El catalanismo o nacionalismo catalán es una corriente social estructurada tanto culturalmente como política que preserva y promueve el reconocimiento de la personalidad política, lingüística y cultural de Cataluña o del conjunto de tierras de habla catalana, los llamados Países Catalanes.
Según Joan Fuster, Hay "catalanistas" porque hay "españolistas",[1] y de hecho el catalanismo se estructura siglos después de la eliminación de los derechos catalanes. Esta pérdida de los derechos se produce progresivamente durante el siglo XVIII, primero en la Cataluña Norte con la prohibición del catalán en el año 1700 a los territorios afectados por el Tratado de los Pirineo y posteriormente en el Principado con la aplicación de los Decretos de Nueva Planta aprobados por Felip V de Castilla (oficialmente "de España é Yndias") en el año 1716. La represión contra la lengua, la cultura y las instituciones catalanas continuaría también durante gran parte del siglo XIX y el XX con las dictaduras de Primo de Rivera y de Francisco Franco.
Históricamente, el catalanismo se estructura en primer lugar como un movimiento cultural durante la Renaixença en una época donde se intenta recuperar el prestigio social de la lengua y cultura catalanas, después de siglos de diglosia , con iniciativas como la restauración de los Juegos Florales el 1859.
Posteriormente, el catalanismo se estructura también como un movimiento político; este hecho se produce en el año 1892 cuando se presentan las llamadas Bases de Manresa que propugnaban la restauración de las antiguas Constituciones catalanas, unas normas aprobadas por las Cortes Catalanas y que otorgaron un elevado grado de soberanía en Cataluña hasta el 1714.
En la actualidad, los partidos o individuos que se declaran catalanistas consideran que Cataluña, o los Països Catalans, son una nación y que en consecuencia merecen un elevado grado de autogobierno. Las alternativas, pero, divergen respecto del marco donde Cataluña tiene que ejercer sus derechos históricos. Así, mientras una parte opta para llegar a la soberanía propia del pueblo catalán a través de la autodeterminación, otros prefieren una ampliación del autogobierno dentro del marco autonómico actual o bien se decantan por la creación de un nuevo marco federal.
Para entender la aparición del catalanismo político hay que remontarse siglos atrás. Se lo podría hacer, por ejemplo, a cuando en el siglo XIV los nobles y religiosos catalanes, a través de la Diputación del General y el Consejo de Cien, serían un bando de una guerra civil en la cual declaraban que su cabeza de sido tenía que ser escogido por los catalanes.
Desde la visión histórica catalanista, Cataluña era un estado independiente, confederado con el reino de Valencia y el de Aragón en la Corona de Aragón (el Reino de Mallorca, creado por Jaume Y, había sido reincorporado en Cataluña-Aragón por Pere de la Puntilla). Posteriormente, esta federación se amplió. Al juntarse con Castilla, los miembros de la Corona de Aragón daban por hecho que pasaban a formar parte de esta gran confederación libre, mientras que los miembros de la élite castellana lo vieron más como una suma de territorios fuertemente unidos. La diferencia de concepciones entre la naturaleza de esta unión dio lugar, a lo largo de los siglos, a muchas tiranteces con un trasfondo catalanista.
Al acabar la Guerra de los Treinta Años, se firmó por los representantes de Felip IV de Castilla y los de Lluís XIV de Francia, el Tratado de los Pirineo, una de las consecuencias del cual fue la cesión en Francia de los territorios del condado del Rosselló y de parte del de la Cerdaña. Los territorios de la Cataluña norteña anexionados en Francia por el tratado (el Rosselló, el Conflent, el Vallespir, la Alta Cerdaña y el Capcir) han continuado bajo dominio francés desde entonces.
El Tratado incluía conservar vigentes las instituciones catalanas en el norte de los Pirineo, pero esta parte no fue respetada por el rey francés Lluís XIV. Un año después del Tratado, fueron disueltas las instituciones catalanas a pesar de que el mismo tratado preveía de conservarlas.
El real decreto francés del 2 de abril del 1700 prohibió el uso de la lengua catalana en los actos oficiales de cualquier tipo. Desde entonces, el francés continúa siendo la única lengua oficial, y la única que se utiliza en la enseñanza pública. Recientemente, el Estado francés ha modificado su constitución añadiendo a su artículo 2 "la langue de la République este le français" ("la lengua de la república es el francés"). Este artículo se utiliza a menudo para negar subvenciones a movimientos culturales o cívicos en catalán, o para rehusar la presencia del catalán en la administración.
Este hecho es visto como el primer acto de anticatalanismo en la Cataluña norteño (después de la no exitosa anexión francesa del siglo XV).
Después de la muerte la 1 de noviembre del 1700 de Carles II de "las Espanyes" sin descendencia, el testamento del rey español dejaba como heredero de sus reinos un príncipe francés, nieto suyo por línea materna: el duque Felip de Anjou, es decir Felip de Borbón, hermano menor del futuro rey Lluís XV de Francia, y nietos los dos de Lluís XIV. Por lo pronto, Felip de Borbón fue muy recibido en el Principado, juró los Fueros y Constituciones de Cataluña, y fue jurado conde de Barcelona por las Cortes Catalanas del 1704, donde el Principado obtuvo fuertes ventajas, como por ejemplo el de comerciar directamente con algunos puertos de América, cosa que rompía por fin el monopolio de Sevilla (la última edición vigente de los Fueros y Constituciones de Cataluña corresponde a estas Cortes y año). El nuevo rey (Felip V de Castilla y León, "Felip IV" de Cataluña y Aragón) va ser jurado igualmente a los otros estados peninsulares. Entonces se presentó al espacio político un pretendiente adicional: el archiduque Carles de Habsburg, germá pequeño del emperador de Austria y rey de Hungría Josep I. Fue el momento en qué estalló la Guerra de Sucesión española. En esta guerra, los dirigentes de Cataluña, y buena parte del pueblo –a pesar del juramento ya hecho, y por un sentimiento de fidelidad dinástica, y porque advertían el autoritarismo de la corte del rey nuevo, y todavía porque resentían la pérdida del Rosselló y los otros condados norteños a manso de los franceses–, se posicionó a favor del candidato austrohongarès, el archiduque Carles, junto con Valencia y el Aragón y las Islas, mismo que una poderosa combinación antiborbònica integrada por Inglaterra, Holanda, Dinamarca, Portugal y Saboia. En cambio, las élites y pueblo de Castilla, y la corte de Francia, se posicionaron a favor de Felip de Borbón. (Ferran Soldevila, Historia de Cataluña.)
