Benito Pérez Galdós, nado en Lanas Palmas de Grano Canaria el 10 de mayo de 1843 y difunto en Madrid el 4 de enero de 1920 , fue un novelista, dramaturgo y articulista canario, probablemente uno de los escritores más representativos y prolíficos del siglo XIX.
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Galdós era el décimo hijo de un coronel del ejército, Sebastián Pérez, y de Dolores Galdós, una dama de fuerte carácter e hija de un antiguo secretario de la Inquisición. Su padre inculcou en el hijo el gusto por las narraciones históricas contándole a todas horas historias de la Guerra de la Independencia, en la que había participado[Hace falta referencia]. Su imaginación fue desbordante ya desde muy nuevo. En 1852 ingresó en el Colegio de Sano Agustín, que aplicaba una pedagoxía activa y bastante avanzada para la época, durante los años en que empezaban a desparramarse por España las polémicas teorías darwinistas, del cual hay ecos en obras suyas como, como por ejemplo, Dueña Perfecta (Doña Perfecta).
Obtuvo Galdós el título de bacharel en Artes en 1862, en el Instituto de la Laguna, y comenzó a colaborar en la prensa local con poesías satíricas, ensayos y algunos cuentos. También se destacó ponerlo su interés polo dibujo y la pintura. Luego de la llegada de una prima suya la casa, el nuevo Galdós se trastocó emocionalmente y sus padres decidieron que se fuera a la capital a estudiar la carrera de Derecho.
En septiembre diera año inicia su marcha a Madrid donde cursa la carrera de Derecho, como previsto. No entanto, dedica el curso a escuchar la Fernando de Castro, Francisco de Paula Canalejas, Adolfo Camus y Valeriano Fernandez. Allí también conocerá al fundador de la Institución Libre de Enseñanza, Francisco Giner de los Ríos, que le alentó a escribir y le hizo sentir curiosidad por una filosofía, el Krausismo, que marcará fortemente su primera novelística; pero de momento se limita a frecuentar los teatros y crear con otros escritores paisanos suyos a «Tertulia Canaria» en Madrid, mientras acude a leer al Ateneo a los principales narradores europeos en inglés y francés .
En 1865 asiste a los hechos de la Noche de Sano Daniel, los cuáles le impresionan a lo vivo, y ese mismo año comienza a escribir cómo redactor meritorio en los periódicos La Nación y Él Debate, así como en la Revista de él Movimiento Intelectual de Europa. Al año siguiente, y en calidad de periodista, es testimonio del pronunciamiento de los sargentos del Cuartel de Sano Gil. Lleva una vida cómoda viviendo primero por dos de sus hermanas y luego en casa de su sobriño, José Furtado de Mendoza. Segundo pintó Ramón Pérez de Ayala, lo que las fotografías confirman, era un descuidado en el vestir, se conformaba siempre con ir de tonos sombríos para pasar desapercibido y en invierno llevaba enrolada al cuello una bufanda de lá blanca, con un cabe colgando del pecho y otro a espaldas, un puro a medio fumar en la mano y, cuando estaba sentado, a los pies su perro alsaciano. Se cortaba el pelo al rape y padecía horribles migrañas.
Era proverbial su timidez, que le hacía ser más que parco en palabras y en aspecto de una modestia inverosímil, incluso el punto de sufrir al hablar en público. Entre las suyas dotes estaba el poseer una memoria visual portentosa y una retentiva increíble que le permitía recordar capítulos enteros del Quijote y detalles minúsculos de paisajes vistos solamente una vez veinticinco años antes. De eso nacía también su gran facilidad para el dibujo. Todas estas calidades desarrollaron en él una de las facultades más importantes en un novelista, lo poder de observación.
En 1867 viaja en calidad de correspondiente a París para dar cuenta de la Exposición Universal. Lee la Balzac y la Dickens , y traduce de este, a partir de una traducción francesa, su obra más cervantina, Los papeles póstumos del Club Pickwick. Toda esta actividad suponen su inasistencia a las clases de Derecho y le borran definitivamente de la matrícula en 1868. En ese incluso año, se produce la llamada revolución de 1868, en la que cae la reina Saberla II. El año siguiente se encarga de hacer crónicas periodísticas sobre la elaboración de la nueva Constitución.
