aviones británicos sobrevolaran territorio español y se exigió la desaparición de la reixa, establecida en la zona neutral. El 4 de octubre el Ministerio de Hacienda suprimió a Aduana Subalterna de la Línea, estableciendo en su lugar un punto habilitado de tercera clase dependiente de la Aduana de Alxeciras.
La disputa sobre la soberanía y la diferente interpretación de la Nada. 1.514 (XV) bloqueaban las negociaciones. Las medidas que España estaba aplicando creaban serios problemas en Xibraltar. Para evitar la degradación del contencioso y resolver finalmente el problema de la soberanía, el Reino Unido propuso, el 11 de octubre de 1966 , llevar el caso al Tribunal Internacional de Justicia. España se negó, convencida de que en Naciones Unidas podía lograr, « en breve plazo, el éxito de sus tesis ».
La reacción española reforzó la convicción británica en su postura y le proporcionó una importante baza de propaganda. Desde entonces vinieron repitiendo que se España realmente creyera en su interpretación del Tratado de Utrecht aceptaría su propuesta de acudir la La haya.
El 20 de diciembre de 1966, la Asamblea General se volvió a pronunciar sobre lo contencioso xibraltareño. En la Nada. 2.231 (XXI) se lamentaba del retraso en la aplicación de la Nada. 1.514 (XV) e invitaba a las partes a continuar sus negociaciones. Con todo, al no precisar que parágrafo de la Nada. 1.514 debía ser tenido en cuenta, la ambigüidade seguiría obstruíndo las conversaciones.
España continuó con su política de sanciones. El 11 de abril de 1967 se publicó una Orden de la Presidencia del Gobierno por la que se prohibía sóbrevoar la zona de Alxeciras. La medida dificultaba el uso del aeropuerto de Xibraltar, pudiendo llegar a ser peligroso el eterrizaxe en determinadas condiciones meteorológicas. Dos días más tarde llegó la respuesta británica, suspendiendo las conversaciones en marcha, que algún tiempo después se volverían a renovar.
La posición británica iba debilitándose. En Naciones Unidas se consolidaba la tesis española de primar el principio de integridade territorial sobre lo de autodeterminación. La negativa española a tratar el problema de la soberanía en el Tribunal lnternacional de Justicia convertía a la ONU en la última instancia. Para fortalecer su argumentación, el 14 de junio de 1967 el Reino Unido hizo pública su voluntad de convocar un referéndum en Xibraltar, en el que la población se pronunciaría entre la oferta española, tal como había sido expuesta en el Alegato de Castiella, o el mantenimiento del vínculo con el Reino Unido. El resultado era fácil de prever. Su objetivo era dificultar el triunfo de las tesis españolas en la ONU. Ya no sería sólo un problema jurídico.
La defensa del principio de integridade territorial implicaría el rechazo de la voluntad popular, libremente expresada, en favor de una dictadura, repudiada por Naciones Unidas.
El gobierno británico invitó a España y al secretario general de la ONU a enviar observadores. Para España la convocatoria del referéndum suponía una violación de las resoluciones de Naciones Unidas, que circunscribían la negociación al Reino Unido y España, por lo que se negó a enviar observadores.
La fines de agosto el Comité de los 24 discutió el tema. El resultado fue un grande éxito diplomático español. El día 31 fue aprobada una « Resolución » que, finalmente, precisaba que era el parágrafo sexto de la Nada. 1.514 (XV) lo que debía ser aplicado en el contencioso xibraltareño. El texto hacía referencia al principio de la integridade territorial, condenaba el referéndum e invitaba a las partes a renovar las negociaciones. Sólo Gran Bretaña y Australia votaron en contra, destacando la abstención de los Estados Unidos.
Grano Bretaña ignoró la voluntad del Comité de los 24 y siguió adelante con los preparativos del referéndum, que se celebraría el 10 de septiembre con un contundente resultado:
La Resolución del Comité de los Veinticuatro pasó a la IV Comisión, donde también fue aprobada. El 19 de diciembre de 1967 se puso la votación en la Asamblea General, logrando:
Entre los primeros destacaban los votos latinoamericanos, árabes y del bloque comunista. Con Grano Bretaña aparecían los Estados de la Commonwealth. El bloque occidental se decantaba por la abstención. Finalmente, con la nueva Resolución 2.353 (XXII), Naciones Unidas había consagrado la tesis española. El Reino Unido valoró el resultado y decidió ignorarlo.