Finalmente, un hecho decisivo decantó esta guerra en favor del bando borbónico. El emperador Josep Y murió repentinamente sin hijos: su heredero natural era sueño germano Carles. Cuando "Carles III" de España heredó la corona imperial austríaca, Inglaterra y los otros estados de la alianza decidieron de abandonar la guerra y dejar de apoyar al bando austriacista ante la posibilidad que el nuevo emperador pudiera reunir otra vez los extensos territorios que habían constituido el imperio de Carles V. Inglaterra pues cambió radicalmente de actitud: abandonó el flamante Carles VI de Austria a cambio de los territorios de Gibraltar y Menorca que arrancó a Borbón. En el año 1711 Carles VI fue coronado emperador del Sacro Impere Romanogermànic y renunció a la corona española en la firma del Tratado de Utrecht. A cambio, a sus dominios se añadieron los Países Bajos españoles, el Milanesado, el reino de Nápoles y Cerdeña . Felip V de Castilla se aseguraba el trono de España y los ingleses conseguían de tener una importante presencia a la Mediterránea occidental.
Debido a este tratado, los partidarios del archiduque Carles al Principado y a las Baleares perdieron todo apoyo internacional en su resistencia, que va yendo reduciéndose hasta quedar sólo en Barcelona. La ciudad cayó a manso de las tropas filipistes la 11 de septiembre del 1714 después de haber sido asetjada, pero la guerra no finalizaría hasta la 11 de julio del 1715 con la derrota de Mallorca . Finalmente, con la aplicación de los Decretos de Nueva Planta, las centenarias instituciones propias fueron abolidas y los reinos que integraron la antigua Corona de Aragón pasaron a ser regidos según las leyes y las costumbres de Castilla, que acontecían las de todo el Estado español a excepción de Navarra y el País Vasco –que habían apoyado a Felip de Anjou.
La derrota, además, inició una etapa de negación contra la personalidad catalana y de fuerte represión del que representaba. Los opositores más destacados al monarca tuvieron que ir al exilio o sufrir represalias que iban del encarcelamiento y la confiscación de los bienes propios a la pena de muerto. Uno de los pilares de esta represión era la represión del catalán, en primer lugar prohibiéndolo en la Administración de justicia, o incluso en consejos dirigidos a los corregidores de Cataluña, donde se los instaba directamente a introducir el castellano. [2]
Esta política anticatalana suscitó oposiciones y resistencias: guerrilleros armados, pero también resistencia pasiva como la apelación a tratados internacionales y la voluntad clandestina de hacer sobrevivir la lengua. son una muestra el opúsculo Vía fuera los dormidos de 1734 y el Recuerdo de la Alianza hecho el Sereníssim Jordi Augusto Rey de la Gran Bretaña de 1736.
El 1885, el recuerdo de las libertades perdidas continuaba muy vivo. Unos diputados designados como representantes de los antiguos reinos de la Corona de Aragón se dirigieron a Alfons XII pidiendo el regreso a la situación anterior a los Decretos de Nueva Planta y reivindicando las libertades perdidas. Es un documento muy significativo, entre otros motivos, por el hecho de haber sido redactado durante la época de mayor esplendor de la monarquía borbónica por parte de los personajes que en principio eran partidarios de esta dinastía monárquica. Es el documento que se conoce como Memorial de Agravios, redactado por el Centro Catalán, el 18 de marzo de 1885 .
Cataluña continuaba diferenciándose del resto del Estado. Desde el punto de vista económico, la burguesía catalana difería de la oligarquía que tenía el poder a la mayor parte del resto del Estado, puesto que era defensora de tomar medidas proteccionistas que fomentaran la adopción de aranceles que grabaran la entrada de mercancías extranjeras para defender la producción industrial de su propiedad y protegerla de la competencia extranjera. Esto topaba con los intereses de los partidarios del librecambismo, que temían encontrar barreras aduaneras como contrapartida a los otros países.
Otras divergencias con el gobierno central por temas económicos provenían del hecho que en periodos de desamortización se impulsó la industria en Cataluña comprando territorios en subasta pública e invirtiendo en maquinaria, adobos y fertilizantes, mientras que a otros territorios españoles todavía seguían viviendo de la agricultura tradicional o de subsistencia.
Más allá de una mera disputa económica, se estaba poniendo en juego el modelo económico del Estado: por un lado el Sido basado enla agricultura, la minería y en manso de una oligarquía terrateniente que defendía el librecambismo; y del otro lo basado en la industria y el crecimiento de la importancia de la burguesía industrial, que defendía el proteccionismo. Finalmente se adoptó una política proteccionista pero a veces se tomaban medidas lliurecanvistes. Este hecho ayudó la burguesía catalana a tomar conciencia de la personalidad diferencial.
Durante el siglo XIX se enfrentaron los sectores liberales y conservadores de la sociedad española en una serie de guerras civiles llamadas guerras carlines, en las cuales los líderes carlins, que fueron sucesivamente derrotados, defendían entre otras reivindicaciones, la restitución de los fueros.
Después de años de represión, ninguno el 1833 nace un movimiento cultural, denominado Renaixença, que se comienza con la publicación de la Oda a la Patria de Bonaventura Carles Aribau. El pueblo catalán empieza a tener un sentimiento favorable a la recuperación de la lengua y de la cultura propia, entre otras.
El siglo XIX es un siglo de prosperidad industrial en España y especialmente en Cataluña, Asturias y País Vasco, puesto que eran las ciudades más productivas, en materias textil, minería y siderometal·lúrgia respectivamente.
En medianos siglo XIX, después de siglos de decadencia como lengua literaria y de cultura, el catalán experimentaba el proceso de recuperación que supone la Renaixença . Joaquim Rubió y Ors, un escritor de la época, puso un prólogo en un libro de poesía que es considerado el verdadero manifiesto de la Renaixença. A partir de su llamamiento se empezaron a celebrar los Juegos Florales de 1859 que son el inicio de la recuperación del catalán como lengua literaria, en una época de fuerte diglosia en la qué muchos catalanes consideraban su lengua secundaria. Antoni de Campmany escribió su gran obra en castellano justificándose en que el catalán era un antiguo idioma provincial muerto hoy para la república de lasletras .
