| Condes de Barcelona | ||
| Casal de Barcelona | ||
| Guifré Y el Pilós | ||
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| Niños | ||
| Radulf de Barcelona | ||
| Guifré II de Barcelona | ||
| Sunyer Y de Barcelona | ||
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| Ramon Berenguer I | ||
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| Berenguer Ramon II | ||
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| Soberanos de la Corona de Aragón | ||
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Guifré Y de Barcelona, dicho “el Pilós” (c. 840 - 897) fue Conde de Barcelona, Conde de Osona[1] y Conde de Girona (878 - 897); también Conde de Urgell y de Cerdaña (870 - 897); y también Conde de Conflent (896 - 897). Fue el duodécimo y último conde de Barcelona nombrado por los reyes francos, y el primero al dar en herencia sus dominios territoriales, iniciando así la Dinastía condal de Barcelona (Guiffredus primus comas Barchinone), a pesar de mantener el juramento de fidelidad a los reyes de Francia; como fundador de la dinastía condal de Barcelona, ya desde la edad mediana los antiguos reyes de Aragón y condes de Barcelona glorificaron y exaltar la memoria, y su linaje se mantuvo por descendencia directa de padre a hijo durante cinco siglos. Murió en manos musulmanas durante la Ràtzia islámica del 897 y fue enterrado al Monasterio de Santa Maria de Ripoll. Los hechos históricos y la leyenda se mezclan en suya biografía, recogida por los monjes del Monasterio de Santa Maria de Ripoll en la saga catalana Gesta Comitum Barchinonensium. A lo largo de los siglos y siguiendo las antiguas crónicas medievales de los reyes de Aragón se ha glorificado la memoria guardando su recuerdo y considerándolo el fundador de Cataluña , pues ya desde el 1380 fue llamado “Padre de la Patria”.[2]
El mote de «Pelós» aparece por primera vez a la Brevis historia monasterii Rivipullensis,[4] una crónica catalana[5] escrita en latín el siglo XII que recopil·la la historia del Monasterio de Santa Maria de Ripoll desde su fundación por el conde Guifré el 888 hasta el 1147. Esta crónica fue fuente de la Gesta Comitum Barchinonensium «Gesta de los condes de Barcelona», que empieza con la Leyenda de Guifré el Pilós. Esta leyenda recogida en la Gesta explica que la razón de este mote era que tenía pelo allí donde los hombres no acostumbraban a tener, sin concretar donde, de que manera que cuando según la leyenda Guifré devolvió de Flandes en Barcelona disfrazado de peregrino, su madre lo reconoció inmediatamente.
| « | Y cuando sano madre lo vio, fue muy pagada y alegre y conoció que era su hijo. Porque pelo tenía en lugares donde los hombres no acostumbran a tener y por eso fue denominado el Pelós. | » |
Una redacción tardía de la Gesta en catalán tradujo «Pilosus» por «Pelós», y así se recogió posteriormente en la historiografía catalana medieval. Durante la edad moderna la historiografía catalana escrita en castellano usó la forma «Velloso», y durante la renaixença se usó la forma «Pilós» derivada directamente del latín original «Pilosus».[6]
Los orígenes familiares de Guifré Y de Barcelona eran desconocidos durante el alta edad mediana. La Leyenda de Guifré el Pilós, recogida por primera vuelta en la saga Gesta Comitum Barchinonensium,[7] narra que este era hijo de un caballero que también se denominaba Guifré, originario de la villa de Rià (o de Arrió); esta leyenda fue recogida por los monjes del monasterio de Santa Maria de Ripoll y empieza con las siguientes palabras:[8] [9]
| « | Por los relatos de los antiguos, sabemos que en un tiempo lejano hubo un caballero de nombre Guifré, oriundo de la villa llamada Arrió, que es en territorio del Conflent, tocando al río Tet, cerca del monasterio de Santo Miquel de Cuixà. | » |
Estas primeras palabras de la leyenda sitúan el lugar de origen del cavalller Guifré de Arrió, padre legendario de Guifré el Pilós, a la villa Rià, situada cerca del río Tet y del monasterio de Santo Miquel de Cuixà, al antiguo Condado de Conflent (el milenario Condado del Conflent fue amputado de Cataluña y anexionado en Francia por el Tratado de los Pirineo en el año 1659).
Durante el siglo XVI y XVII varios historiadores empezaron a poner en entredicho la historicidad de la Leyenda de Guifré el Pilós insertada en la saga Gesta Comitum Barchinonensium; así, mientras el historiador aragonés Jerónimo Zurita todavía la incluyó en su obra Anales de la Corona de Aragón (1562-1580),[10] ya el historiador occitano Pèire de Marca la definió como una «patraña» en su obra Marca hispanica; sive, Limes hispanicvs (1688).[11]
En el siglo XVIII, mientras los historiadores y monjes benedictins Claude de Vic (1670-1734) y Joseph Vaissette (1685-1756) redactaban la Histoire générale de Languedoc (1730),[12] encontraron un documento de en el año 888 en que unos hermanos realizaban una donación de bienes a la Abadía de la Grasa (Condado de Carcasona, Septimània) para la salvación del alma de sus padres: «dompni Suniefridi, genitoris nostri, velo dompne Ermessindae genitricis nostrae»; los hermanos que firmaban la donación eran Sesenanda, Sunifred, el conde Guifré, el conde Radulf, y el conde Miró. La identificación de estos condes a en el año 888 resultaba sencilla: eran el conde de Barcelona Guifré el Pilós, el conde de Conflent Miró el Viejo, y el conde de Besalú Radulf, y este documento desvelava no tanto sólo que estos condes eran germanos, sino que eran hijos de un matrimonio formado por un Sunifred casado con una Ermessenda.
| 2. Sunifred Y de Urgell | ||||||||||||||||
| 1. Guifré Y de Barcelona | ||||||||||||||||
| 3. Ermessenda | ||||||||||||||||
Esta filiación, que desacreditaba al legendario caballero Guifré de Arrió, se vio confirmada poco tiempo después por otro documento que ya había encontrado en el siglo XVII el historiador Pèire de Marca y que los historiadores benedictins no conocían cuando publicaron su primera edición de la Histoire générale de Languedoc; se trataba de un juicio de en el año 874 presidido por el conde de Conflent Miró el Viejo, en que el mandatario del conde relataba como varios caballeros habían prestado servicio en tiempo del padre del conde Miró, que había sido el conde Sunifred de Urgell. Con estos documentos la filiación de la alcurnia había quedado completa: los condes Guifré Y de Barcelona «el Pilós», Miró Y de Conflent «el Viejo», y Radulf Y de Besalú eran germanos, y habían sido hijos del conde Sunifred Y de Urgell, y de su mujer llamada Ermessenda.
A partir de entonces los estudios se han centrar al descubrir quién fueron el progenitores del conde Sunifred Y de Urgell, el padre del conde Guifré el Pilós. Actualmente los historiadores sostienen dos teorías al respeto:
| 4. Borrell Y de Osona (visigodo) | ||||||||||||||||
| 2. Sunifred Y de Urgell | ||||||||||||||||
| 1. Guifré Y de Barcelona | ||||||||||||||||
| 6. Bel·ló de Carcasona (visigodo) | ||||||||||||||||
| 3. Ermessenda | ||||||||||||||||
| 4. Bel·ló de Carcasona (visigodo) | ||||||||||||||||
| 2. Sunifred Y de Urgell | ||||||||||||||||
| 1. Guifré Y de Barcelona | ||||||||||||||||
| 6. Borrell Y de Osona (visigodo) | ||||||||||||||||
| 3. Ermessenda | ||||||||||||||||
Después del hundimiento del Imperio Romano de Occidente, las tribus bárbaras crearon varios reinos en los territorios invadidos; así los visigodos se instalaron a Hispania y craren el Reino visigodo de Toledo, mientras que los francos se apoderaron de la Galia y crearon el Reino franco.
La organización territorial del reino visigodo se basó en las antiguas provincias romanas, al frente de las cuales había el duque de la provincia (dux provinciae). El dux tenía autoridad sobre toda la provincia y sobre los condes de las ciudades (comas civitatis). La provincia de la Tarraconensis fue llamada, esporádicamente,[20] «ducado de Ibèria», mientras que la Narbonensis se denominó «ducado de Septimània». El 711 empezó el colapso del reino visigodo, dividido por enfrentamientos internos e invadido por tropas musulmanas; numerosos magnates vasos optaron para someterse voluntariamente a los musulmanes a cambio de mantener su poder provincial o local. La Tarraconensis cayó el 714 y el «ducado de Septimània» fue sometido el 725.
El 732 el franco Carles Martillo paró el adelanto islámico a la Batalla de Tours y el 752 los vasos del «ducado de Septimània» se entregaron a los francos,[21] a condición de mantener las leyes góticas y su poder.[21] Habiendo ocupado el «ducado de Septimània», el rey franco Carles Y «el Magno» (denominado también Carlemagne o Carlemany) intentó conquistar en el año 778[22] el «ducado de Ibèria», la antigua Tarraconensis, que se encontraba bajo ocupación musulmana. Fracasada la conquista, las tropas francas que se retiraban fueron asaltadas a Roncesvalles .[23] El 801 Carles Y «el Magno» encomendó a su hijo la conquista de Barsyluna ocupada por los musulmanes con la colaboración de los vasos,[24] mientras él fue a Roma para ser coronado emperador y declarar el restablecimiento del Imperio Romano de Occidente, el llamado Imperio Carolingio. El domingo de Pascua, 4 de abril del 801,[25] Barcelona era ocupada por los francos, y para gobernar el territorio nombraron a un magnate franco, Berà,[26] como conde de la ciudad (comas civitatis).
La Gòtia es el nombre que los francos dieron a los restos del reino visigodo y que conquistaron entre el 759 y el 801. Administrada inicialmente por magnates francos, el gobernador de la Gòtia ostentó el título de «marchio». Así también, apareció el «dux» de la Gòtia, siendo el primero[27] gobernando al emplearlo el vaso Sunifred (? - 848), conde de Barcelona, Cerdaña y Urgell, y de Narbona, y padre de Guifré el Pelós; y el último[28] que se intituló «dux» de la Gòtia fue su descendente, el conde Borrell II (927 - 992).
El «ducado de Septimània» lo formaban los condados de Usès, Nimes, Melguelh (Magalona), Lodeva, Agde, Besiers, Narbona, Carcasona, Rasès, Conflent y Rosselló .
Dado el término "Marca", Josep Calmette creyó encontrar la prueba que en los territorios conquistados a Hispania los carolingios habían instituido, como otras regiones fronterizas -caso de la Bretaña, Saxònia, Panònia o el Friül-, un distrito de carácter militar y administrativo gobernado por un marqués, con jurisdicción sobre los condes. Aun así, según observó Ramon de Abadal, al reino franco, no existió nunca el cargo de marqués de Hispania pero sí, en cambio, los de duque de Tolosa o de Septimània , o el de marqués de Gòtia . Además, siguiendo Abadal, en documentos oficiales, ço es, expedidos por la cancillería, no se empleó en ningún caso la expresión Marca Hispánica, término caído en desuso verso 850, y no recuperado por los historiadores hasta el siglo XVIII, por vía erudita.
| Condes de Barcelona | |||
|---|---|---|---|
| Títulos investidos por los reyes de Francia | |||
| (801) Los francos conquistan Barcelona (801-820) Berà (820-826) Rampó (826-832) Bernat de Septimània (832-836) Berenguer de Tolosa (836-844) Bernat de Septimània (844-848) Sunifred (848-850) Guillemos de Septimània (850-852) Aleran e Isembard (852-858) Odalric (858-864) Humfrid (864-878) Bernat de Gòtia (878) Guifré lo Pilós |
Pero cuatro décadas después la unidad del Imperio Carolingio se rompió por las luchas dinásticas entre los sucesores del emperador Carlemany. Así, en el año 840, a la muerte del emperador Lluís Y de Francia, estalló la guerra entre sus hijos para apoderarse del vasto imperio. Los hermanos pequeños Carles el Calvo y Lluís el Germánico se aliaron en contra del hijo primogénito, Lotari Y ,y su aliado Pipí II de Aquitania. Pero estos fueron derrotados a la batalla de Fontenoy-en-Puisaye el 25 de junio de 841 . Uno de los aliados del hijo primogénito Lotari Y había sido Bernat de Septimània, conde de Barcelona, de Girona, de Narbona, de Besiers, de Agde, de Magalona, de Nimes y de Tolosa. Este no quiso participar en la batalla final porque poco antes el candidato por el cual luchaba, Lotari Y ,había hecho ejecutar sus hermanos. Después de la derrota Lotari Y su aliado Pipí II de Aquitania se refugió en tierras de Bernat de Septimània; este decidió enviar a su hijo Guillemos de Septimània a ofrecer su obediencia al vencedor, Carles el Calvo, prometiendo que conseguiría que Pipí II de Aquitania también le rindiera obediencia.
Pero Bernat de Septimània no cumplió con la prometida y en el año siguiente, el 842, Carles el Calvo, que entonces tenía 19 años, decidió castigar al conde Bernat desposeyéndolo del condado de Tolosa. Bernat de Septimània rehusó la decisión de Carles el Calvo y, aliado con Pipí II de Aquitania, se rebeló abiertamente contra Carles el Calvo y va reconquerir el condado de Tolosa. En el año siguiente, el 843, se firmó el Tratado de Verdun que puso fin a la guerra civil franca y mediante el cual el Imperio carolingio fue dividido en tres partes: la Francia Occidental fue para Carles el Calvo, la Francia Central para Lotari Y ,y la Francia Oriental para Lluís el Germánico. Habiendo consolidado su trono, el 844 Carles el Calvo volvió al sur con el objetivo de someter definitivamente a Pipí II de Aquitania. Bernat de Septimania fue capturado durante el Asedio de Tolosa (844) y el mayo del 844 Carles el Calvo ordenó que Bernat de Septimània fuera decapitado.
Después de la ejecución del caballero franco Bernat de Septimània el 844, Carles el Calvo concedió los condados de Barcelona, Girona, Narbona, Nimes, Agde, Besiers y Magalona a un caballero visigodo, Sunifred Y de Urgell, conde de Urgell y de Cerdaña y padre de Guifré el Pilós. Este tuvo que proseguir la lucha contra Guillem de Septimània, hijo del decapitado Bernat, y su aliado Pipí II de Aquitania, mientras en el año seguent paraba la Ràtzia musulmana del 845. El 848, Guillamos de Septimània se apoderó del Condado de Barcelona y del de Condado de Empúries, capturando a Sunifred Y de Urgell y a Sunyer Y de Empúries, a los cual hizo ejecutar.
El verano del 849 Carles el Calvo contraatacà e invadió el Aquitania. Pipí II de Aquitania y Guillamos de Septimània huyeron, y Carles invistió al franco Aleran como conde de Barcelona, de Empúries, de Rosselló y marqués de la Septimània, al caballero Guifré Y de Girona lo invistió comtate de Girona y de Besalú , y al caballero Salomó conde de Cerdaña , de Urgell y de Conflent.
Ante la contraofensiva de Carles el Calvo, Guillamos de Septimània pidió auxilio al emir Abd al-Rahman II; en el año siguiente, el 850, después de la marcha de Carles el Calvo, Guillamos de Septimània contraatacà nuevamente y se apoderó de Barcelona con soldados musulmanes comandados por Abd al-Karim ibn Abd al-Wahid ibn Mugit; pasó después a asediar Girona, que no conseguir someter. Informado de la nueva rebelión, Carles el Calvo envió refuerzos al sur y finalmente Guillamos de Septimània fue derrotado, siendo capturado y ejecutado en Barcelona por nobles partidarios del rey Carles el Calvo. En el año seguent los musulmanes vengaron la ejecución de Guillem de Septimània y lanzaron la Ràtzia de 851 que devastó totalmente la ciudad de Barcelona .
En 859 empezó uno de los ataques vikingos más espectaculares; Björn Järnsida y Hastein comandaron sesenta y dos barcos hacia el mediterráneo. Rechazados por los musulmanes a la cuesta oeste de la península ibérica, después de saquear Al-Yazira al-Jadrā,[29] atravesaron el estrechado de Gibraltar asaltando la cuesta este peninsular y las islas Baleares. Durante el invierno se establecieron a la Camarga saqueando el valle del Roine, apoderándose de Elna, Santa Maria de Arles, Santo Genís de Fontanas y asolando Empúries,[30] llegando quizás hasta Banyoles.[31]
Está documentado que Salomó fue conde de Urgell, de Cerdaña y de Conflent hasta el 868, año a partir del cual desaparece de la documentación. También está documentado que el 873 Guifré el Pelós se intitulaba conde, y por documentos posteriores, que se intitulaba conde de Urgell, conde de Cerdaña y conde de Conflent, los mismos condados que habían estado en manso de Salomó. Pero lo que no está documentado es ni cuando, ni porque, ni cómo, Guifré el Pilós se hacéis con estas tierras.[32]
La Leyenda de Guifré el Pilós sostiene que magnates francos habían asesinado a Guifré de Arría, padre legendario Guifré lo Pilós, hecho que coincide con la realidad, pues Sunifred de Urgell, el auténtico padre del Guifré el Pilós, fue asesinado por el magnate franco Guillemos de Septimània. Después la leyenda continúa explicando que el condado de Barcelona había sido usurpado por un magnate franco denominado Salomó, y que cuando Guifré el Pilós devolvió en Barcelona, mató al conde intruso Salomó y recuperó el condado de Barcelona. Los hechos coinciden parcialmente con la leyenda, pues hubo un noble franco llamado Salomó, que era conde, no de Barcelona, sino de Urgell, y que el 868 desaparece de la documentación histórica, siendo suplantado por Guifré el Pilós.
El historiador Ramon de Abadal descartó que Guifré el Pilós asesinara en Salomó, conde de Urgell, Cerdaña y Conflent, así como que Guifré el Pilós ocupara violentamente los condados; la documentación constata que el 868 el conde Salomó desaparece de la documentación histórica, y que el agosto del 871 aparece Miró el Viejo, hermano de Guifré el Pelós, como conde de Conflent; del 873 hay otro documento donde Guifré el Pilós aparece intitulándose conde, y poco después hay otro donde se especifica que es conde de Urgell y Cerdaña. Ramon de Abadal sugirió a la muerte de Salomó, los condado de Urgell, de Cerdaña y de Conflent habrían quedado vacantes, y que Guifré y su hermano Miró habrían sido investidos legalmente por el rey Carles II de Francia; dadas las evidencias documentales, la investidura se tendría que haber producido entre el 868 y el 871; con estos datos propuso que esto se habría acontecido al assamblea de Attigny, convocada por el rey de Francia el julio del 870, y que en aquella assamblea sería cuando Guifré el Pilós habría recibido el nombramiento como conde de Urgell, de Cerdaña y de Conflent.[33] Acto seguido y según el historiador Josep Maria Salrach y Marino, Guifré el Pelós habría asociado a su hermano Miró el Viejo en el gobierno del Conflent.[34]
Llamado a socorrer el Papa Joan VIII, amenazado por los musulmanes, Carles el Calvo emprende una expedición en Italia. Previamente reúne una asamblea a Quierzy para controlar la buena marcha de su imperio. En esta misma asamblea se promulgaron dos capítulos que regularían la cuestión de los honores laicos y eclesiásticos durante aquel periodo:
Después de promulgar esta capitular Carles el Calvo inició su viaje, pero cuando se encontraba en media expedición fue informado de la revuelta de varios magnates, emprenguent inmediatamente el viaje de regreso; Carles el Calvo murió el 6 de octubre del 877. Pero este alcance temporal y contextual aconteció definitorio y han sido considerados como los dos artículos que fundaron el feudalismo, pues instauraban legalmente la heretabilitat de los honores, algo que hasta el entonces eran una Potestas (poder) reservada a la corona imperial.
El 865 el rey Carles II de Francia había investido como de Barcelona, Rosselló, Narbona, Agde, Besiers, Magalona y Nimes al magnate franco Bernat. Pero el septiembre del 877, aprovechando la marcha del rey en Italia, se produjo una rebelión general de los nobles francos en contra de la política del rey; la grande coaliació de magnates francos lo encabezaron Bosó V de Provenza, Bernat Plantapilosa, el Abad Hug de Nèustria y Bernat de Gòtia. Alertado de la rebelión, Carles II de Francia decidió devolver a sus dominios, pero murió el 6 de octubre de 877 . Aún así pero, los rebeldes continuaron luchando contra las tropas fieles al hijo del rey, Lluís II de Francia.
Guifré el Pilós y lo suyos germanos Sunifred y Miró el Viejo restaron fieles al hijo de Carles II de Francia y dispuestos a combatir la rebelión avanzaron por la Septimània donde eliminaron a los nobles fieles a Bernat de Gòtia, uniendo sus tropas a las del vizconde Lindoí de Narbona; el conde Guifré el Pilós y el vizconde Lindoí debastaren las tierras de Bernat de Gòtia, ocuparon los castillos y expulsaron de las iglesias los sacerdotes adictos al rebelde Bernat de Gòtia . Finalmente el obispo Hicmar de Reims persuadió a los caudillos Bosó V de Provenza, el Abad Hug de Nèustria y Bernat Plantapilosa para que abandonaran la rebelión, que tanto sólo fue mantenida por Bernat de Gòtia con el espaldarazo del suyos familiares. Lluís II de Francia, hijo y sucesor del difunto rey Carles, fue coronado el 8 de diciembre de 877 y poco después las tropas leales al rey va consiguieron someter a los familiares de Bernat de Gòtia.
El 11 de agosto del 878 se reunió el concilio de Troyes convocado por el papa Joan VIII. En esta concilio estuvieran presentes los obispos de Barcelona, de Girona, de Elna y de Urgell como principales personalidades eclesiásticas de la Gòtia. Las primeras sesiones del concilio fueron dedicadas a cuestiones de orden religioso, y el 7 de septiembre del 878 se hizo la solemne coronación del nuevo rey Lluís II de Francia, que ya había sido consagrado en el año anterior. Los Annales Bertiniani recogen que después siguieron las sesiones políticas y la 11 de septiembre del 878 se repartieron los honores (propiedades) del derrotado Bernat de Gòtia: Barcelona, Rosselló, Narbona, Besiers, Nimes y Magalona . Los principales beneficiarios fueron potentados francos, pero los Annales también señalan que hubo «otros dispuestos secretamente», de quienes no concreta el nombre.
El historiador Léonce Auzias sostiene la teoría que entre estos «otros dispuestos secretamente» habría Guifré el Pilós, que recibió Barcelona y Girona , y su hermano Miró el Viejo,[35] que recibió Rosselló; fundamenta su teoría en el hecho que al poco del concilio de Troyes son estos quien aparecen como detentors de estos condados.
Josep Maria Salrach y Marino coincide con la teroria que señala a una investidura legal, y puntualiza que del mismo modo que cuando Guifré recibió los condado de Urgell y Cerdaña cedió la administración del pagus de Conflent a su hermano Miró, en esta ocasión habría cedido el pagus de Besalú al suyo otro hermano Radulf; así mismo Guifré el Pilós cedió la abadía de Arles a su hermano Sunifred, y el obispado de Elna al último hermano, Riculf.[36] Tanto Ramon de Abadal como Josep Maria Salrach coinciden pues a aceptar la teoría de la investidura legal de Guifré el Pilós, señalando que sería la recompensa que el rey Lluís II de Francia, hijo de Carles II de Francia, otorgó a Guifré y a Miró por haberse mantenido leales a la dinastía Carolingia durante la revuelta de los magants francos.
Ya fuera violentamente o a través de una investidura formal, después del 878 los dominios de Guifré alcanzaban por un lado una área montañosa -Urgell y Cerdaña- y del otro una área costera -Barcelona y Girona-; a lo largo del siglo IX, excepto en el breve periodo de Sunifred (844-848), el padre de Guifré, estas dos zonas se habían mantenido separadas y regidas por condes diferentes; la razón se debía de al hecho que impedieb la comunicación las centrales formadas por las actuales comarcas del Ripollès, el Valle de Lord, el Berguedano, el Lluçanès, la Plana de Vic, el Moianès, las Guilleries y el Bages, ço es el territorio despoblado a raíz de la revuelta de Aissó.[37]
En esta área vacía, pero, a finales del siglo IX se registra una fuerte corriente de inmigración procedente de las comarcas pirenaicas -Pallars, Urgell y Cerdaña-; después de casi dos siglos –desde los inicios de la crisis de la monarquía visigoda hasta el fin del poder carolingio- de haber acogido los que abandonaban las tierras planas debido a los riesgos de la inestabilidad política, ahora, las tierras de alta montaña habían llegado a sufrir superpoblación; por eso, a mucha gente no le quedó ninguno otro remedio que intentar establecerse en las tierras bajas.
Ante esta situación, Guifré el Pilós, los condados del cual rodeaban toda esta área de nueva población, intervino en la zona para canalizar la colonización; nombró veguers para delimitar las áreas de colonización y los núcleos de poblamiento, así como también integró este territorios dentro de las estructuras condales. En un principio, cuando las características y situación de la zona lo permitían, Guifré anexionó las áreas repobladas a un condado ya existente: el Valle de Lord fue incluida dentro del condado de Urgell, y el pagus de Berga -el actual Berguedano- en el condado de Cerdaña; ahora bien, la región central del Ripollès, Plana de Vic, Lluçanès y las Guilleries configuraba un territorio tradicionalmente estructurado alrededor de las ciudad de Ausa con una tradición étnica propia -era el antiguo país de los ausetans- por eso, Guifré creó un distrito propio, el condado de Osona, donde también estuvieran incluidas las tierras del Moianès y el Bages las cuales, a pesar de tener un núcleo tradicional -la ciudad de Manresa - y también una personalidad histórica derivada de haber sido el país de los lacetans, por su situación de primera línea de frontera con el Islam y por su escaso poblamiento, no tenían basta entidad como para estructurar una demarcación específica; de aquí el valor meramente geográfico y nunca jurídico de la expresión condado de Manresa, frecuente a los documentos. En el nuevo condado de Osona, Guifré, habiéndose reservado el cargo de conde, el 885 nombró un vizconde, con la misión de ejercer las funciones condales en ausencia del conde.
En la vertiente eclesiástica, hubo que integrar la red de parroquias, erigidas, a menudo, por los mismos colonos, dentro de la jerarquía episcopal; a consecuencia de su proximidad geográfica, las parroquias del Berguedà y las del Valle de Lord fueron incluidas dentro de la diócesis de Urgell, ahora bien, al área central, fue necesario restaurar la sede de Ausa, destruida por la invasión árabe del siglo VIII. El 886, Guifré el Pilós consiguió del arzobispo de Narbona, metropolita de los obispados sur-pirenaicos, el restablecimiento de la diócesis y la consagración episcopal del arcipreste Gotmar; el nuevo obispo hizo erigir la nueva catedral fuera del recinto de Ausa -una ciudad abandonada y en ruinas, debido a las destrucciones provocadas primero por los musulmanes y, después, por la revuelta de Aisó- y la situó en un nuevo núcleo de población, cercano a la antigua ciudad, un vecindario - vicus en latín-, origen del actual Vic. Dentro de la reorganización eclesiástica de la nueva región, Guifré fundó los monasterios de Ripoll (880) y de Sant Joan de les Abadesses (885), dotados no sólo de tierras sino también de derechos públicos y privilegios jurídicos. Así, Ripoll recibió los beneficios de los servicios reales debidos de por los habitantes de Estiula y Ordina , de las pesqueries del Ter y del Freser, como también un tercio del teloneu del mercado, y, además, el monasterio fue declarado exento de la jurisdicción de los tribunales condales en materia de homicidios, raptos y otros delitos, como también a los monjes los fue reconocido el derecho de elegir libremente su abad según la regla de Santo Benet. El monasterio -femenino- de San Juan recibió, además de grandes latifundios, el castillo de Montgrony con su término y su iglesia. Por su parte, el 899, Emma, hija de Guifré el Pilós hecha nombrar abadesa de San Juan por su padre, consiguió del rey Carles lo Simple un privilegio de inmunidad respecto del gobierno de los condes para la abadesa y el cenobio, puestos bajo exclusiva jurisdicción real; y el 913, ultra obligar, en virtud de una sentencia judicial, los habitantes del valle de San Juan a reconocer la propiedad monacal sobre las tierras que ocupaban, Emma, después de haber ganado un pleito contra su hermano el conde Miró II de Cerdaña, consiguió afirmar la jurisdicción abacial, excluyendo los pobladores de la cercanía de prestar servicios reales al conde.
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Muerto Lluís el Tartamudo (879), el reino franco se dividió entre sus hijos, los dos menores de edad: Lluís III recibió Nèustria, Austràsia y Lorena ; Carloman II, la Borgonya , Aquitania, Septimània y los condados sur-pirenaicos.
El vacío de poder causado por esta sucesión se agravó, precisamente, por las muertes de Lluís III (882) y de Carloman (884); entonces, debido a los difíciles momentos del reino debido a los continuos ataques de los normands contra las costas atlánticas, se descartó de entronizar Carles lo Simple -hijo póstumo de Lluís el Tartamudo, de sólo cinco años de edad- y, para buscar un monarca capaz de hacer frente a los invasores escandinavos, en la asamblea de Ponthion (885) los magnates optaron para ofrecer la corona al hijo de Lluís el Germánico, Carles III el Gordo, rey de Germània coronado emperador por el Papa Juan VIII el 881. Todo el territorio carolingio quedaba, pues, de nuevo bajo el dominio de un único soberano.
