La fonética histórica (o fonoloxía diacrónica) es una rama de la lingüística histórica que describe en diacronía las modificaciones sufriidos polos sistemas fonolóxicos de las lenguas al largo de su historia. ES una disciplina mayor de la lingüística comparada.
Índice |
Cada lengua tomada en sincronía posee un conjunto de rasgos que la definen y que se pode describir con precisión, entre ellos a sintaxe (reglas gramaticais que rigen la construcción de enunciados ), el léxico (stock de me las lee, o «palabras», de una lengua), a morfoloxía (modificaciones sufridas polos me las lee para respoder a las exigencias sintácticas, como la conxugación , la declinación o las reglas de concordancia) y el sistema fonolóxico (stock de fonemas de una lengua). Estos rasgos, con todo, sólo pueden ser descritos para un estadio preciso de la lengua, limitado en el espacio y en el tiempo. Como por ejemplo, los rasgos del francés tal y como se hablaba en el siglo XII ya no coinciden con los del que se hablaba en los siglos XIV, XVI o XX.
Las razones de esta evolución son múltiples; por citar sólo la principal, basta decir que al se transmitir, sobre todo oralmente, cosa que fue el habitual (aun lo es ahora) para la mayoría de las lenguas, las informaciones se modifican, al pelo del «teléfono árabe». Los humanos no estamos dotados de una memoria perfecta, y cada uno utiliza sus propias palabras, tiene su pronunciación, comete «errores» gramaticais que le son propios. Cada xeneración aprende una lengua nalgo diferente de la de sus ancestros. El proceso de evolucíon pode parecer actualmente débil, ralentizado como está por la normalización de las lenguas empleadas en los países llamados «desarrollados»: se aprende en la escuela una lengua normativa, y un habitante de Lubéron, como por ejemplo, oye frecuentemente el francés de los parisinos gracias a los medios de comunicación, cosa que ocurre desde hay relativamente poco. Durante siglos, los falantes de una lengua sólo pudieron conocer la de sus allegados, cosa que favoreció las evoluciones: sin comparación, no es posible saber de que manera una lengua diverxe de otras, o incluso que se diverxe. ES por esto que se hablaron en Francia muchas lenguas durante siglos, más o menos próximas unas de las otras, que de manera despectiva llaman «patois», hasta que se impuso realmente una de las variantes posibles (o más bien un conjunto de variantes, considerado el francés).
Los fonemas de una lengua, de la misma manera que el resto, evolucionan constantemente, y esto se debe sobre todo a lo que se llama la «pereza articulatoria»: el ser humano, al hablar, tiende a gastar cuanta menos energía posible con tal que la información sea comprensible. «Acomoda» pues los sonidos, sobre todo en contacto, la este deseo de economía. Si sólo se toma el ejemplo de la lengua (hablando aquí del órgano; se podría también tomado cómo punto de partida a glote ), es donado darse de cuenta que esta se desplaza durante la emisión de los sonidos (basta para darnos cuenta pronunciar los sonidos u y luego x para notar su desplazamiento). Por pereza articulatoria, los falantes han evitar que esta haga demasiados movimientos: si se pronuncian distintamente los sonidos /la/, /n/ y /p/ todos sucesivos, o sea /anp/, nos damos cuenta de que la lengua debe tocar los dientes (para /n/) y luego retirarse para que los labios tomen el relieve (el fin de pronunciar /p/). Pero, si se emiten estos sonidos rapidamente, nos damos cuenta de que ─ de manera natural ─ es más donado pronunciar /amp/: la lengua ya no precisa tocar los dientes, ya que las consoantes /m/ y /p/ se pronuncian por medio de los dos labios; el resultado, en todo caso, fica lo suficientemente cerca del punto de partida como para que el proceso sea inconsciente. Este fenómeno, llamado «asimilación» de los sonidos en contacto, es uno de los principales responsables de las modificaciones fonéticas : los sonidos contiguos tienden a pronunciarse de una manera próxima, que no es necesariamente el punto de articulación. Esto sólo constituye un ejemplo entre docenas de ellos. Se consulte la lista de las principales modificaciones fonéticas para hacerse una idea.