Desde el punto de vista político, el fenómeno de la Renaixença representó un impulso hacia la recuperación de la conciencia nacional colectiva, el catalanismo.
El siglo XIX voz también la primera vertebración del catalanismo como un movimiento político. En este proceso, destacaron tres sectores principales:
El 1880 tiene lugar el Primer Congreso Catalanista. Reclaman una escuela en lengua catalana para transmitir la cultura y la lengua. Esta demanda tiene una primera respuesta el 1882 con la creación del Centro Catalán, constituido por Valentí Almirante. El 1883 se reúnen en el Segundo Congreso Catalanista, dando al primer acto oficial en catalán: el Memorial de agravios. Se trata de un escrito pidiendo al rey, Alfons XII, ciertos privilegios políticos. Los componentes del Centro Catalán querían conseguir el apoyo de la burguesía, pero esto fue inviable. La burguesía no hacía suyo el catalán medievalitzant que hablaban e inclús surgió un movimiento denominado La Renaixença popular, burlándose de aquellos sectores más cultos.
Viendo que no conseguían el apoyo de la burguesía, los integrantes del grupo de La Renaixensa se separaron del Centro Catalán y crearon la Liga de Cataluña, consiguiendo así el apoyo que buscaban. El 1888, aprovechando la visita de la Reina regent en Barcelona por la Exposición Universal, redactan el Mensaje a la reina regent, pidiendo autonomía política por Cataluña.
El 1891 se fundó la Unión Catalanista, pero no se presentaron a las elecciones, puesto que lo ven absurdo por las manipulaciones caciquistes y las tupinades. Este partido redactó las Bases de Manresa, un programa de autonomía política por Cataluña. Àngel Guimerà pronunció un discurso pidiendo el catalán como lengua oficial y acto seguido, la burguesía retiró su apoyo a este partido para identificar la demanda de la lengua oficial con el republicanismo.
Paralelamente al rebrote del catalanismo, en todo el Estado surge una nueva manera de entender la Sido Espanyol: el federalismo. Francesc Pino y Margall, un catalán instalado en Madrid y uno de los presidentes de la Primera República Española fue el gran ideólogo del federalismo al Estado Español, que definía que sólo el pacto federal libremente establecido entre las diversas regiones españolas podía garantizar el respeto total a la realidad plural del Estado.
En Cataluña, por el contrario, el federalismo fue una de las caras que adoptó el catalanismo político. Una ideología populista e interclassista, que estaba estrechamente relacionada con los inicios del movimiento obrero. El federalismo catalán vivió una época gloriosa: el Sexenio Revolucionario. Durante este periodo se produjo una división entre federalistas, los moderados y los radicales. Ambos eran partidarios de la federación, pero los radicales exigían como paso previo a la igualdad la independencia , para poder decidir libremente la federación posterior. Los moderados preferían un federalismo impulsado desde el gobierno central.
El 1873, a raíz de la proclamación de la Primera República Española, un grupo de federales intransigentes intentaron, desde la Diputación de Barcelona, proclamar el Estado Catalán.
En esta etapa inicial del catalanismo político, la personalidad más notoria es Valentí Almirante, quien participó activamente en la vida política junto a los federales intransigentes o radicales oponiéndose al centralismo, la oligarquía y la especulación. Almirante pretendía regenerar Cataluña de forma que repercutiera al resto del Estado, que imaginaba como una asociación de pueblos a manera de la Corona de Aragón.
Almirante intentó unir las derechas y las izquierdas catalanistas, pero no lo consiguió porque existían demasiadas divergencias entre las dos corrientes. Impulsó el Primer Congreso Catalanista, que se celebró el 1880, en el que se conjuntaren los diferentes grupos catalanistas: el federalismo republicano y la corriente apolítica, el literario, el propulsor de los Juegos Florales y de la revista La Renaixensa [sic], pero las tendencias zurdas de Almirante hizo que el grupo de La Renaixensa abandonara el Congreso y rompiera la entendida. Aún así, el Congreso tomó tres acuerdos capitales: crear una entidad aglutinadora del catalanismo – el Centro Catalán -, el comienzo de gestiones para constituir la Academia de la Lengua Catalana – que tendrá una corta vida -, y la redacción de un documento en defensa del catalán.
Posteriormente, Valentí Almirante impulsó el Segundo Congreso Catalanista, que se declaró partidario de la cooficialidad del catalán en Cataluña, proclamó la existencia de Cataluña como realidad por encima de divisiones administrativas y condenó la militancia de catalanistas a partidos de ámbito estatal. Este último hecho impulsó la creación de partidos de ámbito únicamente catalán, inexistentes hasta el momento. La época gloriosa del Centro Catalán y de Almirante culminó con el Memorial de Agravios y la publicación de Lo Catalanismo.
El 1887, después de ser derrotado a las elecciones a la Junta Directiva el Centro Catalán, el sector más conservador se escindió y, junto con un grupo de universitarios llamado Centro Escolar Catalanista crearon la Liga de Cataluña, los dirigentes la cual, más tarde se integraron en otro partido político catalán, la Liga Regionalista. Partiendo de su iniciativa se creó la Unión Catalanista, que englobaba varias entidades unidas por el catalanismo, divididos en dos tendencias: la gente de ‘La Renaixensa', más culturalista y apolítica; y la Liga de Cataluña, más partidaria de participar en la vida política. Los catalanistas de izquierdas, Almirante y los federalistas, no formaban parte. La Unión Catalanista convocó una asamblea en Manresa el 1892, donde se congregó buena parte de la burguesía catalana conservadora. En esta asamblea se aprobaron las ‘Bases por la Constitución Regional Catalana' , más conocidas como ‘Bases de Manresa'. Estas bases marcaban las pautas a seguir por una futura ‘Constitución regional catalana', es decir, un Estatuto. Estas bases expresan los planteamientos del regionalismo conservador y tradicionalista opuesto al sistema parlamentario basado en el sufragio universal. La posterior actuación de la Liga Regionalista se fundamenta en estas bases.
El 1901 se creó la Liga Regionalista, un partido político a través del cual la burguesía catalana tuvo un poder hegemónico las primeras décadas del siglo XX. La liga era un partido de evidente carácter conservador de tendencia catalanista que contó con el apoyo de la burguesía industrial, de los comerciantes y profesionales y el de la Iglesia católica. Sus dirigentes más destacados fueron Enric Prat de la Riba, Francesc Cambó, Josep Puig y Cadafalch. El partido logró una destacada victoria a las elecciones legislativas del 1901.
