Visita Encydia-Wikilingue.cómo

Revuelta de las Germanies

revuelta de las germanies - Wikilingue - Encydia


La Revuelta de las Germanies fue una rebelión armada que se produjo en el Reino de Valencia y en las Islas Baleares muy entrado el siglo XVI, durante el reinado de Carles I. La revuelta, a pesar de que no tuvo ninguna repercusión más allá del Reino de Valencia (sacado de algunos disturbios relacionados en Cataluña), tuvo como consecuencias más directas la aceleración del proceso centralizador autoritario monárquico, la progresiva pérdida de poder de la oligarquía nobiliària valenciana, y una fuerte reducción de los derechos del pueblo valenciano.

La revuelta se enmarca dentro de una serie de convulsiones europeas que marcan la primera crisis del sistema feudal: las jacqueries francesas, la insurrección inglesa de 1381 , los ciompi italianos, los irmandinhos gallegos, las Comunidades de Castilla, y las guerras campesinas alemanas, derrotadas el 1525 a la Batalla de Frankenhausen. Los analistas históricos modernos muestran discrepancias sobre si la Revuelta de las Germanies fue una "primera revolución moderna" o un alzamiento retardatari y feudalitzant al europeisme modernitzador de Carles V. De hecho la complejidad del análisis se deriva en que la Revuelta de las Germanies contuvo varias luchas paralelas: la de los menestrales y pueble menut contra la oligarquía urbana; la de los campesinos contra los señores; y la de la uniformisme cristiano contra la singularidad musulmana.

Como Germanies también se conoce otra revuelta que se desarrolló en Mallorca, a comienzos del siglo XVI (ved Germanies de Mallorca); la Segunda Germania fue otro movimiento armado desarrollado en 1693 mayoritariamente en las comarcas centrales del Reino de Valencia.

La paz de las Germanies, aceite sobre lienzo, por Marcelino Unceta.

Mesa de contenidos

Antecedentes

El esplendor tardomedieval valenciano fue aprovechada por la oligarquía urbana, en el sentido que excluyeron las clases populares del poder político y de los beneficios económicos del crecimiento. Por otro lado, se estableció una fuerte competencia sobre las estructuras gremiales por parte de las mercancías importadas y de los mercaderes que encomendaban directamente la manufactura a trabajadores poco calificados. Este hecho, no sólo rompía el monopolio gremial sobre la manufactura, sino que provocaba una superproducción, una bajada global de la productividad, una disminución en la calidad de los productos y una inflación de maestras. Todo ello, coartaba las expectativas de ganancia y de promoción, así como consolidaba los desniveles patrimoniales y la pauperització de la mayoría. Dentro de este contexto, empezaron a crearse unas tensiones al si de los diferentes gremios y corporaciones, que, despacio, se extendieron a toda la sociedad.

Llegados en este punto, se crearon unos estatutos gremiales, en gran parte impulsados por Joan Llorenç, considerado el ideólogo y fundador de las Germanies, que pretendía el establecimiento de una república.[1] Este estatuto no sólo expresaba una idea evangélica de unidad, sino que también reivindicaba la restauración del monopolio gremial en los diferentes oficios, así como la participación de las clases populares en el gobierno de la ciudad. Con esto los agermanats exigían una ciudad libre, exclusivamente gobernada por la justicia popular, como otras muchas ciudades italianas. Pero esto no implicaba que los agermanats no fueran absolutamente respetuosos con la monarquía y el sistema foral (hecho que aceleró más adelante el proceso centralizador monárquico al Reino de Valencia).

Los dos desencadenantes últimos de la revuelta fueron el vacío de poder en la ciudad que se había provocado debido a la fuga de la nobleza local ante la riada de 1517 , el disturbio contra un panadero acusado de sodomia[2] y una epidemia de peste negra en 1519, y el continuo aplazamiento de la venida del rey para celebrar cortes y jurar Fueros, probablemente por el escaso interés que le provocaba el Reino de Valencia, al coincidir estos hechos con el proceso de coronación como emperador. La decisión real en el verano de 1519 de armar los gremios para poder autodefensar-se ante las amenazas de los piratas barbarescos (decisión tomada ya por Ferran II en 1515 pero interrumpida por las autoridades locales ante las consecuencias evidentes) constituyó la chispa final con la cual los gremios trataron de imponer a la fuerza sus reivindicaciones.[3]

El alzamiento popular

Con todos estos antecedentes, los agermanats empezaron a exhibir el poder de los oficios a través de varios desfiles militares[2] y la constitución el 25 de noviembre[4] de un comité ejecutivo formato por trece síndicos: la Junta de los Trece, formada por un representante de cada gremio, para regir la Ciutat de Valencia.[3] El rey, por aquel tiempo, estaba en Aquisgrán concentrado en su coronación como emperador, y las únicas medidas que tomó ante la revuelta fueron la prohibición del uso de armas y la eliminación de algunas de sus concesiones, prohibiciones que nadie tuvo en cuenta.