En 1868 por no asistir a las clases se ve borrado de las listas de la Facultad de Derecho.
En 1870 publica su primera novela, La Fontana de Oro (La Fontana de Oro) gracias a los cartos de su tía. En realidad, en esa época a publicación de un libro se hacía gracias a la ayuda de los periódicos y de las revistas o corría la cuenta del autor. Esta obra pergeña la situación ideológica de España durante lo Trienio Constitucional (1820-1823).
En 1876, se publica Dueña Perfecta, un panfleto anticlerical contra la intolerancia ideológica. A pesar de las oposiciones que suscitó la obra entre los neos o neocatólicos, Galdós fue elegido miembro de la Real Academia Española.
Galdós asistió con regularidade al véselo Ateneo de la Calle de la Montera y hace amistad con personajes de ideología nacida afín a la suya, pues era hombre poco inclinado a fanatismos ideológicos; así se hizo un grande amigo de José María de Pereda, Antonio Cánovas de él Castillo, Francisco Silvela y Marcelino Menéndez Pelayo. También frecuenta las tertulias del Café inglés, de la Iberia y del véselo Café de Levante. Hizo varios viajes por Francia, Inglaterra e Italia, más su amistad con Pereda le hizo aficionarse a Santander , en cuyo Sardinero tomó la costumbre de veranear junto a Pereda y Menéndez Pelayo, y donde se construyó su célebre casa de Sano Quintín. También gustaba de visitar Toledo, ciudad por la que sentía un grande cariño y a la que hizo escenario de algunas de sus novelas, como Angel Guerra y Tristana . En 1884 viajó la Portugal en compañía de su amigo Pereda.
Influencias de la amistad le regalaron el acta de diputado por Puerto Rico (1885) y asistió a las cortes en la lexislatura del año siguiente sin apenas despegar los labios: el Congreso fue para él un nuevo observatorio desde lo que analizar "la sociedad española cómo materia novelable", que será el título de su futuro discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua. De 1886 a 1890 se compromete poco activamente en la política ya que es diputado por el partido de Sagasta .
Un laudo arbitral de 1897 independizou a Galdós del suyo editor Miguel Honorio de la Cámara y dividiéndose todo en dos partes, del que resultó que Galdós, en veinte años de gestión conjunta, había recibido unas 80.000 pesetas más del que le correspondía; después se averiguará que Cámara no había sido del todo legal respeto al número y fecha de las ediciones de sus obras, de suerte que la Galdós le quedó en suma un déficit de 100.000 pesetas en ese trato. Con todo quedó en su propiedad el cincuenta por ciento del hondo de sus libros que quedaban aguardando la suya de venta, 60.000 ejemplares en total. Para librarse de ellos abrió el escritor una casa editorial con el nombre de Obras de Pérez Galdós en la calle Hortaleza (número 132 bajo, hoy 104). Ansioso de recuperar el terreno perdido, comienza anunciando sus ediciones de Dueña Perfecta (Doña Perfecta) y El abuelo (Él Abuelo); continuó esta actividad editorial hasta 1904, año en que firmó cansado un contrato de edición con la Editorial Hernando.
La vida sentimental de Galdós no fue muy estudiada, en parte por la discreción que le envolvió en tales asuntos y de la que hizo gala incluso en su estudiadamente anodina Autobiografía, que semella escrita casi para desalentar empeños biográficos ulteriores. El caso es que permaneció soltero, aunque fue asiduo cliente de amores mercenarios y tuvo una hija natural de una madre que se suicidó; también se conoce bien su relación con la novelista Emilia Pardo Bazán. Durante sus últimos años se consagró fundamentalmente al teatro, para lo cual entregó veintitrés piezas, algunas las diere adaptaciones de sus novelas, cuya evolución le iba reclamando además la forma dialogada. En esta época estorbe a aparecer el espiritualismo europeo en su obra, cuando Galdós comienza además a sentir un grande interés por la obra de Tolstoi . También en la última parte de su vida padeció las consecuencias de sus descuidos económicos y su tendencia a endeudarse de forma continua. Segundo el testimonio de Ramón Pérez de Ayala: