El Real monasterio de Santa Maria de Pedralbes es un convento de la orden de las clarisas situado al barrio de Pedralbes de Barcelona . Sus edificios forman un notable conjunto monumental de estilo gótico.
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El monasterio fue fundado por el rey Jaume el Justo y por su esposa Elisenda de Montcada el 1326, con la intención que sirviera de lugar de retiro por la reina en el momento de enviudar, que se preveía cercano por la edad y la salud del rey.[1] El monasterio se inauguró con una misa solemne el 3 de mayo de 1327 . Albergaba una comunidad de monjas clarisas, formada en su mayor parte por hijas de nobles.
La reina puso especial interés en este monasterio al cual dotó de varios privilegios. Gracias a uno de estos privilegios, el monasterio quedaba bajo la protección directa de la ciudad, a través del Consejo de Cien, que se comprometía a defenderlo en caso de peligro.
La propia Elisenda hizo construir un palacio anejo al que se trasladó al morir su marido, el 1327. Elisenda residió al palacio del monasterio hasta el momento de su muerte el 1364. A pesar de que la propia reina ordenó a su testamento que el edificio fuera derruido después de su defunción, en el año 1972 Maria Assumpta Escudero y Limpiadera consideró que había descubierto los restos del Palacio dentro del mismo monasterio de Pedralbes junto al dormitorio de las monjas, si bien otros investigadores han propuesto hipótesis alternativas sobre la situación del palacio, más abierto al exterior.[1]
Desde el 1329 hubo al monasterio una pequeña comunidad de frailes franciscanos (inicialmente seis) para cuidarse de la espiritualidad de las monjas; estos frailes se alojaban en el edificio conocido como el conventet.[2]
Durante la Guerra de los Segadors de 1640 , las monjas fueron exclaustradas y se alojaron a la residencia del marqués de Aitona. En virtud del acuerdo establecido por Elisenda de Montcada con la ciudad, las religiosas fueron escoltadas hasta su destino por soldados armados. La madre abadesa cerraba el cortejo, acompañada por el segundo consejero de la ciudad.
El 1835, después de la crema de conventos producida en Barcelona, las monjas huyeron y la comunidad restó dispersa durante tres años.[3] Aún así, el monasterio no fue afectado por la desamortización, cosa que ha contribuido a su buena conservación en comparación con otros elementos del patrimonio eclesiástico del país.[1]
El 1931 el estado declaró el monasterio Monumento Histórico Artístico y, al estallar la guerra civil, se hacéis cargo la Generalitat[2] y fue quemado el retablo mayor. El 1938 s´ instala el Depósito General de Archivos, donde se reunían los fondos de los archivos de diferentes instituciones (sobre todo religiosas) que se podía ir salvando de las vicisitudes del momento.[4] A partir del 1949 una parte del monasterio se abrió al público,[2] y el 1975 se construyó un nuevo convento al antiguo huerto[2] para destinar la mayor parte de las instalaciones antiguas al Museo-monasterio de Pedralbes, que a las darreries del siglo XX pasó a formar parte del Museo de Historia de la Ciutat. En este museo se exhiben piezas relacionadas con la vida monástica, casi todas pertenecientes al patrimonio de las religiosas. El 1993 se destinó una parte del recinto a alojar una pequeña parte de la colección Thyssen-Bornemisza. El 2004, esta colección se trasladó al Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). Una pequeña comunidad de monjas clarisas sigue residiendo al nuevo convento.
El perímetro del monasterio de Pedralbes estuvo en un origen cercado por una muralla. De esta muralla únicamente se conservan dos torres de vigilancia y dos de las puertas que daban acceso al recinto.
La iglesia de Pedralbes consta de una única nave, con siete tramos de vueltas quatripartites y un ábside heptagonal.[3] Entre los contrafuertes de las tres primeras vueltas (o sea, entre la puerta y el ábside) se disponen capillas; el cuarto tramo corresponde a la puerta, que se abre en la plaza del Monasterio, y los tres últimos al corazón, que en el quinto tramo tiene dos pisos (el corazón bajo y el corazón alto), pero que en los sexto y el séptimo sólo tiene el piso alto, puesto que la pendiente natural del terreno hace que estos dos tramos del corazón alto estén construidos directamente sobre la roca granítica.[3] Hasta el siglo XIX, el corazón había sido separado del resto de la iglesia por una pared que subía hasta casi a las vueltas, y que tenía en medio una ventana enrejada con unos espesos celos a través de la cual las monjas podían seguir el oficio, pero el 1894 se derrocó la pared, del corazón alto y se dobló la del corazón bajo, para soportar el peso del órgano que se instaló aproximadamente en el lugar donde había habido la ventana.[3]
Además del corazón alto y el corazón bajo, también hay el corazón de los frailes, situado en medio de la iglesia y fuera del ámbito de la clausura, y que al ser de poca altura (1,3 m) no rompe la unidad espacial de la nave,[2] a diferencia del que pasa en otros iglesias que tienen corazones con paredes o sillerías más altas, como la catedral de Barcelona.
