Toponimia
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La toponimia (del griego τόπος topos, «lugar», y ὄνομα ónoma, «nombre») es el conjunto de topónimos de un lugar, es decir, los nombres de lugar. También se denomina así el estudio de los nombres de lugar. Se puede emplear también el término toponomàstica, si bien es mejor reservar este término para designar el estudio de la toponimia. También es la parte de la onomástica que estudia los topónimos o nombres propios de lugar. Está íntimamente ligada a la investigación etimológica y la evolución de este tipo de nombres. La toponimia se puede dividir en macrotoponímia o toponimia mayor -encargada de los nombres de continentes, países, regiones, grandes ciudades, etc.- y microtoponímia o toponimia menor -fuentes, rieras, cerros, etc.-, a pesar de que la distinción entre topónimos mayores y menores es a veces muy relativa y muy a menudo se estudian conjuntamente.
El estudio de la toponimia de un país puede responder a varios intereses. El más simple sería satisfacer la curiosidad de unas personas o de un pueblo por el origen del nombre de los lugares donde viven o que los rodean. En geografía la toponimia puede dar información útil sobre varios aspectos de una zona, como por ejemplo el relieve, la flora, la fauna, etc, y puede ayudar a delimitar la separación entre dos zonas geográficas (por ejemplo, entre la Franja de Ponente y la Aragón de habla castellana). Para los historiadores es una fuente de información sobre los pueblos que han vivido anteriormente. En Cataluña, por ejemplo, conviven topónimos de origen iber, púnic, celta, romano, germánico, árabe y catalán. En lingüística, además de la etimología, la toponimia aporta datos sobre la evolución fonética de una lengua, etc.
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Toponimia catalana
Los topónimos catalanes provienen de muchas lenguas: ibéricoa, celta, latina, germánicoa, árabe, púnica, etc.
- Como topónimos ibéricos hay Lleida (Segrià), que proviene de la palabra Iltirda o Iltirta (pasado a Ilerda por los romanos y a Larida por los árabes) (il- significaba ‘ciudad’: Ilduro ‘Mataró’ o ‘Cabrera de Mar’); Barcelona, de Barkeno (en latín Barcino, después Barcinona y de aquí la forma actual); Tossa de Mar (Selva), de la forma Iturissa; etc. Algunos quizás son anteriores a los ibers: Segarra (comarca; hay una lápida romana a los Prados de Rey (Anoia) que dice municipium sigarrens), y quizás Salauris > Salaur > Salou (Tarragonès).
- Los púnics han dejado topónimos como Mahón (Menorca), proveniente de Mago o Magonis, un caudillo cartaginés; y Ibiza (isla), herencia de Ebessus o Ebussus, quizás 'isla de pinos' o 'islas de pinos' o 'isla de Bes' (diosa de la hilaridad).
- Los griego han dejado Empúries y Ampurdán (comarca), que proviene de emporion ‘mercado’, o Roses (Alt Empordà), porque los colonos que la ocuparon provenían de la isla griega de Rodes.
- Los celtas pasaron por tierras catalanas, pero parece que no se establecieron. Los topónimos acabados en -ac parecen celtas (hay muchos en Occitania, al sur de Francia); de aquí Vulpellac (Baix Empordà), Tarerac (Conflent) o Llorac (Conca de Barberà). Quizás también Besalú (Garrotxa). Una posible explicación es que bisuldunum significa ‘fortaleza entre ríos’ (todavía se conserva el puente fortificado gótico; seguramente antes había otro), puesto que dunum o dunon quizás significa ‘cerro’ y/o ‘fortaleza aturonada’. Otras hipótesis lo hacen provenir del galo -lengua también céltica- Besendunum (documentado Sebendunum). Hay que tener presente que algunas hablas celtas usaban la palabra briga para indicar ‘fortificación’ (Vallabriga da Vall-llobrega (Baix Empordà).
- Los pueblos pirenaicos (Pallars, Ribagorça, etc.) hablaban una lengua poco o muy emparentada con el antiguo vasco (Joan Coromines considera que es vasco, pero esta hipótesis es rechazada por los historiadores de la lengua vasca). De estas hablas vienen Benabarre (Ribagorça) (de significado incierto) o Sort (Pallars Sobirà) y el Pont de Suert (Alta Ribagorça), emparentados con el basb zubi ‘puente’.
