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Mercè Rodoreda y Gurguí

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Mercè Rodoreda y Gurguí

Rodoreda en una foto de estudio hecha a Ginebra al decenio de 1960.
Nacimiento: 10 de octubre de 1908
Barcelona, Cataluña
Muerto: 13 de abril de 1983 (con Error con la expresión: La palabra "oro" no se reconoce años)
Girona, Cataluña
Actividad: Escritora
Primera/se obra/se: Soy una mujer honrada? (1932)
Del que se no puede huir (1934)
Obras principales: La plaza del Diamante, Espejo roto y Aloma.

Mercè Rodoreda y Gurguí (Barcelona, 10 de octubre de 1908- Girona, 13 de abril de 1983) fue una escritora catalana que recibió, entre otros galardones, el Premio de Honor de las Letras Catalanas de 1980.[1] Se considera la escritora de lengua catalana contemporánea más influyente,[2] tal como lo atestiguan las referencias otros autores a su obra y la repercusión internacional, con traducciones a veintinueve lenguas diferentes.[n. 1][3] Su producción comprende todos los géneros literarios; Rodoreda cultivó tanto la poesía como el teatro o el cuento, a pesar de que destaca especialmente en la novela. Póstumamente se descubrió la vertiente más pictórico, que a menudo había quedado en segundo término por la importancia que Rodoreda daba a la propia escritura:

« Escribo porque me gusta escribir. Si no me pareciera exagerado diría que escribo para gustarme a mí. Si de retop el que escribo gusta a los otros, mejor. Quizás es más profundo. Quizás escribo para afirmarme. Para sentir que soy... Y acabo. He hablado de mí y de cosas esenciales en mi vida, con una cierta carencia de medida. Y la desmesura siempre me ha hecho mucho miedo.[4]  »

—Mercè Rodoreda, Prólogo Espejo Roto

Contenido

Biografía

Infancia (1908-1921)

Mercè Rodoreda y Gurguí nació el 10 de octubre de 1908 en una pequeña torre con jardín de la calle de Sant Antoni, actualmente calle de Manuel Angelon, al barrio de Sant Gervasi de Cazuelas, Barcelona. Fue la única hija de Andreu Rodoreda Sellent, contable de una armería, y Montserrat Gurguí Guardia. Los dos eran gran amantes de la literatura y el teatro y, de hecho, habían asistido a clases de declamación a la Escuela de Arte Dramático, que posteriormente acontecería el Instituto del Teatro, impartidas por Adrià Vado.[5][6] Su madre también tenía un gran interés por la música.[5]

Rodoreda sólo cursó la educación primaria durante dos años, desde 1915 hasta 1917, y en dos escuelas diferentes: el Colegio de Lourdes del barrio de Sarriá y otro centro más cercano a casa suya, en la calle de Padua, a la altura de la calle de Vallirana.

El abuelo materno, Pere Gurguí, era un admirador de Jacinto Verdaguer –de quién había sido amigo— y había colaborado como redactor a las revistas La Renaixensa y El Arco iris.[5][7] El año 1910, Pere Gurguí hizo levantar un monumento en memoria de Jacinto Verdaguer al jardín de casa que llevaba un grabado con las dos obras más importantes del autor, Canigó y El Atlàntida; aquel espacio se convirtió en el espacio de fiestas y reuniones de la familia.[7] La figura del abuelo la marcó intensamente y lo llegó a considerar su maestro. Gurguí lo inculcó un profundo sentimiento catalanista y un amor a la lengua catalana y a las flores que quedaron muy reflejados a lo largo de toda la obra de Mercè Rodoreda.

« Recuerdo la sensación de estar en casa cuando, abocada a la barandilla de la azotea, veía caer encima del césped y las hortènsies las flores azules de la xicranda. No sabré explicarlo nunca; nunca me he sentido tan en casa como cuando vivía en casa de mi abuelo con mis padres.[8]  »

—Mercè Rodoreda, Imágenes de niñez.

El 18 de mayo de 1913, con sólo cinco años, actuó por primera vez en una obra de teatro con el papel de la niña Kitty de la obra El misterioso Jimmy Samson, al Teatro Torrent de las Flores. Años más tarde este personaje fue en cierto modo recuperado para el cuento El baño dentro de la obra Veintidós cuentos.[6]

Durante su infancia leyó sobre todo los autores catalanes clásicos y modernos como Jacinto Verdaguer, Ramon Llull, Joan Maragall, Sagarra y Josep Carnero, entre otros; seguramente, influida por el ambiente bohemio que se respiraba en la casa familiar.[7]

El 30 de mayo de 1920 participó en el drama Quince días de reinado al Colegio Nuestra Señora de Lourdes. En el mismo acto también recitó el poema en catalán La negra.[9]

El 1921, debido a la muerte del abuelo materno, Pere Gurguí, su tío Joan se instaló en casa de la familia y los cambió el estilo vida imponiendo austeridad y orden convencional. Mercè Rodoreda lo tenía idealizado ya desde las cartas que había recibido anteriormente y acabó casándose[5] el 10 de octubre de 1928, el día de su vigésimo aniversario, a la iglesia de la La Bonanova. Él tenía catorce años más que ella y, debido al grado de consanguinidad, necesitaron una dispensa papal.[10]

Juventud (1921-1939)

Después del casamiento, el matrimonio viajó a París en viaje de boda, y después se instaló en una casa de la calle de Zaragoza.[11] Su marido había marchado a Argentina de muy joven y había vuelto con una pequeña fortuna.

El 23 de julio de 1929 nació su único hijo, en Jordi Gurguí y Rodoreda. A partir de este momento, Mercè Rodoreda empezó a hacer pruebas literarias para conseguir liberarse de la dependencia económica y social que le comportaba la monótona vida de casada. Fue así que empezó a concebir la escritura como un oficio.[10] Cada día se cerraba durante un rato a un palomar azul que había a la casa materna de Manuel Angelon, que posiblemente después le sirvió de inspiración para escribir La plaza del Diamante.[12] Durante aquel tiempo, escribe versos, una comedia teatral (que permanece desaparecida) y una novela.[12] Entretanto, fue proclamada la Segunda República.

Segunda República

El 1931, Mercè Rodoreda empezó a recibir clases al Liceo Dalmau donde mejoró su conocimiento de la lengua a manso del pedagogo y lingüista Delfí Dalmau y Gener, que lo influyó enormemente y lo estimuló a formarse, y con quien surgió un vínculo de amistad.[13] Mercè Rodoreda enseñaba el que escribía a Dalmau, y él lo animó a hacer públicos estos primeros textos. Según Dalmau, Mercè Rodoreda era uno alumna excepcional que poseía una plenitud espiritual y una prometedora alma de literata.[13] Esta admiración hacia Mercè Rodoreda trajo Dalmau a pedirle que fuera una de los contraparts a su obra Polémica; ella contestó afirmativamente y la pieza se publicó el año 1934.[13] Según reconoció el maestro Delfí Dalmau, esta obra también había sido influida por las observaciones de Rodoreda.[14]

El año 1932, se publicó la primera novela de Mercè Rodoreda en la editorial Catalònia titulada Soy una mujer honrada? y también, algunos cuentos para varios diarios. La obra pasó casi desapercibida hasta que optó al Premio Crexells del año 1933, aunque el ganador de aquel año fue Carles Soldevila.[15]

El 1 de octubre de 1933, inició su carrera periodística a la revista semanal Clarisme donde publicó veinticuatro contribuciones: cinco prosas sobre cultura tradicional, trece entrevistas, dos reseñas, un cuento y tres comentarios de temática político-cultural, musical y cinematográfico.[16] Aquel mismo año, entró a formar parte de la Asociación de la Prensa de Barcelona, hecho que ponía en evidencia la intención de formalizar su colaboración con la tarea periodística.[14]

A la primavera de 1934, Mercè Rodoreda publica su segunda obra, Del que se no puede huir, en las ediciones de la revista Clarisme.[15][17] En el mayo de aquel mismo año, ganó el Premio del Casino Independiente de los Juegos Florales de Lleida con el cuento «La sireneta y el delfí», actualmente perdido.[17]

Después de escribir esta segunda obra, Joan Puig y Ferreter, director de Ediciones Proa, la visitó y se interesó para publicarle su próxima obra:Un día en la vida de un hombre, publicada en otoño de aquel mismo año a Proa.[15] Rodoreda empezó a introducirse en el mundo literario gracias a la ayuda del mismo Monte y Ferreter, que le abrió las puertas de El Club de los Novelistas, formado por autores como Armand Obiols, Francesc Trabal o Joan Oliver, que también eran antiguos miembros de La Pandilla de Sabadell.[18] En aquel tiempo, se adentró en la lectura de las novelas de Fiódor Dostoievski.[18]