La Germania es revocada por el rey en enero de 1520 y la tensión aumentó con el nombramiento de Diego Hurtado de Mendoza como virrei, en abril de 1520 ; por su condición de extranjero, y porque entonces los agermanats hicieron un golpe de estado municipal, con el cual consiguieron imponer representantes populares en diferentes jurados, magistraturas y comisiones de gobierno municipal sin llegar nunca al control total. Conforme iban sumándose villas a la revuelta, esta iba radicalizándose ì adquirió el rango de guerra civil y se extendió por todo el Reino de Valencia, con la creación otras juntas de los trece controladas por la de Valencia.

En verano de 1520 empezaron algunas acciones bélicas como el asalto del vescomtat de Chelva, el saqueo de palacios nobiliaris y la crema de títulos de propiedad. Todo y la derrota de la revuelta de las Comunidades de Castilla a la batalla de Villalar el 23 de abril, la revuelta estalló el junio de 1521 , en dos frentes a la vez: uno al norte, en las comarcas del Maestrat, la Plana y el Camp de Morvedre; y otro al sur, en las tierras de Alzira, Xàtiva, Gandia y Elche .

El primer frente fue doblemente derrotado por las tropas de Alfons Y de Empúries, el duque de Segorbe, primero a la batalla de Orpesa y después a la batalla de Almenara. El frente del sur, por el contrario, consiguió tomar el castillo de Xàtiva y una importante victoria en Gandia (veáis: batalla de Gandia) sobre las tropas del virrei (de hecho, la única en batalla campal). Desprendido de este éxito, el saqueo de la villa y huerta de Gandia, y el bautizo forzoso de todos los musulmanes de la Safor, los agermanats empezaron una serie de disputas internas que condujeron a una estrepitosa derrota por el marqués de Los Vélez en Orihuela (veáis: Batalla de Orihuela) y una posterior caída en manos realistas de todo el sur del reino, desde Alicante hasta Ontinyent.

En la Ciutat de Valencia el movimiento fue radicalizándose y los primeros líderes más moderados (Llorenç, Caro, Sorolla y Monforte del Cid) fueron sustituidos por otros líderes con carácter más bélicos (Urgellés, Estellés, Peris y Borrell). El objetivo de los primeros líderes no era otro que controlar el sistema municipal para desarrollar un mejor gobierno: sanejar las arcas públicas, reducir la emisión de deuda pública, etc.; pero al ponerse en marcha los procesos bélicos se vieron desbordados y fuera de lugar. Rápidamente se desvincularon del movimiento, al cual estaban añadiéndose otros estratos sociales más radicales con intereses muy diferentes y contrapuestos a los de la burguesía de la capital valenciana.

Mientras que la burguesía valenciana buscaba una salida negociada, los líderes militares defendían la revolución en los campos de batalla. Esta desunión provocó la caída rápida de la revuelta y sólo a una semana de la gran victoria en Gandia, la Junta de los Trece dimitía, y a los tres meses la Ciutat de Valencia se rindió al rey. Peris, después de hacerse fuerte unos meses en Xàtiva, volvió a Valencia, donde no pudo reavivar la Germania y finalmente fue tomado y descuartizado.

Únicamente Xàtiva y Alzira quedan bajo dominio agermanat. Se produjo un rebrote de la rebelión, esta vez acaudillada por un misterioso personaje conocido por el Encubierto, y que se hacía pasar por el niño Joan, hijo de los Reyes Católicos. Este nuevo líder consiguió vincular la ya agónica revuelta únicamente del componente social más pobre, completamente diferente de los impulsores de la crisis: las élites campesinas locales, los prohombres locales, la pequeña oligarquía, pedidos de la orden de Montesa, etc.; que únicamente tenían en mente una revolución política pero no social. En esta segunda fase el ámbito de acción de la germania se limitó a la Huerta de Valencia, Alzira y Xàtiva. Se saquearon algunas tierras de señoría vecinas, se asaltaron algunos castillos y sobre todo, se obligó a todos los musulmanes a su alcance a bautizarse.

Después del asesinato del Encubierto en Burjassot el 19 de mayo de 1522 a manso de dos de sus seguidores para cobrar la recompensa oferta por el virrei, y la caída de Xàtiva y Alzira (diciembre del 1522), se produce la derrota definitiva de los "agermanats".

