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Neolítico

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El neolítico (del griego νέος, néos, "nuevo", y λίθος, líthos, "piedra") es un periodo de la prehistoria en el cual tuvieron lugar innovaciones de una gran trascendencia: los seres humanos descubren la agricultura y la ganadería , y se hacen sedentarios.

Este término fue propuesto el 1865 por el historiador John Lubbock.[1] El nombre hace referencia a la forma novel de trabajar los enseres de piedra, no sólo percudits, sino también pulidos. De todas maneras, el esencial en este periodo no son los enseres, sino los cambios económicos producidos, como la aparición del excedente de producción, y las consecuencias sociales.

Este largo periodo se suele dividir en tres fases: el neolítico inicial, el medio y el final.

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La aparición de la revolución neolítica

Después de largas épocas de clima muy frío vinieron temporadas de clima cálido que comportaron un aumento del caudal de los ríos, creación de terrazas fluviales, aumento del nivel del agua del mar, etc. Al final de la última glaciación, y en el cambio hacia el clima que hay actualmente, se produce un hecho revolucionario que se debe de al reto que la especie humana tiene delante: o inventa nuevas formas de vida que no sean sólo destructivas y depredadoras o fenece como especie, puesto que, atendidas las condiciones de vegetación y de fauna, ya no se puede seguir depredant la natura.

Es un periodo de la historia que abraza un tiempo diferente según los lugares. Aproximadamente hay que situarlo entre el 7000 aC y el 4000 aC. Aparece en el Curdistán antes del 7000 aC (quizás cabe el 8000 aC) y se difundió lentamente. En Europa llegó ninguno el 5500 aC.

El impulso definitivo parece que vino del factor climático (época postglacial), puesto que en la última fase climática de carácter cálido, además de enretirar-se el hielo hacia el norte de Europa, desertitzà las zonas subtropicals. En consecuencia, los animales se extinguieron o bien emigraron ninguno los bosques norteños.

El creciente fértil

El escenario del cambio neolítico fue, en cuanto al Occidente y en el Próximo Oriente, la zona del creciente fértil (costas mediterráneas de Palestina , región donde surgen culturas agrícolas, sedentarias, el Líbano y tierras interiores de Mesopotàmia ). Las primeras culturas agrícolas surgieron al sudeste de Anatólia cabe el 8000 aC, probablemente antes del 7000 aC. Se detecta la siembra, plantación y almacenamiento de cereales, y se sabe que se domesticaron algunos animales, el primero de los cuales fue el perro.

Se construyeron poblados de barracas circulares, semisubterrànies, de una sola cámara, con las paredes y el tierra cubiertos de barro. De antes del 7000 aC ya se conocen los restos de al menos una gran ciudad, Jericó, con una superficie de unas 4 hectáreas, con muralla de piedra y un foso excavado de unos 8 metros de ancho por 3 metros de fondo y con, al menos, una grande tueste circular de 9 metros de altura, que servía de torre de vigilancia, con una escalera para acceder al techo y en lo alto de la muralla.

Esta primera cultura neolítica (neolítico pre-cerámico) duró desde aproximadamente el 7500 aC hasta el 6500 aC y fue sustituida por otra cultura venida norteña, desde Anatólia, que también duró unos mil años, del 6500 aC al 5500 aC. La cultura neolítica que la sucedió también procedía norteña y subsistió otros mil años más, del 5500 aC al 4500 aC.

Estas culturas se extendieron por todo el planeta, y se aceleró la difusión a partir del 5000 aC, cuando se puede establecer el inicio del periodo neolítico al continente Europeo. Esta difusión siguió vías naturales, como es ahora los mares y los valles de grandes ríos, y muchos grupos, al encontrarse con climas y tierras diferentes, se vieron obligados a cultivar y a domesticar otras especies de plantas y de animales.

La cerámica cardial, decorada con impresiones de conchas, permite seguir las líneas de difusión por las cuestes norte y sur de la Mediterránea hasta el espacio de los actuales Países Catalanes. Por otro lado, a través de los valles del Danubi y del Rin, la agricultura y la ganadería llegaron al norte y al oeste del continente europeo.

Otras zonas con actividad neolítica

La zona descrita al apartado anterior es la que afectó en Occidente. Aun así, aparte de esta zona de la Oriente Medio, está documentada actividad neolítica en la zona de Huang-Lo (la China ), en Birmania, en el valle del Indo (el Pakistán) y en Abisinia.

Al continente americano los primeros intentos de domesticación de animales y de cultivos se hicieron al actual sido del Perú y al sur de México .

La nueva economía productora

El aixada de mango largo era una herramienta muy preciada. A la fotografía, una hoja de piedra pulcra neolítica

Un gran paso se produce cuando los humanos empiezan a no depender sólo de la caza para sobrevivir. Se acontece, pues, una auténtica revolución: la actividad económica empieza a girar en el entorno de la agricultura y la ganadería. El descubrimiento de la agricultura empezó con la recoŀleció intensiva de fruta y vegetales y la especialización en la cacería.

