| Castro de Santa Tegra | |||||
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| Ayuntamiento: | La Guarda
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| Cronología | |||||
| Fechas de ocupación: | siglo I la.C. a siglo I d.C. | ||||
| Fecha de la descubierta: | 1862 | ||||
| Períodos de escavación: | 1914 a 1923. 1928 a 1933. 1983 a 1988. | ||||
| Estado actual: | Escavado y consolidado parcialmente. Visita libre. Museo anexo | ||||
| Extensión estimada: | ha. | ||||
| Se vea también: Castros de Galicia | |||||
El contorno del monte de Santa Tegra conforma un xacemento arqueolóxico, en el que se encuentra el castro galaico denominado Castro de Santa Tegra, perteneciente a la cultura castrexa y el más emblemático y visitado de los castros gallegos. Fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en el año 1931[1] y también tiene la consideración de Bien de Interés Cultural.
En el castro se encuentran desde petróglifos, en varias de las piedras del monte, elaborados 2.000 años antes de la ocupación del castro, que, siguiendo la tesis mantenida por de la Peña Santos, director de las últimas campañas de escavacións arqueolóxicas en la década de los ochenta, tuvo una ocupación continuada entre el siglo I la.C., al poco de comenzar el proceso de romanización de Galicia, y el siglo I d.C., y que a partir diera momento comenzó un lento proceso de abandono, que bien pudo haber sido interrumpido por reocupacións esporádicas temporales en época tardorromana.
Índice |
Se sitúa en el monte de Santa Tegra, de 341 metros de altitud , en el extremo más sudoccidental de Galicia , en el ayuntamiento de la Guarda, en un lugar privilegiado desde lo que domina la desembocadura del Miño. El monte tiene unas pendientes muy pronunciadas y el dominio visual del contorno fijo que fuera un lugar estratégico destacado desde mucho antes del levantamento del castro.
Aunque es de suponer que las gentes de la Guarda debían tener conocimiento de la existencia de restos de antiguas edificacións en el monte desde hay mucho tiempo, es de subrayar que, cuando en el año 1745 el Padre Sarmiento visita A Guarda, no hace mención de ellas, mas, por lo contrario, hazlo del monte, su ermita y la romería.
La primera descubierta de la que se tiene constancia fue, en el año 1862, la de una escultura de Hércules hecha en bronce que fue encontrada por unos canteros que trabajaban cerca de la ermita. Esta escultura fue robada del museo en la década de 1970 .
En la segunda mitad del siglo XIX las ruinas comenzaron a ser valoradas en su justa medida. Se constatan las primeras referencias escritas de las ruinas nos apuntes arqueolóxicos de Ramón López García en el año 1864[2], y en la testigo de Manuel Murguía en su obra "Historia de Galicia" en el año 1888, que deduce de las ruinas un emparentamento de sus habitantes con la raza celta de la familia de los galos.
Ya en el siglo XX se crea en la Guarda, en el año 1912, la Sociedad Pro-Monte de Santa Tecla que un año más tarde promoveu la realización de obras de acondicionamento de los arredores de la ermita y el trazado de una carretera de acceso a la cumbre. Las obras de esta carretera pusieron a cielo abierto, en el lugar conocido cómo Campo Redondo, muros de edificacións y cimientos de lienzos de la muralla exterior del castro.
Ante estas descubiertas la sociedad solicitó una autorización oficial para iniciar escavacións sistemáticas en el lugar, autorización que fue concedida el 26 de febrero de 1914 [3], y en la que se nombró arqueólogo jefe a Ignacio Calvo Rodríguez, del Museo Arqueolóxico Nacional.
A partir de este momento el xacemento comenzó a aparecer nos medios de comunicación. En el incluso 1914 el cóengo Domínguez Fontela, sien ningún tipo de argumentación, atribuyó los restos a la "civilización ibérico-romana" y los identificó con la histórica "Abóbrica" mencionada por Plinio lo Véselo (teoría aún seguida en la actualidad por algunos autores).
Desde el año 1914 incluso el año 1923 el director de los trabajos arqueolóxicos fue Ignacio Calvo, que fue dando a conocer el resultado de los trabajos en varios artículos. La Sociedad Pro-Monte también participa en los trabajos de la zona conocida como la Fuente Nueva. Calvo atribuyó al poblado una ocupación desde los inicios de la Edad del Bronce incluso la época romana. Fue el primero autor en denominarlo "citania" (siguiendo el ejemplo de la arqueoloxía portuguesa) y en hablar de la posibilidad de identificarlo con el mítico Monte Medulio, donde los escritores clásicos[4] situaron a también mítica última y heroica resistencia de los galaicos.