Desde 1935 hasta el 1939, publicó un total de dieciséis cuentos para la quitxalla al diario La Publicidad, en una sección denominada Un rato con los niños.[19] Hay que destacar El noiet y la casona dedicado a su hijo, y también La hoja, que lo dedicó a Josep Carnero.[20] Además, lo compaginaba con la publicación de cuentos en los medios de prensa en catalán adalides como La Revista, La Voz de Cataluña y Mirador, entre otros.[12]

El año 1936, publicó la cuarta novela, Crimen. Posteriormente Rodoreda rechazaría esta novela junto con las tres anteriores al considerarlas producto de la inexperiència.[10][21]

Guerra Civil

A partir del año 1937, Rodoreda ocupó el cargo de correctora de catalán en el Comissariat de propaganda de la Generalitat. En este ambiente conoció escritoras de la época como Aurora Bertrana, Maria Teresa Vernet, y estableció lazos de amistad con Susina Amat, Julieta Franqueza, Anna Murià y Carme Manrubia.[10]

El Premio Joan Crexells de narrativa del año 1937 se otorgó a Mercè Rodoreda por su obra todavía no publicada Aloma.[22] Este mismo año, se separó de su marido Joan Gurguí, después de unos once años de matrimonio y con un hijo en común.[10] Su supuesto amante,[11] Andreu Nin y Pérez, fue detenido el día 16 de junio ante la sede de su partido a La Rambla de Barcelona, donde días más tarde fue torturado y asesinato por agentes de la policía soviética por orden del General Alexander Orlov a la prisión de Alcalá de Henares.[23]

El año 1938, fue publicada por la Institución de las Letras Catalanas la quinta novela de Mercè Rodoreda titulada Aloma. Esta fue la primera obra que Rodoreda aceptó como obra suya, aunque posteriormente la reformó y publicó de nuevo. El mismo año, en representación del PEN Club de Cataluña, viajó junto con el escritor catalán Francesc Trabal, y leyó una bienvenida escrita por Carles Orilla en el congreso internacional del PEN club en Praga.[10]

Exilio (1939-1972)

El 23 de enero de 1939, pocos meses antes de la derrota de los republicanos, Mercè Rodoreda marchó al exilio. Pensándose que la separación sería breve dejó el hijo con su madre.[24] Aunque Mercè Rodoreda no había participado nunca en política, partió por consejo de su madre, que temía problemas debido a las actividades de colaboración con publicaciones en catalán y algunas revistas de izquierdas durante los años anteriores.[25] Junto con otras intelectuals de la época,[n. 2] fue de Barcelona en Girona con un bibliobús propiedad de la Consejería de Cultura de la Generalitat de Cataluña, después segué el camino por Mas Perxés]], al municipio de Agullana, hasta atravesar la frontera administrativa por el Pertús; entrante en la sido francés el 30 de enero. Después de pernoctar al Voló, se dirigieron a Perpiñán; allí pasaron tres días y a continuación viajaron hasta Toulouse con tren.[26]

« Se acabó la guerra, y tuvimos que salir de España. Yo, no para nada, porque yo no había hecho nunca política, pero el hecho de haber escrito en catalán, y por haber colaborado en revistas, digamos de izquierdas, etcétera, etcétera. Y aconsejada por mi madre, puesto que me fui pensando que al paso de tres, cuatro o cinco meses volvería a casa mía, pero después se fue eternizando.[25]  »

—[Traducido y adaptado del castellano] Mercè Rodoreda a la entrevista A fondo (1981)

Roissy-en-Brie

Llegó a la capital francesa a finales de febrero y a principios de abril a se trasladó a Roissy-en-Brie, una localidad cercana al este de la capital. Se instaló en el castillo de Roissy-en-Brie, construcción del siglo XVIII, que se ofrecía a refugiar escritores.[26] Compartió casa durante meses con otros intelectuales como por ejemplo Anna Murià, Cèsar Augusto Jordana , Armand Obiols, Francesc Trabal y Carles Orilla.[24]

A Roissy-en-Brie surgieron varias relaciones amorosas; una de ellas fue entre Mercè Rodoreda y Joan Prat y Esteve, más conocido con el pseudónimo de Armand Obiols. El problema en el castillo surgió porque Armand Obiols estaba casado con la hermana de Francesc Trabal y tenían un hijo en común que se había quedado en Barcelona junto con su madre.[27] Además, la suegra de Armand Obiols había viajado con Trabal hasta Roissy-en-Brie junto con otros miembros de la familia Trabal.[27] En consecuencia, este adulterio dividió los exiliados catalanes en dos bandos contrapuestos.[27] Según Anna Murià, en Francesc Trabal se oponía no solamente por su hermana sino por celos, puesto que habría mantenido una relación con Mercè Rodoreda en secreto en Barcelona que sólo conocían ellos dos y su confidente.[28] Rodoreda de esto quiso escribir un libro titulado La novela de Roissy, aun así, no lo acabó de hacer nunca.[28]

El ambiente de estabilidad que ofrecía el castillo fue perturbado por el inicio de la Segunda Guerra Mundial. En aquel momento algunos decidieron huir hacia países de Hispanoamérica y otros prefirieron quedarse en Francia; este último destino fue el escogido por Rodoreda y Obiols.[24] En consecuencia, se trasladaron a la casa Villa Rosset, a la periferia del pueblo.[26]

Fuga de los nazis
El puente de Beaugency.

Mercè Rodoreda, junto con otros escritores que todavía se refugiaban en Francia, tuvo que huir de París a mediados del junio de 1940 por el adelanto de los soldados alemanes que iban en dirección a Orleans por la vía de Artenay. Josep Maria Esverd pudo conseguir una camioneta para huir de Francia; aun así, el día siguiente fue requisada por las tropas francesas.[29] Después de un intento fracasado de coger el tren, tuvieron que huir a pie hacia el sur. El objetivo era atravesar el río Loira para poder entrar a la zona no ocupada, pero poco antes de llegar a Orleans se la encontraron en llamas y no restaba ningún puente de pie en aquel tramo del río Loira; en consecuencia, se desviaron de la ruta fijada.[26]

« Entonces, iniciamos la retirada a pie durante tres semanas. Unas tres semanas huyendo de los nazis y andando por las carreteras francesas [...] Pasamos por un puente a Beaugency que lo estaban minando los artillers franceses. Era una tarde con un cielo muy oscuro y muy bajo. Empezaron a bombardear el puente, los alemanes, con unos estukes que daban miedo; y se veían el rosarios de bombas como caían y explotaban allá cerca. [...] había muertos encima el puente. Una cosa terrible! Entonces, nos dirigiremos a Orleans, pensando que podríamos allá descansar un día o dos, pero cuando llegamos a las vistas de Orleans... Orleans estaba en llamas, porque acababan de bombardearla. Fue entonces cuando dormiremos en una casa de campo que olía a carne echada a perder y a vino agrio, porque se ve que había pasado mucha gente por aquella casa; y dormimos allá toda la noche viendo desde las ventanas Orleans quemando.[30]  »

—[Traducido y adaptado del castellano] Mercè Rodoreda a la entrevista A fondo (1981)

Durante doce días se resguardaren en una granja hasta la firma del armisticio del 22 de junio de 1940, después de haber atravesado el Loira a través de la localidad de Meung-sur-Loire que se encontraba totalmente destruida. De allí viajaron todavía más al sur hasta establecerse este golpe en Limoges.[26]

Limoges-Burdeos

En Limoges, se instaló en una habitación al número 12 de la calle de las Hijas de Nôtre Dame. Serían unos años duros por la autora, puesto que el 5 de junio de 1941 su compañero sentimental Armand Oriols fue detenido, y se quedó suela hasta el octubre de aquel mismo año.[26] Durante aquel tiempo, Armand Obiols tuvo que hacer trabajos forzados a Saillat-sur-Vienne en una cantera. Aun así, varias gestiones de Rodoreda consiguieron que fuera destinado en Burdeos.[11] Cuando Obiols ya estuvo en unas mejores condiciones de vida en Burdeos, Rodoreda se involucró en un círculo de estudio dedicado a la lectura y el aprendizaje del inglés.[31]

Durante los meses posteriores, la relación entre Mercè Rodoreda y Armand Oriols fue sobre todo a distancia, y sólo esporádicamente se pudieron ver en persona. No fue hasta finales de agosto de 1943, que Rodoreda se trasladó al número 43 de la calle Chauffor de Burdeos donde se reencontró con el amante. En Burdeos vivió momentos muchos duros y cosía, según palabras suyas, «hasta el embrutecimiento» en un almacén durante gran parte del día, un trabajo que no le dejaba tiempo para escribir.[31]