Entre el coste político de incumprir una resolución de Naciones Unidas, siendo miembro permanente del Consejo de Seguridad, y la entrega de Xibraltar a la dictadura franquista optó por el primero. En febrero de 1968 comenzaron a trabajar en un texto constitucional para la Roca.
En mayo España aplicó nuevas medidas restritivas en el paso fronteirizo. Un año después, en mayo de 1969 , se publicaba la Constitución de Xibraltar. Aparte del desarrollo institucional destaca, sobre todo, su Preámbulo. En él, Gran Bretaña se compromete a mantener Xibraltar dentro de sus dominios, mientras una Ley del Parlamento no disponga el contrario, ni entrar en acuerdos con otro estado para ceder la soberanía de Xibraltar en contra de la voluntad de su población. Grano Bretaña habla consumado su política frente a España y Naciones Unidas. Ante eso, la coherencia de la política española hasta entonces ejecutada llevó a la consumación del bloqueo.
El 8 de junio el gobierno español retiró los permisos de trabajo en Xibraltar a los 4.778 que aún lo tenían. La cifra había ido disminuyendo gradualmente desde los 12.000 que se calculaba a principios de los años cincuenta. El día 22 la frontera española fue clausurada. El 27 el ferry que unía Alxeciras con la Roca fue suspendido. El 1 de octubre se cerraron las líneas telefónicas y telegráficas. Ante lo incumprimento británico de la Resolución de Naciones Unidas, España pasaba a respetar sólo los derechos expresamente reconocidos en el Tratado de Utrecht.
El cierre de la reixa dañó gravemente la economía xibraltareña, pero se reforzó identidad y su vínculo con Grano Bretaña. Londres tuvo que ayudar a sostener su financiación y, poco a poco, a mano de obra española fue remprazada por marroquís. La política franquista tenía un aspecto testemuñal y otro estratégico. En primero lugar se quería expresar la voluntad de recuperar a la Roca y su protesta por la actitud británica. En segundo lugar se buscaba, a largo plazo, ahogar su economía incluso el punto de convertir su posesión en una carga excesiva para Londres.
Esta política tenía un precio. Como señaló el embajador López-Schümmer, la estrategia diseñada por Castiella suponía un vínculo con la descolonización y con el Tercero Mundo y uno cierto lonxamento del bloque occidental, cuando España era una potencia colonial que trataba de romper el aislamiento en el que se encontraba para acceder a los organismos europeos. Por coherencia, el gobierno se vio obligado a acelerar la descolonización de Ifni , Guinea Ecuatorial y el Sáhara, lo que entúrboo las relaciones con Portugal, al mismo tiempo que la entrada en la Cronicidade Europea se alejaba A largo plazo, la política de Castiella atentaba contra los intereses del régimen.
A La vuelta del verano, Franco provocó una crisis en la que el nacionalista Castiella fue sustituido por el tecnócrata pro-norteamericano López Bravo, persona de confianza de Carrero, que dio un giro a la política sucesiva. Mantuvo cerrada a reixa , pero el contencioso no se volvió a suscitar en Naciones Unidas y la campaña de prensa se detuvo. Esta espectacular falta de continuidad minóo la posible efectividade de la política de Castiella .
Las contradicciones de la política de Castiella se suscitaron a la muerte de Franco. Una vez que España se dotó de un régimen democrático, no quedaba ningún obstáculo político que impidiera el ingreso de España en la CE . Con todo, como pronto recordarían las autoridades británicas, eran impensable a entrada de España mientras se mantuviera cerrada a reixa , aislándola del territorio comunitario. Adolfo Suárez tornó la iniciativa y, en su visita a Londres en octubre de 1977 , presentó al premier Callaghan un nuevo plan. En realidad era una nueva versión del Alégato de Castiella , punto de referencia constante de la política española desde entonces. Si Gran Bretaña reconocía la soberanía española sobre lo Roca, Madrid se comprometía a poner fin a las sanciones, a reconocer un régimen de autonomía para la población y a garantizar el mantenimiento de la base. Callaghan no aceptó la oferta. En señal de buena disposición, España se comprometió a levantar las limitaciones telefónicas y Gran Bretaña a abrir una ronda negociadora.