Entre los años 1928 y 1933 , el catedrático de la Universidad de Valladolid, Cayetano de Mergelina y Luna dirigió, utilizando los más avanzados métodos de la época, una serie de campañas arqueolóxicas centradas, principalmente, en la ladeira oriental poniendo a cielo abierto gran cantidad de viviendas y otros edificios.
En el año 1945 publicó el resultado de sus trabajos en un estudio titulado "Lana citania de Santa Tecla. Lana Guardia (Pontevedra)"[5]. Siguiendo las mayoritarias "teorías invasionistas" del momento datou el poblado con una ocupación desde el siglo VI la.C. incluso el siglo III d.C., con una nueva ocupación en el siglo V, y atribuíulle a sus habitantes una naturaleza "post-hallstáttica" de origen celta.
Pese a haber sido declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en el año 1931, el xacemento sufrió en esos años a ampliación del trazado de la carretera de subida y una agresiva reforestación del monte que deterioraron gravemente el xacemento.
Desde el año 1933, fecha de la última campaña de Mergelina, los restos puestos a cielo abierto sufrieron las consecuencias de su abandono llenándose de vexetación. Este período de abandono duró incluso el año 1979.
Durante estos años hubo pocas y breves intervenciones, como la de Manuel Fernández Rodríguez a las afueras del edificio conocido cómo Casa Forestal o las reconstrucciones hechas en los años 1965 y 1972 en dos viviendas la ambos lados de la carretera, reconstrucciones que desde el punto de vista científico presentan serios problemas de fidelidad pero que se convirtieron en poco tiempo en una icona de la cultura castrexa.
Esta etapa de abandono remató en el año 1979, cuando Alfredo García Al otro lado dirigió trabajos de limpieza y consolidación de las estructuras más próximas a la carretera, trabajos estos promovidos polo Ministerio de Cultura.
En el año 1983, con la colaboración económica de la Junta de Galicia y el ayuntamiento de la Guarda, el arqueólogo Antonio de la Peña Santos dirigió un equipo del Museo de Pontevedra iniciando un nuevo período de escavacións sistemáticas. Esta etapa se centró en la esquina setentrional del poblado.
Las estructuras descubiertas en estas campañas y en las anteriores fueron consolidadas en esos mismos años por un equipo dirigido por Montserrat García Lastra Merino.
Desde el año 1988 no se realizaron más trabajos arqueolóxicos.
Ya en el año 1996 la Consejería de Cultura y Deporte había anunciado en la prensa que emprenderían acciones para el aprovechamiento sociocultural de este xacemento. En julio de 2006 la Consejería anunció un plan director para lo xacemento de Santa Tegra, que incluirá la protección de todo el monte, nuevos trabajos arqueolóxicos, etc.[6]
La visita al monte no es libre; mejor dicho, no es gratuíta. Sin embargo el xacemento carece de vigilancia y la cantidad de visitantes sin guía hace que las estructuras sufran importantes deterioracións[7].
Siguiendo a los autores clásicos cómo Plinio lo véselo, Pomponio Mela, Appiano, Ptolomeo... el extremo sudoccidental de la actual Galicia estaría poblado por la comunidad de los Grovii o Grovios , cuya ciudad más importante sería el Castellum Tyde el Tude, la actual Tui. Siguiendo la teoría de Antonio de la Peña Santos:
Interpretando los hallazgos arqueolóxicos se trataría de un pueblo con una estructura igualitaria (construcciones de tamaños semejantes), con un carácter pacífico poco belicoso (sistemas defensivos más simbólicos que efectivos) y con una economía agraria (cercanía a las tierras fértiles, aproximadamente a 1 o 2 km de distancia) pero con una cierta capacidad adquisitiva y comercial (abundantes productos foráneos).
Con el tiempo y producto de las reformas de los emperadores de la dinastía Flavia y la progresiva implantación del sistema romano de explotación, los habitantes del poblado comenzaron un lento abandono para asentarse en las nuevas villae y vici , situadas nos vales/valéis y más próximas a las tierras de mayor valor productivo.
La importancia de los cereais en la economía de la comunidad quieta patente nos numerosos muíños manuales de piedra encontrados diseminados por toda la zona escavada, la mayoría de ellos tardíos muíños circulares, que algunos autores ponen en relación con la influencia romana.
Otros instrumentos encontrados como machados, aixolas, podóns y fouces de bronce y hierro hablan de la labor agrícola.