« He hecho blusas de confección a nuevo francos y he pasado mucho hambre. He conocido gente muy interesante y el abrigo que llevo es herencia de una rusa judía que se suicidó con veronal. En Limoges se me quedaron un ovario pero el que no dejaré en Francia será ni mi energía ni mi juventud, hasta cincuenta años pienso conservar un cierto genre frotado [...] Y, sobre todo, quiero escribir, necesito escribir; nada me ha hecho tanto de placer de acá que estoy en el mundo, como un libro mío acabado de editar y con olor de tinta fresca. Me sabe mal no haber venido con vosotros, me habría sentido más acompañada, habría trabajado, me requen todos estos años inútiles, desmoralitzadors, pero me vengaré. Los haré útiles, estimulantes que mis enemigos tiemblen. A la más pequeña ocasión volveré a hacer una entrada de caballo siciliano. No habrá quién me pare.[32]  »

—Mercè Rodoreda, Extracto de la Carta en Anna Murià (Burdeos, 19 de diciembre de 1945)

París

El regreso en París tuvo lugar el septiembre de 1946 cuando Rodoreda y Armand Obiols se trasladaron a la casa de Rafael Tasis y Marca al exilio, que se encontraba al número 9 en la calle de Coëtlogon. Poco tiempo después, la pareja se trasladó a la sexta planta del número 21 de la calle de Cherche-Midi, muy cerca de la zona residencial de Saint-Germain-des-Prés, que era un lugar de reunión por muchos intelectuales del momento. Esta fue su hogar durante ocho años y, de hecho, no se desató totalmente hasta el año 1977.[31]

A principios de 1947, pudo dejar el trabajo de cosedora para pasar a trabajar otro golpe como colaboradora a la Revista de Cataluña. Además de publicar durante aquel año narraciones a las diversas ediciones de la revista, también pudo publicar algunas en Chile y México.[33]

Desde 1947 hasta el año 1953, Mercè Rodoreda no pudo cultivar una literatura de gran extensión porque desde el año 1945 había empezado a sufrir problemas de salud junto con la reaparición de una parálisis somática al brazo derecho. Por esta razón, intensificó la creación poética y encontró en Josep Carnero su maestro, con quien mantuvo una estrecha relación por correspondencia. El año 1952, empezó una terapia de recuperación al balneario de Chátel-Guyon.[24] Durante los años que estuvo en París también empezó dos novelas que no acabó.[33]

El año 1947, a los Juegos Florales de la Lengua Catalana celebrados en Londres, ganó su primera Flor Natural con seis sonetos: Rosa, Amor novel, Adam a Eva, Pájaro y dos sonetos más sin título.[34] Con el poema Mundo de Ulises, Rodoreda se levantó por segunda vez con la Flor Natural de los Juegos Florales de 1948 en París, poema que fue publicado a la revista Nuestra Revista aquel mismo año.[35] Amaneceres y noches le dio la tercera victoria en el certamen de los Juegos Florales y, en consecuencia, fue nombrada "Mestre en Gay Saber" en Montevideo al 1949.[36] Aquel mismo año visitó Barcelona por primera vez después del exilio.

El año 1951, se acercó también a la pintura, interesada sobre todo por pintores como por ejemplo Pablo Picasso, Paul Klee y Joan Miró, e hizo algunas creaciones propias. En una carta a Armand Oriols del año 1954 explica que ya tiene un «estilo y un mundo» en la pintura, aun así reconoce que su lugar se encuentra en la escritura.[33] Por otro lado, Armand Obiols, empezó a trabajar como traductor por la UNESCO gracias a Quiroga Plá, y dos años más tarde, el año 1953, se trasladó definitivamente a Ginebra.[37]

Ginebra

El año 1954, Mercè Rodoreda y Armand Obiols se trasladaron a un apartamento al número 19 de la calle de Violet, en uno valle burgués de la ciudad de Ginebra. En esta ciudad, siempre se sintió exiliada y, incluso, reconoció que Ginebra «es una ciudad muy aburrida, apta para escribir».[38][39] Poco después, Obiols se tuvo que trasladar a Viena por cuestiones de trabajo. Aquel mismo año, Rodoreda hizo un viaje en Barcelona para asistir al casamiento de su único hijo, Jordi Gurguí y Rodoreda.[11]

« Vivo en un estudio muy bonito, encima de un parque, con una casa de siete pisos delante, pero bastante lejos. Por un lado un trozo de lago, y por el otro, el Salève. Vista desde mi terraza, es una montaña bastante fea, porque tiene muchos trozos pelados y parece que esté enferma. Cuando el día está claro, veo el acabamiento de Mont Blanco]].[39]  »

—Mercè Rodoreda, Entrevista por Baltasar Porcel a Mercè Rodoreda (1972)

El año 1956, ganó el Premio de Ensayo Joan Maragall con Tres sonetos y una canción que será publicado al suplemento literario la Gaceta de Letras de La Nueva Revista.[40] Así mismo fue premiada con el Premio Joan Santamaria por el suyo cuente Carnaval que le fue entregado en Barcelona el mismo año.[11]

El 1958 se publica la compilación de cuentos escritos bajo el nombre de Veintidós cuentos que año antes había recibido el prestigioso Premio Víctor Català.[41] Algunos de estos cuentos habían sido ya publicados en México durante el exilio en Francia, mientras que otros eran inéditos. Según confesó la autora, este libro provenía de una crisis de técnicas que comportó que un desigual nivel literario entre los diversos cuentos, a pesar de que los ligaba una unidad temática.[42]

Según unas anotaciones inéditas que hablan de Ginebra, Rodoreda nos revela que durante aquellos años se vio con escritores como por ejemplo Eugeni Xammar, Julio Cortázar y su mujer, y Jorge Semprún.[43]

Durante la larga estancia a Ginebra, se creó un primer jardín que más adelante repetiría a Romanyà de la Selva. El gran volumen de flores que lo rodeaban le sirvió de inspiración para empezar a retratar las flores que acabarían conformando Flores de verdad dentro de Viajes y Flores, junto con los viajes que redactaría a Romanyà;[38] aun así, este libro no fue publicado hasta el año 1980.

La perla del Lago fue el título de una novela potencial de la autora que quedó incompleta, y resto al archivo del Instituto de Estudios Catalanes. El título es el nombre de un restaurante a la orilla del Lago Léman en un rincón de Ginebra que Mercè Rodoreda frecuentaba. Era un emplazamiento cerca del edificio de las Naciones Unidas donde la autora comía habitualmente, y desde donde ella disfrutaba de una gran vista en los comedor de los pisos superiores.[43] Según nos describe al prólogo de Espejo roto, los ojos de la protagonista Teresa Goday de Valldaura eran los mismos que la dama del Léman.[44]

En el 1958, presentó Un poco de historia al Premio Joanot Martorell, aunque no ganó sino que lo hizo Ricard Salvat con Animales destructores de leyes; emperò, esta novela fue publicada el año 1967 este golpe con el título de Jardín borde el mar.[41] También escribió el cuento Romo Negrita para el volumen Los 7 pecados capitales vistos por 21 cuentistas, aunque después formaría parte del volumen Parecía de seda. Desde 1958 y sin romper con Rodoreda, Armand Obiols mantendrá una relación sentimental con un mujer a Ginebra hasta la muerte de Obiols.[11]

El año 1959, empezó a escribir la novela posiblemente más conocida de su carrera bajo el nombre de la Colometa, aunque el año 1962 seria publicada con el nombre de la La plaza del Diamante por El Club de los Novelistas.[41][45] El 1960, lo había presentado al Premio Sant Jordi de novela, anteriormente conocido bajo el nombre de Premio Joanot Martorell, aun así, no ganó sino que se levantó con el premio Enric Massó y Urgellès con su novela Vivir no es fácil. Joan Fuster lo envió igualmente al Club de los Novelistas, que en aquel momento era dirigido por Joan Sales. Sales quedó encisat por la novela y empezó a mantener contacto por correspondencia con Mercè Rodoreda.[45] A partir de este momento, encontró en el Club editor, en que Sales era co-fundador, un espacio donde volcar su obra literaria.[46] Cuando fue publicada el año sesenta y dos, la novela no era exactamente la que había presentado al premio Sant Jordi sino que había recibido una ampliación tanto en capítulos como en correcciones de Sales, de Obiols y de la misma autora.[47]

« Explicar la génesis de La plaza del Diamante quizás sería interesante, pero ¿es que se puede explicar como se forma una novela, qué impulsos la provocan, qué voluntad tan fuerte consigue que se continúe, que se tenga que acabar con lucha el que se ha empezado fácilmente? ¿Decir que la fui rumiant a Ginebra mirando la montaña del Salève o paseando por La Perla del Lago, bastaría? […] La escribí febrosament, como si cada día de trabajo fuera el último de mi vida. Trabajaba cegada; corregía por la tarde el que había escrito por la mañana, procurando que, a pesar de las prisas con que escribía, el caballo no se me desboqués, aguantando bien las riendas porque no se desviara del camino. […] fue una época de una gran tensión nerviosa, que me dejó medio enferma.[44]  »

—Mercè Rodoreda, Prólogo de La plaza del Diamante (26a edición)

El año 1961 envió al mismo premio otra obra suya, La muerte y la primavera, que tampoco ganó sino que fue Josep Maria Espinàs con El último rellano quien salió victorioso.