Aun así, el emperador Carles III el Gordo, nieto de Lluís el Pietós, enseguida demostró que no tenía el temple de su abuelo -ni, menos todavía, el de su bisabuelo-: ante el asedio en París por los normands entre noviembre del 885 y octubre del 886, Carles sólo fue capaz de comprar la retirada a cambio de pagarlos un tributo; además, en la Francia oriental, tampoco se vio con corazón de dominar las revueltas de Francònia , Saxònia, Turíngia, Baviera y Suàbia . Por todo esto, pues, el 887 Carles fue destronado.
A la muerte de Carles III el Gordo (888), acontecida en medio de la indiferencia y el olvido general, el sistema carolingio andaba hacia su desaparición. En la Francia oriental, la alcurnia parecía poder tener alguna continuidad con el sobrino de Carles, Arnulf de Caríntia, hijo ilegítimo de Carloman de Baviera, proclamado rey de Germània, el 887, en revuelta contra su tío, y, a pesar de su condición de bastard, coronado emperador por el Papa el 896. Ahora bien, a la muerte de Lluís el Niño (899-911), hijo y sucesor de Arnulf de Caríntia, los nobles alemanes eligieron rey Conrad, duque de Francònia, ajeno a la dinastía carolingia la cual ya no volvió a reinar nunca más a Germània. Por su parte, en Italia, la deposición de Carles el Gordo (887) inició un proceso de luchas entre los magnates, los cuales consiguieron, además, de convertir el Papado en un instrumento de sus propósitos imponiendo pontífices serviles y de baja condición moral. Finalmente, en la Francia occidental, la persistencia, debido a la vergonzosa capitulación de Carles el Gordo, de los ataques normands planteó de nuevo la necesidad de encontrar un monarca con dotes de caudillo militar; el 888, menystenint nuevamente los posibles derechos de Carles lo Simple, los nobles eligieron rey Odó conde de París, que no pertenecía a la alcurnia carolingia, rompiendo así el principio de legitimidad.
Siguiendo la tradición de los condes de la Marca Hispánica de ascendencia visigòtica,[38] los condes Guifré el Pilós, Miró de Rosselló-Conflent y los condes de Empúries Delà y Sunyer II acataron los monarcas carolingios Carloman (879-884) y Carles el Gordo (885-888), tal como lo testimonian la visita a la corte real del 881 llevada a cabo por los jerarques catalanes para solicitar privilegios, y el precepto otorgado el 886 por Carles el Gordo a Teotari, obispo de Girona. Ahora bien, esta lealtad toma, después de muerto Lluís el Tartamudo, un carácter pasivo; los condes catalanes, si bien no se levantaron nunca contra los carolingios, evitaron de implicarse en las luchas del reino. El 879, Lluís III y Carloman marcharon contra Bosó, autoproclamat rey de Provenza, título privativo de los descendentes de Carlemany ; los condes catalanes se posicionaron a favor de Carloman pero no se unieron a la expedición, actitud bastante diferente de la decidida y firme actuación, sólo dos años atrás, de Guifré y Miró a Septimània contra los seguidores de Bernat de Gòtia; igualmente, ninguno de los jerarques sur-pirenaicos no asistió a la asamblea de Ponthion (885) puesto que, para los condes catalanes, los ataques normands representaban una cuestión ajena y lejana.
Por todo esto, los condes de Barcelona rechazaron, en un primer momento, el rey intruso Odó (888-898), como demuestra el hecho que dejaron de seguir durante su reinado la cronología de los monarcas francos,[39] pero tampoco se levantaron contra el usurpador en defensa de los derechos del carolingio Carles lo Simple. A su vez, Odó, absorbido por las luchas contra los normands, no pudo emprender ninguna actuación política al sur del reino, a pesar de que, al final, hubo un cierto acercamiento de los condes catalanes hacia este rey, debido a la crisis eclesiástica motivada por la actuación irregular del presbítero Esclua.
El 886, aprovechando la ausencia del arzobispo Teotard de Narbona, el clérigo cerdà Esclua fue a la Gascuña y se hizo consagrar obispo de Urgell, diócesis de dónde, por instigación del conde Ramon Y de Pallars-Ribagorça y con la aprobación tácita de Guifré el Pilós, -conde de Urgell- expulsó el obispo titular Ingobert. La situación se complicó, pero, cuando Esclua se proclamó metropolitano de la Tarraconense, sustrayendo así las diócesis catalanas a la obediencia de Narbona; con esta condición de pretenso metropolitano, el obispo intruso de Urgell intervino en el contencioso creado el 887, cuando los condes Delà y Sunyer II de Empúries rechazaron Servus Dei, clérigo consagrado obispo de Girona por el metropolitano Teotard de Narbona, de acuerdo con Guifré el Pilós; accediendo a las peticiones de los condes emporitans, Esclua consagró, con el concurso de Frodoí de Barcelona y Gotmar de Vic, un nuevo obispo de Girona en la persona de Eremir; el 889 Servus Dei, expulsado de Girona, tuvo que refugiarse al monasterio de Banyoles. Por otro lado, el 888, Esclua complació Ramon Y –le debía de el acceso en la sede de Urgell-, con la erección del obispado de Pallars, como también, para asegurarse el apoyo de Sunyer y Delà, se dispuso a restablecer la antigua sede de Empúries, existente hasta la invasión árabe.
Guifré el Pilós, si, en un primer momento, toleró la deposición de Ingobert -no debería de tener mucho buena relación-, ahora, por la amistad con Teotard de Narbona, no podía admitir las pretensiones metropolitanas de Esclua; además, por el interés de los condes en la existencia de suyos episcopales a sus dominios, para controlarlas situando familiares cercanos o por negociando la concesión a cambio de contrapartidas políticas o económicas –de aquí la actuación de Ramon Y y de Delà y Sunyer II en todo este asunto-, Guifré no podía permitir la erección de unos nuevos obispados -Pallars y Empúries- constituidos recortando el territorio de diócesis situadas en sus condados de Urgell y Girona. Por todo esto, ahora Guifré se posicionó contra de Esclua y a favor de Teotard y de los obispos destituidos, Ingobert y Servus Dei.