Enric Prat de la Riba, futuro presidente de la Diputación de Barcelona con la Liga Regionalista, publicó el 1906 la obra La nacionalidad catalana, donde recoge sus tesis sobre el catalanismo nacionalista. En esta obra distingue claramente entre nación y Estado. El Estado es una creación artificial, una organización política. Por el contrario, una nación es una entidad natural, con historia, cultura, lengua, arte y derecho propios; es un hecho natural que existe tanto si tiene reconocimiento legal cómo si no. Prat de la Riba, consecuentemente, afirma que "Cataluña es una nación". Un tercer punto capital de la obra es la reflexión que Prat de la Riba hace sobre la relación nación – sido. Por Prat de la Riba, la situación normal es que cada nación tenga su Estado y que en cada Estado corresponda una nación. Según él, el hecho que una nación esté sometida en un Estado ajeno es propio de una "anormalidad morbosa". Todo y estos planteamientos, Prado de la Riba no es independentista. Hace entrar en juego un nuevo elemento, la unidad política de España, la integración de Cataluña a la Sido Espanyol. Intenta armonizar estas dos realidades, "la convivencia secular de varios pueblos". Por Prat de la Riba, la solución es la Sido compuesto, la federación española.
El 1899, España se encontraba en plena crisis y el gobierno encontró la solución en la subida de los impuestos. Los ciudadanos se negaron a pagar, manifestándose en huelgas y cerrando tiendas. Las Cajas tienen que cerrar debido a la revuelta popular. Finalmente, el gobierno pone en práctica una dura represión y el pueblo acaba pagando las tasas correspondientes y volviendo a sus lugares de trabajo. Después de este hecho, surgen dos partidos políticos más: la Unión Regionalista, liderada por el general Polavieja y con el apoyo de la burguesía y los monárquicos y por otro lado, el 1900 se crea el Centro Nacional Catalán que es quien tiene el apoyo del pueblo. Ninguno de los dos partidos tenía bastante bastantes puesto que unos tenían el dinero y los otros el apoyo de la mayoría de la población catalana así que deciden unirse, constituyendo el 1901 la Liga Regionalista. Este último partido, la Liga, tuvo el mérito de ganar las elecciones sin ser un partido dinástico, hecho que se da por primera vez en la historia.
Si desde el Pacto del Pardo el 1835, se encontraba en España una alternancia de gobierno entre liberales y conservadores, desde este momento la lucha política en Cataluña acontecerá una pugna entre regionalistas y republicanos.
El 1901, una vez constituida la Liga Regionalista, estalló un conflicto a causa de que Cambó pedía la independencia por Barcelona y el resto de catalanes se rebelan puesto que no consideran justo que Barcelona sea la única ciudad independiente, es decir, lo tendría que ser toda Cataluña.
Dentro del Regionalismo, se puede ver una evolución política. Inicialmente, el 1905 se funda el Centro Nacional Republicano, a quien se une la Liga Regionalista. Es en este periodo cuando surge la Solidaridad Catalana (1905-1909).
El 1906 apareció el movimiento Solidaridad Catalana, coalición de catalanistas a raíz de agresiones al catalanismo por parte del gobierno central. Esta candidatura obtuvo un éxito agobiante, pero se disolvió al incorporar fuerzas demasiado dispares. La misma Liga promovió la realización de la Mancomunidad de Cataluña, que mediante la unión de las cuatro diputaciones provinciales significó una pequeña cuota de autogobierno, a pesar de que llena de limitaciones políticas y económicas. También promovió una campaña por la autonomía, que reivindicaba la plena soberanía de Cataluña en cuestiones de orden interno. Obtuvieron el apoyo de todas las fuerzas políticas catalanas, incluso de los lerrouxistes, con la única excepción de Francesc Macià, que desde el nacionalismo más radical, lo consideraba insuficiente. Estas bases donde se pedía esta autonomía se entregaron en Madrid, pero la incomprensión de los políticos españoles hacia el problema y la realidad catalana impidieron, una vez más, el éxito de la campaña.
La Liga intentaba presentarse como partido interclassista, esto explica que en los primeros años el partido englobara elementos de clara significación liberal, de ideología republicana y de orientación hacia la izquierda. Esto supuso un conflicto entre miembros del partido, cuando el 1904 Alfons XIII visitó Barcelona. La Liga decidió que sus regidores no asistieran a la visita, pero un grupo encabezado por Francesc Cambó incumplió el acuerdo. Cambó aprovechó para hacer un discurso ante el rey en defensa de las reivindicaciones catalanas. Estos hechos detonaron la crisis y el abandono del sector más progresista del partido. Nacía el Centro Nacionalista Republicano (1906), con el objetivo de la consecución de la autonomía de Cataluña dentro del Estado Español y la propagación de los ideales de la democracia republicana. Aún así, tuvieron un peso político muy débil.
Otra parte de los republicanos, el partido federal catalán, iba acentuando las tendencias autonomistas en relación al resto del partido estatal. El 1833 redactó un proyecto de Constitución del Estado Catalán dentro de la Federación Española. Los republicanos no federales se agrupaban, en Cataluña, alrededor de la Unión Republicana, impulsada por el expresidente de la Primera República, Nicolás Salmerón, el cual se mostró receptivo a las reivindicaciones catalanas e incluso participó al movimiento Solidaridad Catalana. Este último hecho provocó una escisión dentro del partido, liderada por Alejandro Lerroux, el Partido Republicano Radical, basado en la demagogia, el populismo y el anticatalanismo, que consideraba burgués.
En cuanto a la Liga Regionalista, ninguno el 1922 se divide en dos tendencias: la Acción Catalana (intelectuales) y Sido Català (Francesc Macià).
Por la afinidad de ideas entre Lluís Companys y Francesc Macià, deciden unirse el 1931 y constituir el partido Esquerra Republicana de Cataluña. Este mismo año se presentan a las elecciones saliente vencedores y la Liga Regionalista pasa a denominarse Liga Catalana el 1933.
El hecho que las izquierdas catalanistas estuvieran divididas se traducía en feblesa electoral y para conseguir más bastante se consideró imprescindible una política de unión. A las elecciones municipales del 1909, los federales, la Unión Republicana y el Centro Nacionalista Republicano hicieron una alianza electoral, llamada Izquierda Catalana. Este proceso de aproximación acabó el 1910 con la formación de un nuevo partido, la Unión Federal Nacionalista Republicana, a la que se une el Partido Republicano Radical de Lerroux , todo y son derrotados, disolviéndose consecuentemente. Detrás esta derrota, nace el Partido Republicano Catalán con Lluís Companys al frente.