Destacan las grandes cantidades de cantos de talla monofacial[9], nódulos discoidais [10] muy regulares encontrados sobre los pavimentos interiores de las estructuras. Su primitivo diseño (similar a los Choppers, utensilios líticos muy rudimentarios y antiguos, del Paleolítico Inferior) y su posible utilidad causa estrañeza entre los estudosos.
La recogida de frutos silvestres sería otra fuente de recursos testimoniada principalmente en los restos de landras carbonizadas que se encontraron.
Para el estudio de restos orgánicos sonido fundamentales los cuncheiros, de los que constataron varios en el xacemento. En ellos atestíguase, además de la actividad de explotación de recursos marinos, la explotación gandeira de las especies de ovicápridos (Ovis aries y Capra hircus), bóvidos (Buenos taurus) y gallináceas (Gallus gallus). Resalta la ausencia de cerdo doméstico.
En relación con la pesca se encontraron tres anzois de bronce y dos de hierro, y restos óseos de ejemplares de las familias Sparidae, Gadidae, Labridade y Morenidae , especies seguro capturadas desde lo mismo litoral. De los restos procedentes del marisqueo más de la mitad pertenecen a la llama común (Patella vulgata), seguida en cantidad por el mexillón (Mytilus galloprovincialis), el caramuxo (Littorina littorea) y el bígaro (Monodonta lineata). Cabe destacar la ausencia de especies propias de zonas de areal.
Entre las actividades artesanais testimoniadas a más extendida es la téxtil , testimoniada en la gran cantidad encontrada de pesas de tear, fusaiolas[11] y en las agujas de bronce con ojo ovalado (todas rectas excepto una). Por el contrario son escasos los hallazgos relativos a la actividad metalúrxica, sólo algunos trozos de crisol y algún molde de piedra.
La actividad comercial debió de ser de grande importancia, tanta que su propia situación vendría determinada polo su valor loxístico para la navegación comercial marítima de cabotaxe así como la fluvial (remontando el curso bajo del Miño). Con la llegada de los romanos la comunidad se incorporará al complejo sistema comercial marítimo y terrestre del Imperio.
El hallazgo de gran cantidad de restos cerámicos de ánforas confirman este comercio. La mayor parte de estos corresponden la modelos usados para lo trasporte de vinos , otros modelo sería para el aceite (principalmente para servir de combustible de las lucernas) y otras mercancías.
Las piezas cerámicas encontradas, de vidrio y otros materiales, refuerzan la importancia de este comercio con el mundo romano (cerámicas campaniformes, de tierra sigillata). Por último, el casi centenar de monedas encontradas, principalmente de los gobiernos de Augusto y Tiberio , un grupo de época republicana y otro conjunto de ejemplares cuñados en las cecas del valle del Ebro, acercan un nuevo dato sobre el proceso de incorporación al nuevo sistema comercial que estaba a vivir esta comunidad.
Se trata de un poblado castrexo-romano con una ocupación tardía dentro de la cultura castrexa. Siguiendo las últimas escavacións hechas dátase su ocupación entre el siglo I la.C y el siglo I d.C., en un período en el que el proceso de romanización del noroeste peninsular ya había comenzado. Su abandono coincidiría con las reformas administrativas llevadas a cabo polos emperadores de la Dinastía Flavia.
A pesar de el sistema construtivo refleja unas maneras construtivos muy respectuosos con la tradición castrexa (predominio casi absoluto de construcciones circulares frente a las rectangulares) y poco influenciado por la presencia romana (siempre urbanisticamente hablando), si bien estudios más pormenorizados podrán acercar más datos sobre esta mayor o menor influencia romana.
De la totalidad del escavado, un porcentaje muy bajo del tamaño estimado del asentamento, en la actualidad sólo es visitable la zona setentrional escavada en los años 80 y algunas construcciones de la zona más alta del monte. La zona o barrio oriental escavado por Mergelina y el escavado por otros equipos se encuentran cubiertos por las matogueiras y árboles y casi no es perceptible. Este estado de abandono hace imposible su estudio. Esto, unido a inexistencia de una planimetría del xacemento, hace que sea muy complicado el estudio en conjunto del poblado.
Está delimitado por un sencilla muralla que acoge una extensión de terreno con unos ejes máximos de 700 metros (norte-sur) y 300 metros (este-oeste). Si bien estas dimensiones no están debidamente confirmadas y la visión actual que se tiene del xacemento está supeditada a las sistemáticas empleadas en su estudio arqueolóxico, al bajo porcentaje de terreno escavado y a los daños que tuvieron lugar desde la suya descubierta (carretera, construcciones en la cumbre, reforestación, etc.).
