El edicto de Milà fue un decreto promulgado en la ciudad del Milà el 313 por los emperadores Constantí el Grande y Licini Y ,que confirmaron el edicto de tolerancia de Sàrdica y precisaron sus términos.
El edicto iba dirigido al Prefecte del Pretorio, y fue publicado el marzo del 313. Su texto, según Lactanci, incluye la siguiente sentencia:
| « | Nosotros, los Augustos Constantí y Licini (...) hemos juzgado que entre todo el que veíamos convenir al bien universal, debíamos de ocuparnos preferentemente del que afecta al honor divino, y dar a los cristianos, el mismo que a todos los otros, la libre facultad de profesar la religión que cada uno quisiera (...) [1] | » |
La legislación pro-cristiana de Constantí se concretó en los siguientes años (319 a 323) en las siguientes leyes o edictos:
Después de su victoria sobre Licini, Constantí dirigió un edicto a los ciudadanos de la parte oriental del Imperio, donde el Edicto de Milà no había tenido case bueno aplicación y había caído en el olvido (aunque probablemente los cristianos no fueron perseguidos, a pesar de que se ha dicho que fue la persecución de estos el que motivó la intervención de Constantí). En el nuevo edicto, el texto del cual se ha conservar a través del obispo arrió Eusebi de Cesarea, y por lo tanto es menos fiable, Constantí dice:
| « | ...Y ahora te ruego, poderoso y excel·lentíssim Dios, seas clemente y propicio para tus orientales y para todos los provinciales tan afligidos por tantas y tan largas calamidades; concede por medio de este, tu siervo, toda clase de bienes. No sin causa pido esto de tú, Señor de todos y Dios santo, puesto que guiado por tú y bajo tus auspicios emprendí y llevé a cabo cosas saludables. Precedido de tu insignia, por todas partes condujo vencedor a mi ejército, y cuántas veces lo exige la utilidad pública, siguiendo la insignia de tu poder marcho contra el enemigo... perque sinceramente estimo tu nombre y temo tu justicia.... Quiero que tu pueblo viva en paz y concordia para común utilidad del genero humano, que los que todavía permanezcan en los errores de la gentilitat vivan también en paz con tus fieles y disfruten del contento de la buena armonía; quizás esta comunión y buenas relaciones mutuas pueda atraer a muchos al camino recto. Nadie haga daño a otro. Cada uno siga su opinión. Sin embargo aquellos que sienten rectamente tengan por cierto y definitivo que sólo ellos vivirán en la pureza y la justicia a la cual tú mismo los has llamado porque obedezcan tus sacrosantas leyes. Y los que a ellas se substrauen, guarden por sí cuánto quisieran los templos de la mentira. Nosotros conservaremos el espléndido hogar de tu verdad que nos diste el día del acceso a la fe. Sin embargo también deseamos que ellos sean felices por efecto de la mutua unión y concordia". | » |
Si el texto es verdaderamente este, resulta fácil comprender que en un estado bajo un poder absoluto, muchos optarían por la conversión a pesar de no creer sinceramente, y otras intentarían evitar ser identificados como no cristianos, y disimular su pertenencia a otra religión (lo cual en sí misma no era peligrosa, pero podía llegar a serlo, o al menos a constituir un obstáculo para determinadas carreras).