El año 1965, Rodoreda hizo los primeros pasos en la publicación de sus Obras Completas después de una petición de Joaquim Molas para llevarlo a cabo, sin embargo, no serían publicadas a Ediciones 62 hasta el año 1977. La obra no incluyó ninguno de sus primeras cuatro obras (Soy una mujer honrada?, Del que se no puede huir, Un día de la vida de un hombre y Crimen) porque consideraba que eran fruto de su inexperiència y aceptó reescribir Aloma para adecuarla al nivel de su obra actual; y que sería reeditada el año 1969.[45]

El año 1966, murió su madre, Montserrat Gurguí; y tres años más tarde, su tío-marido, Joan Gurguí. Fruto de la muerte de su marido, se desguazó la relación entre madre-hijo por problemas con el reparto de la herencia.[48] Aun así, el 1966 fue el año en que se publicó La calle de las Camèlies que recibió el premio Pulse Sant Jordi sin que ella hubiera presentado candidatura; este hecho aconteció porque la dirección decidió premiar a una obra ya publicada. Con esta misma novela recibió también el Premio Crítica Sierra de Oro de Literatura y Ensayo el año 1967, y el Premio Ramon Llull de novela el año 1969.[49] El año 1967, empezó a trabajar en la novela Espejo roto, que años después convertiría en una de las obras más exitosas de la autora. Espejo roto fue fruto de la reelaboració de la obra teatral Un día que no había podido estrenar. También publicó dos obras: Jardín Borde la Mar y una compilación de cuentos titulado Mi Cristina y otros cuentos.

Desde 1970 su obra empezó a ser traducida a otros idiomas, aunque su primera obra traducida fue La plaza del Diamante en castellano el año 1965.[45] El año 1971, se acentuó su sentimiento de exilio con la muerte al Hospital de la Universidad de Viena de su compañero de muchos años, Armand Obiols. Este hecho, junto con el descubrimiento de otra amante de Obiols, la dejó todavía más sola y decaída por tierras suizas. Durante estos días, escribió una pequeño carné sobrecogedor sobre los duros días que pasó en el hospital; actualmente, este carné se conserva al archivo del IEC.[50] En consecuencia, después del reencuentro de unas amigas del tiempo de la Guerra Civil, decidió de establecerse a partir de 1972 en el chalé de Carme Manrubia a Romanyà de la Selva, sin dejar de sojornar a Ginebra, si bien cada vez más esporádicamente.[44][51]

Romanyà de la Selva (1972-1983)

El año 1972, pasó el verano a La Señal — actualmente denominada La Señal Vieja[52] — de Romanyà de la Selva, que era una casa propiedad de su amiga Carme Manrubia, aun así había sido ideada por las dos amigas.[51] Su amistad con Carme Manrubia vendía ya de cuando trabajaban juntas al Comissariat de propaganda de la Generalitat de Catalunya durante la guerra civil española, aunque se distanciaron cuando Manrubia y Rodoreda se exiliaron en países diferentes. También participaron en este proyecto: el hijo adoptado de Carme Manrubia, Carlos; la Susina Amat y Esther Floricourt.[51] En esta casa vivirá durante seis años, hasta que el año 1979 se construyó su propia casa a Romanyà. El nombre escogido por las dos amigas para la casa, La señal, hace referencia al estigma de Caïm a la obra Demian de Hermann Hesse.[51]

En casa de Manrubia acabó de completar sustancialmente el trabajo de escritura de Espejo roto que ya había empezado a Ginebra años atrás. Esta obra es considerada la obra más exitosa de su obra literaria y salió publicada el año 1974. También escribió allá Viajes en unos cuántos pueblos dentro de Viajes y flores y la novela Cuánta, cuánta guerra....[52] Estos dos libros fueron publicados el año 1980 y le permitieran ganar el Premio Ciutat de Barcelona. Aquel mismo año, fue también a la ciudad condal a hacer el pregón de las Fiestas de la Merced.[53] También en el mismo año, se le otorgó por su trayectoria literaria en lengua catalana el Premio de Honor de las Letras Catalanas, llegando así, su consagración como escritora.[49] El año 1978, se publicó Parecía de seda y otros cuentos que era una recoge de cuentos escritos a lo largo de su vida.[53]

El proyecto conjunto entre Mercè Rodoreda y Manrubia fracasó.[54] Mercè Rodoreda se compró un terreno el año 1977 en que se hizo construir una casa junto al existente; que se acabaría el año 1979. Según Anna Maria Saludas y Amat, este abandono de la casa de Manrubia vino dado por la necesidad de Rodoreda de seguir una vida en soledat propia de su carácter; fruto de la difícil convivencia entre ambas.[55]

El año 1979, escribió su comedia teatral El Maniquí que fue estrenada en el mismo año por la compañía Brujas de Luto al Festival Internacional de Teatro de Sitges dirigida por Aracel·li Bruch. [9]

En aquellos últimos años de vida, Mercè Rodoreda verá varios golpes el salto de sus novelas a la pequeña y gran pantalla. Primeramente, hizo el salto a la televisión su novela Aloma del director Lluís Pascual el año 1978. Más tarde, hizo el salto en la grande pantalla La plaza del Diamante (1982) con Sílvia Montón en el papel de Colometa y bajo la dirección de Francesc Betriu.[53]

El año 1982, escribió una compilación de artículos biográficos publicados en Serra de Oro titulados Ficheros de niñez. Mercè Rodoreda perteneció a la Asociación de Escritores en Lengua Catalana y fue miembro y socia de honor después de su regreso en Cataluña.[49]

Muerto

Archivo:Romanya-rodoreda-tumba2.jpg
Tumba de Mercè Rodoreda al cementerio de Romanyà.

A la una y media de la tarde del 13 de abril de 1983, muere Mercè Rodoreda y Gurguí a una clínica de la ciudad de Girona producto de un cáncer de hígado muy avanzado.[49] Durante sus últimos días, en que se encontraba ya ingresada en el hospital de Girona, Mercè Rodoreda se reconcilió con los miembros de su familia después de que fueran avisados por Joan Sales.[56] Según explica la amiga íntima de Rodoreda, Isabel Parara, cuando diagnosticaron el cáncer a Rodoreda, la autora se hundió y no quiso luchar para poder vivir[56]

« La muerte huyó por el corazón y cuando
ya no tuve la muerte adentro
me morí...[56]
 »

—Mercè Rodoreda, La muerte y la primavera

La capilla ardiente fue instalada en el Palacio Solterra del departamento de Cultura de la Generalitat y haciendo caso a su voluntad, Rodoreda fue enterrada al cementerio de Romanyà de la Selva en un entierro multitudinario al cual asistieron muchos compañeros de profesión y otras personalidades del momento.[56][57] Su legado intelectual fue dado en herencia al Instituto de Estudios Catalanes que años después, creó la Fundación Mercè Rodoreda.[49]

« Estimado, estas cosas son la vida.[56]  »

—Mercè Rodoreda, Prólogo de la La plaza del Diamante.

Narrativa

Archivo:Homenaje a Mercè Rodoreda.jpg
Recoge del principal corpus narrativo de la autora.

La narrativa fue el campo literario por excelencia de la autora y por el cual es ampliamente conocida. A la hora de clasificar el corpus narrativo de Rodoreda existe una disparidad de criterios, aunque principalmente se divide según las etapas de la vida de la autora, según el contenido (psicològico-realistas o mítico-simbólicas) o según los personajes principales (adolescencia, juventud, madurez, vejez-muerto). Mayoritariamente, se opta para dividir sus obras en tres etapas cronológicas y separadamente, un cuarto grupo donde se incluyen las dos narraciones póstumas, Isabel y Maria y La muerte y la primavera. Las tres etapas serían las obras de antes de la guerra (1932-1938), donde hay las cuatro primeras obras de Rodoreda y la primera versión de Aloma; las obras entre el exilio y el regreso del mismo (1958-1974), donde hay el grueso narrativo rodoredià que va desde la publicación de Veintidós cuentos hasta Espejo roto, y después del regreso, donde hay Parecía de seda y otros cuentos Viajas y flores y Cuánta, cuánta guerra...