La conversión forzada de los mudéjares

Los musulmanes habitantes del Reino de Valencia fueran otro de los múltiplos objetivos partidistas de los agermanats. El odio al moro no sólo tuvo un componente étnico y/o religioso. Por un lado, los musulmanes conformaban un tipo de mano de obra barata que ayudaba los nobles a mantener su posición con una alta productividad de sus tierras. Y por otra, los artesanos mudéjares eran otra fuente de competencia que se erigió al sistema gremial.

La idea utópica de algunos agermanats era crear un solo pueblo cristiano y una Germania Universal. Es por eso que se inició un proceso de conversión sistemático que tuvo su punto máximo en verano de 1521, después de la victoria agermanada de Gandia.

Sofocada la revuelta, los nobles abogaron para invalidar la validez de estos bautizos forzosos. Para tomar una decisión firme y con tino se creó una junta de teólogos y juristas convocada por Carles V en Madrid. En 1525 esta junta se pronunció a favor de mantener la fe cristiana de los nuevos conversos, puesto que según ellos no habían sido forzados: la decisión del bautismo había sido tomada libremente al haberse dado al mudéjar la alternativa de la muerte.

La medida provocó el alzamiento de una parte de la población conversa, en Benaguasil en noviembre de 1525 y en la Sierra de Espadà en marzo del 1526. A pesar de acabar con la excepción musulmana en el país, la decisión comenzó el problema de los moriscos.

Consecuencias y represiones

La represión posterior a la revuelta ya empezó antes de la extinción definitiva de esta, en diciembre de 1522. Con la caída de Valencia y la entrada del virrei en la ciudad se empezó una moderada represión con el perdón generalizado, con la excepción de las cabezas más visibles (una cincuentena).

A la muerte del Encubierto, pero, se denominó virrei del Reino de Valencia a Hermana de Foix (viuda de Ferran II), la cual gobernó duramente hasta su muerte en 1538. Las consecuencias más inmediatas fueran el ordenamiento de 800 sentencias de muerto que tuvieron que efectuarse de una forma intermitente a lo largo de varios años. También se impusieron una serie de multas astronómicas por los gremios, así como un total de más de 360.000 ducados de multa al conjunto de todas las ciudades y villas agermanades, y dos millones de ducados en concepto de indemnizaciones por los daños sufridos durante la guerra.

El 23 de diciembre de 1524 , la virreina concedió un indulto a los "paraires" (uno de los seis gremios principales de la Ciutat de Valencia) en un documento oficial que es considerado uno de los primeros redactados en castellano en el Reino de Valencia, el que ha llevado que algunos vean en la derrota de los "agermanats" una causa de la imposición de esta lengua, al considerarlo como una represalia más contra los perdedores. La pacificación efectiva del territorio parece que no se produjo hasta 1528, fecha en que el rey otorgó un perdón general.

Más allá de las consecuencias inmediatas, la Revuelta de las Germanies fue un catalizador político por el cambio al estado moderno: centralizado y autoritario. El paso fundamental para acelerar este proceso fue el debilitamiento de la nobleza local en pro del poder real. Las germanies propiciaron este proceso por varios motivos. Primero, porque los nobles se dieron cuenta que necesitaban la protección del rey frente a las amenazas de las masas enfurecidas. Segundo, porque la conversión de los mudéjares eliminó la mano de obra barata (o gratuita) la cuals los nobles habían sido continuamente protegiendo de manera encubierta para no disminuir la productividad de sus tierras (este hecho se acentuó todavía más enla expulsión de los moriscos, en 1609). Tercero, porque el rey estableció a través de la virreina, y debido a la necesidad de gestionar el conflicto armado, una pequeña corte real en la Ciutat de Valencia. Esta corte empieza a adquirir, primero el control de la Ciutat de Valencia, y más adelante el control del reino entero, en detrimento del poder nobiliari.

Con la fusión total del Reino de Valencia al resto de territorios imperiales (marcados siempre por la hegemonía del Reino de Castilla) los nobles regionales pasaron a un tercer plan en contraposición de un nuevo tipo de nobleza imperial (Grandes de España) completamente cerrada a la pequeña nobleza. Este punto de inflexión comportó, entre otras cosas, la pérdida de unidad nacional de los reinos que conformaban la antigua Corona de Aragón y la rotura de una cierta realidad nacional catalana con la incorporación del castellano como lingua franca y la lengua de la nobleza.

Referencias

  1. Antoni Rovira y Virgilio, La guerra que han provocado, p.110
  2. 2,0 2,1 Catedral de Valencia, El libre de antiquitats de la sede de Valencia, p.22-23
  3. 3,0 3,1 Ferran Soldevila, Historia de Cataluña, p.371-372
  4. Joaquim Escrig, Cronologías históricas valencianas de Jaume Y a nuestros días, p.40
Your Ad Here