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Instituto de Estudios Catalanes
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El Instituto de Estudios Catalanes (IEC) es una corporación académica, científica y cultural que tiene por objeto la búsqueda científica en todos los elementos de la cultura catalana. La entidad se estructura en varias secciones, la primera de las cuales fue la Històrico-Arqueológica, bien que la más conocida por el gran público es la Filológica, que tiene carácter normativo respecto a la lengua catalana. Además agrupa actualmente 28 sociedades filiales.
La Diputación de Barcelona creó el IEC el 18 de junio de 1907 , siendo su primer Presidente Antoni Rubió y Lluch. En el año 1922 fue admitido a la Unión Académica Internacional, con la cual colabora en varios proyectos.
En el año 1996 fue galardonado con el premio Nacional a la Proyección Social de la Lengua Catalana y el 2002 su sección filológica con el premio Nacional de Patrimonio Cultural.
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El Instituto de Estudios Catalanes se encuentra ubicado en la antigua Casa de Convalecencia, un edificio del siglo XVII construido gracias a la generosidad de Pau Ferran. Situado a la izquierda de la Rambla, al corazón del Arrabal de Barcelona , y forma parte del gran conjunto sanitario integrado por el antiguo Hospital de la Santa Cruz, que también comparten la actual Biblioteca de Cataluña y el Colegio de Cirugía (posteriormente, Facultad de Medicina y ahora suyo de la Real Academia de Medicina de Cataluña).
El 1906, en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Catalana, se promovió la creación de una entidad para organizar la cultura a los Países Catalanes y fue el 18 de junio de 1907 cuando se fundó el IEC, por iniciativa del presidente de la Diputación de Barcelona, Enric Prat de la Riba. Entre los primeros miembros encontramos Antoni Rubió y Lluch, el primer presidente de la entidad, Josep Pijoan, elegido secretario, el arquitecto Josep Puig y Cadafalch y el economista Pere Coromines hasta un total de nuevo integrantes.
El primer núcleo del Instituto se dedicó fundamentalmente a los estudios históricos y a la catalogación y preservación del arte románico del Pirineu. La primera organización de la entidad se hacéis por secciones y se incluyeron la de historia , la de arqueología , la de literatura y la de derecho . Ya desde buen comienzo, se intentó dar a la institución un carácter marcadamente patriótico pero se quiere dejar muy claro que esto nunca irá en detrimento de la objetividad y del rigor científico.
Una de las primeras tareas que se llevaron a cabo fue la creación de una Biblioteca de Cataluña que se finalizó en el año 1914. El objetivo de esta era construir una extensa fuente bibliográfica que sirviera de apoyo para todos los investigadores que estuvieran interesados.
El 1911 se empezó a hacer evidente que había una gran cantidad de cuestiones que el Instituto tenía que atender y de las cuales a menudo no podía hacerse cargo para no estar dentro de su ámbito de actividades. El más importante de todos es la de impulsar la lengua catalana y fomentar el uso en todo el territorio, de aquí la necesidad de crear una sección filológica. También se quiere parar especial atención al estudio de las ciencias naturales y exactas, un campo en el cual se cree que todavía hay mucho camino para recorrer. Un golpe reorganizada la entidad esta constará de tres secciones: la sección històrico-arquelògica, dirigida por Antoni Rubió y Lluch, la filológica, dirigida por Antoni Maria Alcover y la de ciencias, dirigida por el médico Miquel Àngel Fargas.
Durante la Dictadura de Primo de Rivera, suspendida la mancomunidad y retiradas las subvenciones que recibía, el IEC consiguió subsistir en base de donaciones privadas de personajes como Francesc Cambó. Al finalizar este periodo, la Diputación de Barcelona le devolvió las subvenciones y servicios que le habían sido negados, y le concedió plena autonomía institucional.
Durante el franquismo la institución funcionó de forma clandestina. La mayoría de sus locales habían sido abandonados y se perdió gran parte de su material de forma permanente. Los miembros que habían sobrevivido a la Guerra Civil, Eduard Fontserè, Carles Orilla, Puig y Cadafalch…continuaron trabajando gracias nuevamente en las donaciones privadas y a la ayuda de entidades como Òmnium Cultural, creado en el año 1962. Durante este periodo se editaron numerosas obras que consiguieron en ocasiones burlar la censura que prohibía editar en catalán con el evidente riesgo que esto comportaba.
En el año 1968 se produjo una segunda ampliación a partir de la secesión de la Sección de Filosofía y Ciencias Sociales de la sección de Ciencias, puesto que hacía tiempos que se consideraba que esta sección trataba temas demasiado heterogéneos.
Un golpe finalizada la dictadura y con el restablecimiento de la Generalitat de Cataluña, la institución volvió a coger fuerza. Se impulsó una reforma consistente en la redacción de unos nuevos estatutos y la incorporación de nuevos miembros de todo los Países Catalanes. Las colecciones artísticas que ya existían a la institución aumentaron, con una serie de donaciones y alguna adquisición, los años noventa.
La Sección Filológica del IEC se fundó en el año 1911, aconteciendo su primer presidente Antoni Maria Alcover, y cumple la función de academia de la lengua catalana. Alcover y Pompeu Fabra trabajan conjuntamente para editar una serie de Normas ortográficas que serán subscritas en el año 1913 por todos sus miembros (sacado de Guimerà) y que acontecen la base del catalán escrito moderno tal y como lo empleamos hoy en día.
En este mismo sentido, en el año 1917 se publicó también el Diccionario Ortográfico del Instituto, que ha quedado irremediablemente ligado al director del proyecto, Pompeu Fabra. Se trata de una obra muy completa y que se reeditó con frecuencia hasta en el año 1937. Esta obra y otros son la base para la publicación en el año 1932 del Diccionario General de la Lengua Catalana obra del mismo Fabra, y que ha sido adoptado como normativo.
El ámbito de actuación oficialmente reconocido se extiende en las tierras de lengua y cultura catalanas. Las competencias normativitzadores se aceptan de pleno en Cataluña, Cataluña Norte, las Islas Baleares y Andorra . En el País Valenciano se rigen porla Academia Valenciana de la Lengua mientras que a la Franja de Ponente se utilizan las normativas de facto a pesar de no tener competencias por carencia de oficialidad del catalán.
De sus obras, hay que destacar el Diccionario de la lengua Catalana del IEC (publicado en el año 1995) y el Diccionario catalán-valenciano-balear.
Entre sus miembros destacan Josep Carnero, Àngel Guimerà o Joan Maragall.
El instituto se organiza actualmente en cinco secciones:
Las sociedades filiales[1] del IEC tienen un cariz científico o cultural y aportan un valor añadido a su ámbito de especialidad. Cada sociedad está adscrita a una sección del Instituto, pero mantiene su autonomía como entidad.
Actualmente son estas:
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* Algunas de estas sociedades tienen los orígenes a menudo fuera del IEC, siendo algunas más antiguas que el propio instituto.
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(y)