Ante esta situación, los condes de Empúries creyeron conveniente acercarse a Odó y reconocerlo como rey todo y su carácter de intruso; el 889 el conde Sunyer II y el obispo Eremir acudieron en Orleans, a la corte de Odó y obtuvieron unos preceptos que, en el condado de Osona, incluían una serie de donaciones reales a favor del obispado claramente lesivas para Guifré el Pilós. Fortalecidos, pues, por esta aprobación real, Sunyer y Delà ocuparon el condado de Girona, calculando que Odó les podría conceder la investidura. En estas circunstancias, Teotard también decidió acercarse a Odó, de quién obtuvo un precepto de protección real para la archidiócesis de Narbona. Aprovechando la reconciliación del obispo Gotmar de Vic con Guifré, Teotard pudo convocar, el 890, a Puerto -localidad cercana en Nimes- un concilio con la asistencia de los arzobispos metropolitanos de Arles, Ais de Provenza, Embrun, Ate y Marsella cómo también de los titulares de diócesis sufragànies de Narbona: Nimes, Carcasona, Albi, Uzès, Magalona, Agda, Besiers, Tolosa, Lodeva, Elna y Vic. En este concilio, donde se formuló una condena a las usurpaciones de Urgell y Girona, el obispo Gotmar de Vic se declaró arrepentido de haber colaborado con Frodoí de Barcelona y Esclua en la consagración anti-canónica de Eremir, y obtuvo el perdón de los padres conciliars, con el encargo de comunicar las resoluciones sinodals a Sunyer II de Empúries.
La crisis eclesiástica se cerró definitivamente con un nuevo sínodo en Urgell (892) donde Esclua y Eremir, obligados a comparecer, fueron desposeídos formalmente de las suyos que ocupaban, las cuales fueron restituidas a sus legítimos titulares; el obispo Frodoí de Barcelona conservó la mitra sólo porque obtuvo el perdón del arzobispo Teotard. De todo el asunto, sólo restó, temporalmente, la existencia del obispado de Pallars; esta diócesis, el 911, se reconoció que subsistiría sólo en vida de su titular Adolf; aun así, Ató, hijo del conde Ramon Y consiguió suceder Adolf y regir el obispado hasta su muerte, el 949; entonces, la diócesis pallaresa se extinguió y sus parroquias fueron reintegradas al obispado de Urgell.
El asunto Esclua es un testigo de la pérdida por la monarquía franca del control de la situación a los condados catalanes y a otros regiones meridionales del reino a finales del siglo IX. Por un lado, al sur del Pirineu los únicos condes que reconocieron Odó como rey serían los de Empúries y, todavía, por su interés propio de afirmar la situación de Eremir como obispo de Girona; Guifré el Pilós, Miró de Rosselló-Conflent y Ramon Y de Pallars no hicieron ningún acto de acatament a este monarca, de aquí que no recibieran nunca ningún precepto real, se permitieron, pues, de mantener una actitud de rechazo hacia un soberano que consideraban ilegítimo. Por otro lado, en toda esta crisis, los monarcas -tanto el carolingio Carles el Gordo (885-888) como el intruso Odó (888-898)- mantuvieron una actitud pasiva, inconcebible en tiempo de Lluís el Tartamudo y sus predecesores -Carles el Calvo, Lluís el Pietós, Carlemany y Pipí el Breve-; estos soberanos, de haberse encontrado con un asunto de estas características habrían tomado parte activamente enviando una comisión de missi dominici a resolver el problema; en cambio, Carles el Gordo no tomó ninguna medida ante las deposiciones contra derecho de Ingobert de Urgell (886) y Servus Dei de Girona (887), y, a su vez, Odó mantuvo una actitud incoherente concediendo privilegios primero a Eremir (889) y, después, a su rival Teotard (890); para Odó, conceder privilegios a todo aquel quien acudía a su corte era un medio para conseguir ser reconocido como rey, y no una actuación orientada a resolver la crisis, superada, por lo tanto, gracias a la actuación no del monarca sino de los poderes eclesiásticos y civiles de la región mediante los concilios provinciales de Puerto (890) y Urgell (892) donde la ausencia de delegados del soberano permeté la deposición de Eremir todo y los preceptos reales que había obtenido el 889.
El 883 o 884 los musulmanes se sintieron amenazados por la expansión de Guifré el Pilós, que quiso establecer la frontera en los ríos Llobregat y Segre , con posiciones en el Bages (Cardona por ejemplo), en Osona, en el Berguedà y en el Valle de Lord (y algunas aprisions en el Valle de Cervelló al sur del río Llobregat), y repoblando los territorios, construyendo y consolidando iglesias y monasterios, alrededor de los que se fijaba la población. La frontera del condado pasaba al norte de Solsona seguramente por Besora, Tentellatge y Correà ; la de Berga por Sorba, Gargalla y Serrateix ; y la de Osona por Cardona, Manresa y Montserrat .
Ante el adelanto cristiano los gobernadores musulmanes de Ath-Thaghr al-Alà decidieron fortificar toda las ciudades de Làrida , Balagui y Muntsu. La fortificación de Lárida, ambicionada por el conde Guifré, fue vista como una provocación y el conde atacó la ciudad gobernada por el valí Ismaïl ibn Mussa, de la familia de los Banu Qasi. El Asedio de Larida (884)[40] pero no salió bien. El historiador Ibn al Athir dice que los árabes hicieron grande mortaldat entre los atacantes. El valí Ismaïl ibn Mussa fue sucedido por Lubb ibn Muhammad ibn Lubb ibn Mūsà al-Qasawī; este lanzó la ràtzia islámica del 897 contra los territorios de la Gòtia, y el conde Guifré murió en la lucha la 11 de agosto de 897 , seguramente a la batalla de Valldora (Solsonès).
Sus despojos permanecen al Monasterio de Santa Maria de Ripoll.
