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Existen una serie de motes genéricos de los barceloneses empleados principalmente por personas de fuera del ámbito metropolitano con un cariz despectivo o burlón y que surgen de razones históricas, lingüísticas o sociológicas. Los más comunes son, de Can Fanga, pixapins, camacu o quemacu y xava.
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El apodo de Can Fanga referido en la ciudad de Barcelona y por extensión a sus habitantes se inicia entre las darreries del siglo XIX y el principio del XX. En aquella época todavía no se conocía el asfalto, y el sauló o la arena eran los únicos pavimentos de la calle y la acera. Era muy habitual pues, que al llover, la ciudad se enfangara mucho y las personas que paseaban se ensuciaran hasta la rodilla.
Para limpiarse los zapatos existían unas piezas en forma de H, denominados llevafangs, de unos 20 centímetros de altura, hechos de hierro fundido, que todavía se pueden ver en la entrada de algunas casas señoriales de Ciutat Vella.
Este mote de la ciudad todavía perdura en el imaginario catalán y se ha adoptado para referirse a sus habitantes como los de Can Fanga.[1]
Con la adopción generalizada del coche en el segundo tercio del XX en Cataluña, el fenómeno del veraneo y las escapadas de fin de semana inició una gran afluencia de gente de las zonas más pobladas, como por ejemplo la zona metropolitana de Barcelona, hacia otras comarcas y parajes más rurales. Muchas veces, la percepción que se tenía o se tiene de estos "invasores" temporales es la de personas que desconocen la natura y las costumbres del campesinado y son por lo tanto sujetes de befa.
El término pixapins se aplica en este contexto y se refiere al hecho de encontrar, bien en los bosques, o arbredes cercanos a una carretera, a individuos haciendo sus necesidades a la sombra de un árbol, y por la gran cantidad de pinos que se encuentran en Cataluña, probablemente un árbol de esta especie.
En el subdialecto central barcelonés hay una expresión de admiración muy habitual que guapo! que, exagerando la pronunciación, se convierte en camacu. Los habitantes otras zonas de Cataluña sienten las alabanzas de los barceloneses a sus paisajes, comidas, etc... llenas de "camacus" y han adoptado esta expresión como mote de los habitantes de la ciudad o de su zona metropolitana que veranean o pasan el fin de semana en otros lugares.
Uno de las hablas sociales barcelonesas es el xava. Esta apelación de una modalidad lingüística, por extensión, se ha aplicado a todos los habitantes de la zona de Barcelona, aunque no hablen de este modo. El xava se caracteriza por la pérdida de sonoridad de las sibil·lants sonoras (/z/,/ʒ/), la apertura en [a] de las vocales neutras, el cierre de las vocales abiertas (/ɛ/, /ɔ/), y la ausencia de los pronombres débiles '' y 'en'. Todo ello, son fenómenos claramente atribuibles a la influencia del castellano en la fonética y la sintaxis catalanas. Ved artículo Interferencias gramaticales del castellano sobre el catalán.