La vuelta catalana o de ladrillo de plan, es una técnica de construcción tradicional catalana. Consiste cubrir el espacio mediante una vuelta de ladrillos colocados por la parte plana, es decir, por la cara de superficie más grande que forman el largo y el través del ladrillo en lugar de hacerlo por cualquier de las caras gruesas. Esta técnica, si el espacio a cubrir no era demasiado ancho o los albañiles eran bastante habilidosos, permitía construir sin cindri y con una cierta rapidez hecho que, entre otras, motivó que fuera ampliamente utilizada. Con vuelta catalana se cubría, con una sola luz, el techo de las plantas bajas de los cortijos y de las construcciones urbanas populares como las casas de cuerpo, etc. A partir del siglo XIX se aplicó a las construcciones nobles de los ensanches de la época de la industrialización como el Ensanche Cerdà de Barcelona .
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Para hacer un techo o una escalera o para cubrir espacios entre arcadas o paredes, etc., se hace un primero una hoja con baldosa o ladrillos hasta colocados con tiza, encima se disponen uno o más hojas de ladrillos y mortero de cemento , esto hace que sea mucho más ligera que las vueltas construidas con otros sistemas. Normalmente se hacía con un cindri delgado que se desplazaba o muy frecuentemente sin cindri, puesto que la tiza tiene un adormiment tanto rápido que permite poner un ladrillo junto al otro haciendo que se aguanten entre ellos haciendo innecesario el cindri o cualquier tipo de estructura de madera .
La habilidad de los albañiles era el factor decisivo en la construcción de vueltas de ladrillo de plan puesto que la luz de la vuelta solía estar alrededor de los 20 a 30 palmos es decir entre 4 y 6 metros, puesto que 1 palmo de Barcelona es igual a 19,43 cm, y su santanella era de entre uno o dos palmos, dependiendo de la habilidad del albañil mencionada.
El origen de la vuelta de ladrillo de plan hay que ubicarlo en la tarea de los constructores romanos que doblan, para reforzarlo, el cindri permanente de ladrillos que se extendía por debajo de las vueltas de argamasa y piedra de las grandes construcciones romanas. El uso sistemático del doblado de totxos se claro en las Termas de Caracalla de Roma , donde por encima de una primera hoja de grandes ladrillos cuadrados de unos 60 cm. de lado («pentàdoron»), se extendía, rompiendo los juntos, otra hoja de totxos cuadrados de dimensión 2/3 del anterior («laterculi»), dejando algunos ladrillos de canto para ligar el posterior extradossat.
En el siglo XVII, los arquitectos y maestros de obras italianos que habían mantenido vive el arte de hacer vueltas, fueron llamados por las Coronas de Castilla y de Aragón, por la nobleza y porla Iglesia de los reinos de la Península Ibérica, para construir todo tipo de edificios según los cánones y la estética del Renacimiento. Estos arquitectos y maestros de obras italianos importaron el método de la «cerco di quarto» e iniciaron en la técnica correspondiente a los gremios de albañiles, los cuales lo esparcieron ampliamente por toda la península con un éxito más que notable en Madrid. Se singular el hecho que en el siglo XVIII, la vuelta importada de Italia cayera en desuso en la capital de España, puesto que se creían poco seguras por lo delgadas que eran y por el notable empujón que producían en los estribos. Fue en esta época que el fraile de la orden de los Agustins: «Fray Lorenzo de San Nicolás» que ejercía de maestro de obras a la Corte de Madrid, popularizó el nombre de «bóveda catalana» en reconocimiento al buen oficio de los albañiles y maestros de obras del Principado de Cataluña que trabajaban en Madrid, los cuales se distinguían por la perfección y audacia con que construían la vuelta de ladrillo de plan.
La vuelta catalana de ladrillo de plan usualmente té dos o tres hojas o capas de baldosas y ladrillos, los cuales, en los casos más cuidadosos o en construcciones más nobles, se disponían ya desde la primera hoja o capa sesgados, es decir a 45º respecto a la directriz o a las paredes que sustentan la vuelta, mientras que en los casos a salto de mata se dispone paralel·la a la generatriz o a las paredes de sostén. La primera hoja se hacía con baldosa común con aglomerado de mortero de tiza o de cal o cemento rápido, apoyando una baldosa entre dos porel ángulo recto haciendo crecer la construcción avanzando por los cuatro lados, en forma de lunetos, en el caso de vueltas sesgadas o avanzando desde los dos estribos cabe el medio, en el caso de las vueltas con ladrillos paralelos a la directriz. La segunda capa era hecha con ladrillos con juntas de mortero de cal, girada 45º respecto de la primera si esta era paralel·la a las paredes o be girando 90º la dirección de los ladrillos respecto a la primera hoja o capa sesgada; la tercera capa, en su caso, era uno doblado de la segunda, hecho igual pero girando 90º la dirección de los ladrillos.
Según el arquitecto Bonaventura Bassegoda, en la monografía «La bóveda catalana» (ver bibliografía), la transmisión de presiones en la vuelta catalana de ladrillo de plan es similar al diagrama de las líneas geodésicas. Por asimilación al fenómeno conocido como «vuelta espontánea» que se mujer en los asentamientos de paredes estructurales y comporta la aparición de una típica grieta parabólica que establece un arco de descarga por el encima del dintel. En forma análoga, la vuelta de cañón, al ceder sus estribos tiende a agrietarse según una curva bizca formando en los puntos de espaldarazo unos lunetos espontáneos, en una evidencia de que la transmisión de esfuerzos se hace, no sólo por las directrices, sino también por las generatrices de la vuelta.
Rafael Guastavino, arquitecto que al 1880 hizo el teatro La Masa de Vilassar de Dalt, se estableció con su hijo en los Estados Unidos de América. Ambos exportaron el método de construcción basado en el tradicional sistema de ladrillo de plan utilizado por los maestros de obra catalanes desde el siglo XVII y que permitía construir casi toda una casa utilizando sólo materiales de tierra cocida como el ladrillo y la baldosa.
Después del incendio de Chicago de 1871 , la opinión pública norteamericana, los constructores y los arquitectos buscaban nuevas técnicas constructivas basadas en la utilización de materiales incombustibles. Uno era el hierro, que ya se estaba utilizando y del cual los arquitectos norteamericanos eran maestros. El otro fue la tierra cocida, en el uso estructural de la cual Guastavino era un gran experto. El éxito llegó cuando Guastavino construyó las vueltas de la Biblioteca Pública de Boston (1889), de los arquitectos McKim, Mead & White. La crítica arquitectónica norteamericana quedó fascinada por aquellas vueltas que parecían no apoyarse en ninguna parte.
El código tecnic de la edificación no contempla la vuelta catalana como un elemento constructivo sólido. Esto implica que en el caso de ampliaciones de edificios donde los techos y/o las escaleras estén hechos con esta técnica constructiva, se tienen que substuïr las elegantes vueltas por vulgares techos de hormigón. Si ya era difícl con la presión urbanística mantener casas antiguas, con la nueva normativa se hace imposible y pert tanto aixó implica la pérdida de este patrimonio a medio plazo.
«LA BOVEDA CATALANA», recopilado dentro del libro «Algunos ensayos sobre técnica edificatoria'», Editorial de la Universidad Politécnica de Barcelona, 1974. Autor: Bonaventura Bassegoda Musté (Barcelona 1896-1987). Dr. Arquitecto que fue catedrático de Construcción de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona.
«El código técnico de la edificación » http://www.codigotecnico.org/