« Una novela se hace con una gran cantidad de intuiciones, con una cierta cantidad de imponderables, con agonías y con resurrecciones del alma, con exaltaciones, con desengaños, con reservas de memoria involuntaria... toda una alquimia. Una novela es, también, un acto mágico. Refleja el que el autor trae adentro sin que casi sepa que va cargado con tanto de lastre.[58]  »

—Mercè Rodoreda, Prólogo Espejo Roto

Influencias

La obra de Rodoreda es el fruto de la evolución personal y literaria de la autora. Se aprecian sobre todo influencias de Marcel Proust, Joan Sales, Armand Obiols, Virginia Woolf, Thomas Mann, Víctor Català, Josep Carnero y Liceo Dalmau.[2][59][13] Aunque se puede encontrar la impronta de los diferentes autores a lo largo de toda su obra literaria, es en sus primeras obras, cuando buscaba su estilo propio, donde esta influencia es más latente. Por ejemplo, a Del que se no puede huir la protagonista está claramente inspirada en el personaje "Jacobé" de la obra homónima del autor gerundense Joaquim Ruyra.[60]

La influencia que ejercieron tanto Armand Obiols cómo Joan Sales es presente tanto en sus obras como en la correspondencia de maestría que mantenían entre ellos. Armand Obiols, pareja sentimental durante muchos años, tomó el papel de consejero y lector crítico en el arreglo de sus novelas entre 1939 y el 1971, y la influyó principalmente en la organización y en la estructuración de alguna de las piezas más conocidas de la autora. Obiols igualmente le acercó las novedades bibliográficas del momento y sus propias preferencias, que también acabaron influyéndola, como André Gide y Jean-Paul Sartre. En las primeras obras, la influencia del Grupo de Sabadell, del cual Obiols formaba parte, provocó un acercamiento al espacio urbano y la crítica social; Un día en la vida de un hombre es un buen exponente de esta nueva manera de hacer literatura. Tanto el valor de universalidad de La Plaza del Diamante como de la estructuración y coherencia a la hora de crear las complejas relaciones entre los personajes de Espejo roto fueron reforzados por los consejos de Armand Obiols.[61] Aunque en menor medida, la petja de Joan Sales también es destacable, puesto que fue el editor principal de sus trabajos desde La plaza del Diamante y a la vez tomó el papel de asesor literario. Joan Sales, a través de su asesoramiento sobre aspectos lingüístico y estilísticos, influyó y ayudó en la evolución y la mejora del estilo rodoredià. Sin embargo, la evolución final de sus obras venían marcadas por la decisión tomada por la autora, y tal como apunta Anna M. Saludas estos consejos y recomendaciones de los dos escritores no eran siempre aceptados por Rodoreda.[61]

Virginia Woolf.

La influencia de los escritores psicologistes europeos, especialmente de Virginia Woolf, Marcel Proust y Thomas Mann, es presente en todo el corpus narrativo del autor exceptuando las obras mítico-simbólicas de la última etapa de su vida.[62] La obra de Mercè Rodoreda ha sido comparada, por su estilo y su capacidad de descripción, con la de la escritora Virginia Woolf, a quien admiraba.[63] Uno de estos paralelismos podría ser la pasividad de las protagonistas femeninas más representativas, como Natàlia (La plaza del Diamante), Cecília (La calle de las Camèlies) o Teresa Goday (Espejo roto), ante la imposibilidad de cambiar los acontecimientos marcados por el avance del tiempo cronológico.[63][62] La petja proustiana es presente en la estructuración de las obras de Rodoreda, por cuanto el tiempo avanza impasible y el pasado lo toma todo a su paso. El recuerdo de un tiempo anterior, convertido en angustia, se transforma en un símbolo negativo en los protagonistas debido a la imposibilidad de recuperar el «tiempo perdido».[64] Rodoreda seguirá de este autor el uso del recuerdo como el actualitzador de un tiempo anterior.[62] Otro salvo que comparten es la necesidad del recuerdo y del secreto en el desarrollo de la narración. En la novela psicológica de ambos autores se presenta la esperanza del futuro, donde el anhelo del futuro representa la superación del presente y del pasado agónico.[64] Rodoreda seguirá de este autores, el uso del recuerdo como el actualitzador de un tiempo anterior. Aun así, en las últimas obras Rodoreda intentará huir de la evolución natural de las cosas a través de la creación de universos ficticios con un tiempo y un espacio diferente donde es posible controlar el paso del tiempo.[62] La impronta más visible Thomas Mann en las narraciones rodoredianes es la universalización descriptiva a través de la inexactitud cronológica que facilita así, la fluidez y naturalidad.[65]

La impronta de Caterina Albert, más conocida bajo el nombre de Víctor Català, es muy presente sobretodo en las primeras obras creativas de Mercè Rodoreda —publicaciones entre 1932 y 1938—, especialmente influenciadas por la novela Soledad. Sin embargo, se pueden encontrar también algunos paralelismos en las obras posteriores a los años treinta. A guisa de ejemplo, lo cuento Carnaval de Rodoreda recuerda a la obra Carnestoltes de Víctor Català o algunos elementos de La muerte y la primavera recuerdan a lo obra Soledad de la ampurdanesa.[66] Rodoreda había leído alguna de las obras de Caterina Albert de las cuales extrajo varios recursos expresivos como la falacia patética y varias imágenes simbólicas como algunos elementos de la natura.[67] En una comparativa de algunas obras de ambas escritoras se encuentran paralelismos en la construcción de las tramas, en la constitución de los personajes y aun en la temática.

« Y me hace pensar en Víctor Català la manera como vos os habláis en diálogo personal, y la forma como os expresáis en vuestros personajes.[66]  »

—Delfí Dalmau, Polémica

Simbolismo

El simbolismo es un recurso literario muy común en las obras de Mercè Rodoreda, especialmente en su obra narrativa. hará uso para expresar los constantes pensamientos interiores de sus personajes; Rodoreda consigue transformar al lector en un confidente involuntario que vive la angustia y agonía de los personajes con sólo la palabra, los símbolos y las imágenes.[68] Los referentes de la realidad que utilizó en sus símbolos provienen de su imaginación a partir de sus conocimientos culturales adquiridos a lo largo de su vida, en algunos casos, de la imaginario catalán como es el caso de las Encantadas.[69] Sin abandonar estos referentes, crea un lenguaje simbólico que pueda ser interpretado por el lector sin muchas dificultades y presenta un alto grado de fabulación en muchas de sus obras, especialmente en sus últimas obras como Viajes y flores.[69] Según Pere Gimferrer a Dietario 1979-80, fruto de la búsqueda de una perfección tanto formal como lingüística, Rodoreda tuvo una cura meticulosa a la vez de hacer uso de imágenes y símbolos conceptuales.[68]

« Posiblemente gracias a buscar la musicalidad en la poesía, Mercè Rodoreda aprenderá a buscar la musicalidad de las palabras, el ritmo como encantador que será característico de su prosa. [...] y la poeticitat la encontrará dentro de la más estricta cotidianidad, o dentro de universos imaginarios, profundamente personales.[70]  »

—Carme Arnau, Mercè Rodoreda

La mujer

La obra literaria de Mercè Rodoreda se caracteriza por el uso de personajes principales femeninos en sus novelas, exceptuando Un día de la vida de un hombre y Cuánta, cuánta guerra.... Este hecho provocó que erróneamente se asociara a Rodoreda con el movimiento feminista, aunque Rodoreda en varias entrevistas lo desmintió.

« Yo creo que el feminismo es como un sarampión. A la época de las sufragistas tenía un sentido, pero a la época actual, que todo el mundo hace el que quiere, encuentro que no tiene sentido el feminismo.[71]  »

—Mercè Rodoreda, Entrevista a La Vanguardia

A lo largo de su obra presentó un gran abanico de mujeres pertenecientes a diferentes estamentos sociales, edads o niveles culturales, a quien en algunos casos dará voz propia a través del uso de l'autodiegesi o la homodiegesi y el monólogo interior el cual es muy característico de la autora.[72] La soledat y la incomunicación, características de las mujeres rodoredianes, coajuden a la introspección y al desarrollo del mundo interior.[73]

Los personajes protagonistas femeninos, apart de estar condicionados por la problemática de la maternidad, también se encuentran sometidos a la problemática del hombre que en muchos casos provoca un deseo de encontrar un espacio propio.[74] Cómo por ejemplo, el personaje masculino del Quimet en La plaza del Diamante impide la realización personal de Natàlia que se encuentra sometida a la dominación masculina de su marido y que incluso, le llega a anular su propia identidad imponiéndole otra (La Colometa).[74]

Gran parte de las mujeres rodoredianes, por herencia de Virginia Woolf, presentan su hogar como el refugio que los permite aislarse de la realidad exterior, que llega hasta tal punto que salir al exterior de su hogar familiar los produce malestar y se sienten abandonadas. Tanto la casa como el jardín en algunas casos, como la obra Aloma, se convierten en un símbolo obsesivo que representa la madre que las protege en exceso del mundo exterior.[75]