Al mes siguiente se reunieron en Estrasburgo los ministros de Asuntos Exteriores, Oreja y Owen, con la asistencia de dirigentes xibraltareños. En esta ocasión se perfiló más la oferta española. Oreja propuso un plan gradual por lo que se sucederían las concesiones por ambas partes hasta concluir en la recuperación de la soberanía. Owen se limitó a exigir el fin de las sanciones para empezar a negociar.
En marzo de 1978 se volvieron a reunir, esta vez en Londres. Allí acordaron crear grupos de trabajo que estudiaran medidas beneficiosas para ambas partes. La presión británica aumentó y se sucedieron las declaraciones de persoalidades de este país, advirtiendo que las sanciones eran incompatibles con el ingreso en la CE . El 10 de abril de 1980 se llegó a uno primero acuerdo. Lord Carrington, sucesor de Owen en el Foreign Office, y Oreja firmaron la Declaración de Lisboa.
En el esencial, España se comprometía a levantar las sanciones a cambio de que Gran Bretaña aceptara tratar « todas las diferencias sobre Xibraltar' », es decir la soberanía. La gradualidade no había sido mutua. Como señaló Antonio Marquina, Gran Bretaña logró todo lo que buscaba, mientras que España perdió las suas bazas negociadoras a cambio de una promesa sustancial. Suárez cedió a las presiones del responsable de la diplomacia y el Consejo de Ministros no quedó convencido con los argumentos de Oreja. La Declaración fue considerada como una concesión española para despejar el camino hacia la CE. Las dudas sobre su interpretación y la dimisión de Suárez abortaron su execución.
El breve gobierno de Calvo Sotelo heredó un problema sin resolver, mal suscitado y sin tiempo para tratar de renegociar el. El contencioso se complicó con la guerra de las Malvinas, la visita de los príncipes Carlos y Diana a Xibraltar, la ausencia de los reyes de España en su boda y con el debate sobre la entrada de España en la OTAN . Para Calvo Sotelo el primero objetivo de la política exterior española era el ingreso en la CE y en la OTAN y cualquiera otro tema debía soubenditarse la este. España necesitaba el apoyo de la Gran Bretaña. Calvo Sotelo se entrevistó con Margaret Thatcher el 8 de enero de 1982 , acordando aplicar el estipulado en la Declaración de Lisboa.
El 20 de abril se restablecería la comunicación peonil y comenzarían nuevas conversaciones técnicas para superar las diferencias existentes. El gobierno español podía esgrimir cómo éxito una concesión británica ya perseguida por Oreja, " « Concretamente quieta asegurada la igualdad para los españoles en Xibraltar en cuanto al derecho a pernoctar y en materia de empleo, seguridad social, salarios y derecho a formar parte de sindicatos »".
Con todo, una vez más, los acontecimientos hicieron imposible avanzar en el sentido del pactado. En el mes de abril estalló el conflicto de las Islas Malvinas. En un primero momento, Calvo Sotelo trató de situar a España al lado de las potencias europeas, pero los lazos tradicionales con Latinoamérica forzaron un cambio pro-argentino. Las relaciones con Grano Bretaña se enfriaron y la dimisión de Lord Carrington produjo un nuevo retraso.
Las conversaciones sobre Xibraltar se complicaron con el debate nacional sobre el ingreso en la OTAN. Para Calvo Sotelo, consciente del fin de la UCD y de la llegada del PSOE al poder, era urgente arrimar, en la medida del posible, a España en el bloque occidental, ante las tentaciones antimilitaristas y neutralistas que ese partido sufría en aquellos años. El proceso se aceleró para lograr el objetivo antes del relevo gubernamental. Durante la transición se fue perfilando una nueva estrategia. El concepto central era la afirmación de que el Eje Baleares-Estrecho-Canarias era la zona de máximo interés.
Con todo, además de la presencia de España y Marrocos , el Reino Unido y los Estados Unidos mantenían allí importantes destacamentos, uno en Xibraltar y lo otro en Rumbo, devaluando el valor estratégico de España. Si Estados Unidos compartía base con las fuerzas españolas, Gran Bretaña disponía de territorio de soberanía en el que estaba instalado un sumando OTAN, el GIBMED, especializado en labores de control y vigilancia del tráfico marítimo y, sobre todo, submarino.