Entre todas las evoluciones posibles, sólo las que alcanzan a los fonemas no lo hacen de una manera «desorganizada», ya que siguen las más de las veces el principio de economía. Existe con todo un efecto inverso, lo de la diferenciación, que separa fonemas que se volvieron demasiado próximos y evita así que los enunciados se vuelvan demasiado ambiguos: en efecto, si sólo funcionara la pereza articulatoria, habría que convenir que las lenguas sólo podrían evolucionar cara una grande simplificación: el sistema fonolóxico de una lengua B salida de La debería entonces comportar menos unidades, hasta que con el tiempo ya no exista más que un número muy reducido de unidades, cosa que no ocurre; tal como se dijo, la evolución de una lengua está dividida entre dos polos: la pereza articulatoria de una parte y la necesidad de transmitir una información de otra. Si una lengua en un estado X salido de un estado W, y así seguido incluso un hipotético punto de partida A no comportara más que dos fonemas /la/ y /b/, habría que concebir que las palabras que componen su léxico serían interminables. En efecto, constituir aunque no sea más que cien palabras diferentes por medio de dos unidades precisa por lo menos la utilización de siete apariciones de estas unidades sucesivas (en base dos, se precisa 27 para obtener 128 configuraciones posibles), como /abbaaba/, /babbaab/, /baababa/, etc. Pero, palabras demasiado largas precisan más esfuerzo, tanto para las memorizar como para pronunciarlas, lo que contradí la tendencia a la pereza articulatoria: los sistemas fonolóxicos se modifican sin simplificarse, con el riesgo de demandar aun más esfuerzos. Así, están constantemente en una busca de equilibrio de rendimiento.
Nota: de acuerdo con la tradición que prevalece en lingüística comparada, las transcripciones fonéticas no siguen el alfabeto fonético internacional sino, segundo las familias de lenguas: el sistema de Bourciez para las lenguas románicas, la transcripción de los xermanistas para las lenguas xermánicas, la transcripción de las lenguas indias para el sánscrito, etc.
Se sitúan los primeros intentos del estudio del carácter regular de las evoluciones fonéticas en el siglo XIX, cuando el eslavista August Leskien tomó conciencia de la Ausnahmlosigkeit diere Lautgesetze, es decir, la «regularidade de las leyes fonéticas». Esta regularidade no se encuentra ni en la semántica , ni en la sintaxe o en la morfoloxía : sólo la fonética histórica obedece estas leyes, lo que explica que sea la piedra angular de la lingüística comparada.
No es posible distinguir cambios regulares fuera del dominio de los sonidos de una lengua. En efecto, si el sentido de las palabras evoluciona también constantemente, no se pode dar regla general ninguna en el que respeta la estas evoluciones. Como por ejemplo, nada permitía prever que de la palabra la latí rem, «alguna cosa», el francés obtuviera rien, «nada» o incluso que passus , « paso (que se hace al andar)», de ese a la vez pas, con el incluso significado, y pas , adverbio de no. Si estas modificaciones fueran regulares, los encontraríamos en las otras lenguas románicas, cosa que no ocurrió. Los ejemplos podrían multiplicarse incluso el infinito en el dominio semántico: esta no sigue ley ninguna.
Igual nos otros ámbitos, como la sintaxe o la morfoloxía: ninguna tendencia general en la evolución de las lenguas permite justificar que en francés se tenga necesidad de dos noes para negar (il ne veut pas), así como tampoco que el castellano formara dos imperfectos de subxuntivo a partir del imperfecto y del pluscuamperfecto de subxuntivo los latí.
Así, no es posible estudiar las grandes tendencias evolutivas de las lenguas más que en un ámbito fonético y fonolóxico.
El punto de partida de la fonética histórica se basa pues en una constatación empírica de correspondencias. Así: «ε y ο griegos se corresponden con la en sánscrito», cosa que se ve en casos como «griego πατέρ- = skt. pita lar-» («padre») o mismo «griego δρυμός (“carballeira”) = skt. druma s (“árbol”)». Este último ejemplo muestra bien que se las correspondencias pueden ser establecidas entre los sonidos, no funcionan necesariamente entre los sentidos de las palabras comparadas. Otro ejemplo pode probarlo facilmente: sean las palabras nada (latí), rien (francés) y rāyás (sánscrito); la fonética histórica apréndenos que provienen directamente o no de un incluso étimo indoeuropeo (derivando lo latí y el sánscrito del IE, el francés del latí). En latí, el término significa «alguna cosa», en francés «ninguna cosa (nada)» y en sánscrito «riqueza». A pesar de provenir todos de una misma fuente, las palabras no guardaron sentidos idénticos, sin que se poda establecer una regla que permita determinar de que manera evolucionou el sentido que se pueda utilizar para otras palabras: las evoluciones semánticas no son regulares.