Los ángeles

Según explicó Mercè Rodoreda en el prólogo de Espejo roto, los ángels aparecen curiosamente en buena parte de sus obras de manera involuntaria. Nos recuerda que su abuelo le explicó que ella tenía un ángel de la guarda del cual se acabó enamorando. Según nos explica, podría ser que fuera producto de este recuerdo el que lo indujera a hacer aparecer ángeles en sus obras sin tener conciencia. Hasta que escribió La calle de las Camèlies con Cecília C no se dio cuenta. Aun así a partir de aquel momento toda presencia de ángeles en sus obras posteriores aparece por voluntad de la autora.[71] La Plaza del Diamante, Espejo roto o Parecía de Seda son ejemplos de obras en que podemos encontrar la presencia de estos entes divinos.[76]

« Y encima de las voces que venían de lejos y no se entendía qué decían, se levantó un canto de ángeles, pero un canto de ángeles enrabiados que regañaban la gente y los explicaban que estavent ante las almas de todos los soldados muertos a la guerra y el canto decía que miraran el mal que se había hecho porque todos rezaran para acabar con el mal.[76]  »

—Mercè Rodoreda, Capítulo XXXV de La plaza del Diamante

Poesía

La obra poética de Mercè Rodoreda se concentró principalmente entre los años cincuenta y los sesenta, hasta que lo abandonó para dedicarse plenamente en la creación novelística. Esta creación poética había pasado casi desapercibida, a pesar de haber recibido varios premios, y ha sido póstumamente cuando se ha descubierto este grueso importante de poemas que, según los expertos, son equiparables cualitativamente con otros poetas de la época.[2][59] Josep Carnero fue como un maestro para Rodoreda y se convirtió en una figura clave en la creación poética rodorediana, puesto que se encargó ocasionalmente de guiar, revisar e incluso, adoctrinar las creaciones métricas de la poeta.[2][59]

La poesía rodorediana se caracteriza para seguir una tradición postsimbolista[77] o neosimbolista[78] muy marcada que se hace patente en el tratamiento de algunas temáticas y en la elección de la iconografía occidental clásica como por ejemplo Ofèlia, Judit, Nausica, entre otras.[77] Según Abraham Mohino, la poesía de Rodoreda es muy cercana estilísticamente hablando a algunas creaciones de Paul Valéry y también a las percepciones de Rainer Maria Rilke en el tema de la «muerte propia».[78]

Mercè Rodoreda fue nombrada Mestre en Gay Saber en los Juegos Florales al exilio, después de ganar en los años 1947, 1948 y 1949, pero sólo vio publicados en vida una compilación de sus poemas a la revista literaria Los Márgenes, la cual publicó una pequeña cata de los sonetos de la autora.[79] No fue hasta el año 2002, casi veinte años después de su muerte, que aquellos poemas fueron rescatados y publicados en una compilación titulada Agonía de Luz. La publicación ofrece cien cinco poemas — 101 sonetos y cuatro canciones —, de los cuales la mayoría inéditos.[79] Justo es decir que el año 1999, Nancy L. Bundy publicó una traducción en el inglés de los poemas escritos a la revista Los Márgenes, en una revista universitaria de Londres.[79] Según Abraham Mohino, los poemas de Mercè Rodoreda son «densos, herméticos, con un alto sentido trágico y muy bellos».[79]

Mohino organizó la obra poética de Rodoreda en cinco partes: Mundo de Ulises, Amaneceres y noches, De amor y de muerto, Isla de los lirios rojos y Bichos. El Mundo de Ulises contiene un total de treinta y dos poemas como respuesta a un encargo de Carnero de hacer una recreación de la Odisea en verso. Se caracterizan por un sentimiento claro de exilio. Amaneceres y noches, formado por siete poemas, y 'De amor y de muerto, por veintisiete, desprenden un sentimiento de angustia, de pérdida y de imposibilidad amorosa. La Isla de los lirios rojos de diecinueve poemas y Bichos de quince son versos más maduros, breves y de un cariz menos dramático que el resto.[79][80]

Teatro

El interés de Rodoreda por el teatro tiene su origen cuando, con tantos sólo cinco años, actuó por primera vez en un escenario en el papel de la pequeña Ketty a la obra teatral El misterioso Jimmy Samson, al teatro del Torrente de las Flores. Este interés posiblemente lo heredó de su padres, los cuales eran unos grandes aficionados y que incluso habían recibido clases de dramaturgia. La amiga íntima de Rodoreda, Anna Murià, explicó en una entrevista que el entusiasmo de Rodoreda por el teatro aumentó durante el exilio.[81]

La temática de sus composiciones teatrales es un calco de la de su obra narrativa, basada en las historias de amor imposibles mayoritariamente condenadas al fracaso, que giran alrededor del chasco existencial, la tristeza, el dolor y falsedad.[82] Según Francesc Massip, una de las pocas críticas que se le pueden hacer a Mercè Rodoreda en sus creaciones teatrales es la "falta de contacto con la práctica teatral" en sus propios textos que le hubieran permitido revisar "sus textos dramáticos en un camino de aprendizaje de las reglas de escena"[82]

El año 1959, escribió la obra teatral Un día con la idea de presentarla al Premio Ignasi Iglésias de teatro, pero se había dejado de convocar el certamen. En no conseguir tampoco que se estrenara en ningún teatro, acabó desistiendo; posteriormente Un día serviría de base para escribir una de sus novelas más conocidas Espejo roto, después de reeleaborar-la y adaptarla en novela.[81] No fue hasta después de su muerte, el año 1993, que Un día fue representada a los escenarios en una producción de Calixto Bieito dentro del Festival Griego, que no tuvo mucho éxito; el año siguiente se volvió a representar en el Mercado de las Flores después de una revisión dramatúrgica con mejoras a partir de la novela.[81] Un día se caracteriza por retrospeccions más propias del lenguaje cinematográfico que del teatral que impiden una estructura escénica eficaz.[83]

El año 1973, escribió La señora Florentina y su amor Homero que consistía en una historia de cariz clásico donde sobresalen las voces femeninas características de la autora. Aun así, ya al año 1967 Rodoreda tenía escrito el monólogo de la serventa Zerafina, por cuanto se publicó dentro de los cuentos de Mi Cristina. Mario Gas fue el encargado de llevar la pieza teatral el año 1993 al Teatro Romea que contó con la actriz Rosa Novel en el papel de protagonista.[83]

La única obra teatral publicada en vida de Rodoreda fue el relato de amor El parque de las magnòlies y fue a la revista Los Márgenes el año 1976 como también a Parecía de seda (1979). En el Teatro Prado dentro de la programación del XIIè Festival Internacional de Teatro de Sitges de 1979, se estrenó la comedia romántica de El hostal de las tres Càmelies que se convirtió en la única pieza propia que la autora vio representada a los escenarios.[82]

El maniquí 1 y El maniquí 2 fueran escritas alrededor de 1979 y eran una representación de teatro del absurdo que tenían como protagonista un maniquí que traía la voz cantante de la acción y del delirio de los personajes. El primero que se estrenó fue al año 1999 en el Teatro Nacional de Cataluña dirigida por Pere Planella. Según Francesc Massip, fue la obra teatral "formalmente más innovadora y atrevida".[82]

Pintura

Mercè Rodoreda se acercó al campo de la pintura durante un periodo de tiempo de su vida que fue desde los últimos años que residió en París hasta que ganó el Premio Víctor Català — el año 1957 —, momento en el cual decidió dedicarse únicamente a la escritura. Durante este periodo, Rodoreda intentó en dos ocasiones hacer una exposición de sus pinturas, aunque en ambos casos fue va. El primer intento fue al otoño de 1953 a la sala Mirador de París y el segundo, a la primavera de 1957, ya en Barcelona. Su principal influencia en la expresión plástica fue Paul Klee y en menor medida Joan Miró, Jean Dubuffet, Vasili Kandinski o Pablo Picasso.[84] [2][85]

Se calcula que Rodoreda llegó a pintar 150 cuadros de los cuales sólo una veintena están en posesión de la Fundación Mercè Rodoreda; y los otros restan repartidos entre particulares porque se vendieron en una exposición que se hizo el año 1991 a Calldetenes donde se presentaron 122 obras, adquiridas mayoritariamente por particulares. Una sexagésima de estas cien cincuenta obras las posee actualmente la familia Borràs-Graso.[84] Rodoreda no databa ninguno de sus cuadros, a pesar de que sí que firmaba algunos.[85]

El estilo plástico es muy cercano al de su obra literaria y se caracteriza por la sencillez. Rodoreda dijo que el más sencillo es lo más difícil de conseguir, el más elaborado. Otro paralelismo con su narrativa se presenta en el interés de Rodoreda por el movimiento que se entreverá también en algunos de sus cuadros. Se perfila también un interés para llenar todo el cuadro.[84]

« Su pintura es como su literatura: proceso espiritual, experimentación ética y estética, un conjunto de imágenes abiertas de par en par que no dejan impertèrrita nuestra mirada, que nos tocan.[84]  »

—Mercè Ibarz

Mercè Rodoreda utilizó la pintura como un media de expresión cuando no podía expresarlo a través de la novela larga y vivía un momento mucho llevar de su vida. Incluso, reconoció que si no hubiera sido por la expresión plástica se hubiera echado el río Sena, por cuanto le servía de un espacio de evasión.[85] Aun así, también lo hizo para ganar un dinero extra cuando se le acabó el trabajo de modisto.