El análisi de la figura histórica de Guifré el Pilós no puede ser desatada de la mitificación que hicieron los reyes de Aragón del linaje del condes de Barcelona. Así en la Genealogía regum Navarrae te Aragoniae te comitum Barchinonae (1380), la genealogía encargada por el futuro rey Joan Y de Aragón «el Cazador», se otorga a Guifré el Pilós el título de Padre de la Patria (PaterPatriae ). El título de Pater Patriae es de origen romano y fue un honor concedido por el Senado de Roma a Rómulo , fundador legendario de la ciudad, a Marc Furi Camil, considerado el segundo fundador de la ciudad, y algunos pocos emperadores romanos más. Y con este título los antiguos reyes de Aragón honoraron la memoria de Guifre el Pilós hasta mistificar-lo en la Leyenda medieval de Guifré el Pilós como destacado luchador contra el Islam y padre de la patria. La leyenda medieval fue recogida durante el Renacimiento, vivificada de nuevo durante la Guerra de los Segadors y la Guerra de Sucesión, y finalmente rescatada del olvido durante la Renaixença . Paralelamente la Leyenda de las cuatro barras de sangre del valenciano Pere Antoni Beuter, recogida el 1551 y divulgada por todas partes, lo hacía caer herido mientras luchaba contra los normands al servicio del rey de Francia, explicando que ante la petición del conde porque el rey le diera un escudo de armas, aquel se mojó los dedos con la sangre del conde y los pasó por sobre el escudo dorado, dando lugar al que sería considerado posteriormente el escudo de Cataluña.
Junto a esta visión mítica y legendaria, se analiza la figura del Guifré histórico, interpretándolo como un magnate vaso que al servicio del Imperio Carolingio aprovechó el colapso del poder real para construirse un dominio propio. La visión del Guifré mítico, padre de la patria y creador de Cataluña tiene origen en la Gesta Comitum Barchinonensium, escrita en el siglo XII por los monjes de Ripoll; en esta obra para justificar el inicio, a finales del siglo IX, de la transmisión hereditaria de los condados, se sobredimensionó la figura de Guifré el Pilós, antepasado de la dinastía condal barcelonesa.
Aún así, hay que reconocer la importancia histórica de Guifré; cómo afirma Ferran Soldevila: «si un personaje histórico es exaltado por la leyenda es que de verdad fue grande - y así, añadimos nosotros, nunca nadie hará un héroe de leyenda de un gobernante inepte y mediocre como fue, por ejemplo, el conde de Barcelona Berenguer Ramon Y ( 1017-1035), tataranieto del Pilós, al contrario otras grandes figuras de la alcurnia como por ejemplo Jaume Y ( 1213-1276)».
Continúa Ferran Soldevila diciendo que: «Ahora bien, la grandeza de Guifré se basa en la habilidad para situarse políticamente en un momento crucial como fue la crisis del Imperio Carolingio, un terreno bastante resbaladizo donde otros de más ambiciosos que él -caso de Bernat de Gòtia- fracasaron, mientras que los sucesores de Guifré lograron los cargos de conde por simple transmisión familiar; y en la capacidad de saber intervenir en la repoblación del área central de los condados para estructurar el condado de Osona y el obispado de Vic, hecho capital para la futura vertebración de Cataluña; pero de ninguna forma, en el logro de la independencia de los condados».
El historiador finaliza resumiendo los acontecimientos capitales: «Hay que repasar los hechos: el 878, Guifré obtuvo los condados de Barcelona y Girona por haber colaborado con el rey en la represión de la revuelta de Bernat de Gòtia, abortando así un intento de romper con la monarquía carolingia; por lo tanto, de no haberse acontecido el hecho fortuito de la muerte prematura de Lluís el Tartamudo, el 879, origen de la descomposición del orden carolingio, la actuación de Guifré habría llevado, muy probablemente, no a la independencia sino a la pura y simple consolidación del poder real franco al sur del Pirineu».
A finales del siglo IX no había establecido ningún criterio para determinar como se tenía que llevar a cabo la sucesión de los condes de la Gòtia. Los reyes francos habían perdido la facultad, que habían tenido en el siglo IX, de nombrar y destituir el condes, los cuales, por eso, dejaron de ser unos delegados del monarca para acontecer pequeños soberanos a sus dominios. La transmisión hereditaria de los condados era una práctica que, además de negligir la autoridad del rey franco, convertía un cargo público en patrimonio familiar. Esta práctica fue iniciada el 895 a la muerte de Miró el Viejo. Su condado de Rosselló pasó, sin ningún tipo de intervención del rey franco Odó, a Sunyer II de Empúries, y el de Conflent fue para Guifré el Pilós.
A la muerte de Guifré, en un primer momento, sus hijos -Guifré Borrell, Miró, Sunifred y Sunyer - optaron para gobernar conjuntamente todos los dominios de su padre y administrarlos bajo presidencia del primogénito, Guifré Borrell. Pronto, pero, cuando cada uno de los condes cogovernants tuvo descendencia, hubo que abandonar la idea de herencia conjunta y, entonces, cada hijo transmeté individualmente a sus herederos la parte del conjunto condal que regía:
| Guifré el Pilós Nacimiento: v. 840 Muerto: 897
| ||
| Cargos | ||
|---|---|---|
| Precedido por: Salomó de Urgell y Cerdaña | Conde de Urgell (Lista de condes de Urgell) (870–897) | Sucedido por: Sunifred II de Urgell (hijo) |
| Conde de Cerdaña (Lista de condes de Cerdaña) Condado de Cerdaña, Condado de Berga (870–897) | Sucedido por: Miró II de Cerdaña (hijo) | |
| Precedido por: Miró Y de Conflent "el Viejo" (germano) | Conde de Conflent (Lista de condes de Conflent) (896–897) | |
| Precedido por: Bernat de Gòtia (destituido el 11 de septiembre de 878 ) | Conde de Barcelona (Lista de condes de Barcelona) (878–897) | Sucedido por: Guifré II Borrell de Barcelona con su hermano menor Sunyer Y de Barcelona (hijos) |
| Conde de Girona (Lista de condes de Girona) (878–897) | ||
| — Territorio conquistado: — Territorio despoblado por la Revuelta de Aissó y repoblado por Guifré Y el Pelós (886) | Conde de Osona (Lista de condes de Osona) Condado de Osona, Condado de Manresa (886–897) | |