La voluntad de construcción de un tramado institucional politicocultural propio fructifica en la primera concreción institucional de cariz político con la Mancomunidad de Cataluña (1914-1923), institución que agrupó las cuatro diputaciones catalanas y fue presidida por Enric Prat de la Riba (1914 - 1917) y después por Josep Puig y Cadafalch (1917 - 1925), los dos de la Liga Regionalista. A pesar de que tenía que tener funciones puramente administrativas, llevó a cabo una importante tarea de creación de infrastructures de caminos y puertos, obras hidráulicas, ferrocarriles, teléfonos, beneficencia o sanidad. También emprendió iniciativas para aumentar los rendimientos agrícolas y forestales introduciendo mejoras tecnológicas, de servicios y educativas y potenció las enseñanzas tecnológicas necesarias por la industria catalana.
La Unión Federal Republicana no consiguió romper la hegemonía de la Liga. Ante esto intentaron una alianza electoral con los radicales para hacer frente a la Liga Regionalista a las elecciones del 1914. Aun así, ni las bases ni el electorado aprobaba el pacto, hubo un nuevo fracaso electoral. El 1917 se constituía el Partido Republicano Catalán, con Francesc Layret y Lluís Companys como principales dirigentes. Defendía una ideología republicana federal e intentó una síntesis entre catalanismo y obrerisme, pero tampoco consiguió una buena implantación por diferentes factores: Lerroux y los radicales, como elemento distorsionador del panorama político catalán, la carencia de generación de alternativas y de dirigentes carismáticos y finalmente, la gran difusión que el anarcosindicalismo tuvo entre el proletariado catalán, hecho que por privaba la izquierda catalanista de su electorado natural. Tampoco fue fructífero el intento hecho por un grupo de miembros escindidos de la Federación Catalana del PSOE, que el 1923 fundaron la Unión Socialista de Cataluña.
La aportación de Francesc Macià fue capital por la izquierda catalanista. Al abandonar el ejército, Macià participó en el movimiento Solidaridad Catalana y salió elegido diputado. El 1919 fundaba la Federación Democrática Nacionalista, que planteaba la confederación de los pueblos ibéricos y una serie de reformas políticas y sociales de carácter progresista. El 1922, fundó un nuevo partido: Estado Catalán. Este partido, influido por la lucha política en Irlanda contra la ocupación británica, adoptó planteamientos secesionistas y formuló la necesidad de la independencia en relación con España. Aconteció el primer núcleo independentista, y también preveía la lucha armada como medio. Entre sus dirigentes había Ventura Gassol y Daniel Cardona y Civit.
El proceso de normalización cultural y política desarrollado por la Mancomunidad se vio interrumpido con el advenimiento de la primera dictadura militar española del siglo, la del general Primo de Rivera (1923-1930), dado que la Mancomunidad era vista como un peligro que había que reprimir e intentó deshacer su obra. La Dictadura radicalizó la situación, Estado Catalán pasó a ser un partido clandestino y Francesc Macià se tuvo que exiliar. Desde el exilio, organizó los hechos de Prats de Molló, un intento de invasión de Cataluña manu militari desde el pueblo de Prats de Molló, en la Cataluña Norte. Esta conspiración fue frustrada por la Gendarmeria francesa, pero su juicio le dio una gran popularidad en Cataluña.
La opción independentista tenía bastante incidencia entre los núcleos catalanes en América hecho que comportó que el 1928, al celebrarse la Asamblea Constituyente del Separatismo Catalán, en La Habana, se redactara una Constitución por una Cataluña independiente.[3] La repercusión de todo esto en Cataluña fue ciertamente mínima.
El 1931, la creación de Esquerra Republicana de Cataluña unificaba todas las corrientes dispersas del catalanismo de izquierdas y consiguió superar la hegemonía de la Liga, puesto que las elecciones del 14 de abril dieron una victoria agobiante al líder de Esquerra Republicana de Cataluña, Francesc Macià, que proclamó «la República catalana como Estado de la Federación Ibérica» pocas horas antes de que en Madrid se procediera a proclamar la II República Española.
Después de tenses reuniones con representantes del gobierno del Estado Español, el autogobierno de Cataluña era denominado Generalitat de Catalunya, recuperando el antiguo nombre medieval. El 9 de septiembre de 1932 las Cortes aprobaron después de fuertes recortes el Estatuto de autonomía, y a la cabeza de pocas semanas, se celebraban elecciones en el Parlamento de Cataluña, el cual se constituía el 6 de diciembre, con Lluís Companys como primer Presidente de la cámara legislativa.
Con la muerte repentina, el 25 de diciembre de 1933 del presidente Macià, es propuesto Lluís Companys para sucederlo como presidente de la Generalitat. En votación extraordinaria del Parlamento, fue elegido el 1 de enero de 1934 por 56 votos a favor y 6 en blanco, con la abstención de la Liga Catalana.
En Cataluña, la opción secesionista era representada por varios partidos y asociaciones, como el Partido Catalán Proletario, que el 1936 se integraba al Partido Socialista Unificado de Cataluña, la asociación Palestra, el Partido Nacionalista Catalán, y, sobre todo, la Agrupación Nacionalista Nosotros Sólo, que sacaba el nombre del Sinn Fein irlandés, la cual tenía un programa claramente separatista y una organización paramilitar. Hay que decir que la implantación electoral de estas agrupaciones fue escasa y fueron sectores bastante minoritarios. Cuando Sido Català abandonó Esquerra Republicana de Cataluña el mayo de 1936 las dos últimas organizaciones se integraron disfrutando de autonomía interna y se formó un único partido radicalmente separatista contrapuesto al nacionalismo no-separatista que entonces representaba ERC.
El 1936, pero, se inicia una insurrección militar contra la República Española que se convierte en Guerra civil española que acabará anorreant el movimiento catalanista en el proceso de genocidio político y cultural que los militares y movimientos políticos vencedores durante a término.