El impulso definitivo vino del cambio climático que se produjo al mesolítico, que causó la retirada del hielo hacia el norte de Europa, desertitzà las zonas subtropicals, y provocó importantes migraciones y también extinciones de animales. La carencia de alimentos obligó los cazadores-recolectores a desarrollar la producción de alimentos.

La nueva actividad económica comportará cambios, tal como fueran la aparición de nuevos enseres para trabajar la tierra, los primeros poblados, o la presencia de unos artesanos cada vez más expertos.

Agricultores

Los humanos del neolítico, observando la natura , conocieron el ciclo del crecimiento de las plantas. Aprendieron que si plantaban una semilla, gracias al agua de la lluvia, esta germinaría y daría fruto. Se convirtieron en campesinos que cultivaban cereales (trigo, cebada y centeno ) y legumbres (lentejas, garbanzos y guisantes ).

Además, conocían bien las plantas y sabían qué setas cortan las hemorragias o las plantas que curan el dolor de estómago.

Para labrar la tierra surgieron nuevos enseres más afinados y más largos, a la vez que aparecen los primeros molinos manuales para moler los granos que se cultivan. En segundo lugar, la productividad pronto fue más alta del que hacía falta para sobrevivir y, despacio, nació la idea de riqueza vinculada a la productividad de las tierras: aparece el excedente de producción, que permitirá pagar actividades no vinculadas a la tierra o a la ganadería. También aparece la división del trabajo. Raso y corto, el excedente hará surgir primero una división del trabajo y, casi inmediatamente, una minoría que ejercerá un dominio sobre el resto a través de elementos coercitivos -los funcionarios y el ejército- e ideológicos.[2]

El neolítico comportará una nueva economía productora en que el número de componentes de una comunidad no dependía tan sólo de las circunstancias climáticas o de los recursos vegetales y animales, sino de su capacidad de aumentar el fruto de las tierras cultivadas y de los rebaños, a la vez que la economía de la comunidad es autosuficiente.

La producción de alimentos, incluso en la forma más simple, proporciona una oportunidad y un motivo para la acumulación de un sobrante. Una planta cultivada no se tiene que consumir en el momento mismo de la cosecha. Hay que conservar y ahorrar el grano porque dure hasta la próxima cosecha, es decir, un año entero. Y hay que apartar un porcentaje de cada cosecha para la siembra.
Por otro lado, el ganado que se ha tenido que mantener laboriosamente durante la temporada de secada no tiene que ser sacrificado y devorado de manera indiscriminada. Al menos las vacas y las ovejas jóvenes se tienen que poner aparte y se tienen que criar para suministrar leche y para aumentar el rebaño.
En segundo lugar, la economía es absolutamente autosuficiente. La simple comunidad productora de alimentos no depende, para cabeza de sus necesidades vitales, del trueque o del intercambio con otro grupo. Produce y recoge todo el alimento que necesita. Tiene a su disposición, en la vecindad inmediata, las materias primeras que le hacen falta para su simple equipo. Los miembros o familias que la integran fabrican las herramientas, los enseres y las armas que los hacen falta.[3]

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Artesanos expertos

Cerámica cardial de la cueva de La Sarsa, al País Valenciano
Molino de piedra del neolítico por la molida de cereales. Consiste en una gran base lítica, donde se ponía el grano que se prensaba y picaba con una alta piedra.

La sustitución de los útiles de piedra cortada por los de piedra pulcra no es la novedad más importante, si bien es la que da nombre al periodo. La diversificación de tareas que había que realizar (talas de árboles, siembra de entonces, siega de cereales, molida del grano ...) explica que los primeros agricultores tuvieran que crear nuevos enseres específicos para cada función. La mayoría de enseres eran de sílex con un mango de madera, otras eran de oso y cuerno de animal. Hacían cerámica para almacenar alimentos, tela para la ropa con lana y lino, instrumentos de música ...

Los primeros poblados no tenían cerámica y los objetos destinados a contener líquidos eran calabazas, recipientes de cuero, boles de piedra o de madera y cestos de mimbres o cuerdas entrelazadas. Pero a partir del sexto miŀleni aC se difunde el uso de las piezas de barro.

Surgida la cerámica , el hombre intenta decorarla. Parece que las primeras decoraciones eran cuerdas que debían de ser de refuerzo pero después se introdujeron otras variantes: el acanaladora, el cordón (línea en relieve a manera de cuerda, ligeramente bajo el borde) y las anses de varios tipos. La cerámica de la época inicial (ninguno el 4000 aC) es de la llamada cardial, con incisiones de diverso tipo hechas con los dedos o con punzones o espátulas de hueso o piedra pulcra, a la arcilla blanda pero ya modelada (sin turno), antes de la cocción. Reciben el nombre de cardial para estar producidas la mayoría de las incisiones con un tipo de concha llamada Cardium edule, de la cual deriva el nombre "cardial". Las incisiones -a menudo combinadas- buscaban efectos simétricos.

