El Archivo de la Corona de Aragón (ACA) (originalmente Archivo Real de Barcelona)[1] es el depósito documental de las instituciones de la antigua Corona de Aragón y actualmente contiene, además, otros fondos históricos. Fue creado el 1318[2] en Barcelona[2] por el rey en Jaume II de Aragón el Justo como archivo unificado de todos los territorios de la Corona de Aragón y así fue desde el 1318 hasta el 1348,[2] año en que las Cortes de Zaragoza crearon el Archivo del Reino de Aragón.[2] El 1419 también se creó el Archivo Real de Valencia,[2] donde se depositaron los fondos de la magistratura de control económico del administración del reino y los del Archivo del Maestro Racional del Reino de Valencia. Habiendo pasado la Guerra de Sucesión (1701-1714), fue nombrado ninguno de archivo (1740-1783) Javier de Garma, que intentó crear un auténtico Archivo de la Corona de Aragón[2] reuniendo al Archivo Real de Barcelona, suyo del archivo madre,[2] todos los fondos de la administración real de los territorios de la antigua Corona de Aragón. El proyecto de Garma inspiró la política de Próspero de Bofarull y Mascaró, ninguno del archivo entre 1814 y 1849 , y creador del actual Archivo General de la Corona de Aragón[3]
Desde el 1318 y hasta el 1993 tuvo suyo al Palacio del Lugarteniente del Palacio Real Mayor de Barcelona, y partir de aquella fecha se efectuó un trasladado parcial al Edificio Almogávares, de forma que actualmente tiene dos suyos: la histórica del Palau se mantiene para actas protocolaris, exposiciones y cursos, mientras que la nueva sirve para la investigación y custodia.
El 20 de enero del 2007 se firmó la creación del Patronato del Archivo de la Corona de Aragón al Palacio del Lugarteniente de Barcelona , por parte de los presidentes de Cataluña, José Montilla, de Aragón Marcelino Iglesias, de la Comunidad Valenciana Francisco Camps, y de las Islas Baleares Jaume Matas, así como la ministra de Cultura Carmen Calvo.
Mesa de contenidos |
Los precedentes para la del archivo son las colecciones de pergaminos provenientes de las escribanías de los primeros Condes de Barcelona y de los reyes de Aragón. Es mencionado por primera vez un archivo del rey el 25 de octubre de 1180 [1]. En el año 1194 el rey Alfons el Casto encarga la compilación de los documentos del archivo real con validez legal útiles para los derechos de la Corona a Ramon de Caldes (jurista), decano de la Sede de Barcelona y jurista. El resultado fue el Liber feudorum maior. El propio Ramon de Caldes, manifestó que el archivo se encontraba in ordinatione confusa. Gracias a esta compilación tenemos conocimiento de más de un millar de documentos, los más antiguos del siglo IX. Con Jaume Y de Aragón se intensificó el uso del papel, hecho que incrementó el ritmo de producción de los documentos y marca el inicio de los registros de Cancillería real.
El rey en Jaume II de Aragón lo Justo creó el 1318 el Archivo Real al Palacio Real Mayor de Barcelona y, a la vez, también se creó el Archivo del Maestro Racional. Aquel archivo se creó con carácter de archivo único y central de toda la Corona de Aragón, conservando la documentación de todos los territorios sobre los que se ejercía soberanía (buena parte del oriente de la Península Ibérica, parte del actual Sur de Francia, y partes de Italia, Grecia y África). Los documentos se conservaban en función de quien los otorgaba (el rey, la reina, etc.) y no según un criterio territorial; esto es dios a que en los tiempos iniciales la Cancillería Real no registraba los documentos en grupos separados para cada uno de los diferentes estados, sino por orden de emisión.
Por otro lado el depósito de documentos del Monasterio de Santa Maria de Sixena (Reino de Aragón) fue trasladado el 1308 al depósito real de Barcelona conservado al monasterio de San Juan de Jerusalén. De lo contrario también existían depósitos de la Casa del Templo de Barcelona, de la Casa del Templo de Zaragoza y al Palacio Real de Barcelona.