La victoria militar el 1939 inicia esta etapa, que aparte de la prohibición de las libertades democráticas, reprimió duramente toda expresión del carácter nacional de Cataluña. El catalanismo pasó a ser clandestino o al exilio. Básicamente estuvo fundamentado en el Frente Nacional de Cataluña, creado sobre todo por militantes de Estado Catalán (incluyendo los de Nosotros Sólo!) y, en menor medida, también por los de Esquerra Republicana de Cataluña. A finales de la dictadura se crearían otros partidos como el Partido Socialista de Liberación Nacional, surgido del Frente Nacional de Cataluña.
Un ejemplo de la represión franquista fue el fusilamiento Lluís Companys y Jover, 123è Presidente de la Generalitat, el 15 de febrero de 1940 al Castillo de Montjuic después de un Consejo de Guerra ilegal debido a la falta de garantías procesales.[4]
A nivel asociativo también se pueden encontrar hechos destacables como la clausura de la entidad Òmnium Cultural en el mismo año de su fundación, hecho que la obligó a trabajar clandestinamente hasta el final de la dictadura.
Al acabar la guerra civil española, la mayoría de diputados y políticos se exilian. Se crea en París el Consejo Nacional de Cataluña, que se traslada a Londres después de la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Después del fusilamiento el 1940 de Lluís Companys después de ser capturado por la Gestapo y ser sometido a un juicio sumaríssim, Josep Irla, el último presidente del Parlamento de Cataluña asumió la presidencia de la Generalitat, tal como establecía el Estatuto de Régimen Interno de Cataluña, elaborado el 1933, y organizando el gobierno al exilio.
Josep Irla dimitió el 1954 por motivos de edad, y Josep Tarradellas, de ERC, que había sido su Primer Consejero va pendre el relieve como Presidente, un golpe ganada la votación por el cargo efectuada a la embajada de la República Española en México, a Manuel Serra y Moret, de USC , quién había sido ministro sin cartera del gobierno de la República al exilio.
Acabada la Guerra Civil Española, Franco no intentó la reconciliación: hubo un mínimo de 90.000 ejecutados durante la guerra y la posguerra por motivos ideológicos.[5] La represión causa el exilio de 450.000 personas desorganizadas pues marcharon para salvar la vida, sin armamento y poca conciencia política de aquello qué hacían. En Portugal, la dictadura de Salazar los hubiera entregado a Franco y desde 1940, en Francia, se encontraban con la ocupación nazi, y España era una ratonera. La acción más relevante llevada a cabo por los maquis fue la invasión de la Valle de Aran: entre el 8 y el 9 de octubre de 1944 , cuando los nazis ya retrocedían en Francia, 2.500 guerrilleros entraron al valle muy equipados y con armamento pesando, bajo dirección de los comunistas. Con esta ofensiva y otra similar con 2.500 guerrilleros unos días después, los antifranquistas querían conquistar parte del territorio español, declarante la zona conquistada bajo el gobierno de la república, que entonces era al exilio, y forzar los aliados a liberar España del gobierno de Franco. A partir de la derrota en la Valle de Aran, los comunistas dejaron este tipo de lucha y la Agrupación Guerrillera de Cataluña tomó el relieve a los comunistas pero al poco tiempo fueron desarticulados.
El 1958 se creó el sindicado Solidaridad de Obreros Cristianos de Cataluña. El 1961 desapareció de su nombre la "C" de cristiano, transformándose en Solidaridad de Obreros de Cataluña. Entonces va a pasar a ser el primer sindicato clandestino de Cataluña hasta las discrepancias entre radicales y moderados el 1969, manifestada en el congreso de 1970 y en el abandono del ala radical el 1971.
A pesar de todo, los contrarios al régimen y favorables a la defensa de los derechos históricos del Principado, se organizaron en torno a la Asamblea de Cataluña (1971).[6] Este organismo fue la plataforma catalanista con más apoyo social desde 1939 y hacía cuatro reivindicaciones: libertad, amnistía, restablecimiento del Estatuto del 1932 (como vía a la autodeterminación) y coordinación con las fuerzas democráticas de los otros pueblos del Estado.
La Asamblea, de hecho, integró en el suyo si casi todos los partidos políticos desde el centro hasta la extrema izquierda e incorporó amplios sectores obreros y populares a la lucha por las libertades nacionales. Entre las figuras representativas que tuvo destacan: Josep Benet, Pere Portabella, Carles Caussa, Jordi Carbonell, Miquel Sellarès y Agustí de Semir. La asamblea convocó concentraciones pacíficas en Ripoll (1972), Sant Cugat del Vallès y Vic (1973) y, el 1976, las grandes manifestaciones de la 1 y el 8 de febrero en Barcelona y del 11 de septiembre en Sant Boi de Llobregat. A finales del 1976 los sectores más moderados se desmarcaron de la línea rupturista de la Asamblea pero el organismo impulsó todavía la campaña "Queremos el Estatuto!" (1977). El noviembre de 1977 , ya en plena transición, transmitió su representatividad a la Asamblea de Parlamentarios y se disolvió.
A pesar de la fuerte represión franquista durante los últimos años de la dictadura, la lucha por las libertades democráticas y nacionales era cada vez más intensa.[7]
La muerte de Franco, en el año 1975, abrió la puerta a una transición hacia la democracia. En Cataluña el inicio de la transición abrió una etapa reivindicativa, tanto por motivos políticos como económicos. Durante el invierno de 1976 se organizaron varias manifestaciones en Barcelona bajo el lema "Libertado, amnistía, estatuto de autonomía"[8] En verano la Marcha de la Libertad recorrió muchas poblaciones catalanas mientras a nivel estatal el gobierno formado por la monarquía dimitió y cedió el poder a Adolfo Suárez González, hasta entonces ministro secretario general del Movimiento.
Súarez elaboró una Ley por la Reforma Política que después de pasar por las urnas se llevó a cabo. Mientras tanto, La Fiesta de la 11 de septiembre de 1976 fue la primera en poder ser celebrada oficialmente después de 38 años de represión. Gracias a la Reforma propuesta por Suarez las Cortes franquistas se disolvieron y se inició un periodo de recuperación de libertades donde poco a poco se legalizaron los partidos y los sindicatos. Durante esta legalización se convocaron elecciones por unas Cortes Constituyentes. Estas elecciones motivaron una serie de alianzas electorales que simplificarían el panorama existente hasta entonces, en las qué ERC concurrió como Esquerra de Cataluña junto con otros partidos que tampoco habían sido legalizados.