En sus pinturas en papel canson hay acuarelas, aiguades y collages, que hace pal·lesa de una pobre variedad de técnicas plásticas. Siguiendo los modelos de posguerra europeos, marcados por las dos guerras mundiales y la Guerra Fría, sus obras tenían un carácter paròdic, grotesco, ambiguo, cruel y fragmentado.[85]

Entre sus pinturas, hay un collage hecho con recortes de las listas de muertos a los campos de exterminio o en otro, hizo aparecer el conocido caballo siciliano con el que amenazaba a Carme Murià que volvería para dejar impronta con su obra, cuando estaba viviente uno de sus peores momentos al exilio en Francia.[84]

Publicaciones póstumas

El reconocimiento literario a la figura de Mercè Rodoreda le llegó poco antes de su muerte al ganar al Premio de Honor de las Letras Catalanas de 1980, aun así, ha sido reconocida y valorada todavía más a partir de su muerte. Rodoreda fue una persona muy reservada y ha estado a raíz de su muerte que se ha descubierto que era mucho más poliédrica en el ámbito de las artes del que ella nos dejó entender.

Póstumamente, se han publicado dos novelas de la autora: la primera, fue el año 1986 con La muerte y la primavera editada por el Club Editor en Barcelona y la segunda, el año 1991 se publicó Isabel y Maria en Valencia por Ediciones Tres y Cuatro.[3]

También con posterioridad a su muerte, el año 2002, se publicó una compilación de toda la producción poética rodorediana bajo el título Agonía de Luz extraído del título del poema XXXVIII del libro de poesía dado por su curador Abraham Mohino y publicado por Ángulo Editorial. Constando de un total de cien cinco poemas divididos en cinco partes por poemas tanto inéditos editados ya en revistas con anterioridad.[80]

Todo el corpus teatral de Rodoreda, exceptuando El parque de las magnòlies, fue publicado póstumamente;[82] un ejemplo de este hecho, fue la publicación el año 1993 de su pieza teatral El torrente de las flores, que juntos era el nombre de la calle del teatro en el que Rodoreda se estrenó como actriz con sólo cinco años.[81]

Premios

Año Premio[86] Obra premiada
1934 Premio del Casino Independiente de los Juegos Florales de Lleida[17] La sireneta y el delfí
1937 Premio Joan Crexells de narrativa Aloma
1947 Juegos Florales de la Lengua Catalana Rosa, Amor novel, Adam a Eva, Pájaro
y dos sonetos más sin título.
1948 Juegos Florales de la Lengua Catalana Mundo de Ulises
1949 Juegos Florales de la Lengua Catalana Amaneceres y noches (nombrada Mestre en Gay Saber)
1956 Premio de Ensayo Joan Maragall Tres sonetos y una canción
1956 Premio Joan Santamaria Carnaval
1957 Premio Víctor Català Veintidós cuentos
1966 Premio Sant Jordi La calle de las Camèlies
1967 Premio Crítica Sierra de Oro de Literatura y Ensayo La calle de las Camèlies
1969 Premio Ramon Llull de novela La calle de las Camèlies
1976 Premio Lletra de Oro Espejo roto
1980 Premio de Honor de las Letras Catalanas Trayectoria literaria
1980 Premio Crítica Sierra de Oro Cuánta, cuánta guerra...
1980 Premio Ciutat de Barcelona de Literatura Catalana Viajes y Flores

Legado

Adaptaciones

Audiovisuales

En vida de Mercè Rodoreda, se hicieron las primeras adaptaciones audiovisuals de alguna de sus novelas. El año 1982, fue traída a la gran pantalla La plaza del Diamante basada en la novela de Rodoreda que lleva el mismo título. Con esta película dirigida por Francesc Betriu Rodoreda recibió una suma de dinero que le dio un bienestar económico suficiente para dejar atrás las importantes dificultades vividas durante gran parte de su vida.[87] La actriz Sílvia Montón recibió el premio CIEGO de mejor actriz revelación por su papel de Colometa a la película.[88] Posteriormente, se hizo una adaptación para la pequeña pantalla.

El 10 de octubre 1977 se emeté por primera vez la adaptación para la televisión de Aloma bajo la dirección Lluís Pascual y ya póstumamente, el año 2002, se produjo la segunda y última adaptación televisiva hasta el momento de un obra de Mercè Rodoreda que fue Espejo roto.[89] Espejo roto fue una serie en catalán de trece capítulos adaptados por Josep Maria Benet y Jornet y dirigidos por Orestes Lara, que fueron producidos y emitidos por la cadena pública Tv3.[90]

Teatrales

Dentro de los actos del año Rodoreda (2008) se adaptaron tres novelas de Mercè Rodoreda al teatro. Bajo el mismo título que la novela rodorediana, la obra La plaza del Diamante fue la primera novela adaptada al teatro durante el año Rodoreda. Esta se representó al Teatro Nacional de Cataluña bajo la dirección de Josep Maria Benet y Jornet que se presentó con grandes dosis de intensidad poética y realismo.[91]

La segunda adaptación teatral del año fue Un día. Espejo roto que era la fusión de una de sus obras más exitosas, Espejo roto, con la obra teatral de la misma autora Un día. En este caso, se representó al Teatro Borràs a cargo de Ricard Salvat y contó con actores de la talla de Rosa Novel o Enric Mayor.[92]

La novela Aloma, publicada por primera vez el año 1938 y reformada el año 1969, fue la tercera obra de Mercè Rodoreda adaptada al teatro, en este caso, en forma de musical. Lluís Alcarazo fue el encargado de convertir la novela en un texto musical porque después los actores de la compañía Dagoll Dagom lo escenificaran en la Sala Grande del Teatro Nacional de Cataluña. La obra recibió la colaboración del music Alfonso de Villalonga que tal como dijo el director de la compañía teatral, Joan Lluís Bozzo, Villalonga «tomó las primeras notas para traer a escena la novela en forma de musical».[93]

Memoriales

Archivo:Colometa Plaza del Diamante.JPG
Estatua La Colometa de Xavier Medina-Campeny.

Póstumamente, se han nombrado varios espacios con el nombre de la escritora, en recuerdo suyo. Los Jardines Mercè Rodoreda fue el nombre escogido por el Ayuntamiento de Barcelona para designar recinto ajardinado del distrito Sarriá-Sant Gervasi entre la avenida República Argentina y la calle Costa, dentro de los actos del año Rodoreda.[94]

El 30 de abril de 2001, se inauguró la Biblioteca Pública Mercè Rodoreda en el municipio de Playa de Aro delante de la histórica Masía Bas del siglo XV-XVI.[95] La ciudad de Barcelona, con el nombre de Biblioteca Guinardó Mercè Rodoreda, nombró su biblioteca del distrito Huerta-Guinardó fruto de una iniciativa a nivel de distrito de adoptar nombres de mujeres significativas a nivel cultural, social o político, a los nuevos equipamientos públicos de los distrito.[96]

En la Plaza del Diamante al barrio Vila de Gràcia, que dio nombre a una de las obras más conocidas de Mercè Rodoreda, se encuentra la estatua La Colometa, obra de Xavier Medina-Campeny, en homenaje a esta novela y en consecuencia, a su autora. Además, el año 2008 se colocó una placa en la plaza en memoria de la escritora, Mercè Rodoreda.[94]

En todo la geografía de los territorios de habla catalana se han nombrado décimas calles, plazas y pasajes con el nombre de la escritora, como por ejemplo,[n. 3] en Palma, en Vila-real y en Castelldefels. Existen también varias escuelas, principalmente CEIPs, que llevan el nombre de la escritora Mercè Rodoreda como Martorell, Elche, Hospitalet de Llobregat, Badalona y Nuevo Barrios.