- Cómo que el catalán proviene del latín, también hay bastantes topónimos romanos, como Vic (Osona), de la palabra vicus (que acompañaba el nombre antiguo de la ciudad, Ausa); Reus (Baix Camp), de reddis ‘redes’; Prenafeta (Conca de Barberà) y Torrefeta (Segarra), de pinna fracta ‘roca rota’ y torre fracta ‘torre rota’.
- De topónimos provenientes del germánico (concretamente, del visigodo) en catalán hay la Geltrú (Garraf), Castell de l'Areny, en rigor castillo de Alareny (Berguedà), Marcovau (Noguera) o Préstamo (Osona), provenientes de Wisaltrud (nombre de mujer), Athalasind (nombre de hombre), Marchoald (nombre de hombre) y Manileub (nombre de hombre). Se ha propuesto que Campdevànol (Ripollès) significa 'campo de vándalos' (posible campamento de esta tribu germánica), pero Joan Coromines cree que proviene de campo de Avàndal (donde Avàndal es un nombre de hombre).
- Como topónimos árabes hay, entre otros, Altafulla (Tarragonès), proveniente de la expresión al-tahuila ‘la pieza de tierra’; Bràfim (Alt Camp), del nombre propio Ibrahim; la Pobla de Mafumet (Tarragonès), del nombre propio Mohamet; Calaf (Anoia), del nombre propio Halaf, etc. La mayoría (pero no necesariamente todos) de los topónimos que empiezan por vin- o por beni- o bini- son árabes (beni- o bini-, del árabe clásico bāni, significa 'hijos de', y el que viene después solo ser un nombre de persona o un linaje): Benifallet (Ribera de Ebro), Benissanet (Baix Ebre), Benicarló (Baix Maestrat), Benifassà (Baix Maestrat), Benicàssim (Plana Alta), Binissalem (Mallorca), Biniali (Menorca), Binibéquer (Menorca), Binamussa (Ibiza), Vinganya (Segrià), Vinebre (Ribera de Ebro), Vinaixa (Garrigues), Vinaròs (Baix Maestrat), etc. Otros municipios son: Aitona, Alcanó, Alcarràs, Alcoletge, Alcover, Alfarràs, Alfés, Alfara de Carles, Alforja, Alguaire, Alió, Almacelles, Almatret, Almenar, Almoster (a pesar de que contiene la palabra latina monasteriu 'monasterio'), Alpicat, Batea, Belianes, Bot, Bovera, Cabacés, Calafell, el Lloar, Gelida, Jafre, Juneda, l'Aldea, l'Aleixar, la Fatarella, la Pobla de Massaluca, la Sénia, les Borges Blanques, Margalef, Masquefa, Massalcoreig, Mediona, Miravet, Sant Carles de la Ràpita, Sant Quintí de Mediona, Sidamon, Sudanell y Vimbodí.
- Del latín hablado en tierras valencianas y baleares surgió el mozárabe. De esta habla tenemos topónimos como Montuïri (Mallorca) (del latín (pro)montorium), Petra (Mallorca), Campos (Mallorca), Muro (Mallorca y Alcoyano), Ebo (Marina Alta), etc.
Gracias a los estudios etimológicos y a la documentación antigua se conoce la historia de los topónimos. Con todo, hay de oscuros. Sant Feliu de Guíxols (Baix Empordà) podría provenir de Gypsela (documentado antiguamente), pero no se puede comprobar. Por otro lado, hay discusiones entre expertos para otros muchos topónimos; por ejemplo, según muchos autores Guissona (Segarra) proviene del latín Iesso, pero Joan Coromines sostiene que proviene del germánico Wizo (nombre de persona), y otros autores dicen que proviene del árabe Aixuna (nombre de persona).
Historia de la toponimia
Aunque la aparición de la toponimia como ciencia es muy reciente, ya desde la antigüedad muchos autores sintieron curiosidad de averiguar el origen de algunos topónimos importantes, y recogieron las explicaciones que muy a menudo la tradición oral los daba. Así, era muy común en tiempos antiguos atribuir el nombre de una ciudad, o incluso de un país, a un personaje legendario, como por ejemplo Roma de Rómulo y Atenas de Atena, etc. En la mitología griega es muy habitual encontrar personajes que supuestamente dieron nombre en todo un territorio (Asia, Europa, Egipto...), a pesar de que en realidad fue a la inversa.