En caso de que posteriores estudios confirmen estas dimensiones estaríamos en presencia de uno de los mayores castros de los encontrados incluso lo de ahora tanto en tierras gallegas como del norte de Portugal .
En el diseño de la muralla semella primar una función de delimitación del terreno respeto a su entorno, frente a las funciones defensiva o disuasoria.
La muralla fue realizada en cachotería trabada con barro, no sobrepasando los 160 cm de grosor máximo, carece de cimentación y de momento no se han encontrado accesos interiores la ellas, como escaleras o rampas.
Se abre la puerta Norte en su extremo nordeste con un cuerpo de guardia a la derecha. Hacia el extremo meridional, y hoy no visible por mor de la vexetación, se abre otra puerta con un sistema de acceso en ángulo recto.
El sistema de comunicaciones en el interior de la zona setentrional se basa en un camino de ronda pegado a la muralla que rodea las construcciones.
Casi todas ellas tienen plantas circulares u ovaladas y son exentas, no compartiendo paredes medianeiras salvo contadas excepciones. También son excepción las pocas cabañas con planta rectangular y estas presentan, en su mayoría, esquinas en arco.
El grosor de sus paredes suele ser bastante uniforme, sobre 40 cm de media, y con un mejor acabado hacia el exterior. La gran mayoría son de pequeñas dimensiones.
Se asientan directamente sobre la roca madre y sus muros estarían recubertos con un morteiro de cal y arena. Restos de pigmentación encontrados indicarían que los recebados estarían tintados con distintos colores.
Muchas de las cabañas presentan un vestíbulo de acceso que muchos autores entienden que se trata de un influjo mediterráneo adaptado a las características de las construcciones indíxenas.
En el interior, algunas presentan bancos arrimados y el pavimento en algunos casos es de tierra pisada y en otros de lousado. En muchos de los umbrales de entrada se pueden ver los gonzos, agujeros en los que se ajustarían las puertas.
En este castro se han encontrado una buena cantidad de xambas y linteis monolíticos decorados con formas xeométricas, sogueados, entrelazados. También se encontraron, empotrados en los muros, bloques monolíticos cilíndricos de no muy grandes dimensiones y con una de sus caras decoradas con formas xeométricas como espirais, trisqueis, rosáceas o molinetes. Otros elementos, como peanas o los llamados amarradoiros[12], presentan decoracións similares y también representaciones de animales.
Este tipo de decoración, según Antonio de la Peña Santos:En relación al sistema de cubrición a teoría tradicional que defiende una cobertura con un tejado cónico sustentado por un te pones central no encuentra el referéndum de los hallados arqueolóxicos, ya que no se ha encontrado el agujero para fijar lo te pones central y en ese lugar central se acostumbran a encontrar las lareiras para la combustión. Por esta falta de referéndum de las testigos arqueolóxicas cabe pensar en un sistema de cubrición que descarga sobre los muros directamente. Del mismo modo no existen pruebas que hagan descartar la posibilidad de una cubrición en forma cónica, plana o la dos aguas. Sin embargo sí se ha constatado el uso de materiales vexetais para su cubrición, reforzados por cuerdas tensadas por laxes perforadas (pesas) que colgarían del límite.
Como es lógico no todas las cabañas tendrían un uso habitacional, las viviendas serían aquellas de mayores dimensiones y con un aparato de mayor calidad (algunas con esos linteis y elementos decorados ya mencionados), con vestíbulo y que presentan cuidados pavimentos de xabre y con lareiras en el centro de la estancia. En el vestíbulo se encontraría un sencillo forno.
Otro grupo de construcciones, que podemos denominar xenericamente almacenes, semejantes en número tendrían usos distintos a los de habitación por lo que presentan una tipoloxía menos elaborada y una construcción menos cuidada que las habitacionais y con un umbral más peraltado. En el interior de estas construcciones se encontraron restos de ánforas, algún muíño, cuantos para tallar, etc.
Estas construcciones se adaptan al terreno con la ayuda de pequeños muretes de aterrazamento que delimitan el espacio. La distribución urbanística se caracteriza por la presencia de grupos de construcciones formando conjuntos perfectamente individualizados. Se trata de las conocidas cómo Unidades familiares (otros autores hablan de Casas patio) conformadas por las correspondientes viviendas y almacenes estruturadas en torno la un pequeño patio común, muchas veces enlousado.
El urbanismo del xacemento incluye una compleja red de canais de evacuación de las aguas pluviais situadas bajo los pavimentos y suelos, y en ocasiones en la superficie, esculpidas sobre la roca base y cubiertas con lousas. En ocasiones estas aguas canalízanse hacia alxibes escavados en la roca y revestidos con una argamasa impermeabilizadora.