Fundación Mercè Rodoreda

Artículo principal: Fundación Mercè Rodoreda

La Fundación Mercè Rodoreda fue un organismo creado póstumamente que se encarga de preservar los derechos intelectuales de la autora, de divulgar la figura y obra de Mercè Rodoreda y de organizar los Premios Mercè Rodoreda, entre otros. Los Premios Mercè Rodoreda son los galardones otorgados a los mejores trabajos y estudios de investigación sobre la narrativa catalana del siglo XX.[97]

Año Rodoreda 1908-2008

El año 2008, se celebró el año Rodoreda para conmemorar el centenario del nacimiento de la escritora, organizado por la Fundación Mercè Rodoreda, el Instituto Ramon Llull, la Institución de las Letras Catalanas y el Instituto de Estudios Catalanes para dar a conocer a Mercè Rodoreda y divulgar su obra. Los actos se distribuyeron por las comarcas de las provincias de Girona y Barcelona. Entre estos actos hubieran adaptaciones teatrales de las novelas rodoredianes, mesas redondas, conferencias, exposiciones y audiovisuales sobre la vida de la autora, nuevas traducciones y ediciones de obras de rodoredianes, entre otras.[98] Dentro de los actos del año Rodoreda destacó el Congreso Internacional Mercè Rodoreda que se celebró del 1 al 4 de octubre a la ciudad de Barcelona donde se reunieron un total de 150 especialistas de la obra la autora de todo el mundo.[99]

Obra literaria

Narrativa

Año Título Argumento
1932 Soy una mujer honrada? Es una novela psicológica que trata de un adulterio potencial que no se llega a consumar entre Teresa, un mujer madura casada con un notario, y un joven pasando que viene al pueblo a trabajar para el marido de la mujer. Los sentimientos de los dos protagonistas los describe desde las dos perspectivas a lo largo de los treinta y siete capítulos, aunque especialmente desde la visión de Teresa. El joven ejerce de seductor implacable que se enamora como un adolescente, y ella que se enfrenta a la feblesa humana que superará, a pesar de anhelarlo, las tentaciones de infidelidad por respecto a su unión conyugal.[100][101]
1934 Del que se no puede huir Es la biografía de una joven que mantiene una relación secreta con un hombre maduro, que ha ejército de tutor legal de la chica cuando quedó huérfana. Ella huye de allí, para no perjudicar más la vida del feliz matrimonio. La renuncia al adulterio se presenta como un acto antinatural que la traerá a su destrucción. La novela narra los intentos frustrados de represión de los sentimientos y deseos «del que se no puede huir».[101]
1934 Un día de la vida de un hombre Ramon Pronto, el protagonista de esta novela, es un hombre gentil, tímido e influenciable, que es víctima de su mujer la cual siempre lo había presionado. Cuando el hombre ya llega a viejo, y cansado de la rutina, decide seguir los impulsos amorosos que siendo hacia la mujer de su amigo. Después de varios tanteos y visitas esporádicas entre los dos, se deciden a consumar el amor. Esta potencial relación adultera no se llegará a consumar nunca, verso a las inseguridades que nacen en los dos al último momento; hacen que ella se eche atrás, y deje a en Ramon solo en la habitación del mueblé. Muerto de pena, se vuelve a pie a casa y sin que nadie se diera cuenta por el que estaba viviendo, Ramon se va a dormir.[102]
1936 Crimen Crimen es una novela policiaca que nos relata el misterioso caso de un zapato abandonado y apuñalada en una cena a casa del escritor Marià Frena. La investigación la lleva a cabo en un primer momento el anfitrión, que junto con el resto de invitados, vivirán una serie de acontecimientos a medida que avanza la investigación y la noche desde una óptica irónica y sarcástica.[103]
1938 Aloma Relata la historia de amor entre una adolescente solitaria e idealista, la Aloma, y el hermano de su cuñada, en Robert. Esa relación comporta un mal estar familiar como también un fracaso en esa relación. Escrita con narrador omniscient y monólogo interior, nos transporta en el complicado mundo del Aloma que se verá evocada a cotejar su futuro y el de su hijo que viene en camino.[104]
1958 Veintidós cuentos Recoge de diferentes relatos.
1962 La plaza del Diamante Es el relato de la vida de una chica que sufre un proceso de pérdida de identidad. La novela se desarrolla desde la Segunda república española hasta los inicios de la Posguerra. La protagonista es Natàlia, una joven huérfana de madre que conoce a en Quimet al entoldado de la Plaza del Diamante durante la Fiesta Mayor de Gràcia, y con el cual se casará un año más tarde. En aquel momento, inicia un proceso de pérdida de identidad en una sumisión completa bajo el poder de en Quimet. En aquel momento dejó de ser Natàlia para convertirse en la Colometa.[105]
1966 La calle de las Camèlies Relata la infancia y madurez de una niña abandonada a la calle de las Camèlies llamada Cecília Ce. Se cuidada por unos padres de acogida que la encontraron, hasta que se escapa para ir a buscar a sus padres biológicos que no conoce. Se moverá por los ambientes de la prostitución y de la miseria, y mantendrá diferentes relaciones amorosas y sexuales, reduciendo su vida a hacer tumbos por las calles de la ciudad sin rumbo.[106]

Hasta que un día, cumplió su sueño: ir al Liceo como una princesa, pero sienta que aquel no era su mundo, y desencisada, volvió a su patria,aquella calle de las Camèlies que lo había visto crecer.[106]

1967 Jardín borde el mar Nos relata la vida de un jardinero que ha trabajado por diferentes amos benestants en una misma tueste borde el mar durante seis veranos de su vida. Desde la visión del sensible jardinero, se relatan historias de los señores, sus amigos y vecinos llenas de sentimiento. Todo esto, con un protagonista oculto que es el jardín borde la mar que resguardarà todo un conjunto de flores y símbolos.[107]
1967 Mi Cristina y otros cuentos Recoge de diferentes relatos.
1974 Espejo roto Es el relato de la trágica vida de tres generaciones de la familia benestant Valldaura-Farriols de principios del siglo XX. La novela gira principalmente alrededor de la matriarca de la familia, Teresa Goday, y posteriormente también de Maria, que pertenece a la generación más joven de la familia. Trata el tema de la muerte de manera simbólica, describiendo el ascenso y el declive de los miembros de la familia. Nos presenta la historia fragmentada y con múltiples voces como un espejo despedazado donde cada trozo de cristal es un momento de la vida de los personajes.[108][109]
1978 Parecía de seda y otros cuentos Recoge de diferentes relatos.
1979 Todos los cuentos Recoge de diferentes relatos.
1980 Viajes y flores Recoge de diferentes relatos.
1980 Cuánta, cuánta guerra... Adrià Guinart es un joven que, cansado de su inexperiència de la vida, decide ir a ver mundo y vivir aventuras con gente desconocida, fruto de su anhelo de libertad. Huye con un amigo y otros compañeros al frente cuando reclaman voluntarios para la lucha, aunque volvió a huir sin rumbo, este golpe del frente, cuando se lo proponen.[110]
1986 La muerte y la primavera
1991 Isabel y Maria

Teatro

Año Título Argumento
1959 (escrito)[81] Un día
1976 (ed.)[82] El Parque de las Magnòlies
1993 (ed.)[81] El torrente de las flores
1953 (escrito)[81] La Señora Florentina y suyo amor Homero
1979 (escrito)[82] El maniquí

Notas

  1. Al alemán, inglés, èuscar, búlgaro, castellano, danés, eslovaco, esloveno, finés, francés, gallego, griego, hindi, húngaro, islandés, italiano, japonés, lituano, neerlandés, noruego, polaco, portugués, rumano, ruso, serbocroat, sueco, checo, vietnamita y chino.
  2. Los ocupantes de aquel bibliobús fueran: Xavier Benguerel, Pere Calders, Sebastià Gasch, Domènec Guansé, Cèsar Augusto Jordana, Lluís Montanyà, Anna Murià, Armand Obiols, Joan Oliver, Mercè Rodoreda y Francesc Trabal.
  3. Las localidades que nombraron alguna calle, plaza o pasaje Mercè Rodoreda fueran: Palma, Vila-real, El Verger, Castelldefels, Reos, Riudoms, Vila-seca, Salou, El Vendrell, Linyola, Cubelles, Sant Esteve Sesrovires, Cambrils, Sant Sadurní d'Anoia, Viladecans, Mollet del Vallès, Molins de Rei, Tarragona, Cerdanyola del Vallès, Montgat, Parets del Vallès, Montmeló, Santa Perpètua de Mogoda, Vesuvi, Sant Cugat del Vallès, La Llagosta, Llinars del Vallès, Sabadell, Vic, Martorell , Sant Celoni, Sant Boi de Llobregat, Calella, Sant Vicenç de Montalt, Sant Joan de Vilatorrada, Sant Pol de Mar, Blandas, entre otras.

Referencias

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