A veces el topónimo no se hacía derivar del nombre del personajes sino de un episodio relacionado. Como ejemplo, el caso de la fundación legendaria de Barcelona por Hércules. Según una tradición tardía (no documentada en textos antiguos), durante la realización de uno de sus doce trabajos, la flota del héroe fue sorprendida por una tormenta que destruyó la mayor parte; sólo se salvó la novena nave (barca nona), y para conmemorar este hecho Hércules fundó la ciudad de Barcelona allá donde desembarcó.
Esta tradición continuó a lo largo de la edad mediana hasta llegar al Renacimiento, donde todavía muchos eruditos utilizaban juegos de palabras para explicar el origen de unos y otros topónimos. Sus principales errores avalaron relatos de origen popular, sin ninguna base lógica, sin cuento detalles importantes como las formas antiguas de los nombres de lugar, la lengua de donde venían y la evolución fonética y morfológica posterior.
El estudio científico de los topónimos, con auténticos criterios filológicos, no se inició en Europa, en países como Francia y Alemania hasta el fin del siglo XIX. En Cataluña fue decisivos los estudios publicados al Boletín de Dialectología Catalana, bajo la tutela del Instituto de Estudios Catalanes. Posteriormente hay que destacar la fundación, el año 1980, de la Sociedad de Onomástica, y la publicación de la Onomasticon Cataloniae al cuidado del insigne Joan Coromines. Fuera de Cataluña se tiene que destacar el trabajo de autores como Ramón Menéndez Pidal en España y Albert Dauzat en Francia. En cambio, fuera de Europa, en América, Asia y África, no ha habido un gran desarrollo de los estudios de toponimia, de forma que hay un gran desconocimiento sobre los orígenes de muchos topónimos.
Estudiosos de la toponimia catalana
La toponimia catalana ha contado con bastante estudiosos, entre los cuales destaca Joan Coromines, autor del Onomasticon Cataloniae; y otros autores, como Enric Moreu-Rey (que ha estudiado todos los territorios de lengua catalana), Ramon Amigó (Cataluña, sobre todo el Campo de Tarragona y comarcas adyacentes, pero también el Ripollès), Joan Torcido (Cataluña, sobre todo el Campo de Tarragona), Juli Moll (todos los territorios de habla calana), Lluís Basseda autor de Toponymie historique de Cataluña Norte (Cataluña norteño), Joan Becado (Cataluña norteño), Joan Peytaví (Cataluña norteño), Àlvar Valls (Andorra, autor del Diccionario enciclopédico de Andorra (2007)), Ramon Ganyet (Andorra, coautor del libro Valls de Andorra. Geografía y diccionario geográfico (1977)), Bonaventura Adellach (Andorra, coautor del libro Valls de Andorra. Geografía y diccionario geográfico (1977)), Míquel de Epalza (sur del País Valenciano, experto en toponimia arábiga), Aguas de Busot Vives Pérez (técnica lingüística de la Generalitat Valenciana), Emili Casanova (País Valenciano), Cosme Aguiló (Mallorca), Gabriel Bibiloni (Islas Baleares y Pitiüses en general; este profesor de la Universitat de les Illes Balears es autor del nomenclador de las Islas), Joan Mascaró Passarius (Menorca), Enric Ribes y Marí (Ibiza y Formentera), Albert Turull (Universitat de Lleida; ha estudiado sobre todo la Segarra y el Pallars Sobirà), Joan Anton Rabella (Universitat de Barcelona y Instituto de Estudios Catalanes) y Josep Moran (Universitat de Barcelona y Instituto de Estudios Catalanes). Estos dos últimos trabajan a la Oficina de Onomástica del Instituto de Estudios Catalanes y son los que han hecho la revisión lingüística del Nomenclador oficial de toponimia mayor de Cataluña. También existe la Sociedad de Onomástica, que trabaja por el estudio de los topónimos y antropónimos catalanes.
Enlaces externos
- Sociedad de Onomástica
- Toponimia: Exposición "Palabras con raíces. Los nombres de lugar nos hablan"
- Comisión de Toponimia de Cataluña. Generalitat de Catalunya
- Toponimia. Instituto de Estudios Catalanes
- Índice toponímico de los pueblos y ciudades del País Valenciano
- Onomasticon Cataloniae
- Es decir. Portal lingüístico de la Corporación Catalana de Medios Audiovisualeshace:جاینامya:地名学ganso:Toponimia