En España ganó la UCD pero en Cataluña las fuerzas más votadas serían la coalición PSC-PSOE y el resto de fuerzas favorables a la restauración del autogobierno catalán logrado al Estatuto de 1932. En conjunto estas fuerzas lograron más del 75% de los votos.
Después de las elecciones se formó una Asamblea integrada por todos los diputados y senadores catalanes. Esta exigió el restablecimiento de la Generalitat y el regreso de su presidente al exilio, Josep Tarradellas. La Asamblea se vio ratificada popularmente por la manifestación del Once de Septiembre de 1977, donde participaron más de un millón de ciudadanos reivindicando el autogobierno.
Las tres grandes expresiones diferentes del catalanismo, que estaban fragmentadas en diferentes partidos fueron aglutinándose en unos pocos para lograr la máxima representación posible en los diferentes parlamentos. El éxito de los Socialistas de Cataluña impulsó la constitución del PSC (PSC-PSOE), donde se integraron también el PSC-R para formar un partido catalanista que ha evolucionado, fruto de la llegada a su cúpula dirigente de una mayoría hija de la inmigración española, a tendencias más regionalistas y formalmente federalistas. El PSUC representaba las fuerzas escoradas hacia la izquierda que el PSC. Paralelamente CDC y UDC decidieron unir sus esfuerzos formando la coalición Convergència i Unió, que durante las primeras décadas de la tercera restauración borbónica acontecería un movimiento mayoritario en la mayor parte de la Comunitat Autónoma de Cataluña, representando catalanismo federalista y Esquerra Republicana de Cataluña siguió en solitario, representando el catalanismo parlamentario más soberanista entrante en una grave crisis durante los años 80.
Otras formaciones catalanistas abiertamente independentistas nunca obtuvieron representación en el parlamento (BEAN, Sido Català, IPC, Nacionalistas de Esquerra, PSAN), y algunas de ellas convergieron con otros para formar nuevos proyectos que tampoco se han convertido en suficientemente grandes como para obtener representación parlamentaria.
El gobierno de Adolfo Suárez promulgó un decreto que restablecía de forma provisional la Generalitat de Cataluña. A la cabeza de un mes Josep Tarradellas volvió y fue aclamado por la ciudadanía en el único acto de restauración de la legitimidad republicana durante la transición española. Tarradellas nombró un Consejo Ejecutivo de la Generalitat, donde eran representadas todas las fuerzas parlamentarias. A pesar de de no disponer de recursos ni de un marco competencial propio, la Generalitat actuaba a través de los recursos de la Diputación de Barcelona.
El paso siguiente dentro del Estado español fue la redacción de un pacto constitucional que organizara la vida política del Estado dentro de unas normas de democracia parlamentaria. La Constitución democrática fue redactada por una comisión parlamentaria formada por miembros de los varios partidos con representación parlamentaria, los llamados "Padres de la Constitución". La Constitución Española de 1978, que reconocía el derecho de las nacionalidades y las regiones a lograr la autonomía, se aprobó popularmente en referéndum el 6 de diciembre de 1978 .
A menudo se ha afirmado que el catalanismo era un concepto únicamente burgués pero en realidad es un fenómeno popular que llega a todas las clases sociales incluyendo la burguesía. Ya desde sus inicios se distinguen dos corriente catalanistas: una de progresista, y otra más conservadora y tradicionalista. Son los llamados popularmente como catalanismo de izquierdas y de derechas.
Ciertos movimientos sociales han ayudado a hacer crecer el patriotismo catalán; entre estos encontramos los centros excursionistas y el canto coral. Las actividades excursionistas, que se incrementaron con las mejoras de las vías de comunicación, ayudan a potenciar el sentimiento patriótico hacia Cataluña con sus excursiones. Las excursiones aumentan la información sobre el patrimonio, el folclore, la arquitectura, las costumbres y los dialectos del país provocando mayor conocimiento y, en definitiva, una mayor implicación en la defensa de los símbolos y monumentos del territorio.
Un segundo ejemplo es el canto coral con creaciones como los Corazones de Clavé y otras iniciativas que fomentaron la difusión de la canción tradicional catalana, claramente patriota. "El canto de la señera", de Joan Maragall, fue escrita precisamente por una de las instituciones de canto coral más importantes, el Orfeón Catalán.
Cedía a la Generalitat más poderes que el de 1932 en materia de enseñanza y cultura y medios de comunicación, pero menos en el orden público y la justicia. Los aspectos de financiación de la autonomía se dejaron en una situación de ambigüedad, una de las motivaciones de la reforma del Estatuto hecha en el año 2006.
En el año 1980 se celebraron las primeras elecciones en el Parlamento de Cataluña, la fuerza más votada fue Convergència i Unió y el presidente electo Jordi Pujol. Estas elecciones son el pistoletazo de salida de la etapa autonómica en la qué se inició un proceso bisiesto de competencias del Estado a la Generalitat. Este proceso peligró después del intento de golpe de estado del 1981 y fue ralentitzat con la aprobación de la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico.[9]
El proyecto de CiU tenía su base en la llamada soberanía compartida[10] en la que el estado español mantenía la soberanía y reconocía en Cataluña la aplicación del Estatuto del 1979 dotó a la Generalitat de unas herramientas de reconstrucción nacional que le habían sido negadas durante el franquismo. El proceso de normalización del catalán permitió un importante avance en el conocimiento y el uso social de esta lengua entre la población de Cataluña. Surgieron más diarios y revistas redactados en catalán, si bien con una difusión limitada. La presencia del catalán a los medios de radiodifusión se reforzó con el inicio de las emisiones de las cadenas públicas, Catalunya Ràdio y Televisión de Cataluña, y se dispuso de nuevo de un cuerpo de policía, los Mossos d'esquadra. El modelo de soberanía compartida duró durante el gobierno de Felipe González y el primero de José María Aznar.
Tierra Libre fue una organización armada independentista catalana, fundada el 1978 y que se dio a conocer oficialmente en el Camp Nou de Barcelona el 23 de junio de 1981 , en el marco de la campaña "Somos una Nación". La justicia y las fuerzas de seguridad del Estado español y la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas consideraban el grupo como un "banda terrorista" y que llegó a asesinar una persona en uno de sus atentados.[11] La organización armada TLL (Tierra Libre) fue creada en el año 1979, a pesar de que no publicó su primera proclama hasta el 24 de junio de 1981, en el llamado "Llamamiento de Tierra Libre", un documento hecho público durante el acto multitudinario que organiza el Llamamiento a la Solidaridad en el Camp Nou (Estadio del F.C. Barcelona), y que se distribuyó de manera masiva entre los asistentes. A pesar de que ya al mes de mayo un pelotón había actuado contra Federico Jiménez Losantos. En esta declaración de principios ya se menciona la defiende de la tierra, de la lengua, de la soberanía nacional, de los intereses como trabajadores y contra el espanyolització de la sociedad catalana. Estas bases de la organización armada acaben siendo subscritas con los gritos "Independencia o muerto! Viva la lucha armada! Una sola nación, Países Catalanes!"