En el interior, la iglesia estaba presidida por un retablo gótico elaborado por Jaume Huguet, perdido actualmente.
Es el espacio más importante del monasterio después de la iglesia.
El claustro, alrededor del cual se ordena el monasterio, tiene tres pisos de altura y una longitud de 40 metros. Dan al mencionado claustro el sepulcro de la reina Elisenda, el dormitorio, la abadía, la enfermería, el comedor (refetori) y la sala capitular.
Los dos pisos inferiores son del s.XIV con arcos espaciosos apuntados, sobre columnas con capiteles muy estilizados, con escudos de los reyes de Aragón y de la casa de Montcada. El piso superior es sin arcadas y con techo en vertiente.
destaca la celda de SantoMiquel , los muros de la cual están totalmente recubiertos por frescos pintados por Ferrer Balsa. Realizados el 1346, muestran la influencia que recibió este artista del pintor italiano Giotto y son la mejor muestra de este gótico italianizando fuera de Italia.
De acuerdo con las tradiciones monásticas, en el claustros de los monasterios se cultivaban varias plantas medicinales y así lo debieron de hacer las monjas del Monasterio. Como complemento a la exposición "Plantes, remedios y apotecaris", organizada en el año 2007 por el Museo-Monasterio de Pedralbes, se impulsó la recreación de un jardín medicinal medieval con una cincuentena de plantas con propiedades curanderas según el conocimiento medieval.[5] Recientemente, y en el marco de un convenio de colaboración impulsado por este Museo Monasterio y la Facultad de Farmacia de la Universitat de Barcelona, se ha posibilitado hacer un "paseo virtual" por este jardín medieval a partir del trabajo de un grupo de estudiantes asesorados por profesores de Botánica de la Facultad.
Entre el claustro y la iglesia hay el panteón de la reina Elisenda. Está situado al muro de separación que hay entre las dos dependencias, de forma que incluye una tumba bifront, con una de sus caras que da al claustro y la otra a la iglesia. Así, la estatua yacente que hay sobre el sepulcro puede mostrar la reina en sus dos facetas: en la iglesia --recinto público y accesible a todos los fieles-- se ve Elisenda elegantemente vestida y coronada como reina, con decoración polícroma y esculturas de mármol, mientras que junto al claustro --dentro de la clausura y sólo accesible a la comunidad monástica-- se la voz con el hábito franciscano, vestida como viuda y monja, con esculturas de terracota.[6]
No se conserva documentación sobre el sepulcro: a pesar de ser una de las obras escultóricas más notables de la época, se desconoce el autor. Se sabe que cuando la reina otorgó testamento, el 1364, la tumba ya estaba acabada.
A la esquina entre lo la bajada del Monasterio y la plaza del Monasterio hay el edificio conocido como el Conventet, que actualmente queda fuera del recinto del monasterio pero que hasta la desamortización había formado parte.[3] Fue construido el 1329[2] para alojar la comunidad de frailes menores que se cuidaban de la asistencia espiritual de las monjas del monasterio.[3] Es un edificio sencillo con un pequeño claustro,[2] y el arquitecto Enric Sagnier lo reformó el 1919 incorporando elementos románicos procedentes de la desaparecida iglesia de Santa Maria de Besalú,[3] muy visibles al exterior. Es de propiedad privada, perteneciendo, de hace ya muchos años, a la familia Gòdia.
Las otras casas de la bajada del monasterio, ante el conventet, entre la entrada y la puerta inferior de la muralla habían sido la panadería, la carnicería y otras dependencias, y posteriormente han seguido perteneciente al monasterio dedicadas a otros usos.[2]
Actualmente residen diecinueve monjas que se dedican a la oración y a hacer tareas relacionadas con el monasterio. Conservan una tradición muy popular en Barcelona: porque no llueva cuando se tiene que celebrar un casamiento, la gente trae huevos al monasterio y dicen esta cantarella:”Santa Clara y San Pujol, haced buena barrida a esta nuvolada que tapa el solo”.
(y)