Fue también Jaume II quién empleó el papel de forma habitual por la correspondencia y empezó a organizar la Cancillería agrupando ciertos temas (Comune, Curie, Graciarum, Sigilli Secreti, Solucionum, Subsidiorum, Cenarum, etc.). Pero fue en tiempo de Pere el Ceremonioso que la organización de la Cancillería fue más estructurada y se creó la figura de los teniente las claves para guardar los documentos del archivo, el primero de los cuales fue Pere Passeya (o Perseya), nombrado el 1346. Este mismo rey estableció el 1385 unas ordinacions sobre el tratamiento que el archivero tendría que dar a los registros: rotulación, foliación, restauración, indexación, etc., estas ordinacions se consideran las más antiguas de Europa.
Durante el siglo XV la organización del archivo se mantuvo con algunas variantes, la más importante de las cuales fue la creación del Archivo del Reino de Valencia (1419) y del Archivo del Reino de Aragón (1461). El hecho era que los documentos de la Cancillería preservaban los intereses del monarca, pero también los de sus súbditos que habían conseguido ciertas concesiones, legitimaciones de hijos naturales, ejecutorias de sentencias, etc., por lo tanto también preservaba los intereses de los particulares. Dado este carácter "público" de la documentación, el Reino de Valencia y el de Aragón reclamaron la confección de registros exclusivos para sus reinos, que se conservarían a los archivos creados de nuevo.
De este modo el Archivo Real de Barcelona empezó a perder su carácter de archivo central: de los documentos de Alfons el Magnánimo emitidos en Nápoles sólo los registros fueron enviados en Barcelona, después de su muerte; Ferran II delegó en el Lugarteniente y en la Audiencia y sus secretarios no acostumbraban a enviar sus documentos al Archivo de Barcelona. Con los Àustries el número de documentos reales conservados en Barcelona se redujo considerablemente, hasta el 1624 –desde 1621 la documentación relativa a los aragoneses y valencianos era enviada al archivo de Simancas [a la versión castellana de la Viquipèdia]– cuando, finalmente, los registros reales ya no se transfirieron a este archivo, sólo acogía los generados por el Lugarteniente o el Virrei y de los condados de Rosselló y Cerdaña y de la administración real de los reinos de Mallorca y Cerdeña . A los archivos reales de Zaragoza y Valencia se enviaron los registros reales y de los virreis correspondientes.
Durante este tiempo, en Cataluña se fue concretando aquella idea del archivo con utilidad pública, y las Cortes Catalanas de 1481 aprobaron una Constitución que obligaba los archiveros a mostrar las cartas relativas a particulares y a hacer copias si se pedían. El 1503 se pedía que todos los registros ingresaran al archivo 10 años después de su finalización. Se llevaron a cabo varios otros intentos para garantizar el acceso público a la documentación y el 1706, con el Archiduque Carles, los Estamentos elaboraron unos artículos con las reformas necesarias para hacer accesible toda la información. Pero con Felip V el archivo se consideró un archivo definitivamente cerrado y se acabaron las transferencias el 1727 y el 1738 el rey firmaba una Real Cédula estableciendo las disposiciones de organización de los documentos, su conservación y el nombramiento de los oficiales. Fue durante el siglo XVII que se generalizó la designación del archivo con el nombre con el que se lo conoce ahora, pero Felip V fue el primer monarca al ponerlo por escrito. Se nombró Francisco Javier de Garma y Llevarán (1740-1783) como archivero y se empezaron a asear los documentos, sin respetar algunos fondos pequeños, sí pero el fondo antiguo del Archivo. Se propuso trasladar a Barcelona los archivos reales de Valencia y de Zaragoza, pero no lo consiguió –por desgracia el archivo real de Zaragoza fue destruido por los franceses durante la guerra de la independencia, y sólo se salvaron unos pocos documentos–. El 1770 los documentos fueron trasladados a unas dependencias del Palacio de la Audiencia, en aquel momento los trabajos de ordenación se daban por acabados, no así los índices. El 1783 murió Garma y, a partir de aquel momento, se dejaron de sellar los documentos con el sello personal del archivero y se creó un sello propio de la institución.