Para el PSOE, la entrada de España en la OTAN suponía reconocer dicho submando, una razón más para no dar ese paso. Sólo cuando el contencioso xibraltareño estuviera resuelto sería posible ingresar en el Pacto Atlántico. Este argumento era compartido por amplios sectores de la derecha parlamentaria. Para el gobierno, la única vía para hacer desaparecer el submando GIBMEO era desde dentro de la OTAN, negociando la creación de un nuevo submando español en el que aquel quedara incluido. La corta vida del gobierno Calvo Sotelo permitió el ingreso en la OTAN y el inicio de las negociaciones antes apuntadas, pero poco más.
El gobierno de Felipe González aprobó, el 7 de diciembre de 1982 , la esperada apertura de la reixa para el tráfico peonil, que se consumaría el día 15, pero inició una importante revisión de la política española sobre la Roca. El 3 de enero de 1983 el ministro Morán se desplazó la Londres para suscitar la Margaret Thatcher y a su ministro Pym la nueva posición española. No haría avances las conversaciones hacia la plena normalización a menos que Gran Bretaña se comprometiera a tratar en fecha fija el tema de la soberanía. Era una rectificación de la Declaración de Lisboa. Se mantenían sus líneas fundamentales, pero se exigía al Reino Unido una mayor reciprocidade.
La reacción de Londres fue, en un principio, negativa. Se sucedieron las declaraciones amenazando con el veto al ingreso de España en la CE a menos que la reixa se abriera plenamente. Morán se mantuvo firme y, en septiembre, logró que Gran Bretaña aceptara una revisión del acordado.[9]
Tras algunos meses de trabajo, el 27 de noviembre de 1984 se hizo público el Acuerdo de Bruselas, comunicado conjunto en el que España se comprometía a finalizar con el régimen de sanciones antes del 15 de febrero de 1985 y se acordaba lo :
Junto al nuevo marco legal, el comunicado recogía el compromiso británico a tratar el problema de la soberanía, aunque también reafirmaba su vínculo con los xibraltareños estipulado en el preámbulo de la Constitución. El 5 de febrero de 1985 a reixa fue plenamente abierta.
El Acuerdo de Bruselas suponía un éxito español limitado. La política ensayada por Castiella había fracasado por la negativa británica y por la falta de apoyo de Franco. Durante los años de la UCD, la amenaza de que Gran Bretaña vetara el ingreso de España en la Unión Europea obligó a aceptar la apertura de la reixa a cambio de vagas promesas y algunas concesiones laborales. Morán daba un paso más en este sentido, logrando mayores concesiones. Con todo, el problema fundamental quedaba sin resolver. España desandaba los pasos dados en 1969 a cambio de casi nada, sien ninguna garantía de recuperar la Roca. Grano Bretaña logró superar la presión de Naciones Unidas y el cerco. Además, consiguió canalizar el contencioso hacia la negociación de medidas de mutuo interés.
El gobierno de Londres repitió insistentemente que, tras la aprobación de la Constitución de Xibraltar(en inglés), la solución de la demanda española está sólo en Xibraltar y en el Parlamento británico. Con todo, mientras Whitehall mantenga los privilegios actuales de Xibraltar, pues sólo en un acto de locura renunciarían sus habitantes a su actual estado.
Con la entrada de España en la [[[Unión Europea|CE]] se cerraba un período importante en la historia de la política exterior española y de su tratamiento del contencioso xibraltareño. Para salvar el obstáculo que la Roca representaba, se realizó un intercambio de cartas que recogían la demanda española y el propósito negociador de ambas partes. El ingreso no suponía, por tanto, reconocimiento de la soberanía británica sobre Xibraltar. Al estar todas las partes en la CE y en la OTAN era previsible que las nuevas regulaciones -políticas, económicas o de defensa- afectaran al véselo contencioso, dándole un nuevo marco internacional. En palabras de Fernández Ordóñez:
El primero incidente llegó con la Directiva Comunitaria sobre Liberalización del Espacio Aéreo. El 6 de julio de 1987 España vetó su aprobación, por implicar el reconocimiento del aéroporto de Xibraltár como británico, a pesar de ser construido en territorio nunca cedido por España. De no haberlo hecho, el proceso iniciado a partir del Acuerdo de Bruselas perdiera parte de su sentido. Delegaciones españolas y británicas comenzaron a estudiar conjuntamente una fórmula para resolver el problema.