Durante su desintegración Esquerra Republicana de Cataluña, liderada por Àngel Colom, estaba centrada en el intento de aglutinar todo el movimiento independentista en un proyecto único e integrado dentro de la institucionalidad y la práctica política convencional. Colom y su entorno, probaron de convencer uno de los líderes históricos de la organización, Pere Bascompte, de abandonar la lucha y añadirse a esta unión independentista que pretendía ser ERC. Bascompte, que encabezaba el sector Tierra Libre IV Asamblea decidió aceptar.
El junio de 1991, se publicó a la revista Alerta de la IV Asamblea un documento titulado "Ante el proceso de unidad europea, la opción democrática hacia la independencia", elaborado por el sector de Pere Bascompte. Se proponía adecuado a la nueva realidad las estrategias para conseguir unos objetivos políticos a los cuales no renunciaba a priori. Estos análisis producidos a través de reflexiones dentro del sector IV Asamblea, más dos rápidos encuentros con la direcciónde Esquerra Republicana de Cataluña, traerían a la rueda de prensa conjunta donde se anunciaba la tregua indefinida de Tierra Libre. Este anuncio provocaron las acusaciones por parte del sector MDT-PICO y de parte del sector MDT- Frente Patriótico de hablar en nombre de todo Tierra Libre, sabiendo que esta estaba dividida, y que uno de los sectores era contrario a la integración a ERC .
Tierra Libre IV Asamblea va autodissoldre's el 1991, hecho que Àngel Colom se apuntaría como un éxito político. La disolución formal de Tierra Libre III Asamblea fue hecho público el día 11 de septiembre de 1995 , la Fiesta nacional de Cataluña.
Finalmente, el gobierno español, encabezado por Felipe Gonzalez decide dar la amnistía a todos los presos de Tierra Libre que no estuvieran involucrados en hechos de Sangre.
El Llamamiento a la Solidaridad en Defensa de la Lengua, la Cultura y la Nación Catalanas fue un movimiento que surgió como reacción al Manifiesto de los 2.300, que cuestionaba el proceso de normalización del catalán. El Llamamiento nació en un acto celebrado al paraninfo de la Universitat de Barcelona, el 18 de marzo de 1981 , patrocinado por Felip Solé y Sabarís y Aureli Argemí y Roca. La campaña de nacimiento del Llamamiento tuvo su culminación en un acto masivo en el Camp Nou, donde se reunieron 100.000 personas el 24 de junio de 1981. Durante los años 80, el Llamamiento organizó una serie de campañas a favor de la normalización de la lengua catalana, denunciando entidades y empresas que consideraban que discriminaban el catalán.
La Confederación Sindical de Trabajadores de Cataluña (CSTC) fue un sindicato creado en el año 1980 a partir de la unión de Solidaridad de Obreros de Cataluña (ZOCO) y los Colectivos de Trabajadores. El 1983 el ZOCO desapareció formalmente y la CSTC ocupó su espacio. El 1985 la CSCT se unió a dos organizaciones sindicales y nació la Confederación Sindical Catalana (CSC). El sindicato entró en crisis el 1986 y el 1987 la CSTC fue formalmente disuelta mientras que una parte de su militancia, situada a la izquierda, fundó la Coordinadora Obrera Sindical (CUERPO). Entre los años 1987 y 1989 se produjeron diferentes escisiones que pasaron mayoritariamente a Comisiones Obreras y a la CUERPO, que el 1990 se rebautizó con el nombre de Intersindical-CSC.
El Bloque de Estudiantes Independentistas (BEI) acontece un referente en la lucha por los derechos de los estudiantes, siendo la fuerza mayoritaria durante los años 90, fusionándose el 1999 con AEN y ACE para formar la Coordinadora de Estudiantes de los Países Catalanes. El 2006 la CEPC y Alternativa Estrella se unirían para fundar el Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes, sindicado de la izquierda independentista que ha acontecido mayoritario en numerosas universidades catalanas, el que tiene más apoyo al conjunto de los Países Catalanes y protagonista de numerosas luchas de los estudiantes.
Después de 26 años de vigencia del Estatuto de 1979, el Parlamento de Cataluña presidido por Pasqual Maragall presenta el 30 de septiembre de 2005 una Propuesta de Nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña que recibió el apoyo de todos los grupos del parlamento excepto el Partido Popular. Posteriormente la propuesta fue presentada en ponencia en el Congreso de Diputados, una ponencia que remarcó que el Estatuto del 1979 fue aprobado en plena transición y que desde entonces la realidad social del Estado y de Cataluña había cambiado de manera sustancial.
En la propuesta aprobada en el Parlamento se definía en Cataluña como una nación pero después de una larga y crispada negociación entre los partidos con representación al Congreso de Diputados se retocaron muchos de los artículos[12] hasta llegar a una nueva propuesta que a pesar de que perdió el apoyo de Esquerra Republicana, fue la aceptada por las Cortes Generales españolas. Esta propuesta trasladaba la declaración de Cataluña como nación al preámbulo. De hecho los recortes practicados por el Gobierno Central fueron la causa de la manifestación del 18 de febrero del 2006, una manifestación que reclamaba el derecho de Cataluña, bajo el lema "Somos una nación y tenemos el derecho de decidir".
Por muchos sectores pero el nuevo Estatuto seguía siendo un avance en el autogobierno[13] y el pueblo de Cataluña ratificó este nuevo Estatuto en el referéndum celebrado el 18 de junio del 2006, aunque con una participación muy baja de poco más del 49% del censo.[14]
El desencant entre algunos sectores catalanistas con el nuevo Estatuto de Autonomía ha hecho que aparezcan nuevas plataformas que defienden el derecho a la autodeterminación, como la recientemente creada Soberanía y Progreso, sobre la idea que el bienestar de nuestra sociedad depende del logro de la soberanía política llena, y la Plataforma por el Derecho de Decidir.