Así, en un contexto dado, la evolución fonética es regular y mecánica, de tal forma que se pode establecer correspondencias formales entre los fonemas de tal estado de una lengua y los de otro estado, o entre los fonemas de lenguas procedentes de un incluso ancestro. Esta regularidade de las modificaciones permite que se califique de «ley» las descripciones que se pueden hacer de ellas y que competen a la fonética histórica. ES ponerlo estudio de las correspondencias entre los fonemas de varias lenguas como se pode saber que están emparentadas «xeneticamente»; este mismo estudio permitió además el descubrimiento de la noción de «familias de lenguas», entre ellas las lenguas indoeuropeas, que, observadas bajo el ángulo de la lingüística comparada, muestran que todas surgieron de un ancestro común, el indoeuropeo.
Por otra parte, las modificaciones fonéticas sólo se aplican en momentos precisos de la historia de una lengua y en ciertos dialectos: ninguna ley es universal ni intemporal. Como por ejemplo, se sabe que la silbante griega /s/ cae entre dos vogais (se habla de un enmudecemento); es lo que ocurre en un nombre como τεῖχος («muralla») cuyo xenitivo esperado es τείχεσ+ος. La forma clásica es τείχεος, que se convierte en τείχους por contracción de las dos vogais en hiato. Esta regla sólo alcanza sin embargo al griego: no funciona en latí, como por ejemplo, donde un /s/ entre dos vogais pasa normalmente a /r/ (caso de rotacismo ): honos («honor»; la forma clásica es honor, por analoxía con los otros casos) tiene un xenitivo honos+íes, de donde honoris. Además, la ley sólo funcionó en griego en determinada época: una palabra como πόσις («marido») posee un /s/ intervocálico porque este proveen de la evolución de /t/ ante /i/ en /tsi/ después en /sí/ (se habla de una asibilación); así, se pode decir que ven griego en determinada época /s/ enmudeceu entre vogais y que a continuación la ley dejó de funcionar; cuando nuevas silbantes sordas aparecieron entre vogais, no fueron modificadas. Otra vez más, conviene precisar que el paso de /ti/ a /sí/ sólo afecta al griego, pues el equivalente directo de πόσις se encuentra con la forma patis («jefe»).
El caso se da de la misma manera en las lenguas célticas, donde el fonema indoeuropeo '*p enmudeceu (así *ph2tener-, «padre», da pater en latí, πατέρ- en griego, pitár- en sánscrito pero athir [aθir] en irlandés antiguo), mientras que *kw devino p (como en pedwar galés, «cuatro», de *k wetwōr). Así, hay en las lenguas célticas un fonema /p/ que se desarrolló tras lo enmudecemento del *p indoeuropeo: sólo enmudeceron los *p antiguos, y no los salidos de una evolución fonética posterior. Se pode así establecer una cronología para las evoluciones fonéticas: «*kw > p» debe en toda lógica ser anterior en el tiempo a la desaparición del «*p».
Finalmente, hay que considerar que las evoluciones son inconscientes y graduales: los falantes no tienen la impresión de deformaren los sonidos que utilizan (cosa que explica que nos nuestros días estas evoluciones sean más lentas: cada falante de un país en el que los medios de comunicación y la enseñanza difunden una lengua normalizada toma facilmente consciencia de sus diverxencias); son graduales, justo, porque no deben renxer en el oído. ES frecuente en fonética histórica indicar que tal fonema da tal fonema. Esto sólo es, sin embargo, una reducción que enmascara el carácter continuo de las evoluciones. Si se indica, como por ejemplo, que el /t/ del latí ante lo son /y/, también ante vogal se convierte en francés moderno en /s/ — como en sana — (así latí fortia, pronunciado /fortya/ da fuerce /fors/), cosa que se pode notar por «/ty/ + vogal > /s/ + voyelle », es un atallo para una serie de evoluciones lentas y progresivas, cuyas principales etapas son las siguientes (guardando la secuencia de fonemas del ejemplo precedente):
En resume, se pode afirmar sobre las modificaciones fonéticas estudiadas por la fonética histórica:
Las modificaciones estudiadas en fonética histórica son a menudo llamadas «leyes» cuando alcanzan procesos importantes; estas son principalmente de tres naturalezas; algunas son «incondicionadas»: son automáticas y se aplican en cualquier contexto; las otras son «condicionadas» y sólo se aplican en un contexto fonético particular. Las últimas, por fin, son «esporádicas» y se manifiestan a veces, de manera más o menos regular.
Entre parénteses: área de extensión de la ley.