La heráldica nace alrededor del siglo XII en el ámbito europeo occidental y es una de las ramas del conocimiento que han perdurado con menos cambios hasta la actualidad.
De su inicial utilidad —identificar el guerrero que iba cubierto por armadura, así como también el individuo como perteneciente a un determinado bando en la batalla—, ha extendido su ámbito para alcanzar la identificación de personas, corporaciones, entidades políticas y otros, y en la actualidad se encuentra muy cercana en la cultura de comunicación visual (marcas, logotipos, etc.).
La característica que diferencia la heráldica otros tipos de simbologías que se han dado a lo largo de la historia o en otros lugares del mundo se puede resumir en dos puntos: la asunción de un conjunto de normas rígidas para la composición de los escudos de armas y la transmisión de las armories a través de las generaciones como elemento identificador del linaje.