Esta ordenación interna del espacio aparece condicionada por la muralla, posible primero elemento en ser levantado, lo que hace pensar la De La Peña Santos en la existencia de una planificación minuciosa previa a la edificación de las cabañas.
En la misma zona donde se levantó el poblado tense comprobada la presencia humana aproximadamente 2.000 años antes. Testigos de esta presencia son los grabados rupestres que dejaron en varias localizacións del posterior castro. Muchos de estos petróglifos fueron tapados por las estructuras levantado en el momento de la construcción del castro.
Entre las distintas representaciones que aún hoy son perceptibles, representaciones xeométricas, destaca la conocida cómo Laxe Sagrada o Laxe del Mapa que, situada en la parte alta del monte, está compuesta por varias espirais, círculos concéntricos y rasgos lineais más o menos paralelos. Sus descubridores interpretaron que se trataba de un mapa de la desembocadura del Miño, hipótesis que carece de fundamento científico. Cercana la esta, entre dos muros que la tapan parcialmente, se encuentra otra roca con grabados similares.
El que es evidente es que estos grabados no tienen ninguna relación con el castro ya que son producto de una sociedad que se desarrolló 2.000 años antes en la etapa final del neolítico gallego.
Además de los hallados ya mencionados se pode destacar la gran cantidad de restos cerámicos encontrados, hecho común a los castros galaicos, tanto de cerámica indíxena, caracterizados por tener pastas oscuras modeladas a la mano o con torno lento, como numerosos restos de otras variedades típicas del mundo romano, como la cerámica campaniforme, de característico barniz verde y trozos de tierra sigillata, con su característico barniz rojo, así como restos de la llamada cerámica común romana. También se ha encontrado trozos de un kalathos ibérico pintado[13] . Entre los restos cerámicos también se encontraron trozos de lucernas .
Abundantes fueron también los hallazgos de trozos de vidrios romanos de variadas me las fuere y tonalidades. Destacan dos tazas fragmentadas de vidrio polícromo de una variedad muy escasa conocida cómo vidrio mosaico o millefiori , propia de los obradoiros orientales de la primera mitad del siglo I d.C., y que por su calidad pueden considerarse de las mejores encontradas incluso el momento en la Península Ibérica. Finalmente, también se encontraron gran cantidad de cuentas de colar hechas de vidrio y fichas de juego en el incluso material, estas últimas pode que vinculadas a la aparición de algún tablero de piedra cuadriculado de tipo romano conocido como tabula latrunculata.
Los hallazgos metálicos, poco abundantes en nuestras tierras por la acidez del terreno, también están presentes en el xacemento en forma de trozos de caldeiros, sítulas de bronce[14] y cuchillos de lámina plana de bronce que formarían parte del enxoval doméstico de los habitantes del castro.
La ourivería también tiene su presencia con dos finales de torques hechos en chapa de oro. Uno de ellos, de gran calidad artística, presenta forma globular acabada en escocia[15] y profusa decoración xeométrica y con un trisquel en la base del extremo. Colgantes de bronce de variadas formas, trozos de pulseiras y brazaletes también en bronce forman parte de los hallados, así como anillos romanos de bronce.
Relacionados con la vestimenta se han encontrado fibelas[16] en bronce de diversas tipoloxías, en omega, de brazo largo, etc.
Finalmente, los escasos hallazgos en el xacemento de restos de armamento se reducen la unas cuantas puntas de dardo de hierro, dos regatóns de bronce, un puñal romano de hierro (pugio) con remaste en bronce y restos de la vaíña, una espada de antenas rematadas en botones bitroncocónicos y hoja de hierro. Estas dos últimas se tratan de piezas tardías de las que se considera fueron usadas más como elementos de distinción social que estritamente cómo armas propiamente dichas.
La todos estos elementos habría que sumar la desaparecida estatuíña en bronce que representaba un Hércules y que había sido encontrada a mediados del siglo XIX en las cercanías de la ermita.
En los años en que Ignacio Calvo escavou en Santa Tegra (1914-1923), los hallazgos disteis trabajos comienzan a ser expuestos en un local de la Guarda, broto del museo que años más tarde se abrió en la cima del monte.
En el año 1943 a Sociedad Pro-Monte adquirió un edificio en la parte alta del monte que había sido diseñado polo arquitecto Antonio Palacios para su uso como restaurante. La este edificio trasladaron las piezas encontradas en las escavacións que configuraron el actual museo, que fue inaugurado el 23 de julio de 1953 con la presencia de los arqueólogos asistentes al III Congreso Nacional de Arqueoloxía.