Para trabajar de forma más eficiente, inventaron el molino para desmenuzar los cereales cultivados y hacer harina y el turno para acelerar y perfeccionar el proceso de fabricar cerámica.

El descubrimiento del tejido está relacionado con la fabricación anterior de redes, entrecruzados de hierbas, cuerdas y el cosido de pieles. Su aparición no se conoce con precisión por las dificultades de conservación de este materiales. La alambrada se realizaba ya con husos, que facilitaban la torcida del hilo, y, después de unos primeros tejidos a mano, se inventó el telar.

También se produce el desarrollo de nuevas habilidades: realizan hachas de piedra pulcra, dientes de hoz, punzones de oso y cestería, a la vez que sabían hacer fuego con facilidad, empleando piedras de sílex y polvo de metal.

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Prácticas artísticas

Es en las actividades artísticas donde más se nota la ruptura con el paleolítico. Las grandes manifestaciones realistas del arte rupestre dan a escasas pinturas esquemáticas mucho más pobres en dibujo y en color, si bien el arte amplió su campo de acción a la decoración de objetos de cerámica.

Las pinturas rupestres más tardías, correponents a los periodos cerámicos, se distingueixen por el movimiento de las figuras y por una tendencia hacia la abstracción, hasta el punto de convertir la figura humana en un tejido de rayas y ángulos.[4]

Entre el 6.000 y el 4.000 antes de Cristo, en el arco Mediterráneo, de la Península Ibérica, se desarrolló un tipo de arte prehistórico característico. Es el que a falta de nombre, se conoce como Arte Levantino. Territorialmente, aquet arte, es presente en Huesca y Teruel (Aragón); Lleida y Tarragona (Cataluña); en todo el País Valenciano; Murcia; Albacete y Cuenca (Castilla); Jaen y Almería (Andalucía). En Cataluña, este arte se inicia en el V milenio, antes de crist, y perdura hasta el final de la edad de los metales.

El neolítico en los Países Catalanes

De mediados de quinto miŀleni en mitad del cuarto, podemos constatar que la forma de vida, en Cataluña, ya es plenamente neolítico. Por ejemplo, se ha encontrado cerámica en Collbató (Montserrat), en las excavaciones hechas por Joan Colominas y Roca. Las piezas están decoradas con incisiones hechas por el borde dentado de una concha (cerámica cardial). Por otros restos arqueológicos sabemos que el tipo de agricultura de secano era cerealística y basada en el aprovechamiento de pastoreos para ganado.[5]

En el parque de la Draga, en Banyoles, hay el único yacimiento neolítico lacustre de la península ibérica. A la Draga, 4000 años aC había playas que hoy cubre el agua. Un hecho que ha permitido la buena conservación de materiales como la madera, las cuerdas, los cestos y los vegetales. Hay objetos recuperados que son únicos: arcos y jabalinas, palos cavadors y hoces, tallos de flecha, mangos de azuelas, cestos de junco, etc. En el año 1990 se hizo el primer sondeo. Desde entonces, las excavaciones sucesivas han revolucionado el conocimiento sobre las primeras sociedades neolítiques de la Mediterránea occidental. Desde el abril de 2004 el parque se visitable mientras las excavaciones continúan.[6]

A la cueva de la Fuente Mayor, en l'Espluga de Francolí, se han encontrado restos de presencia humana desde el paleolítico inferior, cuando fue habitada de forma temporal por comunidades de cazadores recolectores, hasta el neolítico, momento en que los asentamientos al vestíbulo se hicieron permanentes.

Uno de los yacimientos neolíticos más importantes de Europa se encuentra a Can Ortadó-Maymó, en Cerdanyola del Vallès, cuando, en el año 2003, mientras se hacían unas obras a la calle. El hallazgo de restos óseos humanas de una septuagésima de individuos inhumados en diferentes épocas, vasos campaniformes del 4600 aC, boles, tenazas, puntas de sageta taladas con sílex y conchas del ajuar funerario conforman el yacimiento.

Una modesta navegación de altura permeté llegar a las islas Baleares verso el 4000 aC, que encontramos testimoniados a la Sierra de Tramuntana de Mallorca.[7]

Referencias

  1. J. Lubbock (1865): Prehistoric Times, Londres, Williams and Norgate.
  2. Campàs, Joan y alto. (1980): Curso de historia de las civilizaciones, Barcelona, Editorial Serpa, p. 14
  3. Childe, Vere Gordon (1967): El nacimiento de la civilización, Barcelona, Ediciones 62.
  4. Fernández, A. y alto. (1984): Historia del arte, Barcelona, ed. Vicens Vives.
  5. Campàs, Joan y alto. (1980): Curso de historia de las civilizaciones, Barcelona, Editorial Serpa, p. 17
  6. Masanés, Cristina (2004): Los primeros vecinos de Banyoles, revista Sàpiens, número 25.
  7. Soldevila, Ferran (1979): Resumen de historia de los Países Catalanes, Barcelona, Editorial Barcino, página 13

Bibliografía

Enlaces externos

En catalán

En inglés

En francés

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