Con el regreso al trono de Ferran VII, fue nombrado archivero Próspero de Bofarull y Mascaró (1814-1849), que elaboró unos magníficos inventarios y índices y restauró y encuadernar numerosos registros y volúmenes. Publicó Los Condes de Barcelona Vindicados e inició la Colección de Documentos Inéditos (CODOIN), dando a conocer muchos documentos antiguos del Archivo. Se encargó de proporcionar al archivo una sede adecuada, el Palacio del Lugarteniente, e intentó volver a hacer del archivo un archivo vivo, cuando menos, de las instituciones catalanas, consiguiendo la transferencia, el 1852, desde el Archivo de Simancas los fondos del Consejo de Aragón allá conservados. Además de intentar incorporar otros fondos, también se interesó para salvar los archivos de los monasterios y conventos desamortizados (1835). Con las nuevas incorporaciones crearon nuevas secciones: Generalitat, Órdenes religiosas, Junta Suprema de Cataluña, etc. Durante su época, el archivo fue un centro de intercambio histórico con otros países europeos.
La muerte de Próspero de Bofarull coincide con la creación del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. A partir del 1858, el archivo pierde autonomía y pasa a depender del Ministerio. Después de Próspero de Bofarull fueron archiveros su hijo Manel de Bofarull (1850-92) y su nieto Francesc de Bofarull (1893-1911); Eduardo González y Hurtebise (1912-21), que elaboró una guía general del archivo; Ferran Valls y Taberner (1929-40), que organizó la biblioteca auxiliar y dio renombre al archivo dentro de la ciudad; y Jesús Ernest Martínez Ferrando (1940-61), que consolidó el prestigio científico del archivo, inició reformas de ampliaciones y de seguridad para la documentación. La larga lista de archiveros iniciada el 1346 se completa hasta la actualidad con Frederic Udina Martorell (1961-1982), que dejó el cargo por motivos personales, pero el Ministerio le concedió el título de Director Honorífico, Mercedes Costa Paretas (1984-1988), Rafael Conde y Delgado de Molina (1988-1995), Pedro López Gómez (1995-1997), y el actual director Carlos López Rodríguez (1998-actual).
En el año 1993 se inauguró la nueva sede del archivo a la calle Almogávares, en un edificio de nueva construcción, borde la Estación norteña, dotado de los más nuevos adelantos en instalación y seguridad. En el año 1994 entró en funcionamiento. La antigua se mantiene para actas institucionales, exposiciones, cursos y actividades de formación y difusión, etc.
La titularidad del Archivo corresponde en el Estado español pero la gestión ha sido reclamada por varios gobiernos autonómicos los territorios de los cuales formaron parte de la Corona. El 20 de enero de 2007 los presidentes de Cataluña , el País Valenciano , las Islas Baleares y la Aragón, acompañados de la ministra de Cultura del Estado español, escenificaron la constitución del Patronato del Archivo de la Corona de Aragón. A partir de esta fecha, los cuatro gobiernos tendrán la misma representación. El acto se hizo al Palacio del Lugarteniente de Barcelona, que se rehabilitó para reunir nuevamente el Archivo.
La constitución, en enero del 2007, del patronato pone punto final además de dos décadas de negociación, puesto que las primeras gestiones para hacerlo posible empezaron en el año 1981. En adelante tendrán representación los cuatro gobiernos.
El gobierno español aprobó las condiciones constituyentes del patronato del Archivo. Se acordó que el patronato será presidido por lo/la ministro/a de Cultura del Estado español y tendrá dos vice-presidencias: el una, lo ocupará un cargo del ejecutivo español y, la otra, uno de los consejeros de Cultura (que se relevarán cada año). Con el patronato se quiere mejorar la conservación del fondo y facilitar la investigación histórica y la proyección de la institución.
El documento más antiguo es del 844; el más antiguo escrito en papel, del 1178; el más antiguo escrito en catalán, del 1211; los escritos en lengua aragonesa abundan a partir del s. XIII. Después de varias modificaciones a lo largo del tiempo, actualmente los contenidos se dividen de la siguiente manera:
(y)