La solución llegó de una vieja iniciativa británica, ya ofrecida por el entonces responsable de Foreign Office, Michael Stewart, la Castiella y repetida en posteriores ocasiones por altos funcionarios de esa nacionalidad: compartir el aeropuerto. Tras duras negociaciones, el 2 de diciembre de 1987 ambas partes concluyeron un acuerdo por lo que la explotación del aeropuerto sería conjunta, una nueva terminal española se levantaría en la Linea, los ciudadanos procedentes o con dirección a España no tendrían que pasar por la aduana británica y un comité de coordinación, formado por representantes de ambos gobiernos, velaría polo futuro del aeropuerto, lo que daba a España un importante poder sobre lo futuro de la Roca y de su economía. Una cláusula recogía la reserva española sobre la soberanía, el transbordador Xibraltar-Alxeciras se restablecería y la regulación comunitaria quedaba desbloqueada. El acuerdo era un importante éxito de la diplomacia española y de su política de "paciencia activa" como Ordoñez asi la bautizó. Con todo, nunca fue aplicado. El gobierno xibraltareño, dirigido por Bassano, se opuso en todo momento por considerar que implicaba una cesión de soberanía con España.
El resultado fue que Xibraltar quedó excluida/exclusa de la normativa comunitaria mencionada y que la tensión volvió a presidir las relaciones hispano-británicas. La falta de presiones de Londres sobre el gobierno xibraltareño y la defensa que hizo de los derechos de los llanitos produjo el lógico malestar en Madrid, seguro de que podían hacer mucho más para convencer la Bassano.
La diplomacia española se sentía engañada, no acababa de creer la argumentación británica de que los Comunes no aceptarían ninguna presión, y no veía ningún esfuerzo del Gabinete por tratar de convencer a los parlamentarios. A pesar del fracaso del acuerdo sobre el aeropuerto a política de «paciencia activa» siguió adelante. La diplomacia española confiaba en los efectos del Mercado Unico sobre la anacrónica situación de la Roca, creyendo que forzarían una mayor integración de aquella comunidad en el Campo de Xibraltar. Para fomentarla, el gobierno suscitó facilidades para que empresas xibraltareñas pudieran instalarse al otro lado da reixa. Por el contrario, Bassano, preocupado por la garantía de independencia frente a España, diseñó un inteligente plan para asegurar la estabilidad económica da Roca. Se apoyaba en su particular situación en la CE , como territorio europeo cuyas relaciones exteriores asume un Estado miembro y en su estatuto jurídico, exento del estipulado por la Unión Aduanera, del IVA impuesto sobre el valor añadido y de la Política Agrícola Común. Con estas garantías fiscales, Bassano intentó, con éxito, convertir en la Roca en un centro financiero internacional, atrayendo el dinero establecido en Hong-Kong -temeroso del futuro con China- y fondos ansiosos de discreción procedentes de todas partes del mundo.
Entre 1988 y 1990 se crearon 26.000 sociedades anónimas, en la actualidad parece que llegaron a las 30.000, y los depósitos bancarios se triplicaron, alcanzando, en febrero de 1990, los 370.000 millones. Los crónicos problemas de espacio en la Roca aumentaron, aunque no en la proporción previsible. La mayoría de estas empresas estaban afincadas sólo legalmente en Xibraltar, realizando sus actividades desde otros puntos del planeta. Para satisfacer las necesidades de oficinas, Xibraltar contrató con un grupo danés la construcción de un centro financiero sobre terrenos robados al mar, lo que supondría una ampliación del 16 por ciento del suelo disponible.[11]
La transformación de Xibraltar atentaba contra los planes españoles, fundados en la precariedade de su economía y en la dependencia de su entorno. Para evitar su éxito, Ordóñez lanzó duras acusaciones a las autoridades xibraltareñas, apoyadas por informaciones aparecidas en importantes medios de comunicación. Se denunciaba la permisividad británica con el tradicional tráfico ilegal de tabaco, el creciente contrabando de droga y la llegada de dinero negro o procedente del narcotráfico para ser lavado y poder penetrar en el mercado europeo y, en especial, en la Costa del Sol, privando la empresas españolas de su participación en estas inversiones.
El contrabando de tabaco es la forma más tradicional de esta industria, a más importante en la Roca desde hace siglos. Londres nunca se opuso, polos beneficios para su comercio y porque suponía unos ingresos para la economía llanita que liberaban a su Hacienda de mayores gastos. La aduana británica tenía conocimientos de las salidas de mercancías y, por lo tanto, estaba en condiciones, de querer, de intermar a las autoridades españolas. El contrabando de droga es más sofisticado, pues la mercancía raramente entra en Xibraltar. Las lanchas rápidas propiedad de empresas xibraltareñas, salen hacia Marocos, cargan la droga y, en alta mar, la traspasan a buques españoles.
Las acusaciones sobre lo lavado de dinero procedente del narcotráfico eran las más graves, pero carentes de pruebas, el Reino Unido se limitó a manifestar su voluntad de cooperación, siempre y cuando se le aportaran pruebas, y a incluir la Xibraltar en el ámbito del Tratado de Extradición con España, el Acuerdo de Prevención y Lucha contra la Droga y el Convenio Aduanero de Nápoles de 1967 . A pesar de todo, la opacidad del centro financiero seguía garantizada y, por tanto, también lo estaba el futuro de la Roca. La paciencia activa de Ordóñez no estaba dando resultados importantes al no lograr modificar la actitud de Londres hacia su colonia. En su viaje a Londres en mayo diera año, el presidente González trató de reanimar las lánguidas conversaciones proponiendo la Major un giro radical aunque considerado desde tiempo atrás, la con el-soberanía de Xibraltar, siguiendo el modelo de Andorra .
La oferta recibió la misma respuesta que las acusaciones de falta de decisión por la no aplicación del acuerdo sobre el aeropuerto o la solicitud de irnaqinaóión para encontrar fórmulas que permitan canalizar el contencioso. Las negociaciones, en el fundamental, parecen estancadas, al negarse el Gabinete británico a forzar la voluntad de los Ilanitos. España carece de medios para hacer cambiar la Londres de actitud, por lo que el malestar sigue presente, bloqueando las relaciones entre ambos países. En palabras del presidente González,[12]
En el terreno militar, la retórica tercermundista y nacionalista del PSOE de los primeros días se mudó en pragmatismo. España no formaría parte de la denominada estructura militar de la OTAN, pero estaría presente en muchos de su comités y, mediante la distinción entre mando y control operativo, lograría la integración cuando esta fuera necesaria. Al optar por este modelo se hizo imposible a incorporación del submando GIBMED en otro nuevo español, o el suyo con el-dirección, pues España estaba fuera de la estructura de mandos. Sólo cabia no reconocer su existencia y asumir sus funciones.
Durante estos años, España negoció con la OTAN las directrices que regirían su participación y los seis acuerdos de colaboración que definirían en detalle a relación. Relacionado al control del Estrecho, no fue firmado, aunque parece que las conversaciones estaban adelantadas, por lo menos al referente de que España pueda ignorar la existencia del submando GIBMED. La asunción de sus funciones desde la base de Rumbo parece más difícil, dada la falta de equipamento técnico necesario.
Sien a colaboración británica, la política española se ve abocada a continuar bloqueando, en cualquiera foro, normas que puedan garantizar la soberanía británica de Xibraltar o el futuro de la colonia y a denunciar su existencia a pesar del aprobado en Naciones Unidas. Bien se podría decir que, el futuro del contencioso, se verá con optimismo, lo dila que los xibraltareños y los españoles favorezcan el cambio en la política británica.
Un acuerdo de principio para los años 80, fue alcanzado para normalizar la reapertura de la reixa, pero no fue puesto en execución debido a problemas de tramitación y fue retrasado aún más profundamente en 1981, cuando el príncipe y la princesa del País de Gales eligieron la Roca como la primera estancia en su luna de miel, una opción que España vío como una ofensa.
En 1982, con todo, ambos países se comprometieron otra vez a resolver sus diferencias, y en febrero de 1985 , por la primera vez en 16 años, la reixa de la frontera con el continente español fue abierta de nuevo. Esto era debido a la accesión inminente de España a la Unión Europea (entonces la Comunidad Europea), donde se requieren las fronteras abiertas entre todos los Estados miembros.
La nueva ley para la legislación de aviación de la CE de diciembre 1987, decretou que a menos que los xibraltareños aceptaran el control común de su aeropuerto con España, el aeropuerto de Xibraltar sería excluido/excluso de una medida de derecho comunitario sobre la aviación civil. La administración xibraltareña rechazó el acuerdo en execución de 1987 porque creían que eso era hacer concesiones de soberanía a España. Consecuentemente, seguía habiendo ciertas limitaciones sobre el uso del aeropuerto y del espacio aéreo de Xibraltar.
Las relaciones hostiles entre España y Xibraltar continuaron en los años 90, el gobierno español demandando que la roca era una acogida para el contrabando de la droga y del tabaco, branqueo de dinero, y evasión fiscal. En enero de 1997 el presidente del gobierno de España Felipe González hizo una nueva oferta al Reino Unido para establecer una soberanía común sobre Xibraltar, que fue rechazada, aunque las negociaciones entre los gobiernos británico y español sobre el futuro de Xibraltar continuaron.
En las últimas elecciones del 2000, Gran Bretaña y España acordaron alcanzar uno reparto sobre la soberanía. Con todo, en protesta la cualquier sugerencia de la implicación española en su futuro, los millares de xibraltareños, pensando ser la mayoría absoluta de la población de la isla, se manifestaron por las calles contra la idea de la soberanía común.
Los controles en la frontera continuaban retrasando los tramites de entrada-salida y las limitaciones en las líneas telefónicas impuestas polo gobierno español no habían ayudado a mejorar las relaciones. Después de 12 meses de negociaciones en el 2002, el secretario del Ministro de Asuntos Exteriores, Jack Straw de la Gran Bretaña anunció los planes revisados para que Gran Bretaña comparta la soberanía con España. El acuerdo final de cualquiera reparto sería basado en las tres condiciones siguientes:
Estos planes fueron ya rechazados por el Primero Ministro de Xibraltar Peter Caruana, que se oponen a la idea de una soberanía compartida. Si los gobiernos británicos y españoles alcanzan un consenso en la aplicación de la soberanía de Xibraltar, la última decisión recaería siempre en el deseo de los xibraltareños, que se votaría en un referéndum.
Xibraltar celebró su propio referéndum independiente en noviembre de 2002, en el cual los xibraltareños votaron de forma esmagadora para rechazar cualquier acuerdo que de ese a España la soberanía común. Con todo, la Gran Bretaña y España ambas indicaron que no reconocerían el resultado de ningún voto que no fuera organizado oficialmente los pones sus gobiernos.
Sin tratar el espinoso asunto de la soberanía, España, Reino Unido y Xibraltar firman la tres bandas en Córdoba un acuerdo histórico, en el que resalta el uso conjunto del aeropuerto de Xibraltar.
La finales del mes del mes septiembre 2006, en una cita histórica en Córdoba a tres bandas, se firmó un acuerdo con el que se pretenden resolver, de momento, muchos de los problemas históricos que mantuvieron las partes en conflicto durante los últimos siglos. La coparticipación por la primera vez del ministro principal de la colonia en las negociaciones conxuntamente con España y Londres. Este encuentro histórico es el primero a nivel ministerial del denominado Foro de Diálogo Tripartito sobre Xibraltar, que desembocó en el acuerdo definitivo entre las partes, anunciado el pasado 25 de julio pero que incluso ahora no había llegado a frutificar definitivamente tras limar las últimas asperezas. Para eso fueron necesarias otras cinco reuniones y dos largos años de negociaciones.
El grande acuerdo firmado en Córdoba a tres bandas implica un plan de cooperación en la colonia británica que, entre otros aspectos, permitirá el uso conjunto de su aeropuerto, un asunto que Madrid viíña reclamando la Londres desde hacía dos décadas. En la firma participaron el ministro español de Exteriores, Miguel Angel Moratinos; el secretario de Estado británico para Asuntos Europeos, Geoff Hoon; y el ministro principal de la Roca, Peter Caruana.
Hace ya casi un cuarto de siglo que se produjo el último hecho histórico relacionado con esta colonia cuando se ordenó la reapertura de la Reixa en 1982, después de que el ditador Franco la cerrara en el año 1969.
Ahora, el pacto de Córdoba dejó fuera de las negociaciones el espinoso asunto de la soberanía. El Gobierno de José María Aznar intentó en vano que el Reino Unido la compartiera con España, y ahora José Luis Rodríguez Zapatero ni siquiera quiso volver a tratar este apartado concreto de las conversaciones.
Buena parte de este último acuerdo había visto en tomo al uso del aeropuerto de la colonia, de carácter militar, del que España no reconoce la soberanía sobre él al estar situado sobre lo istmo, una zona no contemplada en el Tratado de Utrech. Incluso este momento, Madrid había impuesto limitaciones a la sua utilización y los xibraltareños sólo podían volar a Reino Unido.
La única pista disponible del aeródromo cruza perpendicularmente la carretera da Roca, que conecta con la localidad campoxibraltareña de La Línea de la Concepción. Cada vez que despega un avión se fía obrigatorio cortar el tráfico rodado con unas barreras de paso a nivel.
El acuerdo sobre el apartado concreto del aeropuerto fue de los más difíciles de llevar a la práctica puesto que el gobierno de la colonia británica se cerró en banda desde un principio a la presencia de policías españoles en su territorio. Pese a todo, el acuerdo es ya una realidad. En virtud de él, está previsto que antes de 2008 existirá sólo una terminal, instalada al sur da Reixa, en territorio xibraltareño, aunque se contempla que incluya un acceso desde la parte norte, ya en territorio español. Esta terminal será construida y financiada por Xibraltar, España sólo se comprometió a financiar los accesos.
Una empresa mixta hispano-xibraltareña será la encargada de xestionar a terminal. Un comité de enlace permanente a tres bandas será el encargado de afrontar los incidentes que puedan surgir. El acuerdo de Córdoba no trató el uso militar del aeropuerto, puesto que eso empolicaría directamente hablar de la soberanía.
Otro asunto importante abordado en esta reunión fue lo de las compensaciones a trabajadores españoles que tuvieron que dejar sus trabajos en la colonia en 1969 debido a la instalación de la famosa Reixa. El acuerdo posibilita ahora que 5.700 personas recibirán del Gobierno británico una cantidad equivalente a la actualización de sus pensiones desde 1989, lo que suponen 35,3 millones de euros.
La Seguridad Social estimó que los beneficiarios recibirán una media de 6.200 euros y verano "casi duplicadas" sus actuales pensiones. El Gobierno español, a cambio, decidió retirar la denuncia presentada ante la Unión Europea.
Por otro lado, España acepta de inmediato que el 350 sea el prefijo telefónico de la colonia (hasta ahora había que marcar el 956 desde España, el incluso de Cádiz) a cambio de que Xibraltar adopte toda la legislación comunitaria en materia de telecomunicacións, lo que empolica la libre competencia.
Con la aplicación de este acuerdo, quedán libres 35.000 números con prefijo 956 que pueden ser reasignados a nuevos clientes. De la otra parte de la frontera, Gibraltar verá aumentado su número de líneas telefónicas, después de que España se comprometiera a facilitar la itinerancia o roaming para los teléfonos móviles gibraltareños que utilizan el código 350 autorizado por la Unión Internacional de Telecomunicacións (UIT).
En los acuerdos del Foro Tripartito prevén además a la mellóra de las telecomunicaciones en la colonia, el pago por parte del Reino Unido de la revalorización de las prestaciones de los extraballadores españoles de la colonia y el uso conjunto del aeropuerto.
Durante alas negociaciones, España también exigió que la Roca acometiese la liberalización de las telecomunicacions en su territorio siguiendo las directrices europeas, paso que el Gobierno xibraltareño realizó el pasado 5 de junio. Gracias a eso, se abre la vía a la competencia comercial en este sector que incluso ahora funcionaba en régimen de monopolio y, por extensión, a la entrada de empresas españolas en el incluso.
También se abrirá una sed del Instituto Cervantes en la Roca, donde ondeará la bandera española. Fuentes diplomáticas españolas consideran de vital importancia que todos los llanitos hablen un castellano correcto, algo que se había perdido nos últimos años.
Primero vuelo de un avión español al aeropuerto de Xibraltar (en castellano)